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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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I

El arrepentimiento es lo primero de la Iglesia en el hombre

 

362.    La comunión, llamada Iglesia, consiste de todos aquellos en quienes hay iglesia, y la iglesia entra en el hombre á medida que es regenerado; la regeneración del hombre empieza á su vez cuando se abstiene de males que son pecados, huyendo de ellos como huiría de las turbas infernales si las viera con teas encendidas en sus manos, dispuestos á precipitarse sobre él y arrojarle en una pira ardiendo. Muchas son las cosas que vienen preparando al hombre para recibir la iglesia, conforme va pasando por las etapas de la vida desde su más tierna infancia y que luego le introducen en ella, pero los actos de arrepentimiento son los que inician y establecen la iglesia en el hombre; porque por estos actos se decide á no querer y por consiguiente á no obrar males, que son pecado contra Dios. Antes de practicar los actos de arrepentimiento se halla fuera de la regeneración, y si en este estado algún pensamiento furtivo respecto de la salvación eterna se desliza en su mente, atiende á este pensamiento, mas al momento lo desecha; porque no entra en el hombre más que hasta donde alcancen las ideas, volviendo desde aquel punto á salir por las palabras del habla y quizás por algún gesto correspondiente, sin dejar rastro alguno; pero cuando el pensamiento entra en la voluntad, entonces se halla realmente dentro del hombre, porque la voluntad es el hombre mismo, siendo así que su amor tiene en ella su morada, mientras que el pensamiento está fuera del hombre en cuanto no proceda de su voluntad; cuando el pensamiento entra en la voluntad obran juntos ésta y aquél como uno, y ambos juntos' completan al hombre. De allí sigue que el arrepentimiento, para poder ser verdadero y tener eficacia en el hombre, necesariamente debe ser arrepentimiento de la voluntad y en su consecuencia del entendimiento, y no meramente arrepentimiento del entendimiento; debe por consiguiente ser actual y efectivo y no solo de la boca. Que el arrepentimiento es lo primero de la iglesia en él hombre es evidente por el Verbo. Juan el Bautista fue enviado delante del Señor con el objeto de preparar los hombres para la Iglesia que El vino á establecer, y Juan bautizaba, predicando el arrepentimiento; por lo cual su bautismo es llamado bautismo de arrepentimiento; porque bautismo significa lavadura espiritual, que es ser limpiado de los pecados. Juan bautizaba en el Jordán, porque el Jordán significaba la entrada á la Iglesia, por estar á la frontera del país de Canaán. en el cual estaba la Iglesia. El Señor Mismo predicaba también el arrepentimiento; porque éste es lo primero de la iglesia, siendo así que tanto como el hombre se arrepiente, los pecados son alejados de él, y tanto como son alejados, son remitidos ó perdonados. El Señor envió asimismo á sus doce discípulos, y también á los setenta, por el país á predicar el arrepentimiento, lo cual demuestra otra vez que el arrepentimiento es el principio de la iglesia en el hombre. Que no puede haber iglesia en el hombre hasta que estén alejados los pecados, puede comprenderse racionalmente mediante ilustraciones, por ejemplo: ¿Quién puede meter ovejas, cabritos, corderos en un campo ó monte, donde hay toda clase de fieras si éstas no son primero alejadas? ¿Quién puede plantar árboles de jardín en un terreno cubierto de espinas, cardos y ortigas, antes de que haya quitado todas estas plantas nocivas? ¿Quién puede administrar justicia según las leyes judiciales en una ciudad que se halla en poder del enemigo y establecer privilegios y derechos de ciudadano sin antes expulsar á éste? El caso es el mismo con los males en el hombre; son como fieras, como cardos y espinos, y como fuerzas enemigas, y la iglesia no puede morar juntó con éstos, más que un hombre puede vivir en una jaula junto con tigres y leopardos.

La siguiente sección [II. La contrición que hoy día se dice precede la fe y es seguida por la consolación del Evangelio, no es arrepentimiento. (N. 363-366.)...]