Los Usos y los Beneficios de la Sagrada Cena

un sermón por el reverendo Michael Gladish

Dawson Creek, Colombia Británica, Canadá
14 de octubre, 2007

Jesús dijo, “Porque el pan que Dios da es el que ha bajado del cielo y

que da vida a los hombres….Yo soy el pan que da vida. El que viene
a mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en mí, nunca tendrá sed.”
(Juan 6: 33, 35).

El sermón de hoy trata de lo que llamamos en la Nueva Iglesia “la sagrada cena”. Algunos cristianos la llaman “la sagrada comunión;” los católicos y los anglicanos la llaman “el pan eucarístico.” En cada caso, se considera un sacramento, y un sacramento tiene el sentido de “una ceremonia religiosa ( o un acto religioso) ….considerada como un signo externo y visible de gracia interna y espiritual…un elemento con significado misterioso y sagrado” Oxford English Dictionary, 1991). El culto de hoy incluirá esta ceremonia especial y todos los que quieran hacerlo pueden participar en ella. Sin embargo si algunos deciden no participar, espero que esta introducción les sea útil y los inciten a meditar sobre el asunto.

Primero, la terminología. En la Nueva Iglesia llamamos este acto “la Sagrada Cena” porque en nuestras doctrinas se describe como “el sanctasanctórum??” o “un acto sacratísimo del culto.” Y fue establecida por el Señor Mismo como ceremonia representativa durante la última cena que compartió con sus discípulos antes de Su crucifixión, una cena llamada con frecuencia “la Ultima Cena.” A veces se llama “comunión” no solamente porque es una ceremonia que puede unirnos en nuestra adoración del Señor, sino porque puede efectuar una comunión o conjunción con los ángeles del cielo, y con el Señor Mismo. Finalmente, este acto se llama “la Eucaristía” basada sobre dos palabras griegas que significan “bueno” y “gracia”, así que la intención es comunicar la gracia de Dios de una manera tangible y comprensible a los sentidos. La definición del diccionario es buena, pero nunca fue la intención que este sacramento sea “un misterio.”

Metáfora, Símbolo & Correspondencia

Para comprender “la Sagrada Cena” debemos empezar con lo que el Señor hizo y dijo en realidad durante “la Ultima Cena.” Estas cosas están anotadas en la Biblia en Mateo, Marcos y Lucas. Podemos leer trozos de los Evangelios sobre esto en nuestra nueva liturgia azul, los números 157-159. Allá podemos ver que al momento de ofrecerles pan ácimo a sus discípulos, Jesús les dijo “Tomad, comed; esto es mi cuerpo,” y cuando les ofreció vino en una copa les dijo “ Bebed porque esto es mi sangre…”

Es obvio que ese pan no era verdaderamente Su cuerpo y ese vino no era Su sangre. Las palabras pronunciadas por el Señor eran claramente una metáfora, es decir, términos usados para sugerir un concepto, términos que no deben ser interpretados literalmente. Otros ejemplos de metáforas ocurren cuando decimos que alguien es “un cerdo” o que es “la sal de la tierra”. Es claro que una persona no es “un cerdo” ni “sal”, pero esos términos sugieren conceptos o características que describen algún aspecto de la persona. Asimismo en el caso del “pan” y del “vino” considerados como: “el cuerpo” y “la sangre” del Señor.

Las palabras usadas en tales frases son metáforas, pero taambién las cosas mismas en las metáforas pueden ser símbolos. Por ejemplo, podríamos decir “un narciso es una señal segura de la primavera,” y en este caso la palabra “narciso” es una metáfora para “la primavera.” Pero la flor misma, llamada “narciso,” es un símbolo de la primavera. ¿Pueden Uds. ver la diferencia? La palabra “narciso” nos da una imagen mental; el narciso mismo nos da una imagen física, sin embargo, ni la palabra, ni la flor es en realidad la primavera. Más bien nos sugieren algo acerca de la primavera. Asimismo en el caso del pan y del vino que el Señor ofreció en Su “Ultima Cena:” el pan es un símbolo de todo lo que es bueno proveniente del Señor, sobre todo el bien de Su amor, y el vino es un símbolo de la verdad de Su Verbo, o la fe que tenemos en y de esa verdad.

Y aquí tenemos el objeto — y la cosa con frecuencia desafiante para nosotros en todo este asunto: porque estas dos cosas espirituales, el bien y la verdad, son la esencia misma de Dios, y en términos humanos el Señor las califica de SU carne y Su sangre. Y repito otra vez que esto nunca fue destinado a ser comprendido literalmente, pero es una manera de dejar claro, muy claro, a la mente literal o sensual, que esto era la naturaleza completa y la sustancia completa de Su vida. La carne es la sustancia del cuerpo físico de una persona, y el amor es la sustancia del cuerpo espiritual de ella. La sangre, provee la manera de nutrir y sostener esa sustancia, ese cuerpo físico. La verdad es lo que usamos para dirigir nuestra vida y para actuar con amor. El Señor al establecer este sacramento mantuvo estas imágenes, pero sustituyó el pan por la carne y el vino por la sangre, y de esta manera lo hizo accesible en una forma muy simple y común a todas las naciones en todos los siglos. Además, al hacer esta sustitución Él eliminó la necesidad del sacrificio de animales que el pueblo judío, en aquella época, solía usar para representar esa carne y esa sangre. Pero existe todavía en todo esto un nivel de significado adicional, y es, por supuesto, el más importante de todos. Porque el hecho es que este pan especial—el pan ácimo de la Pascua—y este vino no son solamente símbolos del bien y de la verdad, en realidad corresponden al cuerpo y a la sangre, y por consiguiente al bien y a la verdad que son sus dobles en el nivel espiritual.

Pero ¿cuál es el significado de las palabras siguientes: “algo en el nivel natural corresponde a algo en el nivel espiritual?” ¿Cómo están unidos estos dos niveles? ¿Cuál es la naturaleza de esta unión? La respuesta a estas preguntas es crítica a la comprensión del verdadero uso y del verdadero beneficio de la participación en la Sagrada Cena (VRC el título de 698).

Por ejemplo, cuando es genuina, una sonrisa corresponde a la felicidad que siente la persona sonriente. No es que simplemente represente la felicidad, porque la felicidad en efecto causa la sonrisa. La felicidad está dentro de ella, asimismo el alma está dentro del cuerpo. Podemos ver la misma realidad en un ejemplo negativo. Cuando un asesinato premeditado se comete, el asesinato corresponde al odio o al desprecio del asesino, porque su odio o su desprecio está dentro de la acción actuando como una causa espiritual. Pero acciones y sentimientos no son las únicas cosas que corresponden a estados espirituales; hay otras cosas también. Sabemos, por ejemplo, que la luz corresponde a la verdad, y cuando comprendemos la verdad, con frecuencia decimos que “hemos visto la luz.” La luz espiritual ES la verdad, y la vista espiritual ES la comprensión.

Ahora bien, hablemos del pan y del vino. El pan corresponde al contenido bueno del amor que proviene del Señor, porque el pan espiritual es el contenido bueno del amor proveniente del Señor. Ese pan es bueno y es bueno para nosotros; es nutritivo y da satisfacción; es el sostén de la vida. Lo que el pan hace para nosotros en el nivel natural, el bien contenido del amor hace para nosotros en el nivel espiritual. Son las formas naturales y espirituales del mismo objeto. Asimismo, el vino corresponde a la verdad procedente de la fe porque el vino espiritual es la verdad de la fe. Esta verdad purifica, refresca, relaja y—tomada con moderación—es buena para el corazón. Y, a propósito, tenemos que guardarnos de abusar del pan o del vino, porque si comemos demasiado pan vamos a engordar y estaremos perezosos, y si tomamos demasiado vino, vamos a estar incoherentes.

Pero hay aún más que deberíamos saber sobre este asunto. Puesto que el pan ofrecido para la Sagrada Cena no contiene levadura, como se ordena para la Pascua de los judíos, corresponde al bien contenido del amor no afectado por falsedad alguna. La levadura tiene esta correspondencia negativa porque es esencialmente un hongo que causa la putrefacción de cosas. La levadura hace que el pan se leude porque durante el proceso de digerir la fécula y el azúcar en el pan produce gas, y el gas produce burbujas pequeñitas en el gluten, todo lo cual produce una pasta esponjosa. Cuando el pan se cuece en el horno, la levadura es matada, y lo que queda es un pan bastante blando. Y aquí tenemos el significado de todo esto: el pan ácimo corresponde al bien procedente del amor del Señor, porque ese bien era incondicionalmente puro y perfecto a partir de Su concepción en el útero. Era, en realidad, la expresión del amor Divino que es absolutamente desinteresado, y cuyo único propósito al venir a nuestro mundo era, y es, la salvación de la raza humana.

Por otro lado, puesto que el vino es el producto de un proceso de fermentación, lo cual es el resultado de la decisión de dejar la levadura fermentar— de una manera controlada— en el jugo de uvas, el vino representa la verdad de la sabiduría del Señor, refinada y glorificada o perfeccionada como resultado de las tentaciones que Él sufrió en el mundo. Y el significado de todo esto es que al asumir las limitaciones de un cuerpo natural en el mundo, Dios aceptó también las limitaciones de la ordinaria conciencia humana, es decir, las limitaciones de pensamiento y comprensión, en la persona de Jesucristo que, como cualquier otra persona, tuvo que aprender las verdades del Verbo año tras año. Pero, porque estas verdades estaban envueltas en apariencias materiales potencialmente engañosas, los infiernos pudieron atacarle y desafiarle tergiversando el sentido del Verbo; el Señor pudo responder, poco a poco, y cada vez más fuertemente a medida que adquiría sabiduría, hasta que dominó esa influencia y ese poder en Su vida. Esta influencia infernal de lo malvado, y sobretodo de la falsedad en la mente consciente del Señor, fue idéntica a la influencia corruptora de la levadura en el jugo de uvas, pero, porque el Señor pudo dominar cada aspecto de las tentaciones con las que se enfrentó, semejante a lo que ocurre a la levadura en el jugo que está fermentando en una cuba, las falsedades llegaron finalmente a un punto donde se destrozaron, vencidas por el subproducto de su propia actividad, lo cual en el vino es el alcohol producido por la levadura

El resultado natural es un líquido refinado y clarificado, sin poso ni lo turbio que se hallan en el jugo de uvas no filtrado, un líquido enriquecido de propiedades limpiadoras y refrescantes que pueden, según las palabras en los Salmos, alegrar el corazón. El resultado espiritual es una comprensión pura y una percepción de la verdad dentro del sentido literal del Verbo, lo cual es el poder de animar e inspirar a cualquier persona buscando la ayuda del Señor y comprometiéndose a Sus enseñanzas.
A propósito, es importante que tomemos nota de esto: la mera sangre de un animal o de una persona no podría representar este proceso que el Señor por Sí solo cumplió. Eso es otra razón por qué usó vino para el sacramento.

Ahora, cada persona que participa en la Sagrada Cena comiendo el pan ácimo y bebiendo el vino puede meditar, y darse cuenta de que esta acción representa lo siguiente: la posibilidad de recibir Su amor puro, y Su sabiduría purificada si sólo recurrimos al Señor en Su Verbo y lo aceptamos ávidamente, exactamente como aceptamos el pan y el vino del sacramento. A propósito, y considerando la explicación que acabamos de escuchar, puede ser muy útil también que consideremos el beneficio de escoger un pedazo del pan ácimo que sea bastante grande para que notemos su sabor, y que lo saboreemos verdaderamente, y asimismo en el caso del vino.

¿Cuál es la solución si una persona no puede o no debería tomar vino?

Hay personas, por supuesto, que no pueden beber vino—por una variedad de razones. En el caso del sacramento esto es una situación desgraciada, pero tal vez podamos considerarla como consideramos cualquier otra limitación humana: podemos desear que no fuera así, y podemos procurar superarla, pero al fin y al cabo quizás tengamos simplemente que aceptar que este acto de adoración, un acto sacratísimo, pero no necesariamente el acto más sagrado, no es una posibilidad para nosotros actualmente. Por otro lado, hay al menos un trozo en las doctrinas de la Nueva Iglesia que se aplica específicamente a este problema. Se halla en Arcana Coelestia 4211 donde leemos:

“Puesto que, en el sentido supremo de la palabra, ‘pan’ significa ‘el Señor,’ por eso significa todo lo sagrado que proviene de Él, es decir todo lo que es bueno y verdadero; y porque no hay otra cosa que sea verdaderamente buena, a excepción de lo que proviene del amor y de la caridad, “pan” significa el amor y la caridad. Y los sacrificios de antiguo no tenían otro significado, y por esta razón sólo una palabra, “pan,” se usaba para nombrarlos (#2165). Los que estaban presentes, comían juntos la carne de los sacrificios para que la fiesta celestial podría ser representada, es decir, conjunción mediante el contenido bueno del amor y de la caridad. Y ahora es eso lo que significa la Sagrada Cena; porque reemplazó a los sacrificios y al acto de comer la carne de las cosas santificadas; y la Sagrada Cena es un rito externo de la iglesia que contiene dentro de sí un lado interno, y mediante este lado interno ella une con el cielo a la persona que está llevando una vida llena de amor y caridad, y mediante el cielo la une con el Señor. En la Sagrada Cena también, la acción de ‘comer’ significa ‘apropiación,’ [comer] el ‘pan’ significa [la apropiación] del amor celestial, y [beber] el ‘vino’ [significa la apropiación] del amor espiritual; y esto en un grado tan pleno que, cuando una persona está en un estado santo mientras está comiéndola, ninguna otra cosa se percibe en el cielo.”

Como se puede ver, este trozo subraya el significado del pan indicando que representa “todo lo sagrado que proviene del Señor, es decir, todo lo bueno y lo verdadero.” Así es que en la situación de la persona que, por cierta razón, no puede beber vino, el pan por sí solo puede ser suficiente para juntarla poderosamente con el Señor. En efecto, la aceptación de su incapacidad de tomar vino puede ser un acto de humildad que contribuye también a esa conjunción. Sin embargo, el pastor tiene que ofrecer ambos, el pan y el vino, por temor a que sea culpable de retener algo vital a alguien que pueda recibirlo.

Todo el tema de hoy trata del papel del Señor en nuestra vida.

Al fin y al cabo, lo verdaderamente importante aquí no es sólo el pan ni el vino. Más bien es la oportunidad de juntarnos con el SENOR mediante el amor y la fe, estas dos cosas que provienen de Él y que debemos recibir de Él. El pan y el vino representan ese amor y esa fe, y por consiguiente nos proveen una manera tangible de representar nuestra propia aceptación e integración de estas cosas en nuestra vida. Las acciones de comer y de beber corresponden a la apropiación, es decir, la acción de aceptar cosas y de hacerlas nuestras. En el sistema digestivo el pan y el vino se convierten en una parte de nuestro cuerpo físico; en el corazón y en la mente nutren nuestra voluntad y fortalecen nuestra resolución de llevar nuestra vida como corresponde.

En la Sagrada Cena tenemos la oportunidad de recibir, realmente en nuestro cuerpo físico, cosas que maravillosamente corresponden al amor y a la fe que el Señor nos ofrece constantemente. Pero no olvidemos estas palabras que Él pronunció, “El pan que Dios da es Él que baja del cielo y da vida al mundo.” Él, y Él solo debería ser el objeto de nuestro afecto y de nuestro interés. Y Él estará plenamente presente por nosotros con Su redención completa, si nos acercamos a Él con la sinceridad de nuestro corazón (VRC 717). Como Él dijo otra vez, “Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed? (Juan 6: 33. 35).

Amén

Lecciones: Éxodo 23:14-17 y Deuteronomio 16: 1-8
Mateo 26: 17-30 y Las Doctrinas de la Nueva Jerusalén 210-214

 

*Traducido por Reinhold Kauk Con la colaboración de Juan Martínez González