LAS TIERRAS O MUNDOS DE NUESTRO SISTEMA SOLAR:

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Tierras o Mundos de Nuestro Sistema Solar… Calleja Lea y Baje Pdf

Comúnmente llamados PLANETAS, y  Las tierras en el Cielo Estrellado, sus habitantes, y los Espíritus y Animales que en ellas hay. Por qué quiso Nuestro Señor Jesucristo nacer en este mundo y no en ningún otro.

Obra escrita originalmente en latín.

  • Por –

EMANUEL SWEDENBORG,

Siervo del Señor Jesucristo.

—–

Traducción del Dr. L.E.Calleja

(Revisada).

Obra escrita originalmente en latín.

Nota del traductor español.

Al traducir la presente obra he introducido la novedad de intercalar en el texto las citas, puestas entre paréntesis, que al pie de cada página hace el autor de su magna obra Arcanos Celestiales. Lo he hecho así por dos razones:

  1. Para no distraer la atención del lector, evitando que con frecuencia tenga que acudir al pie de la página para consultar la cita.
  2. Por la correlación directa que hay de las citas con el contenido del texto de la obra, la cual facilita la inteligencia de lo que se lee sin distraer al lector, antes bien allanándole toda dificultad.Nota del editor.Aunque en la edición de esta obra se ha procurado la fidelidad plena al texto de Calleja, el original latino de Swedenborg primará sobre la traducción en caso de cualquier discrepancia. Ello implica que, habiendo traducido Calleja del inglés (concretamente, de la versión de Whitehead), en muchos casos nuestra edición se haya convertido en re-traducción.Salvo excepciones en que resulte muy conveniente preservar las palabras o frases agregadas por el traductor para el mejor sentido del texto latino, éstas no aparecen en nuestra versión. Además, se han añadido en rojo los segmentos del original no traducidos (en algunos casos aclarando su inclusión mediante notas al pie), y realizado también cambios o alteraciones menores en cuanto a puntuación, modernización de la sintaxis, etc.
    EL EDITOR.

INDICE

TEMAS   PAGINAS
I.        Sobre las tierras o mundos en el Universo. 1-8
II.      Sobre la Tierra o Planeta Mercurio. 9-45
III.    Sobre la Tierra o Planeta Júpiter. 46-84
IV.    Sobre la Tierra o Planeta Marte. 85-96
V.      Sobre la Tierra o Planeta Saturno. 97-104
VI.   Sobre la Tierra o Planeta Venus. 105-110
VII. Sobre los Espíritus y Habitantes de la Luna. 111-112
VIII.                     Razones por las cuales el Señor quiso nacer en esta Tierra y no en otra. 113-122
IX.    Sobre las tierras en el Cielo Estrellado. 123-126
X.      Sobre la Primera Tierra en el Cielo Estrellado. 127-137
XI.    Sobre la Segunda Tierra en el Cielo Estrellado. 138-147
XII. Sobre la Tercera Tierra en el Cielo Estrellado. 148-156
XIII.                      Sobre la Cuarta Tierra en el Cielo Estrellado. 157-167
XIV.                       Sobre la Quinta Tierra en el Cielo Estrellado. 168-178

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I. SOBRE LAS TIERRAS O MUNDOS EN EL UNIVERSO.

n.1

1. Por cuanto por la Misericordia Divina del Señor, me han sido abiertos los interiores, que son los de mi espíritu; y por ello se me ha permitido hablar con los espíritus y los ángeles, no sólo con los que están cerca de nuestra Tierra, sino también con los que están cerca de otras; porque tuve el deseo de conocer si hay otras tierras, y cuál es su naturaleza y la cualidad de sus habitantes, por lo mismo se me ha concedido por el Señor hablar y conversar con los espíritus y los ángeles que son de otras tierras; con algunos por un día, con otros por una semana, y con otros por meses; y ser instruido por ellos con respecto a las tierras, de las cuales y cerca de las cuales eran y estaban, y con respecto a la vida, costumbres y culto de los habitantes de ellas, y de otras varias cosas allí dignas de ser relatadas; y porque de esta manera me ha sido concedido conocer estas cosas, es lícito describirlas, por lo que he oído y visto.

Es de saberse que todos los espíritus y ángeles proceden del género  humano  (Que no hay espíritus ni ángeles, que no procedan del género humano, A.C. n: 1880); y que ellos están cercanos a su propia Tierra (Que los espíritus de cada Tierra están cercanos a su propia Tierra, es porque proceden de los habitantes de ella, y son de un genio semejante; y que han de servir a estos habitantes, A.C. n: 9968); y que conocen lo que hay allí, y que por ellos el hombre puede ser instruido, si sus interiores están tan abiertos que puede hablar y conversar con ellos; porque el hombre en su esencia es un espíritu (Que el alma, la cual vive después de la muerte, es el espíritu del hombre, que en el hombre es el hombre real, y también aparece en la otra vida en perfecta forma humana, A.C. n: 322, 1880, 1881, 3633, 4622, 4735, 6054, 6605, 6626, 7021, 10594). Y está unido con los espíritus en cuanto a sus interiores (Que el hombre, aun cuando está en el mundo, en cuanto a sus interiores, y así por lo que toca a su espíritu o alma, está en medio de los espíritus y ángeles de la misma cualidad que la suya, A.C. n: 2378, 3645, 4067, 4073, 4077). Por lo mismo, aquél cuyos interiores son abiertos por el Señor, puede hablar con aquéllos como el hombre con el hombre (Que el hombre puede hablar con los espíritus y ángeles, y los antiguos en nuestra Tierra frecuentemente hablaban con ellos, A.C. n: 67, 68, 69, 784, 1634, 1636, 7802. Pero que en nuestros días es peligroso hablar con ellos, a menos que el hombre está en la verdadera fe, y sea guiado por el Señor, A.C. n: 784, 9438, 10751). Esto me ha sido permitido desde hace ahora doce años.

n.2

2. Que hay muchas tierras y hombres en ellas, y en consecuencia espíritus y ángeles, es bien conocido en la otra vida, porque allí se le permite a todo el que lo desee por amor a la verdad, y por ello del uso (la utilidad) hablar con los espíritus de otras tierras, y por ello estar confirmado respecto a la pluralidad de los mundos, y estar informado de que el género humano no es de una Tierra solamente, sino de innumerables tierras; y además, cuáles son su genio y su vida, y cuál su culto Divino.

n.3

3. He hablado en algunas ocasiones con los espíritus de nuestra Tierra sobre este asunto, y me dijeron que todo hombre con vigor intelectual puede concluir por muchas cosas que conoce, que hay muchas tierras y hombres en ellas; porque por la razón puede concluir que tan grandes masas cuales son los planetas, algunas de las cuales exceden a esta Tierra en magnitud, no son masas vacías, y creadas solamente para efectuar sus revoluciones alrededor del sol, y brillar un poco con su luz para una sola Tierra, sino que necesariamente su utilidad debe ser más excelente que esa. El que cree, como todos deben creer, que la Divinidad no ha creado el universo por causa de otro fin que el de que exista el género humano, y de ella el Cielo (porque la especie humana es el semillero del Cielo), éste no puede no creer también que dondequiera que existe alguna Tierra, existen hombres.

 

Que los planetas, que son visibles a  nuestros ojos por estar dentro de los límites de nuestro sistema solar, son tierras, puede conocerse manifiestamente por esto: que son cuerpos de materia terrestre, porque reflejan la luz solar. Y cuando se les inspecciona con anteojos telescópicos no aparecen como rutilantes a causa de sus flamas, sino como tierras en las que se perciben regiones oscuras. Además de esto: que éstas, lo mismo que nuestra Tierra, son llevadas por un movimiento progresivo alrededor del sol por la vía del zodíaco, por lo cual tienen sus años y estaciones del año, como primavera, verano, otoño e invierno. Y de la misma manera que nuestra Tierra, revolucionan sobre su eje; por lo cual tienen sus días, y tiempos del día, como mañana, mediodía, tarde y noche. Y además, algunas de ellas tienen lunas, que son llamadas “satélites”, los cuales giran alrededor de sus globos a determinado tiempo, como la Luna alrededor del nuestro. También el planeta Saturno porque está muy lejos del sol, tiene a su alrededor un gran anillo luminoso, el cual provee a aquella Tierra de mucha luz, aunque reflejada. ¿Quién que conozca estas cosas y desde la razón piense en ellas, puede decir que éstos son cuerpos vacíos?

n.4

4. Además, cuando he hablado con los espíritus, les he dicho que el hombre es capaz de creer que en el universo hay más de una Tierra, por esto: que el Cielo estrellado es tan inmenso, y hay tantas innumerables estrellas en él, cada una de las cuales en su lugar o en su mundo es un sol, y como nuestro sol, de variada magnitud.

Quien reflexione debidamente, éste concluye que todo esto tan inmenso no puede ser otra cosa que un medio para un fin (el cual es el último de la creación), cuyo fin es el Reino celeste, en el cual pueda habitar la Divinidad con los ángeles y hombres. Porque el universo visible, o el Cielo resplandeciente con tan innumerables estrellas (las cuales son otros tantos soles), es solamente un medio para la existencia de tierras, y de hombres sobre ellas, de los cuales pueda formarse el Reino celestial. Por estas cosas, el hombre racional no puede sino concebir que un medio tan inmenso, adaptado a un fin tan grandioso, no fue constituido para una especie de hombres solamente, y para un Cielo derivado de una sola Tierra; porque, ¿qué sería esto para la Divinidad, que es Infinita, y para Quien miles, o mejor, millones de tierras llenas de habitantes, serían tan poca cosa que equivaldrían a nada?

n.5

5. Además, el Cielo angélico es tan inmenso, que corresponde en todos sus elementos singulares con el hombre, miríadas de cosas correspondiendo a cada miembro, órgano y víscera, y a cada afección; y me ha sido concedido conocer este Cielo, en cuanto a todas sus correspondencias, de ningún modo puede existir sino a partir de los habitantes de tantísimas tierras (Que el Cielo corresponde al Señor, y el hombre en cuanto a todas y cada una de las cosas corresponde al Cielo; y por esto el Cielo ante el Señor es un Hombre en grande efigie, y ha de ser llamado “Maximus Homo[1], A.C. n: 2996, 2998, 3624 -3649, 3636 – 3643, 3741 – 3745, 4625. Con respecto a la correspondencia del hombre y de todas las cosas que le pertenecen con el Maximus Homo, que es el Cielo, en general, por la experiencia, A.C. n: 3021, 3624 – 3649, 3741 – 3751, 3883 – 3896, 4039 – 4051, 4218 – 4228, 4318 – 4331, 4403 – 4421, 4527 – 4533, 4622 – 4633, 4652 – 4660, 4791 – 4805, 4931 – 4953, 5050 – 5061, 5171 – 5189, 5377 – 5396, 5552 – 5573, 5711 – 5727, 10030).

[1] “Hombre Máximo”. Todos los subrayados son de Calleja.

n.6

6. Hay espíritus cuyo único afán es adquirir conocimientos para sí mismos, porque ellos se deleitan en éstos solos. Por ello, a esos espíritus se les permite andar errantes, y también pasar fuera de este sistema solar a otros, y allí adquirir conocimientos. Éstos han declarado que hay tierras habitadas por hombres, no solamente en este sistema solar, sino también fuera de él en el Cielo estrellado, en un inmenso número. Estos espíritus son del planeta Mercurio.

n.7

7. Por lo que respecta en general al culto Divino de los habitantes de otras tierras, los que allí no son idólatras, todos reconocen al Señor como el Único Dios. Porque ellos adoran a la Divinidad no como Divinidad invisible, sino como visible, también por esta razón: porque cuando la Divinidad se les aparece, aparece en forma humana, como también se le apareció en tiempos antiguos a Abrahán y otros en esta Tierra (Que los habitantes de todas las tierras adoran a la Divinidad bajo la Forma Humana, por consiguiente al Señor, A.C. n: 8541 – 8547, 10159, 10736, 10737, 10738. Y que se regocijan cuando oyen que Dios verdaderamente se hizo Hombre, n: 9361. Que de Dios es imposible pensar de otra manera que en una Forma Humana, n: 8705, 9359, 9972. Que el hombre puede adorar y amar aquello de lo cual tiene alguna idea, pero no a aquello de lo que no tiene ninguna, n: 4733, 5110, 5633, 7211, 9267, 10067). Y los que adoran a la Divinidad bajo una forma humana, son todos aceptados por el Señor (Que el Señor recibe a todos los que están en el bien, y que adoran a la Divinidad bajo una Forma Humana, A.C. n: 9359, 7173).

Dicen también que nadie puede adorar correctamente a Dios, y mucho menos unirse a Él, si no Lo aprehende por alguna idea, y que no puede ser aprehendido sino en Forma humana; y si no es así, que se disipa la vista interior, que es la del pensamiento, sobre Dios, como la vista del ojo cuando sondea el universo sin límite; y que entonces el pensamiento no puede hacer otra cosa que hundirse en la naturaleza, y adorarla en lugar de Dios.

n.8

8. Cuando se les dijo a ellos que el Señor había asumido la Humanidad en nuestra Tierra, lo sopesaron con cuidado por un tiempo, y luego dijeron que esto había sido hecho para la salvación del género humano.

 

II. SOBRE LA TIERRA O PLANETA MERCURIO, Y SOBRE SUS ESPÍRITUS Y HABITANTES.

n.9

9. Que todo el Cielo semeja un Hombre, quien por eso es llamado “Maximus Homo”, y que todas y cada una de las cosas en el hombre, tanto externas como internas, corresponden a ese Hombre o Cielo, es un Arcano todavía no conocido en el mundo; pero que ello es así, ha sido demostrado en muchos lugares (Que el Cielo corresponde al Señor, y el hombre en cuanto a todas y cada una de las cosas corresponde al Cielo; y por esto el Cielo ante el Señor es un Hombre en grande efigie, y ha de ser llamado “Maximus Homo”, A.C. n: 2996, 2998, 3624 -3649, 3636 – 3643, 3741 – 3745, 4625. Con respecto a la correspondencia del hombre y de todas las cosas que le pertenecen con el Maximus Homo, que es el Cielo, en general, por la experiencia, A.C. n: 3021, 3624 – 3649, 3741 – 3751, 3883 – 3896, 4039 – 4051, 4218 – 4228, 4318 – 4331, 4403 – 4421, 4527 – 4533, 4622 – 4633, 4652 – 4660, 4791 – 4805, 4931 – 4953, 5050 – 5061, 5171 – 5189, 5377 – 5396, 5552 – 5573, 5711 – 5727, 10030). Pero para constituir este Maximus Homo, son necesarios espíritus de muchas otras tierras, no siendo suficientes para el objeto los que van al Cielo desde nuestra Tierra, por ser éstos relativamente pocos. Y ha sido provisto por el Señor, que apenas haya alguna deficiencia en algún lugar en cuanto a la calidad o la cantidad de las correspondencias, sean reemplazadas desde otra Tierra que pueda suplir su deficiencia, para que pueda ser conservada la proporción, y así sea guardado el Cielo en la debida consistencia.

n.10

10. Desde el Cielo también se me descubrió en qué relación están los espíritus del planeta Mercurio con el Maximus Homo; a saber, que tienen relación con la memoria, pero la memoria de las cosas abstractas tomadas de los asuntos terrestres y meramente materiales. Pero, como quiera que se me ha permitido hablar con ellos, y esto durante muchas semanas, y escuchar cuál es su naturaleza y cualidad, y explorar las circunstancias particulares de los habitantes de aquella Tierra, quiero añadir las experiencias mismas.

n.11

11. Algunos espíritus vinieron a mí, y declararon desde el Cielo que ellos eran de la Tierra que está más próxima al sol, y que en nuestra Tierra es llamada con el nombre de “planeta Mercurio”. E inmediatamente a su arribo, ellos indagaron en mi memoria las cosas que yo sabía. Los espíritus pueden hacer esto muy diestramente, pues cuando se ponen en contacto con el hombre, ven en su memoria cada una de las cosas que ella contiene (Que los espíritus penetran en todas las cosas de la memoria del hombre, pero no desde su propia memoria en la del hombre, A.C. n: 2488, 5863, 6192, 6193, 6198, 6199, 6214; Que los ángeles penetran en las afecciones y fines por los cuales y por causa de  los cuales el hombre piensa, desea y obra así y no de otro modo, n: 1317, 1645, 5844). Mientras hacían sus investigaciones acerca de varias cosas, y entre ellas de las ciudades y lugares en donde yo había estado, observé que ellos no desean conocer nada de templos, palacios, casas y calles, sino solamente de aquellas cosas que yo conocía habían ocurrido en esos lugares, así como también de todo lo que se refería al sistema de gobierno en ellos, al genio y costumbres de sus habitantes, y otras cosas semejantes. Porque estas cosas tienen coherencia con los lugares en la memoria del hombre; por lo cual, cuando se recuerdan dichos lugares, también vienen a la memoria estas cosas. Me admiré de que ellos fueran de esa naturaleza, por lo cual les pregunté por qué ellos pasaban por alto la magnificencia de los lugares, y solamente atendían a las cosas y hechos que acontecían en ellos. Dijeron que ellos no se deleitaban contemplando las cosas materiales, corpóreas y terrestres, sino solamente las cosas reales. Por esto se confirmó que los espíritus de aquella Tierra, en el Maximus Homo tienen relación con la memoria de las cosas, abstraídas de lo que es material y terrestre.

n.12

12. Se me dijo que tal es la vida de los habitantes de aquella Tierra; a saber, que ellos en nada se interesan por las cosas terrestres y corpóreas, sino solamente por los estatutos, leyes y formas de gobierno de las naciones que hay allí, así como también por las cosas que son del Cielo, las cuales son innumerables. Y posteriormente se me informó que muchos de los hombres de esas tierras hablan con espíritus, y que por ello tienen conocimientos acerca de las cosas espirituales, y de los estados de la vida después de la muerte; y de aquí también su desprecio por las cosas corpóreas y terrestres. Porque los que tienen la certidumbre y creen en la vida después de la muerte, tienen como importantes las cosas Celestiales, por ser eternas y felices, pero no conceden importancia a las cosas mundanas, sino sólo en cuanto lo requieren las necesidades de la vida. Porque tales son esos habitantes; por eso también los espíritus de aquella Tierra son de la misma naturaleza (Que los espíritus de cada Tierra están cercanos a su propia Tierra, es porque proceden de los habitantes de ella, y son de un genio semejante; y que han de servir a estos habitantes, A.C. n. 9968).

n.13

13. Con cuanta avidez inquieren y se embeben de los conocimientos de las cosas que pertenecen a la memoria elevada sobre las cosas sensuales del cuerpo, me fue dado el constatarlo por esto: que cuando ellos investigaron en mi memoria lo que yo sabía respecto a las cosas Celestiales, pasaron apresuradamente por todas ellas y continuamente decían que “tal cosa es así, tal cosa es así”. Porque cuando los espíritus se comunican con el hombre, entran en toda su memoria, y hacen salir de ésta las cosas convenientes para ellos. Más bien, según lo que yo he observado con frecuencia, leen las cosas que hay en ella, casi como en un libro (Que los espíritus, que están con el hombre, están en posesión de todas las cosas que pertenecen a su memoria, A.C. n: 5853, 5857, 5859, 5860). Esos espíritus hicieron esto con gran destreza y celeridad, porque no se detuvieron en torno a tales cosas como las que son pesadas y lentas, y que así confinan, y en consecuencia retardan la visión interior (como lo son todas las cosas terrestres y corpóreas cuando las mismas son vistas como fines; es decir, cuando ellas son lo único que se ama), sino que ellos ven el interior de las cosas mismas. Porque las cosas que no se adhieren a lo terrestre, llevan el alma hacia lo alto, y así hacia un campo más amplio; en tanto que las cosas meramente materiales llevan el alma hacia lo bajo, y así la limitan y la obturan.

La avidez de ellos por adquirir conocimientos y por enriquecer la memoria, se manifestó también por la siguiente experiencia. En cierta ocasión, mientras yo estaba escribiendo algo sobre las cosas venideras y ellos estaban a distancia, de modo que no podían ver las cosas en mi memoria, porque yo no quería leer lo escrito en su presencia, se indignaron mucho, y contra su natural modo de ser deseaban afrentarme diciendo que yo era el peor de los hombres, y otras cosas semejantes. Y para dar prueba de su resentimiento, ellos indujeron una especie de contracción acompañada de dolor en el lado derecho de mi cabeza, hasta el oído. Pero tales cosas no me dañaban. Sin embargo, como hicieron lo malo, se apartaron aún más, pero al punto se detenían, deseando conocer lo que yo había escrito. Tal es su pasión por los conocimientos.

n.14

14. Los espíritus de Mercurio, más que los restantes espíritus, poseen conocimientos tanto de las cosas que hay en este sistema solar, como de las que hay fuera de éste, en el Cielo estrellado. Y una vez que han adquirido los conocimientos, los retienen, y también los recuerdan cuantas veces ocurran cosas similares. De aquí también puede resultar evidente que los espíritus tienen memoria, y que ésta es mucho más perfecta que la memoria de los hombres. Y además, que los elementos que los espíritus oyen, ven y perciben, éstos retienen; y máxime tales que les deleitan, como les sucede a estos espíritus con los conocimientos de las cosas. Porque las que causan deleite y afectan al amor, casi espontáneamente fluyen en ellos y permanecen. Las restantes no entran, sino que sólo tocan la superficie y resbalan.

n.15

15. Cuando los espíritus de Mercurio van a otras sociedades, exploran en ellas las cosas que saben, y una vez exploradas éstas, se marchan. Pues también tales comunicaciones tienen lugar entre los espíritus, y especialmente entre los ángeles, que cuando están en una sociedad, si son aceptados y amados, todo lo que allí saben se les comunica (Que en los Cielos se da la comunicación de todos los bienes, porque el Amor Celestial comunica todo lo suyo a los otros; y que de allí derivan los ángeles su Sabiduría y Felicidad, A.C. n: 549, 550, 1390, 1391, 1399, 10130, 10723).

n.16

16. Como consecuencia de sus conocimientos, los espíritus de Mercurio son más orgullosos que los otros; por lo cual se les dijo que, aunque conozcan innumerables cosas, sin embargo hay todavía infinitas más que ellos no conocen; y que aun si sus conocimientos crecieran por la eternidad, ciertamente no podrían llegar al saber de todos los principios generales. Se les habló también del orgullo y ensoberbecimiento de sus mentes, y que esto no es decoroso; mas ellos replicaron que no es arrogancia, sino solo un gloriarse por la facultad de su memoria. Así pudieron ser disculpados por sus defectos.

n.17

17. Sienten aversión a hablar mediante palabras, al ser esto material. Por lo que, cuando conversé con ellos sin espíritus intermediarios, no pude hacerlo sino mediante una especie de pensamiento activo. La memoria de ellos, al consistir de cosas y no de imágenes puramente materiales, suministra más inmediatamente sus objetos al pensamiento. Porque el pensamiento, que está sobre la imaginación, requiere como sus objetos a cosas abstraídas de lo material. Pero, aunque es así, sin embargo los espíritus de Mercurio se distinguen poco por su facultad de juicio, y no se deleitan en las cosas que requieren ser juzgadas y concluidas a partir de los hechos conocidos. Porque son sólo los conocimientos puros los que los deleitan.

n.18

18. Se les preguntó si deseaban hacer alguna aplicación de sus conocimientos, porque no es suficiente el deleitarse con saber, ya que los conocimientos tienen relación con la utilidad (uso), y tal utilidad es su fin. Porque de los conocimientos solos no resulta utilidad alguna para el que los tiene, si no los emplea al servicio de otros con quienes está dispuesto a compartir lo que sabe; y que de ningún modo le conviene al hombre que desea ser sabio, permanecer satisfecho con meros conocimientos, pues éstos son solamente causas auxiliares, las cuales han de ayudar en la indagación de las cosas que se relacionarán con la conducta. Pero ellos replicaron que ellos se sentían complacidos con los conocimientos, y que para ellos los saberes son utilidades (usos).

n.19

19. También algunos de ellos no quieren aparecen como hombres, como los espíritus de otras tierras, sino como globos cristalinos. La razón por la que desean aparecer así, aunque no aparezcan en esa forma, es porque los conocimientos de las cosas inmateriales son representados en la otra vida mediante cristales.

n.20

20. Los espíritus de Mercurio, difieren completamente de los espíritus de nuestra Tierra, porque los espíritus de nuestra Tierra no se interesan mucho en las realidades, sino en las cosas mundanas, corpóreas y terrestres, que son materiales. Por lo cual los espíritus de Mercurio no pueden estar juntos con los espíritus de nuestra Tierra; de modo que cuandoquiera que tropiezan con ellos, huyen de éstos. Pues las esferas espirituales que se exhalan de parte y parte, son prácticamente contrarias. Los espíritus de Mercurio tienen un dicho: que “no desean contemplar la vaina, sino las cosas desnudadas de su vaina”, esto es, los interiores.

n.21

21. Apareció una llama de un blanco bastante deslumbrador, ardiendo alegremente, y esto por cerca de una hora. Esta llama significaba la venida de espíritus de Mercurio, quienes en su penetración, pensamiento y habla eran más rápidos que los anteriores. Cuando llegaron, al instante leyeron con el pensamiento las cosas que había en mi memoria, pero no pude percibir lo que observaban, por la prontitud con que lo hicieron. Los escuchaba diciendo a menudo que “tal cosa es así”. Respecto a aquéllas que yo había visto en los Cielos y en el mundo de los espíritus, decían que ya ellos las habían conocido antes. Percibí que una multitud de espíritus asociados con ellos estaba a mi espalda, un poco a la izquierda, en el plano occipital.

n.22

22. En otra ocasión vi una multitud de tales espíritus, pero a alguna distancia de mí, al frente, un poco hacia la derecha. Y desde allí hablaban conmigo, pero mediante espíritus intermediarios; pues su habla es tan rápida como su pensamiento, la cual no cabe en el lenguaje humano, a no ser con la mediación de otros espíritus. Y lo que más me sorprendió, fue que hablaban en ondas giratorias, y a la vez tan pronta y velozmente. Su habla era percibida como ondulatoria, porque era la de muchos a la vez. Y lo más notable era que sus palabras resbalaban hacia mi ojo izquierdo, aunque ellos estaban en el lado derecho. La causa de esto era, porque el ojo izquierdo corresponde a las cogniciones de las cosas abstraídas de las materiales, y por ende a las que pertenecen a la inteligencia; en tanto que el ojo derecho lo hace a tales cuales pertenecen a la sabiduría (Que el ojo corresponde al intelecto, porque el intelecto es la vista interior y de las cosas no materiales, A.C. n: 2701, 4410, 4526, 9051, 10569. Que la visión del ojo izquierdo corresponde a las verdades, y así a la inteligencia, y que la visión del ojo derecho lo hace con los bienes de la Verdad, y por consiguiente con la Sabiduría, n: 4410). Con prontitud similar a aquella con la cual hablaban, también percibían las cosas escuchadas, y sobre ellas juzgaban diciendo: “Esto es así, esto no es así”, siendo su juicio casi instantáneo.

n.23

23. Había un espíritu de otra Tierra, quien pudo hablar con ellos diestramente, porque lo hacía con prontitud y celeridad; pero él afectaba elegancia en su habla. Ellos instantáneamente juzgaban respecto a aquellas cosas que éste hablaba, diciendo: “Esto es demasiado elegante, esto es demasiado refinado”; de manera que a lo único que atendían era a oír de él algo nuevo que no hubieran escuchado antes, rechazando así las cosas que causaban oscuridad, las cuales son, especialmente, las ostentaciones de elegancia y de erudición en el habla. Pues éstas encubren las cosas reales, y en su lugar sólo presentan expresiones que son formas materiales de cosas; porque el que está hablando tiene fija su atención en ellas, y desea que sean mejor escuchadas sus expresiones que el sentido de las mismas, con lo cual es más afectado el oído del otro que su propia mente.

n.24

24. Los espíritus de la Tierra de Mercurio no moran en un solo lugar, o entre grupos de espíritus de un solo mundo, sino que andan errantes por todo el universo. La razón es porque tienen relación con la memoria de las cosas, la cual debe ser continuamente enriquecida. Por esto se les permite andar errantes y adquirir conocimientos para sí mismos en cada lugar. De esta manera, si durante sus viajes se encuentran con espíritus qua aman las cosas materiales (es decir, corpóreas y terrestres), los esquivan y se retiran a allí donde no escuchen tales cosas. Por esto puede constatarse que su alma está elevada sobre las cosas sensuales, y así que están en una luz interior. Esto también me fue concedido percibirlo realmente, cuando ellos estaban cerca de mí y hablaban conmigo. Advertí entonces que era alejado de las cosas sensuales, a tal punto que comenzaba la luz de mis ojos a empañarse y oscurecerse.

n.25

25. Los espíritus de aquella Tierra andan en compañías y falanges; y cuando se juntan toman como la forma de un globo. Así son congregados por el Señor, para que hagan uno, y para que los conocimientos de cada uno sean comunicados a todos, y los conocimientos de todos a cada uno, como se acostumbra en el Cielo (Que en los Cielos existe comunicación de todos los bienes, porque el Amor Celeste comunica todas sus cosas a los demás; y que de allí ellos derivan la Sabiduría y la felicidad, A.C. n: 549, 550, 1390, 1391, 1399, 10130, 10723). Que ellos andan errantes por todo el universo para adquirir los conocimientos de las cosas, se me dio a conocer a mí también por esto: que en una ocasión, cuando aparecieron muy lejos de mí, hablaron desde allá conmigo y dijeron que ahora se habían reunido para viajar juntos fuera de la esfera de este mundo hacia el Cielo estrellado, en donde conocieron a ciertos espíritus que no se preocupaban por las cosas terrestres y corpóreas, sino por las cosas elevadas por encima de éstas, con los cuales ellos querían estar. Se dijo que ellos no saben adónde van, pero que son guiados por el Auspicio Divino a allí en donde puedan ser instruidos respecto de tales cosas como las que aún no conozcan, y que concuerden con los conocimientos que ya tienen. También se dijo que ellos no saben cómo encontrar a los compañeros con los cuales se asocian, y que esto también ocurre por el Auspicio Divino.

n.26

26. Ya que viajan así por el universo, haciéndose aptos para conocer más que otros respecto de los mundos o tierras fuera de la esfera de nuestro sistema solar, he hablado con ellos también acerca de este asunto. Dijeron que en el Universo hay muchísimas tierras habitadas por hombres, y que se admiran de que algunos, a quienes llamaban “hombres de escaso juicio”, crean que el Cielo del Dios Omnipotente consista solamente de espíritus y ángeles que vienen de una sola Tierra, cuando éstos son comparativamente tan pocos, que respecto a la Omnipotencia de Dios son escasamente algo, incluso si hubieran miríadas de mundos y miríadas de Tierras. Dijeron, además, que sabían que existían tierras en el universo en número de cientos de miles y más, y sin embargo, ¿qué es esto para la Divinidad, que es Infinita?

n.27

27. Los espíritus de Mercurio, que estaban conmigo cuando yo estaba escribiendo y explicando la Palabra en cuanto a su sentido interno, y que percibieron lo que yo redactaba, dijeron que las cosas que yo escribía eran muy burdas, y que las expresiones parecían casi todas como materiales. Pero me fue dado replicar que para los hombres de nuestra Tierra, incluso lo que yo había escrito les parecía como algo sutil y elevado, y que de ello muchas cosas les resultan incomprensibles. Agregué que muchos en esta Tierra no saben que el hombre interno es el que actúa sobre el externo, y hace que éste viva, y que ellos se persuaden a partir de las falacias de los sentidos de que el cuerpo tiene vida, y que como consecuencia de ello, quienes son malos e infieles ponen en duda la vida después de la muerte. También que no llaman “espíritu” sino “alma” a aquello del hombre que ha de vivir tras la muerte del cuerpo; y que ellos disputan sobre qué es el alma, y dónde reside, y que creen que el cuerpo material, aunque haya sido dispersado a todos los vientos, debe unirse otra vez, a fin de que el hombre pueda vivir como hombre; amén de muchas otras cosas similares. Los espíritus de Mercurio, al oír estas cosas, preguntaron si tales hombres podían llegar a ser ángeles, y me fue concedido responder que llegaban a ser ángeles quienes habían vivido practicando el Bien de la fe y la Caridad, y que entonces ya no están más en las cosas externas y materiales, sino en las internas y espirituales; y cuando llegan a ese estado, están en una luz superior a aquélla en la cual están los espíritus de Mercurio. Para que pudieran conocer que esto es así, se permitió a un ángel hablar con ellos, el cual vino al Cielo desde nuestra Tierra, y quien había vivido de ese modo mientras estuvo en el mundo. Con respecto a esto se dirá más en las cosas que siguen.

n.28

28. Posteriormente los espíritus de Mercurio me enviaron un escrito largo y de forma irregular, compuesto de muchas hojas superpuestas, el cual aparentaba como si hubiera sido impreso con tipos, al estilo de los de esta Tierra. Les pregunté si entre ellos existía el arte de la imprenta, mas dijeron que no la tenían, pero que sabían que en nuestra Tierra existían tales libros. No quisieron decir más; pero percibí que ellos piensan que los conocimientos en nuestra Tierra están en los papeles, y así no en el hombre; como insinuando con ello que los papeles saben lo que no sabe el hombre.

Se les instruyó cómo son estas cosas en realidad. Después de algún tiempo, regresaron y me enviaron otro escrito, el cual parecía también impreso con tipos como el primero, pero no pegado y desordenado como aquél, sino de forma más apropiada y hermosa. Dijeron que posteriormente fueron informados de que en nuestra Tierra existen tales papeles, y libros hechos con ellos.

n.29

29. Por lo que se ha dicho ahora, consta manifiestamente que estos espíritus, en la otra vida retienen en su memoria lo que ven y oyen, y que ellos son capaces de ser instruidos igualmente a cuando fueron hombres en este mundo. Por consiguiente, también de serlo en aquellas cosas que pertenecen a la fe, y así ser perfeccionados. Los espíritus y ángeles que son más interiores, en esa misma proporción reciben dicha instrucción, y lo hacen más prontamente y con mayor plenitud, reteniéndola más perfectamente. Y dado que esta facultad existe para siempre, es evidente que en ellos crece la sabiduría continuamente. En los espíritus de Mercurio hay un crecimiento constante en el conocimiento de las cosas, pero no en la sabiduría derivada de aquel conocimiento. Porque ellos aman los conocimientos, que son medios, pero no los usos, que son fines.

n.30

30. Además, la cualidad del genio de los espíritus que proceden del planeta Mercurio, puede ser constatada aún más por lo que sigue. Debe saberse que todos los espíritus y ángeles fueron una vez hombres, porque la especie humana es el semillero del Cielo. También debe conocerse que los espíritus son absolutamente de igual condición en cuanto a las afecciones e inclinaciones, a como fueron durante su vida en el mundo, cuando eran hombres. Pues a cada uno lo sigue su vida[1]. (Que la vida de todo hombre permanece con él y le sigue después de la muerte, A.C. n: 4227, 7440. Que los exteriores de la vida se mantienen cerrados después de la muerte, y los interiores abiertos, n: 4314, 5128, 6495. Que entonces todas y cada una de las cosas del pensamiento son manifiestas, n: 4633, 5128). Siendo esto así, el genio de los hombres de cada Tierra puede ser conocido por el genio de los espíritus que proceden de esas tierras.

[1] Omitido por Calleja.

n.31

31. Como en el Maximus Homo los espíritus de Mercurio tienen relación con las cosas abstraídas de lo material, por lo mismo cuando alguno habla con ellos respecto a las cosas terrestres, corpóreas y meramente mundanas, rehúsan absolutamente oírlas; y si se les obliga a escucharlas, las transmutan en otras, y las más de las veces en cosas contrarias, para poder evitar aquéllas.

n.32

32. Para que yo pudiera tener por cierto que tal es el genio de ellos, se me permitió representarles praderas, campos sembrados, jardines, bosques y ríos (“representar” tales cosas, es exhibirlas imaginativamente delante de otro, y éstas en la otra vida aparecen como cosas reales), pero ellos las transmutaban instantáneamente, obscureciendo los prados y los sembrados, y mediante representaciones llenándolos con serpientes y ennegreciendo los ríos para que el agua ya no pareciera cristalina. Cuando les pregunté por qué hacían esto así, dijeron que porque no querían pensar en tales cosas, sino en cosas reales, que son los conocimientos de las cosas con abstracción de lo que es terrestre, especialmente de aquéllas que existen en los Cielos.

n.33[1]

33. Después yo representé para ellos a pájaros grandes y pequeños, como los que existen en nuestra Tierra. Pues en la otra vida pueden ser representadas tales cosas como si tuvieran vida. Cuando ellos vieron a los pájaros representados, al principio desearon transmutarlos, pero después se deleitaban con ellos y permanecían en paz. Esto era porque los pájaros significan los conocimientos de las cosas, y la percepción de dicha cosa fluía entonces (Que los pájaros significan las cosas racionales, intelectuales, pensamientos, ideas y cogniciones, A.C. n: 40, 745, 776, 778, 866, 988, 993, 5149, 7441. Y esto con una variedad según los géneros y especies de pájaros, n: 3219). Así, ellos desistieron de transmutarlos, y por eso de apartarlos de las ideas de su memoria. Después me permitieron representar ante ellos el más agradable jardín, lleno de lámparas y linternas. Entonces ellos se detuvieron y quedaron cautivados, porque las lámparas junto con las linternas significan verdades que brillan a partir del Bien (Que las lámparas junto con las linternas significan verdades que brillan desde el Bien, A.C. n: 4638, 9548, 9783). De aquí resultó manifiesto que su atención podía ser mantenida en la contemplación de los objetos materiales, con sólo ser insinuada al mismo tiempo la significación de dichas cosas en el sentido espiritual. Pues las cosas del sentido espiritual no están en tan gran medida abstraídas de las cosas materiales, dado que éstas son representativas de aquéllas.

[1] En el manuscrito actualmente conservado de la traducción de Calleja, faltan los números 33-34. Éstos han sido retraducidos desde el latín, siguiendo su estilo.

n.34

34. También hablé con ellos sobre las ovejas y corderos, pero ellos no deseaban oír tales cosas, porque ellos las percibieron como terrenales. La causa era porque ellos no entendían qué es la inocencia, la cual es simbolizada por los corderos. Lo cual fue percibido de esto: que cuando yo les dije que los corderos representados en el Cielo significan la inocencia (Que los corderos en el Cielo y en la Palabra significan la inocencia, A.C. n: 3994, 7840, 10,132), ellos dijeron inmediatamente que no sabían qué era la inocencia, sino que sólo la conocían como vocablo; y esto porque ellos sólo son afectados por los conocimientos, pero no por los usos que son los fines del conocimiento. Por consiguiente, desde la percepción interior ellos no pueden saber lo que es la inocencia.

n.35

35. Algunos de los espíritus de la Tierra de Mercurio vinieron a mí enviados por otros, para conocer en qué me ocupaba. A éstos uno de los espíritus de nuestra Tierra les dijo que les comunicaran a los suyos que no dijeran más que la verdad, y no propusieran cosas opuestas a las que se les preguntaran, según tenían por costumbre; porque si alguno de los espíritus de nuestra Tierra lo hiciera así, sería castigado. Pero entonces la compañía que estaba a distancia, desde la cual habían sido enviados aquellos espíritus, respondió que si por eso habían de ser castigados, todos debían ser castigados, porque a causa del hábito que habían contraído ninguno podía obrar de otro modo. Dijeron que cuando hablaban con los hombres de su propia Tierra también lo hacían así, pero esto no con el ánimo de engañarlos, sino deseando inspirarles el deseo de conocer. Porque cuando ellos proponen lo opuesto y así ocultan las cosas en cierto modo, entonces el deseo de conocer es excitado, y de ese modo por el esfuerzo para descubrirlas la memoria se perfecciona.

Hablé también con ellos sobre el mismo asunto en otra ocasión, y puesto que yo sabía que ellos hablaban con los hombres de su Tierra, les pregunté de qué manera instruyen a sus habitantes. Dijeron que ellos no los instruyen declarándoles cómo es el asunto, sino que solamente les insinúan alguna percepción del asunto, y que así se alimenta y acrecienta el deseo de explorar y conocer. Pues tal deseo perecería si ellos respondieran categóricamente a todo lo que se les inquiriera.

Agregaron que ellos proponen lo opuesto también por el siguiente motivo: para que después la verdad pueda aparecer mejor. Pues toda verdad se hace manifiesta por su relación con lo opuesto.

n.36

36. Estos espíritus tienen por costumbre no declarar a otro lo que saben, pero sin embargo de todos desean conocer lo que esos mismos saben. Pero a los de su propia sociedad les comunican todas las cosas, de modo que lo que uno sabe lo saben todos, y lo que todos saben, lo sabe cada uno de ellos allí (Que en los Cielos hay comunicación de todos los bienes, porque el Amor Celeste comunica todo lo suyo a los demás; y que de ello derivan los ángeles su sabiduría y felicidad, A.C. n: 549, 550, 1390, 1391, 1399, 10130, 10723).[1]

[1] Paréntesis omitido por Calleja.

n.37

37. Como los espíritus de Mercurio abundan en conocimientos, se encuentran en cierta especie de soberbia. De ahí que se imaginen que saben tantas cosas, como para ser casi imposible poder saber más. Pero los espíritus de nuestra Tierra les dijeron que ellos no saben tanto, sino sólo unas pocas cosas, y que aquéllas que ignoran son respectivamente infinitas. Y que esas cosas que ellos desconocen, comparadas con las que conocen, son como las aguas del mayor océano comparadas con las de una pequeña fuente. Y además, que el primer paso hacia la sabiduría es conocer, reconocer y percibir que lo que se sabe es apenas algo en comparación con lo que se ignora. Para convencerlos de que esto es así, se permitió que cierto espíritu angélico hablara con ellos, y les dijera en general qué cosa sabían y qué cosa ignoraban, y que había cosas infinitas que ellos no conocían. También, que por la eternidad ellos no podrían conocer ni siquiera las cosas en general. Él habló por medio de ideas angélicas mucho más prontamente que ellos, y como les descubrió lo que sabían y lo que ignoraban, ellos fueron sobrecogidos por el estupor.

Después vi a otro ángel hablando con ellos, el cual aparecía a alguna altura a la derecha. Él era de nuestra Tierra, y enumeraba muchísimas cosas que ellos no sabían. Y después él habló con ellos mediante cambios de estado, los cuales ellos dijeron que no los entendían. Entonces les dijo que cada cambio de estado contiene cosas infinitas, como también las contiene cada una de las partes más pequeñas de dicho cambio. Cuando ellos oyeron esto, ya que habían sentido orgullo a causa de sus conocimientos, comenzaron a humillarse. Esta humillación se representaba por el hundimiento hacia abajo de su volumen. Pues aquella compañía aparecía entonces como un volumen[1], delante a una distancia hacia la izquierda, en el plano de la región debajo del ombligo. Pero el volumen aparecía como abatido en la parte media y elevado por ambos laterales. También se observaban en él alternancias recíprocas. Se les dijo asimismo a ellos lo que esto significaba: esto es, lo que ellos pensaban en su humillación, y que aquéllos que aparecían elevados por ambos laterales, todavía no sentían ninguna humillación. Y vi que aquel volumen se dividió, y que los que no se habían humillado fueron apartados hacia su órbita, quedando los demás en donde estaban.

[1] O sea, un libro enrollado alrededor de un eje, un rollo.

n.38

38. Los espíritus de Mercurio vinieron a cierto espíritu de nuestra Tierra, quien durante su vida en el mundo había sido distinguidísimo por su erudición (era Christian Wolff[1]), deseando recibir información de él sobre varios asuntos. Pero cuando percibieron que lo que él decía no estaba elevado sobre las cosas sensuales del hombre natural, ya que al hablar pensaba en su reputación, y también que él deseaba, como en el mundo (porque en la otra vida cada uno es similar a cómo fue anteriormente) conectar varias cosas en series, y desde estas series otra vez y continuamente concluir otras cosas, y así de tales conclusiones concatenar muchas más, lo cual ellos no vieron o reconocieron ser verdadero, y por consiguiente declararon que eran cadenas que ni tenían coherencia en sí mismas ni con las conclusiones, llamándolas “la oscuridad de la autoridad”, ellos entonces desistieron de preguntarle más cosas, inquiriendo solamente: “¿Cómo se llama esto?” y “¿Cómo aquello?”. Y ya que él también contestó a estas preguntas mediante ideas materiales y no por medio de ninguna espiritual, ellos se retiraron de él. Porque cada uno en la otra vida habla tanto más espiritualmente o mediante ideas espirituales, cuanto más él haya creído en Dios en el mundo, y tanto más materialmente, cuanto menos haya creído.

Ya que aquí se ofrece la oportunidad, es lícito rememorar cómo es la situación en la otra vida para los eruditos que adquieren inteligencia por su propia meditación, encendida por el amor a conocer las verdades por causa de las verdades, y así por causa de usos abstraídos de las consideraciones mundanales, y cómo es ésta para aquéllos que adquieren inteligencia de otros, sin ninguna meditación propia, como suelen hacer quienes desean conocer las verdades solamente por causa de la reputación de ser sabios, y por ende a causa del honor o el lucro en el mundo; así, no por causa de los usos abstraídos de las consideraciones mundanales. Es posible insertar aquí cierta experiencia sobre los tales.

Se percibía un sonido que penetraba desde abajo, cerca del lado izquierdo hasta la oreja izquierda. Advertí que eran espíritus que intentaban abrirse paso allí; pero de qué cualidad eran, no pude saberlo. Sin embargo, cuando se abrieron paso, hablaban conmigo, diciendo que fueron Lógicos y Metafísicos, y que habían sumergido sus pensamientos en tales cosas, sin otro fin que el de oír que eran eruditos, y así para venir a honores y riquezas, lamentando el que ahora llevaban una vida miserable, a consecuencia de haber adquirido aquellas ciencias sin ningún otro fin, y así por no haber cultivado mediante ellas su raciocinio. Su habla era lento, y de sonoridad casi inaudible. Entretanto, dos de ellos hablaban uno con el otro sobre mi cabeza, y cuando inquirí quiénes eran, se me dijo que uno de ellos era alguien famosísimo en el mundo de los sabios, y se me dio a creer que era Aristóteles. Quién era el otro, no se declaró. El primero fue introducido entonces en el estado en el que estuvo mientras vivió en el mundo; pues cada uno puede ser fácilmente introducido en el estado de su vida, que él tuvo en el mundo, ya que tiene consigo todo el estado de su vida anterior. Pero, lo que me sorprendió fue que él se aplicó al oído derecho, y allí hablaba, si bien con una voz ronca, pero juiciosamente. Del significado de su habla, yo percibí que éste era de un genio totalmente distinto al de esos escolásticos que ascendieron primero; a saber, porque éste había hecho salir de su pensamiento aquellas cosas que había escrito, y de ella él produjo su filosofía; de manera que los términos que inventó, y qué impuso sobre los objetos del pensamiento, eran formulaciones de palabras con las cuales él describía las cosas interiores. También, que él había sido excitado a tales cosas por el deleite de la afección y el deseo de conocer aquellas cosas que fueran del pensamiento y el intelecto, y que él siguió obedientemente lo que su espíritu había dictado. Por lo mismo, éste se aplicó al oído derecho, a la inversa de la costumbre de sus acólitos, que son llamados “escolásticos”, y que no van del pensamiento a los términos, sino de los términos a los pensamientos, y así por un camino opuesto. Y muchos de ellos ni siquiera se fijan en los pensamientos, sino solamente en los términos; que si los aplican, es para confirmar cualquier cosa que ellos desean, y para imponer a las falsedades una apariencia de verdad, según su ambición de persuadir. De aquí es que, para ellos, las cosas filosóficas son más bien los medios para volverse locos, que los medios para volverse sabios; y por esto es que ellos están en la oscuridad, en lugar de en la luz.

Después hablé con él acerca de la ciencia analítica, diciendo que un niñito en media hora habla más filosófica, analítica y lógicamente, que lo que él hubiera podido describir mediante un volumen, ya que todas las cosas del pensamiento, y por ende del habla humana, son analíticas, siendo sus leyes las del mundo espiritual. Y que quien desea pensar artificialmente desde los términos, no es diferente a un bailarín que quisiera aprender a bailar dedicándose al estudio de la ciencia del movimiento de las fibras y de los músculos, que si en ella él fija su mente cuando baila, le sería casi imposible poder mover un pie; y sin embargo éste, sin esa ciencia, mueve fácilmente todas las fibras motrices dispersas a lo largo del cuerpo completo, y en consonancia también los pulmones, el diafragma, los costados, los brazos, el cuello, y las otras cosas restantes, que para describirlas a todas no bastarían los volúmenes; y que es similar con aquéllos que desean pensar desde los términos. Él aprobó estas cosas, diciendo que si se aprende a pensar de esa manera, se procede en un orden inverso, añadiendo que si alguno quiere ser tan tonto, que así proceda; pero que piense continuamente acerca del uso, y desde el interior. Después me mostró, cuál idea él había concebido sobre el Numen Supremo; a saber, que él se lo había representado como teniendo un rostro humano, y con la cabeza circundada por un círculo radiante; y que ahora sabe que el Señor es Este Mismo Hombre, y que el círculo radiante es lo Divino [que procede] desde Él, lo cual no sólo fluye en el Cielo, sino también en el universo, disponiendo y gobernando todas las cosas que en ellos existen. Agregó: “Quien dispone y gobierna el Cielo, también dispone y gobierna el universo, porque el uno no puede separarse del otro.” Él también dijo que había creído solamente en un Dios, cuyos Atributos y Cualidades él había distinguido con tantos Nombres, cuantos dioses adoraron otros.

Se me apareció una mujer que extendía la mano deseando acariciar mi mejilla; y cuando yo me admiré ante esto, él dijo que cuando él estaba en el mundo, tal mujer se le había aparecido con frecuencia en actitud de acariciar su mejilla, y que su mano era bella. Los espíritus angélicos decían, que las tales a veces aparecían a los antiguos, y por ellos fueron llamadas “Pallas”[2]; y que a él se le aparecía por los espíritus que, cuando vivieron como hombres en los tiempos antiguos, se deleitaban con las ideas y se abandonaban a los pensamientos, pero sin filosofía. Y porque tales espíritus estaban con él, y se deleitaban con él porque pensaba desde el interior, por eso ellos exhibieron representativamente a tal mujer.

Por último, él me informó cuál era la idea que había concebido del alma o espíritu del hombre, que él llamaba el “pneuma”[3], que a saber era un principio vital invisible, algo así como un éter. Y dijo que él había sabido que su espíritu viviría después de la muerte, ya que éste era su esencia interior, la cual no puede morir, porque es capaz de pensar; y que además él no había podido pensar claramente acerca de esto, sino sólo obscuramente, porque no había tomado pensamiento alguno sobre ello de ninguna otra fuente que de sí mismo, y un poco también de los antiguos. Además de eso, Aristóteles está entre los espíritus puros en la otra vida, y muchos de sus secuaces están entre los necios.

[1] Christian Freiherr von Wolff (1679 – 1754), filósofo racionalista alemán, discípulo de Leibniz y Descartes, quien fuera considerado por Kant “el mayor de todos los filósofos dogmáticos”.

[2] Del griego Παλλάς, epíteto de la diosa Atenea, que entre otras cosas patrocinaba la civilización, la sabiduría, las artes y la justicia.

[3] Del griego πνεῦμα, espíritu, soplo, aliento.

n.39

39. Cierta vez vi que espíritus de nuestra Tierra estaban con espíritus de la Tierra de Mercurio, y los oí conversar entre sí; y entonces los espíritus de nuestra Tierra, entre otras cosas, les preguntaron en quién creían. Contestaron que creían en Dios; pero cuando aquéllos inquirieron más allá, acerca de en cuál Dios creían, éstos no querían decirlo. Porque es costumbre entre ellos no contestar directamente a las preguntas. Entonces los espíritus de la Tierra de Mercurio, a su vez, preguntaron a los espíritus de nuestra Tierra en quién creían ellos. Éstos contestaron que creían en el Señor Dios. Los espíritus de Mercurio replicaron que ellos percibían que sus interlocutores no creían en ningún Dios, y que más bien habían contraído el hábito de profesar con la boca que ellos creen, cuando sin embargo no creen. (Los espíritus de Mercurio tienen una percepción exquisita, debido a que continuamente exploran, por medio de la percepción, lo que otros saben.) Aquellos espíritus de nuestra Tierra eran del número de los que en el mundo hicieron profesión de fe conforme a la doctrina de la Iglesia, pero sin embargo no vivieron la vida de fe; y quienes no viven la vida de fe, en la otra vida no tienen fe, porque no está en el hombre. (Los que hacen profesión de fe por la doctrina y no viven la vida de fe, no tienen fe, A.C. n: 3865, 7766, 7778, 7790, 7950, 8094. Y que sus interiores son contrarios a las verdades de la fe, aunque esto en el mundo no lo conozcan, n: 7790, 7950). Cuando oyeron esto, guardaron silencio, ya que por la apercepción que entonces les fue dada, ellos reconocieron que era así.

n.40

40. Había ciertos espíritus que sabían por el Cielo, que en un tiempo se hizo una promesa a los espíritus de la Tierra de Mercurio: que ellos verían al Señor. Por lo que preguntaron a los espíritus alrededor de mí si ellos recordaban aquella promesa. Dijeron que sí la recordaban; pero que no sabían si había sido prometido en forma tal como para que no cupiera lugar a ninguna duda al respecto. Mientras hablaban así entre ellos, entonces se les apareció el Sol del Cielo. (El Sol del Cielo, que es el Señor, no lo ven sino sólo los que están en el Cielo más íntimo o tercer Cielo; los restantes ven la Luz derivada de él). Al ver ese Sol, decían que éste no era el Señor Dios, porque ellos no le veían el rostro. Entretanto los espíritus conversaban entre sí, mas yo no oía lo que decían. Pero entonces, de repente el Sol volvió a aparecer, y en medio de éste el Señor, circundado por un círculo solar. Al verlo, los espíritus de Mercurio se humillaron profundamente, y se postraron. El Señor también se apareció entonces, desde aquel Sol, a los espíritus de esta Tierra, quienes, cuando fueron hombres, lo vieron en el mundo; de los cuales todos, uno en pos del otro y así muchos en un orden, confesaron que era el Señor Mismo. Y esto lo confesaron delante de toda la asamblea. Entonces el Señor también apareció desde el Sol a los espíritus del planeta Júpiter, quienes declararon en voz alta que era Él a quien ellos habían visto en su Tierra, cuando el Dios del universo se les apareció. (Que el Señor es el Sol del Cielo, de quien procede toda la Luz que hay allí, A.C. n: 1053, 3636, 4060. Y que el Señor se aparece así a aquéllos que están en Su reino Celestial, donde reina el amor a Él, n: 1521, 1529-1531, 1837, 4696. Que Él aparece a una altura media sobre el plano del ojo derecho, n: 4321, 7078. Que la idea para el “sol” en la Palabra significa el Señor en cuanto al Amor Divino, n: 2495, 4060, 7083. Que el sol de este mundo no aparece a los espíritus y ángeles, sino en su lugar algo como tenebroso, por detrás y opuesto al Sol del Cielo o al Señor, n: 9755).

n.41

41. Algunos, después que el Señor apareció, fueron retirados hacia el frente a la derecha, y cuando avanzaban, decían que veían una Luz mucho más clara y más pura que la que nunca antes habían visto, y que era imposible que fuera vista jamás una Luz mayor. Era entonces aquí la hora de la tarde. Eran muchos los que decían esto. (Que hay una tan gran Luz en los Cielos, que excede en muchos grados a la luz meridiana de este mundo, A.C. n: 1117, 1521, 1533, 1619-1632. 4527, 5400, 8644. Que toda Luz en los Cielos procede del Señor como el Sol de allí, n. 1053, 1521, 3195, 3341, 3636, 3643, 4415, 9548, 9684, 10,809. Que la Verdad Divina procedente desde el Bien Divino del Amor Divino del Señor, aparece en los Cielos como Luz, y provee toda luz allí, n. 3195, 3222, 5400, 8644, 9399, 9548, 9684. Que la Luz del Cielo ilumina tanto la vista como el intelecto de los ángeles, n: 2776, 3138. Que cuando se dice que el Cielo está en Luz y Calor, se significa que está en Sabiduría y Amor, n: 3643, 9399, 9401).

n.42

42. Debe saberse que el sol del mundo no aparece a espíritu alguno, ni luz alguna del mismo. La luz de ese sol es para los espíritus y ángeles como densa oscuridad. Ese sol sólo permanece en la percepción de los espíritus porque lo han visto mientras estuvieron en el mundo, y está presente para ellos en idea, como algo tenebroso, y atrás a una distancia considerable, a una altura un poco sobre el plano de la cabeza. Los planetas que están dentro del sistema del sol de este mundo, aparecen según una determinada situación con respecto al sol; Mercurio detrás, un poco hacia la derecha; el planeta Venus a la izquierda, un poco hacia atrás; el planeta Marte a la izquierda, al frente; el planeta Júpiter de la misma manera, a la izquierda al frente, pero a una distancia mayor; el planeta Saturno directamente al frente, a una distancia considerable; la Luna a la izquierda, bastante alta; los satélites también a la izquierda de su respectivo planeta. Tal es la situación de estos planetas, en las ideas de los espíritus y ángeles. Y los espíritus también aparecen cerca de su planeta, pero fuera de él. Sin embargo, que los espíritus de Mercurio en particular no aparezcan en ninguna región determinada, o a ninguna distancia determinada, pero sí aparezcan ahora al frente, luego a la izquierda, después un poco hacia atrás, se debe a que a éstos les está permitido vagar a través del universo, para procurarse conocimientos.

n.43

43. Una vez aparecieron los espíritus de Mercurio a la izquierda en un globo, y después en un volumen que se extendía en una gran longitud. Yo me admiré sobre si acaso quisieran ir a esta Tierra, o tal vez a otro lugar, y pronto advertí que se inclinaban a la derecha, y cuando se desplegaron, se aproximaron a la Tierra o planeta Venus, hacia su región del frente. Pero cuando llegaron allá, decían que no querían permanecer allí, porque sus habitantes eran malos; por lo cual describieron un círculo hacia la parte de atrás de esa Tierra, y entonces dijeron que querían morar allí, porque aquéllos que están allí son buenos. Cuando esto acontecía, yo sentía un cambio notable en el cerebro, y una poderosa operación procediendo de allí. Por esto se me ha dado el concluir que los espíritus de Venus, que son de aquella parte del planeta, estaban de acuerdo con los espíritus de Mercurio, y que tenían relación con la memoria de las cosas materiales concordante con la memoria de las cosas inmateriales, con la cual tienen relación los espíritus de Mercurio. De ahí que se sintiera una operación más poderosa de parte de ellos cuando estaban allí.

n.44

44. Yo deseaba conocer la cara y el cuerpo de los hombres en la Tierra de Mercurio, si eran semejantes a los hombres en nuestra Tierra. Entonces se presentó ante mis ojos una mujer exactamente similar a las de la Tierra. Ella era de bello rostro, pero más pequeño que el de las mujeres de nuestra Tierra; su cuerpo también era más delgado, pero su altura era igual. Tenía en la cabeza una toca de lino, puesta sin arte, pero sin embargo decentemente. También me fue presentado un hombre, quien asimismo era más delgado de cuerpo que los hombres de nuestra Tierra. Él estaba vestido con una vestimenta azul oscuro, apretadamente ajustada al cuerpo, sin pliegues ni protuberancias de una y otra parte. Fue dicho que los hombres de aquella Tierra eran de tal forma y atavío del cuerpo.

Después fueron presentadas sus especies de bueyes y vacas, que de hecho no diferían mucho de aquéllas en nuestra Tierra, pero eran menores, y de algún modo se acercan a la especie de las ciervas y venados.

n.45

45. Se les preguntó también sobre el sol del mundo, cómo parece desde su tierra. Decían que grande, y que allí parece mayor que cuando se le ve desde otras tierras, y que saben esto por las ideas de otros espíritus acerca del sol. Dijeron además que ellos disfrutan de una temperatura media, ni demasiado caliente ni demasiado fría. Entonces se concedió el decirles, que esto había provisto así para ellos por el Señor, con el fin de que no estuvieran expuestos a calor excesivo por razón de que su Tierra está más próxima al sol que las otras tierras, ya que el calor no procede de esa proximidad al sol, sino de la altitud y densidad de la atmósfera aérea, como se evidencia por el frío en las montañas altas, aun en los climas cálidos; además, que también el calor es variado según la incidencia directa u oblicua de los rayos del sol, como se evidencia por las estaciones del invierno y el verano en cada región.

Éstas son las cosas que han sido dadas a conocer acerca de los espíritus y habitantes de la tierra de Mercurio.

 

III. SOBRE LA TIERRA O PLANETA JÚPITER, Y SOBRE SUS ESPÍRITUS Y HABITANTES.

n.46

46. Me fue concedido disfrutar una interacción más larga con los espíritus y ángeles del planeta Júpiter, que con los espíritus y ángeles de los restantes planetas; por lo cual [me] es lícito rememorar más cosas respecto al estado de la vida de éstos, y de los habitantes de ese planeta. Que esos espíritus eran de allí, resultó evidente por muchas cosas, y también fue declarado desde el Cielo.

n.47

47. La propia tierra o planeta Júpiter no aparece de hecho a los espíritus y ángeles; pues nunca a ninguno de los de allí [el mundo espiritual] les resulta visible ninguna Tierra, sino sólo los espíritus y ángeles que vienen de ésta. Los que son del planeta Júpiter aparecen al frente, a la izquierda, a cierta distancia, y esto constantemente (véase arriba, n. 42); allí también está el planeta. Los espíritus de cada tierra están cerca de su Tierra, por causa de que éstos proceden de sus habitantes (ya que cada hombre, tras la muerte, se vuelve un espíritu), y porque así son de un genio similar, y pueden estar con los habitantes, y servirles.

n.48

48. Ellos narraban que en la región de la Tierra en donde ellos vivieron mientras estuvieron en el mundo, la multitud de hombres que allí había era tan grande cuanta la tierra pudiera alimentar, y que la tierra era fértil, y abundaba en todas las cosas; y que allí ellos no deseaban más que lo necesario para la vida, y que no tenían por útil sino sólo lo que era necesario, y que por eso era tan grande la multitud de hombres. Decían que la educación de los niños era su mayor preocupación, y que a éstos los amaban de la manera más tierna.

n.49

49. Refirieron después que allí están distribuidos en naciones, familias, y casas, y que todos viven separadamente con los suyos, y que por esta causa sus interacciones se limitan a las parientes; asimismo, que nadie nunca codicia los bienes del otro; y que nunca viene a sus mentes el codiciar las posesiones de otro, y menos aún con alguna artimaña obtenerlas para sí, y muchísimo menos atacar y robar por la fuerza. Esto ellos lo consideran como un crimen contra la naturaleza humana, y lo tienen por algo horrible. Cuando quise decirles que en esta Tierra hay guerras, depredaciones, y asesinatos, entonces se alejaban y rehusaban oír.

Me fue declarado por los ángeles que los más antiguos en esta Tierra vivieron de la misma manera, a saber, que ellos se distribuían en naciones, familias, y casas, y que todos en ese tiempo estaban satisfechos con sus propias posesiones; que era una cosa totalmente desconocida para ellos enriquecerse con los bienes de los demás, como también dominar desde el amor a sí mismos; y que por esta causa, los tiempos antiguos, y especialmente los más antiguos, fueron más aceptables para el Señor que los tiempos subsiguientes. Y como tal era el estado, que también entonces reinó la inocencia, y con ella la sabiduría; que cada uno entonces hacía lo bueno desde el bien, y lo justo desde la justicia; que hacer lo bueno y lo justo con vistas a la propia honra, o por lucro, era desconocido; y que en aquel tiempo ellos no hablaban sino sólo la verdad, y esto no tanto desde la verdad como desde el bien, es decir, no desde el intelecto separado de la voluntad, sino desde lo voluntario conjugado con lo intelectual.

Tales fueron los tiempos antiguos; en consecuencia, los ángeles podían relacionarse con los hombres, y conducir sus mentes, casi separadas de las cosas corpóreas, hacia el Cielo, sí, llevarlas a éste y pasearlas en derredor, mostrándoles las cosas magníficas y felices de allí, como también comunicarles a ellos sus felicidades y deleites.

Asimismo, estos tiempos fueron conocidos por los escritores antiguos, y fueron denominados por ellos como “áureos”, y también “saturninos”. La razón por la cual estos tiempos fueron de tal índole, fue, según se dijo, que los hombres vivieron distinguidos en naciones, las naciones en familias, y las familias en casas, y cada casa vivía separadamente, por sí misma; y que jamás entonces vino a la mente de ninguno invadir la herencia de otro, y con ello adquirir para sí opulencia y dominio. Hasta muy lejos se habían apartado entonces el amor a sí mismo y el amor al mundo; cada uno se regocijaba con lo suyo, y no menos con los bienes del prójimo.

Pero en los tiempos que siguieron, este escenario cambió y se invirtió totalmente en su opuesto, cuando la avidez de dominar y de poseer copiosamente invadió las almas. Entonces el género humano, para protegerse, se organizó en reinos e imperios; y dado que cesaron las leyes de caridad y conciencia, que estaban inscritas en los corazones, con el objetivo de refrenar las violencias se hizo necesario promulgar leyes, en las que los honores y las ganancias eran la recompensa, y la privación de éstos el castigo. Cuando el estado fue cambiado así, el Cielo mismo se removió del hombre, y esto cada vez más hasta esta época, cuando ya no se sabe si hay un Cielo y un infierno, en efecto, y por algunos es negado que existen.

Estas cosas se han dicho, para ilustrar por un paralelo, cuál es el estado de aquéllos de la Tierra de Júpiter, y de donde toman ellos su probidad, y también su sabiduría, con respecto a la cual más se dirá en lo que sigue.

n.50

50. Por mi larga asociación con los espíritus de la Tierra de Júpiter, se me hizo manifiesto que ellos eran más probos que los espíritus de muchas de las otras tierras. Su deslizamiento cuando venían, su estancia conmigo, y su influjo en ese momento, eran tan mansos y dulces que desafiaban toda descripción. En la otra vida, la cualidad de cada espíritu se manifiesta mediante un influjo, que es la comunicación de su afección; la probidad, mediante la apacibilidad y la dulzura. Mediante la apacibilidad, ya que él teme hacer daño, y mediante la dulzura, ya que él ama hacer el bien.

Yo he podido distinguir claramente la diferencia entre la apacibilidad y la dulzura del influjo procedente de los espíritus de Júpiter y el que emana de los buenos espíritus de nuestra Tierra. Dijeron que cuando entre ellos se suscita algún ligero desacuerdo, aparece una suerte de tenue irradiación con deslumbrante blancura, similar a la de un relámpago, o a una cinta en la cual hay estrellas que titilan y vagan; pero la desavenencia entre ellos pronto es arreglada. Las estrellas que centellean y al mismo tiempo andan errantes, significan lo que es falso; pero las estrellas que centellean y a la vez están fijas, significan lo que es verdadero; así, las primeras [significan] la discordia. (Que las estrellas en la Palabra significan los conocimientos de lo bueno y lo verdadero, y por ende las verdades, A.C. n: 2495, 2849, 4697. Y que en la otra vida las verdades son representadas mediante estrellas fijas, pero las falsedades mediante estrellas errantes, n: 1128).

n.51

51. Yo he podido distinguir la presencia de los espíritus de Júpiter, no sólo por la apacibilidad y dulzura de su deslizamiento e influjo, sino también por esto: que en su mayor parte su influjo era en mi rostro, y lo volvían sonriente y alegre, y esto continuamente durante su presencia. Dijeron que así vuelven los rostros de los habitantes de su Tierra, cuando vienen a ellos, deseando así inspirarles tranquilidad y delicia de corazón. Y esa tranquilidad y delicia, con la cual ellos me inspiraban, llenaba mi pecho y mi corazón de manera muy sensible; al mismo tiempo, eran removidos los deseos y ansiedades acerca de las cosas por venir, los cuales causan inquietud y desasosiego, y excitan varias conmociones en la mente. Por ello, pude constatar cuál era la cualidad de la vida de los habitantes de la Tierra de Júpiter; pues por los espíritus puede conocerse la índole de los habitantes, ya que cada uno retiene su vida propia después de la muerte, y continúa viviéndola cuando se convierte en un espíritu. Se ha observado que ellos gozaban un estado de beatitud o felicidad aún más interior, lo cual fue advertido por esta circunstancia: que se percibió que sus interiores no estaban cerrados al Cielo, sino abiertos a éste; pues en la proporción en la cual los interiores están más abiertos al Cielo, en esa misma son más susceptibles de recibir el Divino Bien, y con éste la beatitud y la felicidad interior. El caso es totalmente distinto para aquéllos que no viven en el orden del Cielo; en éstos, los interiores están cerrados, y los exteriores abiertos al mundo.

n.52

52. Qué clase de rostros tenían los habitantes de la Tierra de Júpiter, se me mostró también; no porque los habitantes mismos se me aparecieron, sino que [lo hicieron] los espíritus con rostros similares a los que ellos tenían cuando estuvieron en su Tierra. Pero antes de que esto me fuera mostrado, uno de sus ángeles apareció tras una nube brillantemente blanca, el cual dio el consentimiento. Y entonces fueron mostradas dos caras; éstas eran como las caras de los hombres de nuestra Tierra, cándidas y hermosas; desde ellas resplandecían la sinceridad y la modestia.

Durante la presencia de los espíritus de Júpiter junto a mí, los rostros de los hombres de nuestra Tierra parecían más pequeños que lo usual, lo cual se debía a esto: que desde aquellos espíritus fluía la idea que tenían acerca de sus propios rostros, como más grandes; porque ellos creen, cuando viven como hombres en su Tierra, que después de su fallecimiento sus caras serán más grandes y redondas en cuanto a la forma; y porque esta idea fue impresa en ellos, consecuentemente también permanece con ellos, y cuando se vuelven espíritus, les parece a ellos como si tuvieran los rostros más grandes. La razón por la cual ellos creen que sus rostros serán más grandes, es porque ellos dicen que la cara no es parte del cuerpo, ya que a través de ella ven, oyen, hablan, y exponen sus pensamientos; y porque la mente se transparenta así a través de la cara; de ahí, que sobre el rostro conciben una idea como sobre la mente en una forma; y por cuanto ellos saben que serán más sabios luego de su vida en el mundo, por eso creen que la forma de la mente o rostro, se volverá más desarrollada. También creen que después de fallecer, ellos percibirán un fuego que calentará sus rostros. Esta creencia tiene su origen en esto: que los más sabios entre ellos saben que el fuego en el sentido espiritual significa el amor, y que el amor es el fuego de la vida, y que de este fuego tienen vida los ángeles. (Que el fuego en la Palabra es amor en ambos sentidos, n: 934, 4906, 5215. Que el fuego sagrado y Celestial es el Amor Divino, y cada afección que viene de ese Amor, n: 934, 6314, 6832. Que el fuego infernal es el amor de sí y del mundo, y cada concupiscencia que procede de estos amores, n: 965, 1861, 5071, 6314, 6832, 7575, 10.747. Que el amor es el fuego de la vida, y que la misma vida proviene realmente de allí, n: 4906, 5071, 6032).

También los que de ellos han vivido en el amor Celestial, obtienen su deseo, y perciben que su rostro se calienta; y entonces los interiores de su mente se inflaman con amor. Por esta razón, los habitantes de esa Tierra también lavan y limpian mucho sus rostros, y asimismo los protegen cuidadosamente del gran calor del sol. Ellos tienen una envoltura hecha de líber o corteza cerúlea, con la cual se ciñen la cabeza, y así cubren el rostro. Con respecto a las caras de los hombres de nuestra Tierra, que ellos vieron por medio de mis ojos (Que los espíritus y ángeles no ven lo que hay en este sistema solar, pero que ellos lo vieron a través de mis ojos, A.C. n: 1881), ellos dijeron que no eran hermosos, y que su belleza consistía en la piel externa, pero no en las fibras del interior. Ellos se admiraron de que las caras de algunos estuvieran llenas de verrugas y pústulas, o deformada de otro modo, diciendo que entre ellos no se vieron nunca semejantes rostros. Algunas caras [entre los habitantes de Júpiter] siempre estaban sonrientes, a saber, las que eran alegres y risueñas, y las que alrededor de los labios eran algo prominentes.

n.53

53. La causa de que sonrieran las caras que eran prominentes alrededor de los labios, era porque la mayor parte de su habla se efectúa por la cara, y sobre todo por su región alrededor de los labios, y también porque nunca disimulan, eso es, hablan diferentemente a lo que piensan. Por esta razón, no compelen su cara, sino dejan salir las palabras libremente. De otro modo ocurre con los que, desde la niñez, han aprendido a disimular. Los rostros de éstos son así contraídos desde el interior, para que no reluzca desde éste ninguna cosa del pensamiento. Ni se la deja salir desde el exterior, sino que éste es mantenido listo para relajarse o contraerse, según aconseje la astucia. La verdad de esto puede evidenciarse examinando las fibras de los labios y sus partes circundantes; porque hay allí múltiples series de fibras, plegadas juntas y entrelazadas, las cuales fueron creadas no sólo para la masticación y para el habla, por la cual son creadas las palabras, sino también para expresar las ideas del alma.

n.54

54. Fue mostrado también cómo se presentan los pensamientos por la cara; las afecciones que son del amor se manifiestan a través del rostro y sus cambios, y los pensamientos por las variaciones en cuanto a los formas de los interiores que hay allí; no pueden ser descritos más allá. Los habitantes de la tierra de Júpiter también tienen un habla vocal, pero no así de sonora como entre nosotros; un habla ayuda a la otra, y el habla vocal es inspirada con vida por el habla de la cara. He sido informado por los ángeles, de que la primera habla de todos los hombres en cada Tierra, fue el habla por la cara, y esto por dos fuentes allí: por los labios y por los ojos. La razón de que tal habla haya sido la primera, es porque la cara fue formada para retratar lo que el hombre piensa y desea, y de aquí que a la cara se la llamó también “la imagen e índice de la mente”; igualmente porque en los tiempos antiquísimos o primigenios había sinceridad, y el hombre no pensaba ni deseaba pensar otra cosa que en lo que quería que reluciera desde su cara. Así también las afecciones de la mente y los pensamientos derivados de éstos, podían presentarse viva y plenamente; así también aparecían al ojo, como en una forma, muchísimos simultáneamente. Por lo mismo, esta habla sobrepasaba tanto al habla vocal, así como la vista aventaja a la audición, esto es, como lo es ver un paisaje, u oír hablar de él o aprehenderlo por descripción verbal. Agregaron, que tal lenguaje concuerda con el lenguaje de los ángeles, con quienes los hombres en aquellos tiempos también se comunicaban; y además, que cuando la cara habla, o la mente a través de la cara, es el lenguaje angélico con el hombre en la última forma natural; pero no cuando la boca habla con palabras. Cada uno, también, puede comprender que los más antiguos no pudieron tener un lenguaje de palabras, porque las palabras del idioma no fueron inmediatamente infundidas en los hombres, sino que hubieron de ser inventadas y aplicadas a las cosas; lo que sólo pudo verificarse con el proceso del tiempo.

(Que los más antiguos en esta Tierra tuvieron un lenguaje a través de la cara y los labios, por medio de la respiración interior, A.C. n: 607, 1118, 7361).

(Que los habitantes en algunas otras Tierras tienen un habla similar, A.C. n: 4799. 7359, 8248, 10,587).

(Con respecto a la perfección y excelencia de ese lenguaje, A.C. n: 7360, 10,587, 10,708).

Mientras la sinceridad y la rectitud permanecieron con el hombre, otro tanto también permaneció tal habla; pero en cuanto la mente empezó a pensar una cosa y hablar otra, lo cual tuvo lugar cuando el hombre comenzó a amarse a sí mismo y no a su prójimo, entonces el habla vocal principió a desarrollarse, guardando silencio el rostro o disimulando. Así fue cambiada la forma interior de la cara, se contrajo, endureció, y comenzó a estar casi desprovista de vida; pero la externa, inflamada por el fuego del amor a uno mismo, empezó a aparecer como viva ante los ojos de hombres. Porque la ausencia de vida que hay debajo, no aparece ante los ojos de los hombres, sino ante los ojos de los ángeles, pues éstos ven los interiores. Tales son las caras de aquéllos que piensan una cosa y hablan otra; pues la simulación, la hipocresía, la astucia y el engaño, que constituyen la prudencia actual, inducen tales cosas. Pero en la otra vida es diferente, porque allí no es permitido hablar una cosa y pensar otra; la discordancia también es allí claramente percibida en cada palabra; y cuando es percibida, es expulsado fuera de la sociedad el espíritu, en el cual hay tal discordancia, y penado. Posteriormente, él es reducido por varios métodos a hablar como piensa, y a pensar como desea, hasta que tenga una sola mente, y no dividida; de modo que, si es bueno, pueda querer el bien, y pensar y hablar la verdad desde el bien, y si es malo, pueda querer el mal, y pensar y hablar la falsedad desde el mal. El bueno no es elevado al Cielo antes de esto, ni el malo lanzado al infierno; y esto, con el fin de que no exista en el infierno nada más que el mal y la falsedad del mal, y en el Cielo nada más que el bien y la verdad del bien.

n.55

55. Después por los espíritus, que son de aquella Tierra, fui informado respecto a varios particulares referentes a los habitantes de allí, como sobre su manera de caminar, sobre su alimentación, y sobre sus domicilios. Con respecto a su manera de caminar, no andan erectos, como los habitantes de esta Tierra y de muchas otras, ni tampoco se arrastran como los animales, sino que cuando avanzan, se ayudan con las palmas de las manos, y alternamente medio que se elevan sobre sus pies; y también, mientras caminan, a cada tercer paso que dan miran con la cara a los lados y tras de sí, y entonces también comban un poco el cuerpo, lo cual hacen repentinamente; porque entre ellos es impropio ser visto por otros, excepto en la cara. Al caminar así, siempre llevan la cara elevada, como entre nosotros, de manera que pueden ver tanto el Cielo como la tierra. No llevan la cara hacia abajo, de modo que sólo vean la tierra, a lo cual llaman ellos una maldición. Los más viles entre ellos lo hacen así; pero si no se acostumbran a elevar la cara, son desterrados de su sociedad. Sin embargo, cuando se sientan, tienen la apariencia de hombres de nuestra tierra en cuanto a la parte superior de su cuerpo erecta, pero se sientan con las piernas cruzadas. Ponen especial cuidado, no sólo cuando caminan, sino también cuando están sentados, para no ser vistos por la espalda, sino a la cara. De buena gana quieren que se les vean las caras, porque desde ellas aparece su mente; porque nunca muestran una cara ajena a la mente, ni de hecho pueden hacerlo. Los presentes saben también claramente por esto, qué disposición tienen para con ellos, porque esto nunca lo ocultan; especialmente si su aparente amistad es sincera, o acaso forzada. Estos particulares, me fueron mostrados por los espíritus de ellos, y fueron confirmados por sus ángeles. De ahí, también, que sus espíritus tampoco son vistos caminando erectos como los otros, sino casi como nadadores que se ayudan con sus manos para avanzar, y por turnos miran en derredor.

n.56

56. Los que viven en las zonas de ellos con clima muy caliente, andan desnudos, si bien con una cubierta en torno a los lomos; y no se avergüenzan de su desnudez, porque sus mentes son castas, y no aman sino a sus cónyuges solamente, aborreciendo el adulterio. Se admiraron sumamente de que los espíritus de nuestra Tierra, al oír hablar de su manera de caminar, y también de su desnudez, los ridiculizaran, y tuvieran pensamientos lascivos; y que en lo absoluto atendieran a su vida Celestial, sino sólo a tales cosas. Dijeron que eso era una señal de que las cosas corpóreas y terrestres son de mayor importancia para ellos que las cosas Celestiales, y que la indecencia ocupa sus mentes. Se les dijo a aquéllos [los espíritus de nuestra Tierra] que la desnudez no es motivo ni de vergüenza ni de escándalo para aquéllos que viven en castidad y en un estado de inocencia, sino que lo es para los que viven en la lascivia y la impudicia.

n.57

57. Cuando los habitantes de aquella Tierra caen en cama, vuelven sus caras hacia el frente o hacia el aposento, pero no hacia atrás o hacia la pared. Esto me narraron sus espíritus, y dijeron que la causa es, que ellos creen que al volver la cara así la vuelven hacia el Señor, pero si la vuelven hacia atrás, la apartan [del Señor]. Tal cosa algunas veces me ha ocurrido, mientras estaba en cama, pero nunca antes supe de donde era esto.

n.58

58. Ellos se deleitan en hacer largas comidas, no tanto por el goce de los alimentos, como por el goce de la conversación durante ese tiempo. Cuando se sientan a la mesa, no se sientan en sillas o bancos, o en elevadas camas de césped, ni sobre la grama, sino sobre las hojas de cierto árbol. No quisieron decir de qué árbol eran las hojas, pero cuando les nombré varios, por conjetura, ellos asintieron finalmente cuando les dije que eran hojas de higuera. Dijeron, además, que ellos no preparan el alimento con referencia al gusto, sino especialmente con referencia al uso, y agregaron que para ellos el alimento útil era sabroso. Sobre este asunto se suscitó una conversación entre los espíritus, y se dijo, que esto sea lo que le convenga al hombre, porque así en su corazón está el tener una mente sana en un cuerpo sano; pero sucede de otro modo en aquellos a quienes gobierna el gusto, y en consecuencia de ello enferma el cuerpo, o como mínimo languidece interiormente, y por consiguiente su mente también; porque la acción de ésta depende del estado interior de las partes recipientes, las cuales son del cuerpo, como la vista y el oído dependen del estado del ojo y del oído. De ahí se ve la insania de poner todo el deleite de la vida en la lujuria y los placeres. De ahí viene también la pesadez en tales cosas cuales son del pensamiento y del juicio, y la agudeza en tales cosas cuales son del cuerpo y del mundo. De esto surge la semejanza entre el hombre y el animal bruto, con el cual también los tales no incongruentemente se comparan.

n.59

59. También me fueron mostradas sus habitaciones. Éstas son bajas y de madera, pero por dentro están embellecidas con el líber o corteza de cierto árbol de color azul, estando las paredes y el techo salpicados como con pequeñas estrellas a la imagen del Cielo; porque a ellos les agrada representar, por medio de estas pinturas, los cielos visibles con sus estrellas, en los interiores de sus casas; la causa es, que ellos creen que las estrellas son las habitaciones de los ángeles. Tienen también tiendas, que son circulares arriba, y se extienden a una considerable extensión, adornadas también con pequeñas estrellas, sobre un fondo azul; en éstas se encierran en la mitad del día, para que por los rigores del sol no se lesionen sus caras. Ponen gran cuidado en la construcción de estas tiendas, así como en su conservación y limpieza. En ellas también tienen sus comidas.

n.60

60. Cuando los espíritus de Júpiter vieron a los caballos de esta tierra, los caballos me parecían más pequeños que de costumbre, aunque eran suficientemente robustos y grandes. Esto fue como consecuencia de la idea de aquellos espíritus sobre los caballos. Dicen que ellos también tienen caballos, y mucho más grandes; pero que son salvajes o se mantienen en los bosques, y que cuando se les ve, los habitantes se llenan de terror, aunque aquellos no los dañen. Agregaron que el miedo a los caballos es innato o natural en ellos. Esto me hizo considerar la causa de ese miedo; porque el “caballo” en el sentido espiritual significa “lo intelectual formado de los científicos” (Que el “caballo” significa lo intelectual, n. 2760, 2761, 2762, 3217, 5321, 6125, 6400, 6534, 7024, 8146, 8148. Y que “el caballo blanco” en el Apocalipsis sea “el intelecto de la Palabra”, n. 2760)[1], y porque los habitantes de Júpiter tienen temor de cultivar la facultad intelectual por las ciencias mundanas, de ahí viene un influjo de temor. Que ellos no se preocupan de los científicos, que tienen una erudición humana, se verá en lo que sigue.

[1] Paréntesis omitido por Calleja.

n.61

61. Los espíritus de aquella Tierra no quieren estar en asociación con los espíritus de nuestra Tierra, porque difieren de aquellos, tanto en las mentes como en las maneras. Dicen que los espíritus de nuestra Tierra son astutos, y prontos e ingeniosos para maquinar males; y que saben poco y piensan poco acerca del bien. Además de estas cosas, los espíritus de la Tierra de Júpiter son mucho más sabios que los espíritus de nuestra Tierra. Dicen también de nuestros espíritus, que hablan mucho y piensan poco, y por ende no son capaces de tener una percepción más interior de muchas cosas, y ni siquiera de lo que es bueno. De aquí concluyen, que los hombres de nuestra Tierra son hombres externos.

También, una vez, se permitió a los espíritus malos de nuestra Tierra, que actuasen con sus malas artes, e infestaran a los espíritus de Júpiter que estaban conmigo. Éstos toleraron a aquellos por largo tiempo, pero al fin declararon que no podían más, y que creían que no se dan peores [espíritus], pues pervertían la imaginación de ellos y también sus pensamientos, de tal manera, que les parecía como si estuviesen atados, y que no pudieran desatarse y quedar libres, sino por la ayuda Divina. Mientras yo estaba leyendo en la Palabra algunos pasajes sobre la pasión de nuestro Salvador, entonces los espíritus europeos infundieron terribles escándalos, con el ánimo de seducir a los espíritus de Júpiter. Se inquirió quiénes eran, y cuál había sido su profesión en el mundo, y se descubrió que algunos de ellos habían sido predicadores. Muchos de ellos habían pertenecido a los que se dicen ellos mismos “de la sociedad del Señor”[1], o Jesuitas. Yo les dije, que aquellos, cuando vivieron en el mundo, entonces mediante su predicación acerca de la Pasión del Señor, podían conmover al vulgo hasta las lágrimas. Agregué también la causa, de que en el mundo pensaran de una manera y hablaran de otra, teniendo así una cosa en el corazón, y confesando otra con la boca; y que ahora no les es permitido hablar así fraudulentamente, pues cuando se convierten en espíritus, son compelidos a hablar exactamente tal y como piensan.

Los espíritus de Júpiter estaban estupefactos al máximo, de que pudiese darse tal discordancia entre los interiores y los exteriores del hombre, a saber, que pudiese hablar del todo diferentemente a tal y como piensa, lo que para ellos sería imposible. Se admiraron cuando oyeron, que muchos, que son de nuestra Tierra, también se convierten en ángeles, y son del todo de un corazón diferente; pues entonces suponían, que todos en nuestra Tierra eran similares a éstos. Pero se les dijo que muchos no son así, y que también hay quienes piensan desde el bien, y no como éstos desde el mal; y que quienes piensan desde el bien, son los que se convierten en ángeles.

Para que pudieran conocer que esto es así, vinieron coros [de ángeles] del Cielo de nuestra Tierra, uno después de otro, los que con una voz y armonía unísona glorificaban al Señor.

(Que se le dice “Coro”, a cuando muchos espíritus hablan juntamente y unánimemente; sobre los cuales, n: 2595, 2596, 3350).

(Que en el lenguaje de ellos haya un concento, sobre lo cual, n: 1648, 1649)[2].

(Que mediante los “coros”, en la otra vida ocurra la introducción a la unanimidad, n: 5182).

Aquellos coros embelesaron tanto a los espíritus de Júpiter que estaban conmigo, que les pareciera casi como que fueran raptados al Cielo. Aquella glorificación por los coros duró cerca de una hora, y me fue dado el sentir las delicias de ellos, las cuales recibían de éstas. Dijeron que le dirían esto a los suyos que estaban en otra parte.

[1] En Calleja: “Compañía de Jesús”.

[2] Omitido por Calleja.

n.62

62. Los habitantes de la Tierra de Júpiter hacen consistir la sabiduría en pensar bien y justamente de todas las cosas que encuentran en la vida. Esta sabiduría la beben de sus padres desde la infancia, y ella es transmitida sucesivamente a la posteridad, y aumenta por el amor que hacia ella tienen, por provenir de sus padres. De las ciencias, tales cuales las que se cultivan en nuestra Tierra, no saben absolutamente nada, ni desean saber. Las llaman “sombras”, y las comparan a las nubes que están bajo el sol[1]. Esta idea respecto a las ciencias, la han concebido de algunos espíritus de nuestra Tierra, que se preciaban de ser sabios en las ciencias. Los espíritus de nuestra Tierra, quienes se preciaban así de ser tales, eran de los que hacían consistir la sabiduría en cosas tales cuales pertenecen meramente a la memoria, como en las lenguas, especialmente el hebreo, el griego y el latín, en cosas memorables que son del mundo literario, en los críticos, en las meras experimentaciones, y en los términos, particularmente los filosóficos, y en otras cosas similares, no usando aquellas cosas como medios que conducen a la sabiduría, sino haciendo consistir a la sabiduría en aquellas cosas mismas. Éstos, porque no han cultivado su facultad racional por las ciencias, como por medios, tienen poca percepción en la otra vida. Pues ellos sólo ven en los términos y por los términos, y para aquellos que así ven, aquellas cosas son como grumos, y como nubes delante de la visión intelectual (véase arriba, n. 38); y los que han fundado su orgullo en la erudición salida de ahí, perciben mucho menos. Pero los que han usado las ciencias como medios de invalidar y aniquilar las cosas que pertenecen a la Iglesia y a la fe, han destruido totalmente lo intelectual en ellos, y como los búhos, ven en las más espesas tinieblas a la falsedad como verdad y al mal como bien.

Los espíritus de Júpiter, a partir de la conversación que tuvieron con los tales, concluyeron que las ciencias inducen la sombra y ciegan. Pero se les dijo, que en esta Tierra las ciencias son medios de abrir la vista intelectual, la cual vista está en la luz del Cielo; pero porque reinan tales cosas cuales pertenecen no más a la vida meramente natural y sensual, por lo mismo para los hombres de nuestra Tierra las ciencias son medios para convertirse en dementes, a saber, para confirmarse a favor de la naturaleza contra lo Divino, y a favor del mundo contra el Cielo. Además  les fue dicho que las ciencias, en sí mismas, son riquezas espirituales, y que los que las poseen, son como los que poseen riquezas mundanas, las cuales son similarmente medios de prestar usos para sí, para el prójimo, y para la patria, y también medios para hacer mal. Asimismo, que son como vestidos, los cuales sirven para el uso y el ornato, y también para el orgullo, como entre aquellos que desean ser honrados por causa de ellos solamente.

Los espíritus de la Tierra de Júpiter entendieron bien estas cosas; pero ellos se admiraron de que, siendo hombres, descansasen en los medios, y prefirieran tales cosas cuales conducen a la sabiduría, antes que a la sabiduría misma; y que no vieran que sumergir a la mente en tales cosas, y no elevarla sobre ellas, era empañarse y cegarse.

[1] Latín: nubes infra solem. Ha sido traducido por Calleja como “nubes que ocultan el sol” y por Villanueva como “nubes que se interponen al sol”.

n.63

63. Cierto espíritu que ascendía desde la tierra inferior, se acercó a mí, y me dijo, que había escuchado lo que yo había hablado con los otros espíritus, pero que no había entendido cosa alguna de las que se habían dicho sobre la vida espiritual y su luz. Se le preguntó si deseaba ser instruido sobre aquellas. Dijo que no había venido con ese ánimo. De lo que pude concluir, que no comprendería tales cosas.

Era muy estúpido. Pero por los ángeles se declaraba, que cuando aquél vivió en el mundo como un hombre, era muy celebrado por su erudición. Era frío, como se sentía manifiestamente por su respiración; lo que era una señal de tener una luz meramente natural y ninguna espiritual; y así que, por las ciencias, no tenía abierto el camino de la luz del Cielo, sino que lo había cerrado para sí mismo.

n.64

64. Porque los habitantes de la Tierra de Júpiter procuran la inteligencia para sí mismos por una vía diferente, que la de los habitantes de nuestra Tierra, y además son de una índole diferente de la vida, por eso no pueden estar mucho tiempo juntos con aquellos, sino que huyen de aquellos o los remueven. Hay esferas que pueden ser llamadas “esferas espirituales”, las cuales emanan continuamente de cada espíritu; más bien se desbordan. Fluyen por la actividad de las afecciones y los pensamientos consecuentes, así desde la vida misma.

(Que una esfera espiritual, la cual es la esfera de la vida, fluye y desborda a cada hombre, espíritu y ángel, y los circunde, n: 4464, 5179, 7454).

(Que fluye desde la vida de sus afecciones y pensamientos consecuentes. n: 2489, 4464, 6206).

(Que en la otra vida las asociaciones son según las esferas, y también las disociaciones, n: 6206, 9606, 9607, 10,312).

Todas las asociaciones en la otra vida, son según las esferas; las que concuerdan, se conjugan según la concordancia; las que son discordantes, son removidas según la discordancia. Los espíritus y ángeles que son de la Tierra de Júpiter, se refieren en el Maximus Homo, a lo imaginativo de los pensamientos, y por consiguiente a un estado activo de las partes interiores; pero los espíritus de nuestra Tierra, se refieren a las varias funciones de las partes exteriores del cuerpo, y cuando éstas desean dominar, lo activo o imaginativo del pensamiento no puede fluir del interior; de aquí son las opugnaciones entre las esferas de la vida de cada uno.

n.65

65. Por lo que se refiere al culto Divino de ellos, lo principal es que reconocen a nuestro Señor como el Supremo, Quien gobierna el Cielo y la tierra; Lo llaman “el Único Señor”; y porque ellos lo reconocieron y Le dieron culto durante su vida en el cuerpo, por eso Lo buscan de después de la muerte, y Lo encuentran. Es el Mismo que nuestro Señor.

Se les preguntó, si ellos saben que el Único Señor es un Hombre. Respondieron que todos ellos saben que es un Hombre; porque en su orbe ha sido visto por muchos como un Hombre; y que Él Mismo los instruye sobre la verdad, Los conserva, y que Le da la vida eterna a aquellos, que Le dan culto desde el bien.  Dijeron más, que les fue revelado por Él como deben vivir y como deben creer; y que esto que fue revelado, es transmitido de los padres a los hijos, y de allí mana la doctrina para todas las familias, y así para la nación entera, que desciende de un padre. Añadieron, que les parece a ellos como si tuvieran la doctrina inscrita en sus mentes, y concluyen así, por esto: porque ellos perciben al instante, y reconocen como por sí mismos, si es verdad o no lo que es dicho por otros sobre la vida del Cielo en el hombre.  No saben, que Su Único Señor, nació como un Hombre en nuestra Tierra; dijeron que no se cuidan de saber esto, sino sólo que Él es un Hombre, y que gobierna el universo. Cuando les dije, que en nuestra Tierra se le llama “Cristo Jesús”, y que Cristo significa “Ungido” o “Rey”, y Jesús, “el Salvador”, dijeron que ellos no Le dan culto como a un Rey, porque lo Regio tiene el sabor de lo mundano[i]; pero que ellos Le dan culto como el Salvador.

Como desde algunos espíritus de nuestra Tierra, se inyectaba en ellos la duda, de si el Único Señor de ellos era el Mismo que nuestro Señor, la removieron mediante esto: que recordaron que ellos Lo habían visto en el sol, y que habían reconocido que era Él Mismo a quien vieron en su Tierra (véase arriba, n. 40). Cierta vez, también, en los espíritus de Júpiter que estaban conmigo, fluyó por un momento la duda, de si Su Único Señor era el Mismo que nuestro Señor; pero esta duda, que fluyó por un momento, también en un momento fue disipada. Fluyó de algunos espíritus de nuestra Tierra; y entonces, de lo que me admiré, fue de que con tanto pudor se avergonzaron de haber dudado esto, aunque fuera por un momento, que me pidieron que no lo propalara, para que no por ello se les considerara de alguna incredulidad; cuando en cambio, aquellos conocen esto ahora más que los otros. Aquellos espíritus estaban muy afectados, y se regocijaron, cuando oyeron que se declaraba, que el Único Señor es el Solo Hombre, y que todos tienen por Él, el ser llamados “hombres”. Y que tanto más sean hombres, cuanto más sean imágenes de Él, esto es, cuanto más Le amen, y amen al prójimo. Así, cuanto más estén en el bien. Pues el Bien del amor y de la fe, es la imagen del Señor.

[i] O “tiene sabiduría desde”. Aproximadamente así en Villanueva (“anula su sabiduría de lo que es mundano”). Conforme a la presente versión en Calleja (“tiene resabios de mundano”).

n.66

66. Estaban conmigo algunos espíritus de la Tierra de Júpiter, mientras yo leía el capítulo decimoséptimo en Juan, respecto al amor del Señor y a Su glorificación; y cuando oyeron las cosas que hay allí, la santidad los colmó, y confesaron que todas las cosas allí eran Divinas. Pero entonces, algunos espíritus de nuestra Tierra, que eran incrédulos, sugirieron continuamente varios escándalos, diciendo que Él había nacido como infante, vivido como hombre, aparecido como cualquier otro hombre, crucificado, con otras cosas similares. Pero los espíritus de la Tierra de Júpiter no atendieron a estas cosas. Dijeron, que tales son sus diablos, a quienes ellos aborrecen; agregando, que absolutamente nada celestial hay en sus mentes, sino sólo cosas terrenales, que ellos llamaron “escorias”. De que esto era así, también quedaron convencidos desde esto: que, cuando aquellos oyeron que en su Tierra ellos iban desnudos, ocupó los pensamientos de aquellos en el acto la obscenidad, y que no tuvieron cuidado de su vida celestial, sobre la cual, también, habían oído hablar entonces.

n.67

67. En qué clara percepción respecto de las cosas espirituales están los espíritus de Júpiter, se me hizo manifiesto por el modo de representar el cómo el Señor convierte las afecciones depravadas en buenas. Ellos representan a la mente intelectual como una forma bella, y le imprimen una actividad conveniente a la forma que responde a la vida de la afección. Ejecutaron esto de un modo, que ningunas palabras pueden describirlo, y tan diestramente que fueron alabados por los ángeles. Estaban entonces presentes algunos de los eruditos de nuestra Tierra, que habían sumergido su intelecto en los términos de los científicos, y habían escrito y pensado mucho sobre la forma, sobre la substancia, sobre lo material y lo inmaterial, y sobre otras cosas similares, sin aplicar tales cosas a ningún uso. Ni siquiera pudieron comprender esa representación.

n.68

68. En su Tierra, tienen la máxima precaución, para que ninguno caiga en opiniones depravadas respecto al Único Señor; y si advierten que comienza a pensar siniestramente respecto a Él, primero le amonestan, y después por amenazas, y finalmente por penas, lo detienen. Dijeron, que ellos habían observado, que, cuando tal cosa repta en alguna familia, que ésta es quitada de en medio de ellos, no por penas de muerte por parte de los socios, sino por la privación de la respiración, y por consiguiente de la vida por los espíritus, después de que primero éstos a aquellos han amenazado con la muerte. Pues en aquella Tierra, los espíritus hablan con los habitantes, y los castigan si han hecho el mal, y también si han intentado hacerlo, sobre el cual asunto diremos más en las cosas siguientes. De aquí es, que si ellos piensan mal respecto al Único Señor, y no se arrepienten, son amenazados de muerte. De este modo es conservado allí el culto del Señor, quién para ellos es lo Supremo Divino.

n.69

69. Dijeron que ellos no tienen días festivos, pero que cada mañana, al nacer el sol, y que cada tarde, al ocaso del sol, realizan un culto santo al Único Señor en sus tiendas; y que también, a su modo, cantan salmos.

n.70

70. Por añadidura, fui instruido de que en aquella Tierra hay también algunos que se llaman a sí mismos “santos”, y quienes ordenan bajo amenaza a sus sirvientes, cuyo número multiplican, que les den el título de “señores”. Les prohíben igualmente que adoren al Señor del universo, diciéndose ellos mismos “señores mediadores”, y que llevarán sus suplicas al Señor del universo. No llaman al Señor del universo, que es nuestro Señor, “el Único Señor”, como todos lo hacen, sino “el Señor Supremo”, por razón de que ellos también se llaman a sí mismos “señores”.

Al sol del mundo le llaman “el rostro del Supremo Señor”, y creen que el domicilio de Él está allí, por lo cual también adoran al sol. El resto de los habitantes les tiene aversión, y no desea conversar con ellos, tanto porque adoran al sol, como porque se llaman ellos mismos “señores”, y son adorados por sus sirvientes como dioses mediadores. Se me mostró por los espíritus, cuál era la cubierta sobre su cabeza, que era una gorra en forma de torre, de color obscuro. En la otra vida aparecen a la izquierda, a cierta altitud, y allí se sientan como ídolos, y en el principio eran también adorados por los sirvientes que estaban con los tales, pero después éstos también los despreciaron. Lo que me admiró fue, que sus caras brillaban como por el fuego, lo que es consecuencia de haberse creído santos. Pero a pesar de la apariencia del fuego de sus caras, están sin embargo fríos, y desean intensamente calentarse. Por esto es evidente, que el fuego, con el que brillan, es el fuego del amor de sí, y es fatuo.

A fin de calentarse, les parece a sí mismos que están cortando madera, y mientras la están cortando, aparece bajo la madera algo de un hombre, a quien al mismo tiempo intentan golpear. Esto viene del hecho, de atribuirse a sí mismos mérito y santidad; porque a todos los que lo hacen así en el mundo, les parece a ellos mismos en la otra vida estar cortando madera, como sucede igualmente con algunos de nuestra Tierra, de quienes se ha tratado en otro lugar. Para ulterior demostración sobre este asunto, me fue permitido también aducir esta experiencia respecto a ellos: “En la tierra inferior, bajo la planta de los pies, están también los que atribuyeron mérito a sus hechos y obras. A muchos de ellos les parece estar cortando madera. El lugar en donde están, es más frío, y les parece a ellos mismos que adquieren calor con su labor. He hablado también con ellos, y me fue dado preguntarles, si deseaban salir de aquel lugar. Dijeron que aún no lo habían merecido por su trabajo. Pero que cuando ese estado termine, saldrán. Ellos son naturales, porque desear merecer la salvación no es espiritual; porque esto viene de lo propio (proprium), no del Señor. Y además, ellos también se prefieren a sí mismos a otros, y algunos de ellos desprecian a los demás. Si no reciben mayor gozo que los otros en la otra vida, se indignan contra el Señor; por cuya razón, cuando están cortando madera, aparece como algo del Señor bajo la madera.  Esto viene de su indignación”.

(Que el Señor Solo tiene Mérito y Justicia, n: 9715, 9975, 9979, 9981, 9982).

(Los que atribuyen mérito a las obras, o que desean merecer el Cielo por sus buenas obras, desean ser servidos en la otra vida, y nunca están contentos, n: 6393).

(Que desprecian al prójimo, y se aíran contra el Señor Mismo si no reciben recompensa, n: 9976).

(Cuál es su suerte en la otra vida, n: 942, 1774, 1877, 2027).

(Que son de los que aparecen cortando madera, en la tierra inferior, n: 1110, 4943).

n.71

71. Es cosa común en aquella Tierra, que los espíritus hablen con los habitantes, y los instruyan, y también que los castiguen si obran mal; en vista de lo cual, y porque los ángeles me han referido muchas cosas sobre este asunto, desearía relatarlas en orden.

La razón del por qué los espíritus hablan allí con los hombres, es que ellos piensan mucho acerca del Cielo, y acerca de la vida después de la muerte; y tienen relativamente poca solicitud acerca de la vida en el mundo; porque ellos saben que van a vivir después de la muerte, y en un estado feliz, según el estado de su hombre interno, formado en el mundo.

Hablar con los espíritus y los ángeles, era también cosa común en esta Tierra, en tiempos antiguos, y por la misma razón; a saber, porque entonces ellos pensaban mucho sobre el Cielo y poco sobre el mundo. Pero esa comunicación viva con el Cielo, se cerró con el proceso del tiempo, cuando el hombre de interno se volvió externo, o lo que es lo mismo, cuando empezó a pensar mucho acerca del mundo y poco acerca del Cielo; y más aún cuando ya no creyó más, que hay un Cielo y que hay un infierno, ni que el hombre en sí mismo es un espíritu, que vive después de la muerte. Porque en este día se cree, que el cuerpo vive por sí mismo, y no por su espíritu; por lo que, a menos que ahora el hombre tuviera la fe de que va a resucitar otra vez con su cuerpo, no tendría fe alguna en la resurrección.

n.72

72. En lo que atañe especialmente a la presencia de los espíritus entre los habitantes de la Tierra de Júpiter, hay algunos espíritus que castigan, algunos que instruyen, y otros que los gobiernan. Los espíritus que castigan, se aplican al lado izquierdo, y se inclinan hacia la espalda; y cuando están allí, ellos extraen de la memoria del hombre todas las cosas que ha hecho y pensado; pues esto es cosa fácil para los espíritus, porque cuando ellos están cerca de un hombre, entran en toda su memoria. Si encuentran que él ha hecho mal, o pensado mal, lo reprueban, y también lo castigan con dolores en las articulaciones, sea de los pies o de las manos, o con dolores en torno a la región epigástrica. Esto también lo pueden hacer diestramente los espíritus, cuando se les permite. Cuando los tales se acercan a un hombre, le inspiran horror con temor, y entonces el hombre sabe de su venida. Los malos espíritus pueden inspirar temor cuando se acercan a alguien, especialmente los que, cuando vivieron en el mundo, fueron ladrones.

Para que yo pudiera conocer, cómo obran estos espíritus cuando se acercan a un hombre de su Tierra, se permitió que un tal espíritu también se acercara a mí. Cuando estaba cerca, el horror con temor me ocupó manifiestamente; pero aquel horror no era interior, sino exterior, porque yo conocía que era un tal espíritu. Él también fue visto, y apareció como una nube oscura, con estrellas movibles en la nube. Las estrellas movibles significan falsedades, pero las fijas, verdades.

Él se aplicó a mi lado izquierdo, hacia la espalda, y también empezó a reprocharme por los hechos y pensamientos que extraía de mi memoria, y que también interpretaba siniestramente; pero esto le fue impedido por los ángeles. Cuando él percibió que yo estaba junto a uno que no era un hombre de su Tierra, comenzó a hablar conmigo, y a decir que, cuando se acercaba a un hombre, sabía todas y cada una de las cosas que éste había hecho y había pensado; asimismo, que él lo reprobaba severamente, y también lo castigaba con dolores varios.

En otra ocasión, también vino a mí un tal espíritu castigador, y se aplicó a mi lado izquierdo, bajo la mitad del cuerpo, como el primero, el que también deseaba castigarme. Pero a éste también se lo impidieron los ángeles. Él me mostró, sin embargo, los géneros de castigos, que les son permitidos infligir a los hombres de su Tierra, si hacen el mal o si intentan hacer el mal. Éstos eran, además del dolor en las articulaciones, también una contracción dolorosa cerca del medio del vientre, que se siente como la compresión por un cinto afilado[1]. También era la privación a intervalos de la respiración, hasta las angustias; y también la prohibición de comer otra cosa más que pan por un tiempo. Finalmente se le amenaza con la muerte, si no desisten de hacer cosas similares; y ahí entonces, se les priva del gozo de ver a su cónyuge, a sus hijos, y a sus coasociados. El dolor que venía de esto, también era insinuado entonces[i].

[1] Cinto de púas, un cilicio.

[i] En Chadwick y Villanueva, aquí:

(i) Los espíritus entran en todas las cosa de la memoria de la persona, mas no por su propia memoria en las cosas del hombre, Nos 2488, 5863, 6192, 6193, 6198, 6199, 6214. Los ángeles entran en las afecciones y en los fines por los cuales y por causa de los cuales la persona piensa, quiere y procede de una manera y no de otra, Nos 1317, 1645, 5854.

(u) las estrellas en la Palabra simbolizan los conocimientos del bien y de la verdad, así, las verdades, Nos 2495, 2849, 4697. Y en la otra vida las verdades son representadas por estrellas fijas y las falsedades por estrellas errantes, No 1128.

 No en el latín consultado (NS 98), ni en Calleja o en Whitehead.

n.73

73. Sin embargo, los espíritus que instruyen, también se aplican al lado izquierdo, pero más hacia adelante. Ellos también reprenden, pero más suavemente, y pronto enseñan cómo han de vivir.

Aparecen aquellos también como obscuros; pero no como nubes, cual los primeros, sino cual si estuvieran envueltos en sacos. Éstos son llamados “instructores”, pero los primeros “castigadores”. Cuando estos espíritus están presentes, los espíritus angélicos están también presentes, asentándose en la cabeza y llenándola de un modo peculiar. La presencia de ellos allí, es también percibida como un soplo o aspiración suave; porque ellos temen que por su aproximación e influjo, el hombre perciba el más mínimo dolor o ansiedad. Éstos gobiernan a los espíritus castigadores e instructores, impidiendo que los primeros causen peor mal a los hombres del que les es permitido por el Señor, y requiriendo a los últimos para que digan la verdad. Cuando el espíritu castigador estaba conmigo, los espíritus angélicos también estaban presentes, y mantenían a mi cara continuamente alegre y sonriente, y prominente a la región que rodea a los labios, y a mi boca un poco entreabierta. Esto lo pueden hacer fácilmente los ángeles por el influjo, cuando el Señor se los permite.

Decían que tal rostro inspiran en los habitantes de su Tierra, cuando están presentes[1].

[1] Oración omitida por Calleja.

n.74

74. Si un hombre, después del castigo y la instrucción, reincide en hacer el mal, o si piensa en hacer el mal, y no se inhibe de hacerlo por los preceptos de la verdad, entonces, cuando el espíritu castigador regresa, el castigo es más severo. Pero los espíritus angélicos moderan el castigo según la intención del hecho, y según la voluntad del pensamiento. Por esto puede ser evidente, que los ángeles que se asientan en la cabeza, tienen una especie de jurisdicción sobre el hombre, porque permiten, moderan, inhiben, e influyen. Pero se dijo, que ellos no juzgan, porque sólo el Señor es el Juez, y todas las cosas que ellos mandan a los espíritus castigadores e instructores, fluyen en ellos desde Él, aunque esto aparezca como si fuera de ellos.

n.75

75. Los espíritus hablan allí con el hombre, pero no el hombre con los espíritus, sino sólo aquellas palabras cuando es instruido, de que él no hará más esto. Ni se le permite decir a nadie que un espíritu ha hablado con él. Si alguno lo hace, es castigado después. Aquellos espíritus de Júpiter, cuando estaban conmigo, pensaron al principio que estaban con un hombre de su Tierra; pero cuando a mi vez hablé con ellos, y también vieron que yo pensaba publicar estas cosas, y así decirlas a otros, y que no les era permitido castigarme o instruirme, percibieron que estaban con otro [que no era de su Tierra][1].

[1] Agregado de Calleja.

n.76

76. Hay dos señales, que aparecen a aquellos espíritus cuando están con el hombre. Ven a un hombre viejo con una cara blanca, lo que es una señal para que ellos no digan más que la verdad, y no hagan sino lo que es justo. Ven también una cara en una ventana, lo que es una señal para que partan de aquí. Ese hombre viejo también yo lo vi, y asimismo vi la cara en la ventana; al ver estas cosas, aquellos espíritus inmediatamente se separaron de mí.

n.77

77. Además de los espíritus que han sido mencionados, hay también espíritus que persuaden de lo contrario. Éstos son los que, mientras vivieron, fueron rechazados de la sociedad de otros, porque eran malos. Cuando éstos se acercan, aparece como una flama voladora, que se desliza bajando cerca de la cara. Se colocan debajo y detrás del hombre, y hablan desde allí hacia las partes superiores. Hablan cosas contrarias a las que los espíritus instructores han dicho bajo la dirección de los ángeles, a saber, que no debe uno vivir según la instrucción que recibió, sino desde el propio arbitrio y en la licencia, y otras cosas semejantes. Vienen generalmente cuando los espíritus anteriores se han ido; pero los hombres conocen qué clase de espíritus son estos, y por lo mismo ningún cuidado tienen de ellos. Sin embargo, de esa manera aprenden lo que es el bien y lo que es el mal; porque por el mal se aprende lo que es el bien, porque la cualidad del bien se conoce por su contrario. Toda percepción de una cosa es según la reflexión relativa a sus distinciones por las cosas contrarias, en varios modos y en varios grados.

n.78

78. Los espíritus castigadores e instructores no van con los que se llaman a sí mismos “santos” y “señores mediadores”, de los que se habla arriba (no. 70), como lo hacen con otros en aquella Tierra, porque aquellos no quieren ser instruidos, ni se enmiendan por la disciplina. Son inflexibles, porque esto lo hacen por el amor de sí. Los espíritus dicen, que ellos los reconocen por su frialdad, y que cuando ellos perciben el frío, se apartan de aquellos.

n.79

79. Hay también espíritus entre los de Júpiter, que se llaman “los deshollinadores”, porque aparecen vestidos de esa manera, y también con la cara tiznada. Se me ha permitido también describir quiénes y cuáles son estos espíritus. Uno de estos vino a mí, suplicándome fervientemente que yo intercediera por él para que pudiera entrar en el Cielo. Dijo que no sabía que él hubiera hecho algún mal, que solamente había reprochado a los habitantes de aquella Tierra; agregando que después de haberlos reprochado, los había instruido. Se aplicó a mi lado izquierdo, debajo del codo, y habló con una voz como doble. Éste también podría mover a piedad. Pero no otra cosa pude contestarle, sino que no podía hacer nada por él, y que esto es cosa del Señor solamente; y que yo no podía interceder, porque ignoraba si era útil o no mi intercesión, pero que si él fuese digno, podía tener esperanza. Se le envió entonces entre los espíritus rectos de su Tierra; pero estos dijeron que aquél no podía estar en asociación con ellos, porque no era de su misma índole. Pero por su insistente deseo de ser enviado al Cielo, fue enviado a una sociedad de espíritus rectos de esta Tierra; pero también éstos dijeron que él no podía estar con ellos.

Era de color negro a la luz del Cielo, pero él dijo que no era negro, sino de un color marrón. Se me dijo que así son al principio los que después son recibidos entre los que constituyen la provincia de las vesículas seminales en el Maximus Homo, o Cielo; porque en esas vesículas se recoge el semen, y se une con el material adecuado para la conservación del principio prolífico del semen, para que no sea disipado; pero que éste puede ser disuelto en el cuello del útero, para que así lo que es conservado en el interior, pueda servir para la concepción, o para la impregnación del óvulo.

De aquí también, que la materia seminal tiene un conato, y como un deseo ardiente, de ser disuelta y de dejar el semen para prestar su uso; es similar a lo que también se vio con ese espíritu. Él vino aún a mí, en vestido vil, y dijo de nuevo que él ardía por venir al Cielo[1], y que ahora percibía que él era tal como para poder ir. Se me permitió decirle, que quizás esto era un indicio de que pronto sería recibido. Los ángeles le dijeron entonces, que se despojara del vestido, el que por su deseo rechazó tan rápidamente, que escasamente podía haber algo más veloz. Por lo cual se representaban cuáles son los deseos de los que están en la provincia a la cual corresponden las Vesículas seminales. Se dijo, que estos espíritus, cuando se preparan para el Cielo, se despojan de sus vestidos y son dotados de unos vestidos nuevos, esplendentes, y se convierten en ángeles. Se asemejan a las orugas, que habiendo atravesado por su vil estado, se tornan crisálidas, y después mariposas; a las cuales se les da otro vestido y también alas de colores azul, amarillo, plata u oro, así como también se les da libertad de volar por el aire como en su Cielo, para celebrar sus matrimonios y para depositar sus huevos, y así mantener a la propagación de su especie; y al mismo tiempo se les conceden alimentos dulces y agradables desde el jugo y los olores de varias flores.

[1] Omitido por Calleja.

n.80

80. En las cosas precedentes aún nada se ha dicho, de la cualidad de los ángeles que son de aquella Tierra; porque los que vienen a los hombres de su Tierra, y se asientan en la cabeza (como se dijo arriba, n. 73), no son ángeles en su Cielo interior, sino que son espíritus angélicos, o ángeles en el Cielo exterior. Y porque la naturaleza de los ángeles del Cielo interior, me ha sido también descubierta, se me ha permitido rememorar lo que se me ha dado a conocer.

Cierto espíritu de los de Júpiter, que infunden miedo, se apoyó a mi lado izquierdo, bajo el codo, y desde ahí habló. Pero su habla era estridente, sus palabras no eran suficientemente distintas y separadas, de modo que yo tenía que esperar un largo antes de colegir el sentido. Y al hablar, también infundía algún miedo, amonestándome así para que yo recibiera bien a los ángeles, que a mí se acercaban. Pero me fue concedido responderle, que esto no dependía de mí, y que por mí son recibidos todos, como mismo son.

Pronto vinieron a mí los ángeles de aquella Tierra, y yo pude percibir por su habla, que son del todo diferentes a los ángeles de nuestra Tierra; pues el habla de aquellos no era por palabras, sino por ideas, las que por todas partes se difundían en mis interiores; y tenían también así un influjo en mi cara, de manera que la cara concurría en cada cosa singular, comenzando por los labios, y prosiguiendo hacia la circunferencia en toda dirección. Las ideas, que estaban en lugar de las palabras habladas, eran distintas, aunque en pequeño grado. Después hablaron conmigo por ideas aún menos distintas, de modo que apenas era perceptible algún intersticio. Para mi percepción, era como el significado de las palabras en quienes sólo atienden al significado, abstractamente de las palabras. Fue para mí más inteligible esta habla que la primera, y era también más plena. Como la primera, influía en la cara, pero el influjo, de acuerdo con la cualidad del habla, era más continuo. Sin embargo, no comenzó por los labios como el primero, sino por los ojos. Después hablaron aún más continuamente y más plenamente, de manera que mi cara no podía concurrir con un movimiento conveniente; pero sentí un influjo en el cerebro, y que éste obraba entonces de la misma manera. Por último hablaron de tal modo, que su discurso se sintió solamente en el intelecto interior. Su volubilidad era como la de un aura tenue.

Yo sentía el influjo mismo, pero no distintamente a las cosas singulares. Las hablas de este género se comportaban como fluidos, el primer género como agua fluyendo, el segundo como agua más tenue[1], el tercero comparativamente como la atmósfera, y el cuarto como un aura aún más tenue[2]. El espíritu mencionado antes, que estaba a mí lado izquierdo, interrumpía algunas veces, amonestándome especialmente a obrar modestamente con sus ángeles; porque había espíritus de nuestra Tierra que inferían tales cosas, cuales eran desagradables. Dijo que al principio no entendía lo que los ángeles decían, pero que después sí, cuando se movió cerca de mi oído izquierdo. Tampoco su habla era ya entonces estridente, como antes, sino tal como la de los otros espíritus.

[1] Menos densa.

[2] Omitido por Calleja.