I
El arrepentimiento es lo primero de la Iglesia en el hombre
362.
La comunión, llamada Iglesia, consiste de todos aquellos en
quienes hay iglesia, y la iglesia entra en el hombre á medida que es
regenerado; la regeneración del hombre empieza á su vez cuando se
abstiene de males que son pecados, huyendo de ellos como huiría de
las turbas infernales si las viera con teas encendidas en sus manos,
dispuestos á precipitarse sobre él y arrojarle en una pira ardiendo.
Muchas son las cosas que vienen preparando al hombre para recibir la
iglesia, conforme va pasando por las etapas de la vida desde su más
tierna infancia y que luego le introducen en ella, pero los actos de
arrepentimiento son los que inician y establecen la iglesia en el
hombre; porque por estos actos se decide á no querer y por
consiguiente á no obrar males, que son pecado contra Dios. Antes de
practicar los actos de arrepentimiento se halla fuera de la
regeneración, y si en este estado algún pensamiento furtivo respecto
de la salvación eterna se desliza en su mente, atiende á este
pensamiento, mas al momento lo desecha; porque no entra en el hombre
más que hasta donde alcancen las ideas, volviendo desde aquel punto
á salir por las palabras del habla y quizás por algún gesto
correspondiente, sin dejar rastro alguno; pero cuando el pensamiento
entra en la voluntad, entonces se halla realmente dentro del hombre,
porque la voluntad es el hombre mismo, siendo así que su amor tiene
en ella su morada, mientras que el pensamiento está fuera del hombre
en cuanto no proceda de su voluntad; cuando el pensamiento entra en
la voluntad obran juntos ésta y aquél como uno, y ambos juntos'
completan al hombre. De allí sigue que el arrepentimiento, para
poder ser verdadero y tener eficacia en el hombre, necesariamente
debe ser arrepentimiento de la voluntad y en su consecuencia del
entendimiento, y no meramente arrepentimiento del entendimiento;
debe por consiguiente ser actual y efectivo y no solo de la boca.
Que el arrepentimiento es lo primero de la iglesia en él hombre es
evidente por el Verbo. Juan el Bautista fue enviado delante del
Señor con el objeto de preparar los hombres para la Iglesia que El
vino á establecer, y Juan bautizaba, predicando el arrepentimiento;
por lo cual su bautismo es llamado bautismo de arrepentimiento;
porque bautismo significa lavadura espiritual, que es ser limpiado
de los pecados. Juan bautizaba en el Jordán, porque el Jordán
significaba la entrada á la Iglesia, por estar á la frontera del
país de Canaán. en el cual estaba la Iglesia. El Señor Mismo
predicaba también el arrepentimiento; porque éste es lo primero de
la iglesia, siendo así que tanto como el hombre se arrepiente, los
pecados son alejados de él, y tanto como son alejados, son remitidos
ó perdonados. El Señor envió asimismo á sus doce discípulos, y
también á los setenta, por el país á predicar el arrepentimiento, lo
cual demuestra otra vez que el arrepentimiento es el principio de la
iglesia en el hombre. Que no puede haber iglesia en el hombre hasta
que estén alejados los pecados, puede comprenderse racionalmente
mediante ilustraciones, por ejemplo: ¿Quién puede meter ovejas,
cabritos, corderos en un campo ó monte, donde hay toda clase de
fieras si éstas no son primero alejadas? ¿Quién puede plantar
árboles de jardín en un terreno cubierto de espinas, cardos y
ortigas, antes de que haya quitado todas estas plantas nocivas?
¿Quién puede administrar justicia según las leyes judiciales en una
ciudad que se halla en poder del enemigo y establecer privilegios y
derechos de ciudadano sin antes expulsar á éste? El caso es el mismo
con los males en el hombre; son como fieras, como cardos y espinos,
y como fuerzas enemigas, y la iglesia no puede morar juntó con
éstos, más que un hombre puede vivir en una jaula junto con tigres y
leopardos.
La
siguiente sección [II.
La contrición que hoy día se dice precede la fe y es seguida
por la consolación del Evangelio, no es arrepentimiento. (N.
363-366.)