I
Sin conocer el sentido espiritual del Verbo no puede uno saber lo que en si encierran los dos sacramentos el Bautismo y la Santa Cena, ni comprender sus efectos
454.
En el capítulo que trata de la Sagrada Escritura se ha explicado,
que en el conjunto del Verbo y en cada mínimo detalle del mismo hay
un sentido espiritual. Este sentido, hasta aquí ignorado, ha sido
ahora revelado á causa de la Nueva Iglesia, que actualmente
establece el Señor, y su carácter puede conocerse por lo que queda
expuesto en el mencionado capítulo, y también en el capítulo que
trata del Decálogo. Si no hubiese sido revelado el sentido
espiritual, el Bautismo y la Santa Cena no se conocerían mas que por
lo que en el Verbo se dice de ellos literalmente, por lo cual muchos
dirían ó pensarían: «¿Qué es el Bautismo mas que la ceremonia de
echar agua sobre la cabeza del niño? ¿Qué puede contribuir á la
bienaventuranza?» O bien: «¿Qué es la Santa Cena mas que el simple
acto de tomar pan y vino, que nada puede contribuir á la
bienaventuranza? ¿De dónde tienen la santidad, sino de su ordenación
por la Iglesia, cuyo Clero estima, que son cosas santas y Divinas,
pretendiendo que se convierten en Sacramentos al serles aplicado el
Verbo Divino?» Éstas y parecidas ideas abundan actualmente en el
mundo cristiano con respecto al Bautismo y la Santa Cena; si no se
profesan abiertamente, existen al menos secretamente, y si estos
Sacramentos son admitidos como Santos y Divinos es mayormente por
motivos naturales. Mas la verdad es, que los dos Sacramentos,
conocidos y aplicados según el sentido espiritual, constituyen lo
más sagrado de la Iglesia, como se verá en lo que sigue, donde se
explicará su utilidad. Pero cuando se ignora su significación
espiritual sólo se puede saber de ellos, que son ceremonias santas
por ser instituidos por mandato del Señor. Que fueron ordenados por
el Señor consta por la Sagrada Escritura, en la cual, con respecto
al Bautismo leemos que Juan bautizaba en el Jordán y que «toda Judea
y Jerusalén» salían á él para ser bautizados (Mateo III: 5; 6;
Marcos I: 4; 5); que Juan era profeta del Altísimo (Lucas I: 76), y
que su Bautismo era del Cielo y no de los hombres (Marcos XI: 30;
31; 32). Además lo demuestra el hecho de que el Señor, nuestro
Salvador Mismo, vino á Juan para ser bautizado (Mateo III: 13; 17),
y que después de su resurrección ordenó á Sus discípulos de bautizar
á los Gentiles (Mateo XXVIII: 19). Es pues cierto que el Bautismo ha
sido ordenado é instituido por el Señor Mismo, por cuya razón la
institución es Divina; pero su verdadera importancia y alcance no se
han conocido hasta ahora por ignorarse el sentido espiritual; y la
razón por la cual el sentido espiritual no ha sido revelado antes,
es que la Iglesia cristiana sólo ahora principia en cuanto á su
verdadera cualidad y carácter. La Iglesia cristiana, desde su
principio hasta hoy, ha sido cristiana de nombre ó de forma más que
de hecho ó de esencia.
455.
Para la Nueva Iglesia, que es la verdadera Iglesia Cristiana, el
Bautismo y la Santa Cena son como dos piedras preciosas en el cetro
de un rey; mas para la actual Iglesia, que no conoce su
significación, su alcance y su utilidad,
son como figuras de ébano, esculpidas en un bastón. Para la
Nueva Iglesia son como dos rubís ó carbúnculos en el manto imperial;
pero para la actual Iglesia son como dos botones de cristal en una
capa ordinaria. Sin conocimiento del sentido espiritual la idea que
se puede tener de su utilidad es como las conjeturas de los adivinos
por las estrellas, ó como los agüeros que antiguamente tomaban los
hombres por el vuelo de las aves ó por los intestinos de los
animales sacrificados. Para la actual Iglesia los dos Sacramentos
son como un templo, que en el transcurso del tiempo se ha hundido
poco á poco, siendo finalmente sepultado bajo montones de tierra,
piedra y arena, mientras por encima del mismo pasan ancianos y
jóvenes á pie, en carruaje, á caballo, ignorando por completo que
tal templo se halla escondido debajo de sus pies, y que en este
templo hay un altar de oro, paredes de plata, adornadas con piedras
preciosas, todo lo cual sólo puede ser descubierto mediante la
significación espiritual, ahora revelada á la Nueva Iglesia para su
uso en el culto y la adoración del Señor. Para la Nueva Iglesia los
dos Sacramentos son como un doble templo, uno en el piso bajo, otro
en el piso alto. En el templo inferior se anuncia el Evangelio de la
segunda Venida del Señor, y también el Evangelio de la regeneración
y salvación por El. Cerca del altar de este templo hay una subida al
templo superior, en el cual se celebra la Santa Cena, mediante la
cual se entra en comunión con el Señor, y desde este templo hay una
subida al Cielo, donde los comulgantes son recibidos por El. Para la
Nueva Iglesia los dos Sacramentos son como un tabernáculo, en el
cual los objetos sagrados se presentan á la vista del que entra: la
mesa con los «panes de la proposición», el altar de oro para
incienso, el candelero de oro con sus lámparas encendidas, y para
los que sé dejan iluminar por el Señor se aparta el velo, que separa
el Santuario del Sancto Sanctorum, donde en lugar del Arca con el
Decálogo se halla el Verbo, y sobre éste el propiciatorio con sus
querubines de oro. Estas cosas sagradas son representaciones é
imágenes de los dos Sacramentos con sus utilidades.
La
siguiente sección [II.
El Lavatorio, llamado Bautismo, significa un lavatorio
espiritual, que es purificación del mal y de la falsedad, por
consiguiente regeneración. (N. 456-457.)