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El arrepentimiento actual y efectivo es fácil para los que lo han practicado algunas veces, pero encuentra grande resistencia en los que no lo han practicado.

 

388. El arrepentimiento actual y efectivo, que es examinarse, reconocer sus pecados, confesarlos ante él Señor y así empezar una nueva vida, encuentra grande resistencia en el mundo cristiano reformado, por el cual entendemos todos los que están separados de la Iglesia Católica Romana, y también en aquellos miembros de esta última, que no han practicado el arrepentimiento. Esto es debido á que algunos de ellos no quieren, y otros tienen miedo de practicarlo, cuya falta de práctica hace que el hombre se afirme en sus costumbres, aumenta su indisposición y por falsos raciocinios consigue finalmente que el entendimiento consiente á nunca practicarlo. En otros causa tristeza, miedo y horror en vez de arrepentimiento. La razón principal por la cual el arrepentimiento encuentra tanta resistencia en el mundo cristiano reformado es la creencia, que el arrepentimiento actual y la caridad nada contribuyen á la salvación, sino la fe sola, por imputación de la cual viene la remisión de los pecados, la justificación, la renovación, la regeneración, la santificación y la eterna salvación, con absoluta exclusión de la cooperación del hombre, á cuya cooperación los escritores en materia dogmática cualifican de inútil y de obstáculo repugnante é injurioso al mérito de Cristo. Esta creencia se introduce en la mente de la gente sencilla, aun cuando ésta ignore los misterios de esa fe; porque se introduce sencillamente con estas palabras: «La fe sola salva. ¿Quién puede hacer el bien por si mismo?» De aquí resulta, que el arrepentimiento del reformado es como un nido de pajaritos abandonados, cuyos padres han sido cogidos ó matados por el cazador. Otra causa de que el reformado tiene tanta aversión á la investigación y examinación de su interior, es que con respecto á su espíritu se halla entre tales espíritus en el mundo espiritual que creen como él, piensan como él y sienten como él, y éstos introducen semejantes cosas en las ideas de su pensamiento, desviando sus pasos y quitando de la voluntad todo deseo de practicar la investigación y la examinación.

389. He preguntado á muchos reformados en el mundo espiritual, por qué no practicaban el arrepentimiento actual y efectivo, viendo que lo ordena el Verbo y también la religión en todas sus iglesias en los actos del Bautismo y de la Santa Cena. Han contestado de varias maneras. Unos han dicho, que bastaba la contrición en la confesión oral de que uno es pecador; otros que semejante arrepentimiento, realizado con la cooperación del hombre por su propia voluntad, no concuerda con la fe, universalmente admitida. Algunos dijeron: «¿Quién puede examinarse á sí mismo, sabiendo que es enteramente pecado? Esto sería como echar su red en una laguna llena de fango y gusanos desde el fondo á la superficie». Otros dijeron: «¿Quién puede indagar sus interiores tan á fondo que pueda ver en sí el pecado de Adán del cual proceden todos sus males actuales? ¿No son estos últimos, junto con el primero, lavados y limpiados por el agua del Bautismo; remitidos y cubiertos por el mérito de Cristo? ¿Qué es pues el arrepentimiento, sino una imposición, que causa conturbación y tristeza á los concienzudos? ¿No estamos por el Evangelio bajo la Gracia y no bajo la dura ley de ese arrepentimiento?» Y así en adelante. Algunos dijeron que siempre y cuando procuraban examinarse, se apoderaban de ellos horror y espanto como si al amanecer vieran un monstruo al lado de su cama. Todo esto explica por. qué el arrepentimiento verdadero se halla por así decir abolido en el mundo cristiano reformado. En presencia de estas personas pregunté también á unos católicos romanos acerca de su costumbre de confesarse delante del cura, si lo hacían con repugnancia; dijeron que una vez iniciados en ello contaban y enumeraban sus transgresiones sin miedo ante un director que no fuera muy severo; que las revocaban á la memoria con cierto gusto, contando alegremente las más ligeras y con alguna timidez las más graves, y que por costumbre volvían á confesarse cada año, sintiéndose alegres después de recibir la absolución. Dijeron también, que miran como impuros á todos cuantos no quieren descubrir los extravíos de su corazón. Al oír esto los reformados que se hallaban presentes se alejaron, algunos de ellos burlándose y riendo, otros pasmados y comentando. Luego se acercaron otros miembros de la misma Iglesia, pero que vivían en países de los Reformados, y que por la costumbre allí establecida no acostumbraban hacer confesión especial como sus hermanos y paisanos en su iglesia, haciendo tan sólo una confesión general ante su director. Estos dijeron que se sentían completamente incapaces de escudriñarse, de hallar y sacar á luz sus males actuales y los secretos de sus pensamientos, y estimaban que tal examen sería tan repugnante y terrible, como atravesar un foso para escalar el muro de una fortificación, desde donde un soldado armado les diera el alto. Por estas experiencias en el mundo espiritual he podido convencerme de que el arrepentimiento actual es fácil para los que lo han practicado algunas veces, pero que encuentra grande resistencia en los que no lo han practicado.

La siguiente sección [XI. El que nunca ha practicado el arrepentimiento, que nunca ha investigado ni escudriñado sus interiores, acaba por no saber lo que es el mal que condena, ni lo que es el bien que salva. (N. 390-392.)...]