Algunos temas esenciales de las enseñanzas de Swedenborg.

Los escritos de Swedenborg cubren una amplia gama de temas. Las grandes preguntas filosóficas —¿cuál es la naturaleza del universo?, ¿De Dios?, ¿Del hombre?, ¿Cuál es el destino de cada uno de éstos?, ¿Cómo puede conocérselos?, ¿Qué es la moral?, ¿En qué consiste una buena vida?— que han atraído a todas las mentes poderosas de la historia, reciben atención en las enseñanzas de Emanuel Swedenborg. Desde la más tierna juventud hasta la ancianidad los seres humanos toman decisiones que afectan tanto sus propias vidas como las vidas de quienes los rodean. Algunas de estas decisiones comprenden asuntos de menor importancia, en el orden personal, que no afectan sino al que ha decidido, individualmente. La mayoría de las decisiones cotidianas, sin embargo, son de mayores alcances. El decurso de la vida humana transcurre en un mar que pertenece a muchos y la ruta que cada individuo adopta, así como la estela que deja a su paso, afecta a los demás. “Nadie es una isla”, escribió el poeta; Swedenborg está de acuerdo con esta afirmación. Más aún, enseña que la relación que el hombre mantiene con su prójimo determina las relaciones que mantenga con Dios. En su conjunto este compendio presentan la esencia de la concepción que Swedenborg tenía de la vida.

Hay ciertos supuestos subyacentes en todas las enseñanzas de Swedenborg. Son tanto de naturaleza concreta como abstracta. En resumen, Swedenborg supone que existe un centro divino del universo desde el cual fluyen todas las fuerzas creativas que se manifiestan tanto en un reino espiritual como en un reino natural del consciente. El amor y la sabiduría, unidos en la práctica, constituyen el Dios personal que él se representa. El individuo humano es la meta suprema de la creación. La felicidad humana en la eternidad celestial es la meta y objetivo último de toda acción divina. El hombre, si bien no tiene vida que provenga de sí mismo, ha sido creado para sentir que controla su propio desti­no. Y ciertamente, según Swedenborg, el hombre controla su propio destino en el sentido que está a su alcance elegir una vida que acate el orden divino —una vida de caridad y uso— o una vida que no acepte tal pauta. La libertad para aceptar o rechazar a Dios arma el escenario donde habrá de desarrollarse el drama humano. La calidad de la vida de cada ser humano determina su lugar en el mundo espiritual después de la muerte. Dios, según Swedenborg, siempre ha provisto medios de comunicación con el hombre, tanto a través de la revelación directa como a través de las operaciones de la naturaleza, aunque el hombre no siempre ha escuchado las enseñanzas divinas. Cuando el hombre actúa de acuerdo con el plan divino su vida es bienaventurada, sea en el más allá, sea inmediatamente. Cuando el hombre no actúa de este modo se separa del orden divino. Pero la felicidad, desde el punto de vista de Swedenborg, está completamente al alcance de la mano de cada individuo si acepta escuchar, razonar y dedicarse a la buena vida. Estos son los medios que permiten al hombre dirigir sus energías hacia una vida de servicio útil a los demás (uso) y, a su debido tiempo, entrar en el cielo.


Category: Introducción

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