Una Mente Receptiva

Un Sermón por el pastor Philip P. Schnarr

Carmel New Church, 20 de noviembre, 2005

Los seres humanos poseen una mente natural y una mente espiritual: la mente natural está  abajo y la mente espiritual está arriba. (Doctrine of Life 86…La Doctrina de la Vida 86)

El mensaje de esta mañana  trata de esa entidad maravillosa que se llama “la mente humana”, la cual ha sido creada por el Señor para que sea, ahora en este mundo, como un jardín fértil, abundante y bello, lleno de imágenes, pensamientos y sentimientos paradisíacos. Sin embargo, para que esto se cumpla, es preciso que las facultades más elevadas y más interiores de nuestra mente sean abiertas por el Señor. Y este proceso requiere un tipo de mente receptiva en varios niveles de su funcionamiento …un tema del que hablaré un poco más tarde.

Pero primero, quiero preguntarle ¿cuáles son sus ideas cuando piensa en su mente? ¿La considera solamente como algo que funciona entre sus orejas dentro de su cabeza? ¿Es su mente la misma cosa que su cerebro? ¿Cómo sabe Ud. que tiene mente?

Si está confuso o no está seguro de lo que piensa sobre esto, tranquilícese porque no está solo, tiene buenas compañías. No hay ningún acuerdo general en nuestro mundo contemporáneo, ni tampoco en todos los anales de la historia o de la filosofía sobre una definición de lo que constituye la mente humana.  Hay conceptos, muchísimos conceptos, algunos con nombres que suenan abstractos, tales ‘idealismo’, ‘monismo’ y muchas variaciones de ‘dualismo’. Ciertos observadores rechazan la existencia misma de ‘una mente’, comparando los seres humanos a los animales (diciendo que no hay diferencia entre los seres humanos y los animales). Pero todos estos conceptos tienen una cosa en común, y es que están basados en  suposiciones. No existe ninguna teoría sobre la mente que no comience con ciertos postulados imposibles de probar sobre la vida mental y la vida física y su relación una con otra.

Aunque algunos conceptos sobre la mente humana se asemejan a la Doctrina Divina de Swedenborg, ninguno comienza con la suposición central revelada por el Señor. Aprendemos en la obra “La Verdadera Religión Cristiana (True Christian Religion—TCR) que la  mente humana es “nada más que una forma de la verdad divina y del bien divino organizados espiritualmente y según la naturaleza” (TCR 224). Y en la obra Arcana Coelestia, “si Ud. habla de ‘una persona’ o de ‘su mente’, significa lo mismo. Una persona no es una persona  debido a su cuerpo físico sino en virtud de su mente” (Arcana Coelestia 7848)

No hay, y no puede haber, ningún modelo descubierto por el hombre que pueda ayudarnos a comprender o a describir, la naturaleza precisa de nuestra mente tal como la manera en que la explica el Señor en las Escrituras de Swedenborg.

Claro, podemos decir que lo que llamamos ‘la mente humana’ o el concepto que tenemos de ella no tiene importancia y que eso es más bien un asunto para los psicólogos, filósofos y teólogos. ¿Qué importancia tiene eso para la persona ordinaria o en ‘mi’ vida?

Esa es una muy buena pregunta. ¿Por qué tanto jaleo? ¿Por qué harían Las Escrituras

centenares de alusiones a la mente humana y a sus diversos grados y facultades?

Una manera de examinar esto es si comparamos la salud de nuestra mente con la salud de

nuestro cuerpo. Podríamos decir que todo lo que tenemos que saber sobre la salud física consiste en comer bien, hacer apropiados ejercicios físicos y descansar. Sin embargo, un mayor conocimiento, y una mejor comprensión de la nutrición, de la higiene y del papel del ejercicio y de los medicamentos pueden darnos los útiles necesarios para obtener lo óptimo en nuestra salud física. El mismo principio se aplica a nuestra salud espiritual. Con más estudios y aplicaciones de los útiles que el Señor nos ha dado en Su Palabra (consistiendo del Viejo Testamento, del Nuevo Testamento y de las Escrituras de Swedenborg), tendremos más éxito adquiriendo una mente fuerte y sana, la cual, según lo que nos dicen las Escrituras, es lo mismo que un espíritu fuerte y sano.

El concepto de la mente humana dado por el Señor en La Doctrina Divina tiene facetas múltiples. Está compuesta de sustancias, formas y estructuras naturales y espirituales, todas muy complejas. Consideremos su estructura más básica como una casa con dos pisos, con la mente espiritual ubicada en el piso superior y la mente natural en el piso inferior (Lea Coronis 29). Toda nuestra vida consciente en este mundo se desarrolla en las cámaras de nuestra mente natural. Toda conciencia (conocimiento) de nuestras sensaciones, y de nuestros pensamientos y sentimientos ocurren allá. Pero eso no es todo; hay también en la mente natural muchos aspectos subconscientes. Sin embargo, por ahora fijemos nuestra atención sobre la función principal de la mente natural.  Y esta función es permitir a una persona aprender y  utilizar verdades (sobre todo verdades del Verbo) para que lleguen a ser recipientes y vasos para la vida del Señor. El objetivo de la mente es ser llenado de esta manera, de modo que podamos decir verdaderamente que el Señor vive dentro de nosotros. La senda de entrada de esta vida proviniendo del Señor, ocurre a través del piso superior de nuestra mente espiritual el cual nos conecta con el cielo y el Señor.

Lo importante que tenemos que recordar es que hay múltiples sendas o escaleras que se conectan y que pueden ser abiertas permanentemente sólo por un proceso paciente y seguro de purificación del piso inferior, es decir, de la mente natural. Algunas personas han imaginado este piso inferior como un sótano, porque es en ese lugar donde nuestras propias malas tendencias, y las que están heredadas, crean obstáculos que obstruyen la presencia amorosa del Señor dentro de nosotros.

Típicamente cuando se habla de tener una mente receptiva, en realidad se habla de la necesidad de consentir en mantener, y tal vez en adoptar, ideas y valores distintos de los que nos han guiado en la vida hasta ese momento. Todo el mundo necesita tener tal mente receptiva hasta cierto punto si quiere dominar sus prejuicios personales, llevarse bien con otra gente de orígenes distintos en este mundo, y disfrutar los beneficios de la comunidad a nivel regional, nacional y global. No obstante, hay otro tipo de mente receptiva que es problemática. Si “una mente receptiva” para nosotros quiere decir la tolerancia, y quizás la aprobación de comportamiento perjudicial para nuestra comunidad o para la vida espiritual, es preciso tomar unas decisiones difíciles. Por ejemplo, cuando debatimos las leyes sobre el matrimonio, el aborto, el uso de drogas, las armas, la guerra, la pornografía, y otras muchas cosas, nuestra estructura social puede debilitarse hasta el punto de ruptura. ¿Vamos a tener una mente receptiva sobre asuntos que, según lo que está escrito en la Palabra, son perjudiciales, y aun malignos?

La respuesta puede sorprendernos porque es a la vez  “sí” y “no”.  Es  “sí” porque debemos ser receptivos para “buscar la paja” en nuestro propio ojo, para guardarnos de formarnos opiniones hipócritas, y para escuchar la verdad, sobre todo la verdad del Verbo.  Pero es “no” porque el Señor no nos pide que comprometamos nuestros valores y creencias. Pero, tampoco deberíamos ser tímidos en promover normas sociales y leyes que son impuestas sobre nosotros por los diez Mandamientos. A veces tenemos que hacer esfuerzos heroicos para mantenernos firmes en vivir según las normas del Señor, si la mayoría de la sociedad no las valora.

A pesar de la importancia que damos a cuestiones sociales discutibles, nuestro tema de hoy nos lleva mucho más allá de cualquier problema social. Leímos anteriormente la descripción de la mente humana  considerada  como una casa con dos pisos. Estos dos pisos poseen el potencial de abrirse y unirse al Señor de tal manera que puedan liberarnos de las limitaciones de nuestra mente natural tan imperfecta que, en ciertos casos, en realidad se convierte en nuestra cárcel.

Entonces, ¿cómo va a ser esta mente receptiva cuando hayamos limpiado el sótano, por decirlo así, después de evitar las acciones malignas (perversas) que allá se acumulan? La

Doctrina Celestial alude a un estado elevado de la mente que el Señor retira de las preocupaciones sensuales y corporales, y que Él eleva para que acepte prioridades espirituales y celestiales (Arcana Celestia 2479, El Amor Divino y La Sabiduría Divina 369:2). Es una mente cultivada que se ha convertido en tierra fértil donde las verdades del Verbo y de la Iglesia, así como lo bueno (el bien) procediendo de la caridad han sido plantados. (Arcana Celestia 6141, 6158). Es una mente perspicaz e inteligente y espiritualmente que ha sido proveída con el utensilio poderoso de una conciencia, que sirve de brújula para ayudarnos a formar opiniones sabias en relación con decisiones, o problemas en nuestra vida personal, y también a llevar a otras personas a lo bueno (el bien) de la vida (el Cielo y el Infierno 340, 356).  Por último, es una mente feliz y bella parecida a un jardín exuberante porque recibe del Señor su amor y su sabiduría en plenitud, y tal mente nos dará el grado más elevado de felicidad humana (Arcana Celestia 3212:3, 3224;  el Verdadero Amor Conyugal 315). La mente receptiva es pura, clara y refrescada a cada momento por influencias celestiales…es decir es la mente de un ángel.

Ojalá que podamos cumplir nuestro deber en despejar un camino, y abrir un sendero para que el Señor habite dentro de nuestra mente y de nuestro corazón porque el Señor nos dice:

La mente se abre sólo en las personas en las cuales están presentes la inocencia, el amor por el Señor, y la caridad por el prójimo. (Arcana Celestia 3224:3)

Amén

Lecturas: el Génesis 2:7-9, 15-17, La Verdadera Religión Cristiana, 467, Coronis 29

*Traducido por Reinhold Kauk Con la colaboración de Juan Martínez González