Los Usos y los Beneficios de la Sagrada Cena
un sermón por
el reverendo Michael Gladish
Dawson Creek, Colombia Británica, Canadá
14 de octubre, 2007
que da vida a los hombres....Yo
soy el pan que da vida. El que viene
a mí, nunca tendrá hambre; y el
que cree en mí, nunca tendrá sed.”
(Juan 6: 33, 35).
Primero, la terminología. En la Nueva Iglesia llamamos este acto “la
Sagrada Cena” porque en nuestras doctrinas se describe como “el
sanctasanctórum??” o “un acto sacratísimo del culto.” Y fue
establecida por el Señor Mismo como ceremonia representativa durante
la última cena que compartió con sus discípulos antes de Su
crucifixión, una cena llamada con frecuencia “la Ultima Cena.” A
veces se llama “comunión” no solamente porque es una ceremonia que
puede unirnos en nuestra adoración del Señor, sino porque puede
efectuar una comunión o conjunción con los ángeles del cielo, y con
el Señor Mismo. Finalmente, este acto se llama “la Eucaristía”
basada sobre dos palabras griegas que significan “bueno” y “gracia”,
así que la intención es comunicar la gracia de Dios de una manera
tangible y comprensible a los sentidos. La definición del
diccionario es buena, pero nunca fue la intención que este
sacramento sea “un misterio.”
Metáfora, Símbolo & Correspondencia
Para comprender “la Sagrada Cena” debemos empezar con lo que el
Señor hizo y dijo en realidad durante “la Ultima Cena.” Estas cosas
están anotadas en la Biblia en Mateo, Marcos y Lucas. Podemos leer
trozos de los Evangelios sobre esto en nuestra nueva liturgia azul,
los números 157-159. Allá podemos ver que al momento de ofrecerles
pan ácimo a sus discípulos, Jesús les dijo “Tomad, comed; esto es mi
cuerpo,” y cuando les ofreció vino en una copa les dijo “ Bebed
porque esto es mi sangre...”
Es obvio que ese pan no era verdaderamente Su cuerpo y ese vino no
era Su sangre. Las palabras pronunciadas por el Señor eran
claramente una metáfora, es decir, términos usados para sugerir un
concepto, términos que no deben ser interpretados literalmente.
Otros ejemplos de metáforas ocurren cuando decimos que alguien es
“un cerdo” o que es “la sal de la tierra”. Es claro que una persona
no es “un cerdo” ni “sal”, pero esos términos sugieren conceptos o
características que describen algún aspecto de la persona. Asimismo
en el caso del “pan” y del “vino” considerados como: “el cuerpo” y
“la sangre” del Señor.
Las palabras usadas en tales frases son metáforas, pero taambién las
cosas mismas en las metáforas pueden ser símbolos. Por ejemplo,
podríamos decir “un narciso es una señal segura de la primavera,” y
en este caso la palabra “narciso” es una metáfora para “la
primavera.” Pero la flor misma, llamada “narciso,” es un símbolo de
la primavera. ¿Pueden Uds. ver la diferencia? La palabra “narciso”
nos da una imagen mental; el narciso mismo nos da una imagen física,
sin embargo, ni la palabra, ni la flor es en realidad la primavera.
Más bien nos sugieren algo acerca de la primavera. Asimismo en el
caso del pan y del vino que el Señor ofreció en Su “Ultima Cena:” el
pan es un símbolo de todo lo que es bueno proveniente del Señor,
sobre todo el bien de Su amor, y el vino es un símbolo de la verdad
de Su Verbo, o la fe que tenemos en y de esa verdad.
Y aquí tenemos el objeto --- y la cosa con frecuencia desafiante
para nosotros en todo este asunto: porque estas dos cosas
espirituales, el bien y la verdad, son la esencia misma de Dios, y
en términos humanos el Señor las califica de SU carne y Su sangre. Y
repito otra vez que esto nunca fue destinado a ser comprendido
literalmente, pero es una manera de dejar claro, muy claro, a la
mente literal o sensual, que esto era la naturaleza completa y la
sustancia completa de Su vida. La carne es la sustancia del cuerpo
físico de una persona, y el amor es la sustancia del cuerpo
espiritual de ella. La sangre, provee la manera de nutrir y sostener
esa sustancia, ese cuerpo físico. La verdad es lo que usamos para
dirigir nuestra vida y para actuar con amor. El Señor al establecer
este sacramento mantuvo estas imágenes, pero sustituyó el pan por la
carne y el vino por la sangre, y de esta manera lo hizo accesible en
una forma muy simple y común a todas las naciones en todos los
siglos. Además, al hacer esta sustitución Él eliminó la necesidad
del sacrificio de animales que el pueblo judío, en aquella época,
solía usar para representar esa carne y esa sangre. Pero existe
todavía en todo esto un nivel de significado adicional, y es, por
supuesto, el más importante de todos. Porque el hecho es que este
pan especial---el pan ácimo de la Pascua---y este vino no son
solamente símbolos del bien y de la verdad, en realidad corresponden
al cuerpo y a la sangre, y por consiguiente al bien y a la verdad
que son sus dobles en el nivel espiritual.
Pero ¿cuál es el significado de las palabras siguientes: “algo en el
nivel natural corresponde a algo en el nivel espiritual?” ¿Cómo
están unidos estos dos niveles? ¿Cuál es la naturaleza de esta unión?
La respuesta a estas preguntas es crítica a la comprensión del
verdadero uso y del verdadero beneficio de la participación en la
Sagrada Cena (VRC el título de 698).
Por ejemplo, cuando es genuina, una sonrisa corresponde a la
felicidad que siente la persona sonriente. No es que simplemente
represente la felicidad, porque la felicidad en efecto causa la
sonrisa. La felicidad está dentro de ella, asimismo el alma está
dentro del cuerpo. Podemos ver la misma realidad en un ejemplo
negativo. Cuando un asesinato premeditado se comete, el asesinato
corresponde al odio o al desprecio del asesino, porque su odio o su
desprecio está dentro de la acción actuando como una causa
espiritual. Pero acciones y sentimientos no son las únicas cosas que
corresponden a estados espirituales; hay otras cosas también.
Sabemos, por ejemplo, que la luz corresponde a la verdad, y cuando
comprendemos la verdad, con frecuencia decimos que “hemos visto la
luz.” La luz espiritual ES la verdad, y la vista espiritual ES la
comprensión.
Ahora bien, hablemos del pan y del vino. El pan corresponde al
contenido bueno del amor que proviene del Señor, porque el pan
espiritual es el contenido bueno del amor proveniente del Señor. Ese
pan es bueno y es bueno para nosotros; es nutritivo y da
satisfacción; es el sostén de la vida. Lo que el pan hace para
nosotros en el nivel natural, el bien contenido del amor hace para
nosotros en el nivel espiritual. Son las formas naturales y
espirituales del mismo objeto. Asimismo, el vino corresponde a la
verdad procedente de la fe porque el vino espiritual es la verdad de
la fe. Esta verdad purifica, refresca, relaja y---tomada con
moderación---es buena para el corazón. Y, a propósito, tenemos que
guardarnos de abusar del pan o del vino, porque si comemos demasiado
pan vamos a engordar y estaremos perezosos, y si tomamos demasiado
vino, vamos a estar incoherentes.
Pero hay aún más que deberíamos saber sobre este asunto. Puesto que
el pan ofrecido para la Sagrada Cena no contiene levadura, como se
ordena para la Pascua de los judíos, corresponde al bien contenido
del amor no afectado por falsedad alguna. La levadura tiene esta
correspondencia negativa porque es esencialmente un hongo que causa
la putrefacción de cosas. La levadura hace que el pan se leude
porque durante el proceso de digerir la fécula y el azúcar en el pan
produce gas, y el gas produce burbujas pequeñitas en el gluten, todo
lo cual produce una pasta esponjosa. Cuando el pan se cuece en el
horno, la levadura es matada, y lo que queda es un pan bastante
blando. Y aquí tenemos el significado de todo esto: el pan ácimo
corresponde al bien procedente del amor del Señor, porque ese bien
era incondicionalmente puro y perfecto a partir de Su concepción en
el útero. Era, en realidad, la expresión del amor Divino que es
absolutamente desinteresado, y cuyo único propósito al venir a
nuestro mundo era, y es, la salvación de la raza humana.
Por otro lado, puesto que el vino es el producto de un proceso de
fermentación, lo cual es el resultado de la decisión de dejar la
levadura fermentar--- de una manera controlada--- en el jugo de uvas,
el vino representa la verdad de la sabiduría del Señor, refinada y
glorificada o perfeccionada como resultado de las tentaciones que Él
sufrió en el mundo. Y el significado de todo esto es que al asumir
las limitaciones de un cuerpo natural en el mundo, Dios aceptó
también las limitaciones de la ordinaria conciencia humana, es decir,
las limitaciones de pensamiento y comprensión, en la persona de
Jesucristo que, como cualquier otra persona, tuvo que aprender las
verdades del Verbo año tras año. Pero, porque estas verdades estaban
envueltas en apariencias materiales potencialmente engañosas, los
infiernos pudieron atacarle y desafiarle tergiversando el sentido
del Verbo; el Señor pudo responder, poco a poco, y cada vez más
fuertemente a medida que adquiría sabiduría, hasta que dominó esa
influencia y ese poder en Su vida. Esta influencia infernal de lo
malvado, y sobretodo de la falsedad en la mente consciente del Señor,
fue idéntica a la influencia corruptora de la levadura en el jugo de
uvas, pero, porque el Señor pudo dominar cada aspecto de las
tentaciones con las que se enfrentó, semejante a lo que ocurre a la
levadura en el jugo que está fermentando en una cuba, las falsedades
llegaron finalmente a un punto donde se destrozaron, vencidas por el
subproducto de su propia actividad, lo cual en el vino es el alcohol
producido por la levadura
El resultado natural es un líquido refinado y clarificado, sin poso
ni lo turbio que se hallan en el jugo de uvas no filtrado, un
líquido enriquecido de propiedades limpiadoras y refrescantes que
pueden, según las palabras en los Salmos, alegrar el corazón. El
resultado espiritual es una comprensión pura y una percepción de la
verdad dentro del sentido literal del Verbo, lo cual es el poder de
animar e inspirar a cualquier persona buscando la ayuda del Señor y
comprometiéndose a Sus enseñanzas.
A propósito, es importante que tomemos nota de esto: la mera sangre
de un animal o de una persona no podría representar este proceso que
el Señor por Sí solo cumplió. Eso es otra razón por qué usó vino
para el sacramento.
Ahora, cada persona que participa en la Sagrada Cena comiendo el
pan ácimo y bebiendo el vino puede meditar, y darse cuenta de que
esta acción representa lo siguiente: la posibilidad de recibir Su
amor puro, y Su sabiduría purificada si sólo recurrimos al Señor en
Su Verbo y lo aceptamos ávidamente, exactamente como aceptamos el
pan y el vino del sacramento. A propósito, y considerando la
explicación que acabamos de escuchar, puede ser muy útil también que
consideremos el beneficio de escoger un pedazo del pan ácimo que sea
bastante grande para que notemos su sabor, y que lo saboreemos
verdaderamente, y asimismo en el caso del vino.
¿Cuál es la solución si una persona no puede o no debería tomar vino?
Hay personas, por supuesto, que no pueden beber vino---por una
variedad de razones. En el caso del sacramento esto es una situación
desgraciada, pero tal vez podamos considerarla como consideramos
cualquier otra limitación humana: podemos desear que no fuera así, y
podemos procurar superarla, pero al fin y al cabo quizás tengamos
simplemente que aceptar que este acto de adoración, un acto
sacratísimo, pero no necesariamente el acto más sagrado, no es una
posibilidad para nosotros actualmente. Por otro lado, hay al menos
un trozo en las doctrinas de la Nueva Iglesia que se aplica
específicamente a este problema. Se halla en Arcana Coelestia 4211
donde leemos:
“Puesto que, en el sentido supremo de la palabra, ‘pan’ significa
‘el Señor,’ por eso significa todo lo sagrado que proviene de Él, es
decir todo lo que es bueno y verdadero; y porque no hay otra cosa
que sea verdaderamente buena, a excepción de lo que proviene del
amor y de la caridad, “pan” significa el amor y la caridad. Y los
sacrificios de antiguo no tenían otro significado, y por esta razón
sólo una palabra, “pan,” se usaba para nombrarlos (#2165). Los que
estaban presentes, comían juntos la carne de los sacrificios para
que la fiesta celestial podría ser representada, es decir,
conjunción mediante el contenido bueno del amor y de la caridad. Y
ahora es eso lo que significa la Sagrada Cena; porque reemplazó a
los sacrificios y al acto de comer la carne de las cosas
santificadas; y la Sagrada Cena es un rito externo de la iglesia que
contiene dentro de sí un lado interno, y mediante este lado interno
ella une con el cielo a la persona que está llevando una vida llena
de amor y caridad, y mediante el cielo la une con el Señor. En la
Sagrada Cena también, la acción de ‘comer’ significa ‘apropiación,’
[comer] el ‘pan’ significa [la apropiación] del amor celestial, y [beber]
el ‘vino’ [significa la apropiación] del amor espiritual; y esto en
un grado tan pleno que, cuando una persona está en un estado santo
mientras está comiéndola, ninguna otra cosa se percibe en el cielo.”
Como se puede ver, este trozo subraya el significado del pan
indicando que representa “todo lo sagrado que proviene del Señor, es
decir, todo lo bueno y lo verdadero.” Así es que en la situación de
la persona que, por cierta razón, no puede beber vino, el pan por sí
solo puede ser suficiente para juntarla poderosamente con el Señor.
En efecto, la aceptación de su incapacidad de tomar vino puede ser
un acto de humildad que contribuye también a esa conjunción. Sin
embargo, el pastor tiene que ofrecer ambos, el pan y el vino, por
temor a que sea culpable de retener algo vital a alguien que pueda
recibirlo.
Todo el tema de hoy trata del papel del Señor en nuestra vida.
Al fin y al cabo, lo verdaderamente importante aquí no es sólo el
pan ni el vino. Más bien es la oportunidad de juntarnos con el SENOR
mediante el amor y la fe, estas dos cosas que provienen de Él y que
debemos recibir de Él. El pan y el vino representan ese amor y esa
fe, y por consiguiente nos proveen una manera tangible de
representar nuestra propia aceptación e integración de estas cosas
en nuestra vida. Las acciones de comer y de beber corresponden a la
apropiación, es decir, la acción de aceptar cosas y de hacerlas
nuestras. En el sistema digestivo el pan y el vino se convierten en
una parte de nuestro cuerpo físico; en el corazón y en la mente
nutren nuestra voluntad y fortalecen nuestra resolución de llevar
nuestra vida como corresponde.
En la Sagrada Cena tenemos la oportunidad de recibir, realmente en
nuestro cuerpo físico, cosas que maravillosamente corresponden al
amor y a la fe que el Señor nos ofrece constantemente. Pero no
olvidemos estas palabras que Él pronunció, “El pan que Dios da es Él
que baja del cielo y da vida al mundo.” Él, y Él solo debería ser el
objeto de nuestro afecto y de nuestro interés. Y Él estará
plenamente presente por nosotros con Su redención completa, si nos
acercamos a Él con la sinceridad de nuestro corazón (VRC 717). Como
Él dijo otra vez, “Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí
nunca tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed? (Juan 6:
33. 35).
Amén
Lecciones: Éxodo 23:14-17 y Deuteronomio 16: 1-8
Mateo 26: 17-30 y Las Doctrinas de la Nueva Jerusalén 210-214
Traducido por
Reinhold Kauk
