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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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VI

El arrepentimiento actual y efectivo es examinarse, reconocer y confesar sus pecados ante el Señor, implorar Su ayuda y empezar una nueva vida

 

378. Que el hombre por todo medio posible debe arrepentirse y que su salvación depende del arrepentimiento consta por abundantes pasajes del Verbo, entre otros por los siguientes:

Juan que predicaba el Bautismo del arrepentimiento dijo:

«Haced frutos dignos del arrepentimiento» (Lucas III: 3; 8; Marcos I: 4).

«Desde entonces comenzó Jesús á predicar y á decir: Arrepentíos» (Mateo IV: 17).

«El reino de Dios está cerca; arrepentíos» (Marcos I: 15).

«Si no os arrepintiereis pereceréis» (Lucas XIII: 5).

«Jesús mandó á sus discípulos que predicasen en su nombre el arrepentimiento y remisión de pecados en todas las naciones» (Lucas XXIV: 47; Marcos VI: 12).

«Pedro predicaba el arrepentimiento y el Bautismo en nombre de Jesucristo para perdón de los pecados» (Hechos 2: 38).

Y  dijo:

«Arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados» (III: 9).

«Pablo predicaba á todos los hombres en todos los lugares, que se arrepintiesen» (XVII: 30).

«Predicaba primeramente en Damasco y en Jerusalén y por toda la tierra de Judea y luego á los Gentiles que se arrepintiesen y se convirtiesen á Dios haciendo obras dignas de arrepentimiento» (XXVI: 20).

«Testificaba á los Judíos y á los Gentiles arrepentimiento para con Dios y la fe en el Señor Jesucristo» (XX: 21).

Jesús dijo á la iglesia de Efeso:

«Tengo contra ti que has dejado tu primer amor; arrepiéntete y haz las primeras obras, pues si no vendré presto á ti y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieras arrepentido» (Apoc. II: 2; 4; 5).

Y á la iglesia en Laodicea:

«Sé tus obras: sé pues celoso y arrepiéntete» (Apoc. III: 15; 19). «Hay gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente» (Lucas XV: 7).

Estos y muchos otros pasajes demuestran claramente, que el hombre por todo medio posible debe arrepentirse; mas cuál y cómo ha de ser el arrepentimiento será explicado en lo que sigue.

379. Fácilmente se comprende que la mera confesión oral, de que uno es pecador, no es arrepentimiento, aun cuando el confesante diga y enumere muchos detalles respecto de su estado general, como el hipócrita del cual hablamos antes (N. 369). Porque ¿qué cosa más fácil para uno que se halla en el infortunio, ó en vísperas de morir, que de suspirar y gemir, golpearse el pecho y declararse culpable de todo pecado, sin ser consciente de un solo pecado en sí? Pero ¿de qué le sirve esa ceremonia si no hace más? ¿Cree el afligido que las hordas diabólicas, que ocupan y dominan su amor, salen de él con los suspiros? Antes bien se burlan de ellos y se quedan en él como en su propia casa. El arrepentimiento que tantas veces es recomendado y ordenado en el Verbo, no es de esa clase; es al contrario arrepentirse de determinadas malas obras, como dice el Verbo muy claramente.

380. ¿Cuál es pues la debida forma en la que el hombre debe arrepentirse? La contestación es que el arrepentimiento debe ser actual y efectivo, y esto quiere decir que el hombre debe escudriñarse, reconocer y confesar sus pecados ante el Señor, suplicar Su ayuda y empezar una nueva vida. En el precedente artículo se ha explicado, que no puede haber arrepentimiento sin previa exanimación, y el objeto inmediato de la exanimación es que podamos reconocer los pecados, para luego poder confesarlos y convencernos de que en efecto existen en nosotros, todo con el objeto final de que por medio de la examinación, del reconocimiento y de la convicción podamos luego confesar los pecados ante el Señor, implorar Su ayuda y empezar una nueva vida. Esto es arrepentimiento actual y efectivo. El mundo Cristiano no ignora que el hombre debe proceder y obrar de la indicada manera, porque en el acto del Bautismo los padrinos prometen por él rechazar el Diablo y todas sus obras, y antes de acercarse á la Santa Cena es amonestado de arrepentirse de sus pecados, convertirse á Dios y entrar en la senda de una vida nueva; además ¿no lo sabemos todos por el Decálogo, que forma parte de la instrucción religiosa, común en la cristiandad? Esto demuestra que en el mundo cristiano todos saben que deben apartarse del mal, pero con la mayoría no llega á ser más que un conocimiento que no se pone por práctica en manera alguna, ó bien se practica en la manera ya repetidas veces indicada, es decir, con demostraciones orales y confesiones de la boca, mas sin realizar los actos del verdadero arrepentimiento, es decir, sin abstenerse real y efectivamente de querer, pensar y obrar el mal con el prójimo por ser pecado contra Dios. Y sin embargo, si los males inherentes á todo hombre no son apartados mediante el verdadero arrepentimiento, no se puede llegar á amar al prójimo y mucho menos á Dios, sin cuyos amores no hay salvación; porque de los dos grandes mandamientos: «Amarás al Señor, Dios tuyo sobre todas las cosas, y á tu prójimo como á ti mismo» dependen la Ley y los profetas, es decir, todo el Verbo, y por consiguiente la salvación. El arrepentimiento actual y efectivo introduce al hombre en un estado permanente de arrepentimiento: Al principio se examina dos ó tres veces al año, por ejemplo cada vez que participa de la Santa Cena, y al encontrar en sí cierto pecado, promete resistirlo y se esfuerza para cumplir su promesa, diciendo á sí mismo, cuando vuelve la tentación: «No quiero hacerlo; porque es pecado contra Dios», y así vence por la ayuda del Señor. Esto le introduce poco á poco en un estado permanente de arrepentimiento y en una continua práctica del mismo, y en este estado camina hacia el Cielo, porque de ser natural, se vuelve así poco á poco espiritual y nace de nuevo por el Señor.

La siguiente sección [VII. El verdadero arrepentimiento es examinar no sólo los actos de su vida, sino también la intención de su voluntad. (N. 381-382.)...]