VIII
Hay quienes no se examinan y sin embargo desisten de males por ser pecados. Estos se arrepienten también debidamente y así se arrepienten los que por religión obran la caridad
383.
Puesto que el arrepentimiento actual y efectivo, que consiste en
examinar sus interiores, reconocer y confesar sus pecados, invocar
la ayuda del Señor y empezar una nueva vida, es sumamente difícil en
el mundo cristiano actual por varias razones, que se dirán en el
último artículo de este capítulo, se indicará aquí uno que es de más
fácil práctica y es éste: Cuando uno pondera algún mal en su mente y
forma intención de realizarlo debe decir á sí mismo: «Pienso esto y
deseo realizarlo, pero por ser pecado no quiero hacerlo.» De esta
manera la tentación infundida por el infierno es interrumpida y su
progreso impedido. Es remarcable con qué facilidad uno puede
observar errores en otro, que intenta el mal, y decirle: «No hagas
esto; porque es pecado» y sin embargo cuan difícil es el decirlo á
sí mismo y es porque en el primer caso no tiene que hacer con su
voluntad, sino tan sólo con el pensamiento más próximo al oído, cuyo
pensamiento con facilidad se inclina á la obediencia; pero en el
último caso tiene que combatir la oposición de las malas
inclinaciones de su propia voluntad, las cuales pervierten los
pensamientos haciéndolos entrar en acuerdo consigo. Muchos de los
que por principio religioso obran el bien y evitan el mal en actos y
obras, reflexionan sin embargo poco ó nada sobre la naturaleza
interior de sus actos y obras, cuya naturaleza es la de la voluntad
y sus intenciones, creen que con abstenerse de malos actos y obras
se hallan libres del mal, porque obran el bien; mas la verdad
es que si bien la abstinencia de malas obras es buena, no
basta en y por sí misma, siendo necesario que la raíz misma, ó sea
la intención de la voluntad, sea extirpada. Es preciso, no sólo
abstenerse del mal y obrar el bien, sino también de corazón
aborrecer el mal, y este resultado no se puede obtener sin examinar
en alguna medida los interiores; porque sin tal examen no es posible
huir del mal y aborrecerlo; y el bien no es bien genuino hasta que
se halle interiormente purificado. Sé que muchos hombres piadosos, y
hasta todos los que tienen razón sana, aprobarán esto cuando lo
lean, y reconocerán que es genuina verdad; pero pocos de ellos
obrarán conforme.
384.
Sin embargo todos los que obran el bien por principio religioso, no
sólo los cristianos, sino también los paganos, son aceptables ante
el Señor y después de la muerte son adoptados por El; porque el
Señor dijo:
«Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber,
fui huésped y me recogisteis, desnudo y me cubristeis, enfermo y me
visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis á mi» (Mateo XXV: 35:
36).
Y
luego:
«De
cierto os digo que en cuanto los hicisteis á uno de estos mis
hermanos pequeñitos á mi lo hicisteis» (XXV: 40).
A
esto añadiré lo siguiente que es nuevo: Todos los que obran el bien
por principio religioso rechazan después de la muerte la doctrina de
la Iglesia actual respecto de tres Personas Divinas desde la
eternidad, y la fe en esta Trinidad, con particular referencia á
cada Persona, inclinándose al Señor Dios el Salvador, y aceptan con
gusto la Nueva Iglesia. Pero los demás que no han practicado la
caridad por principio religioso son corazones de adamante, es decir
duros; al principio se dirigen á tres Dioses, luego sólo al Padre y
finalmente á ninguno. Miran al Señor Dios el Salvador sólo como el
hijo de María, nacido de matrimonio con José y no como el Hijo de
Dios, y entonces rechazan todos los bienes y verdades de la Nueva
Iglesia, uniéndose luego á los espíritus del Dragón, y con éstos son
obligados á retirarse á un desierto y á meterse dentro de las
cuevas, que están en el último limítrofe de lo que allí se llama el
mundo cristiano. Después de algún tiempo y por hallarse separados
del nuevo Cielo, se dedican á crímenes, por lo cual son despedidos
al infierno. Tal es la suerte de los que no obran el bien por
principio religioso, fundándose en la creencia de que nadie puede
hacer el bien por sí mismo, sin contaminarlo con mérito. Omiten por
lo tanto su práctica asociándose con las «cabras» que son los
malditos, y son echados al fuego eterno, preparado para el Diablo y
sus ángeles, porque no han hecho las obras de la caridad como
hicieron las «ovejas» (Mateo XXV: 4146). En el indicado pasaje no se
dice, que cometieron malos actos, sino que dejaron de practicar el
bien; lo cual sin embargo es lo mismo, porque los que no obran el
bien por principio religioso, obran el mal, puesto que «ninguno
puede servir á dos Señores, porque ó aborrecerá al uno y amará al
otro ó se llegará al uno y menospreciará al otro» (Mateo VI: 24).
Jehová dice en Isaías:
«Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis
ojos; dejad de hacer lo malo; aprended á hacer el bien, y entonces
si vuestros pecados fueron como la grana, como la nieve serán
emblanquecidos, si fueran rojos como el carmesí vendrán á ser como
blanca lana» (I: 1618).
Y en
Jeremías:
«Ponte á la puerta de la casa de Jehová y predica allí esta palabra
y di: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel; mejorad
vuestros caminos y vuestras obras; no fiéis en palabras de mentira
diciendo: templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es
este (es decir la iglesia). Hurtando, adulterando, matando, jurando
falso é incensando A Baal y andando tras de dioses extraños que no
conocéis ¿vendréis y os pondréis delante de mi en esta casa, sobre
la cual es invocado mi nombre y diréis: librados somos para hacer
todas estas abominaciones? ¿Es cueva de ladrones delante de vuestros
ojos esta casa? He aquí, que también Yo lo he visto, dice Jehová»
(VII: 24; 911).
385.
Hay que saber que los que obran el bien sólo por una bondad natural
y no al mismo tiempo por principio religioso, no son aceptados
después de la muerte; porque no hay en su caridad más que bien
natural y no al mismo tiempo bien espiritual, y lo espiritual es lo
que determina la conjunción con el Señor; y no lo natural, sin lo
espiritual. Bondad natural es sólo de la carne y nace de los padres,
pero bondad espiritual es del espíritu, nacido de nuevo del Señor.
Los que obran el bien por principio religioso y que por consiguiente
evitan malas obras, pueden compararse con árboles que llevan fruto
bueno aunque pequeño, el cual á pesar de ser pequeño se aprecia en
el jardín; y pueden también compararse con olivos é higueras en
bosques, es decir, en estado semi-silvestre; igualmente con la
hierba aromática y las hierbas balsámicas que crecen en los montes.
Son pequeñas capillas de Dios en las cuales se verifican reverentes
adoraciones; son ovejas á la derecha del Señor, y son carneros á los
cuales acometen machos cabríos (Daniel VIII: 214). Así es su estado
antes de pertenecer á la Nueva Iglesia. En el Cielo visten trajes de
color encarnado; mas luego de ser iniciados en los bienes de la
Nueva Iglesia visten trajes de color de púrpura, cuyo color adquiere
un hermoso fulgor amarillento á medida que reciben también las
verdades.
La siguiente sección [IX. La confesión debe hacerse ante el Señor Dios, el Salvador, y luego implorarse su ayuda y fuerza para resistir á los males. (N. 386-387)...]