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"Un
día se me apareció un magnífico templo, de forma cuadrada, el
techo del cual era en forma de corona, arqueado por arriba y
levantado todo alrededor; sus muros tenían una serie de
ventanas con cristales; sus puertas eran de una sustancia como
perla. En el interior, hacia el sur, inclinada al occidente,
estaba un púlpito, en cuyo lado derecho estaba abierta la
Palabra circundada de un esplendor de luz, que iluminaba todo el
púlpito. En el centro del templo había un santuario, delante del
cual había un velo, en aquel tiempo levantado, y en él un
querubín de oro, de pie, con una espada en la mano, que
se
revolvía
a derecha e izquierda.
Después, cuando me acerqué, vi esta
inscripción sobre la puerta: "NUNC LICET". (Ahora se permite),
lo que significa que ahora es permitido entrar, esto es,
"entender" los misterios de la fe.
Después de esto vi sobre mi cabeza algo
como un infante, que tenía en su mano un papel. Cuando se acercó
a mí, creció su estatura como de un hombre de tamaño mediano.
Era un ángel del tercer cielo, en donde todos a distancia
parecen infantes. Cundo llegó hasta mí, me entregó el papel:
pero como la escritura estaba en letras redondas, tal como se
estilan en aquel cielo, le devolví el papel, y le pedí me
explicara el significado de las palabras en él escritas, en
términos adaptados a las ideas a mi pensamiento.
Replicó: "Esto es lo que está escrito aquí. 'Entra de aquí en
adelante en los misterios de la Palabra, que ha estado cerrada
hasta hoy, porque las verdades particulares que contiene son
otros tantos espejos del Señor'…".
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