El Orden

Para Swedenborg la libertad humana constituye el ingrediente central de la individualidad. Pero agrega que sin orden nada, incluyendo el hombre, podría ser libre. La libertad y el orden están hasta tal punto interrelacionados que ninguno de los dos podría existir sin el otro. El universo fue creado de manera perfectamente ordenada, pero el hombre posee la libertad de crear el desorden.

El Señor es el orden en sí, y por lo tanto donde él está presente, hay orden, y donde hay orden, él está presente. (AC 5703) Dios es orden porque es la sustancia en sí y la forma en sí. Es sustancia porque todas las cosas que subsisten provienen de él y continúan proviniendo de él. Es forma porque todas y cada una de las cualidades de la sustancia han emanado y continúan emanando de él, y la única fuente de la cualidad es la forma. (…) Dios, a partir de sí mismo y por sí mismo, introdujo el orden, tanto en la totalidad del universo como en todas y cada una de las cosas que forman parte del mismo. (TCR 53)

El hombre fue creado como una forma del orden divino, porque fue creado a imagen y semejanza de Dios. Siendo Dios el orden en sí, [el hombre] fue creado como imagen y semejanza del orden. (…) Hay dos cosas que son la fuente del orden, (…) el amor divino y la sabiduría divina. El hombre fue creado como receptáculo de éstas, y por lo tanto también fue creado en el orden en que (…) estas dos actúan en el universo. (…) El cielo en su totalidad es en el sentido más amplio (…) una forma del orden divino, y ante la vista de Dios como un único hombre. (TCR 65)

La vida de todos, tanto la del hombre como la del espíritu o del ángel, fluye únicamente del Señor, que es la vida en sí y se difunde (…) en todos. La vida que fluye de Dios es recibida por cada uno según su disposición. El bien y la verdad son recibidos como bien y verdad solamente por los buenos. Pero el bien y la verdad son recibidos como mal y mentira por los malos, que a su vez convierten el bien y la verdad en mal y mentira. Lo que ocurre en este caso es semejante a lo que ocurre con la luz del sol, que se difunde hacia todos los objetos que hay sobre la tierra, pero cada objeto la recibe según su cualidad, y se convierte en maravillosos colores y maravillosas formas o en colores desagradables y en formas desagradables. (AC 2888)

Pertenece al orden de las cosas que los bienes y las verdades [es decir, la vida] que proceden del Señor sean recibidos por el hombre. Cuando sucede de este modo, hay orden en todo lo que el hombre se propone y piensa. Pero cuando el hombre no recibe los bienes y las verdades según el orden que procede del Señor (…) [y antes] cree que todas las cosas son flujos ciegos (…) [o determinaciones] de su propia prudencia, pervierte el orden. Se aplica a sí mismo lo que pertenece al orden, con miras a ocuparse y cuidarse sólo de sí mismo, y no de su prójimo, excepto en la medida en que su prójimo lo favorece. (AC 6692)

Las leyes del orden impuestas al hombre son: que debe adquirir para sí verdades de la Palabra, y reflexionar de manera natural sobre ellas, y en la medida en que puede, racionalmente, obteniendo de este modo para sí una fe natural. Las leyes del orden por parte de Dios son (…) que él se acercará y llenará estas verdades con su luz divina, llenando, de este modo, la fe natural del hombre (…) con una esencia divina. (TCR 73)

Los que no comprenden (…) el poder divino (…) pueden suponer, sea que no existe tal cosa como un orden, o que Dios puede actuar (indiscriminadamente) de manera contraria al orden o concorde a éste. Sin embargo, sin orden no hubiera sido posible creación alguna. Lo primario de todo el orden es que el hombre sea una imagen de Dios y consecuentemente, que esté todo el tiempo perfeccionándose en el amor y la sabiduría, y por lo tanto volviéndose más y más una imagen divina. Para este fin Dios obra continuamente en el hombre. (…) Por lo tanto da lo mismo que digamos “actuar contrariamente al orden” o “actuar contrariamente a Dios”. Dios mismo no puede actuar contrariamente a su propio orden divino, desde que este sería actuar contrariamente a su propio yo. Por lo tanto, guía a todo hombre según aquel orden que él mismo es, llevando a los descarriados y los caídos a integrarse en él, y a los que lo resisten a aceptarlo.

Si el hombre hubiera podido ser creado sin libertad de elección en las cosas espirituales, ¿qué hubiera sido más fácil para un Dios omnipotente que conducir a todos los habitantes del mundo a creer en el Señor? [Hubiera podido] (…) implantar su fe en todos, sin medios o con ellos. [Hubiera podido hacerlo así] sin medios, por su poder absoluto y su irresistible operación, que no cesa en sus esfuerzos por salvar al hombre. O [hubiera podido hacerlo] mediante (…) tormentos hechos efectivos sobre la conciencia humana, o mediante convulsiones mortales del cuerpo y horrendas amenazas de muerte, para quien no recibiera la fe. Y también [hubiera podido hacerlo] abriendo las puertas del infierno y haciendo que se aparecieran los demonios sosteniendo terribles antorchas en sus manos, o convocando a los muertos del infierno, cada uno según los que habían conocido en la tierra, en la forma de temibles espectros. (TCR 500)

El Señor nunca obra en contra del orden puesto que El mismo es el orden. La divina verdad que procede del Señor es lo que constituye el orden, y las verdades divinas son las leyes del orden. Es según estas leyes que el Señor guía al hombre. Por lo cual salvar al hombre por misericordia inmediata sería contrario al orden divino, y lo que es contrario al orden divino es contrario a lo Divino. El orden divino es el cielo en el hombre, mas este cielo lo ha pervertido el hombre en sí mismo por medio de una vida contraria a las leyes del orden que son las divinas verdades. A este orden el Señor retorna al hombre por pura misericordia mediante las leyes del orden, y en la medida que es retornado a este orden en la misma medida recibe en sí el cielo, y quien recibe en sí el cielo entra en el cielo. Por esto también, es evidente que la divina misericordia del Señor es pura misericordia, pero no misericordia incondicional. (HH 523)

Recibir en uno mismo el orden es ser salvado, y esto se efectúa solamente en la medida en que se vive según los mandamientos del Señor. (AC 10659) El que no vive según los mandamientos y las leyes que son propias del orden divino, no vive según el Señor, y en consecuencia (…) lo Divino se oscurece en él. Vivir según el orden quiere decir (…) ser guiado por el Señor mediante el bien. (AC8512)

Los animales se hallan en el orden de su vida y no han podido destruir lo que del mundo espiritual se halla en ellos, puesto que no tienen facultad racional. El hombre, por otra parte, (…) habiendo pervertido lo que en él hay del mundo [espiritual] por una vida contraria al orden, que su facultad racional ha preferido, ha de (…) nacer en completa ignorancia y luego, por medios divinos, ser conducido de nuevo al orden del cielo. (HH 108) Si el hombre estuviera en el orden en que fue creado — el amor al prójimo y (…) el amor al Señor — él, por sobre todos los animales, nacería no solamente en toda especie de conocimiento sino también en toda verdad espiritual y bien celestial, y por lo tanto en toda sabiduría o inteligencia. (AC 6323)

Todo lo que proviene de lo Divino comienza en Él y avanza según el orden hasta alcanzar los últimos extremos, así, desde el cielo hasta la tierra, donde descansa, habiendo encontrado su último extremo y fin. (AC 10634) Es según el orden que lo celestial fluya a lo espiritual y lo adapte a sí mismo; y que lo espiritual (…) fluya en lo racional y lo adapte a sí mismo; y que lo racional (…) fluya en los conocimientos acumulados en la memoria [del hombre] y lo adapte a sí mismo. Cuando el hombre está recibiendo instrucción, en su más temprana infancia, el orden es ciertamente el mismo, pero parece ser de otro modo (…) [Parecería] que adelantara desde los conocimientos presentes en la memoria hasta las cosas racionales, y desde éstas hasta las cosas espirituales, y de este mismo modo hasta alcanzar las cosas celestiales. La razón por la que parece ser de este modo es que debe abrirse un camino (…) hacia las cosas celestiales, que son las más interiores. Toda instrucción no es sino la apertura del camino. (AC 1495)

El Señor gobierna las últimas cosas del hombre tal como gobierna las primeras. (…) El orden del Señor se aplica sucesivamente desde las primeras cosas hasta las últimas, y en el orden en sí no hay nada que no sea divino. Siendo esto así, la presencia del Señor necesariamente estará tanto en las últimas cosas como en las primeras, porque lo uno se sigue de lo otro, según el tenor del orden. (AC 6473)


Category: Temas Espirituales

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