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III

El Bautismo sustituyó á la ceremonia de la circuncisión; porque la circuncisión del prepucio simbolizaba la circuncisión del corazón y con sustituir-la el Bautismo sucedió la Iglesia interior á la iglesia exterior, que hasta entonces la habla representado

 

458. No es desconocido en el mundo cristiano el que existe un cuerpo interior además del cuerpo exterior. Se sabe que el cuerpo exterior es el hombre natural y que el interior es el hombre espiritual, el cual es su alma y vida. Con respecto á la Iglesia el caso es igual, porque la Iglesia consiste de hombres. La Iglesia exterior es el Cuerpo natural de la Iglesia interior, que es su alma y vida. Las Iglesias anteriores, desde la Antigua primitiva hasta la actual, han sido Iglesias exteriores, es decir, su culto ha sido representaciones y ceremonias exteriores, que simbolizaban las cosas interiores de la Iglesia cristiana, la cual el Señor Mismo fundó mientras estaba en el mundo, y la cual ahora empieza á edificar. Ahora bien; el distintivo principal de la Iglesia israelita entre los pueblos de Asia era la Circuncisión, y puesto que toda cosa en esa Iglesia simbolizaba cierta cosa que había de pertenecer á la Iglesia cristiana, de la misma manera que las cosas exteriores significan y simbolizan las interiores, sigue que este distintivo principal de la Iglesia israelita y el distintivo principal de la Iglesia cristiana habían de guardar relación directa entre si, es decir, que el Bautismo en esta última equivale á la Circuncisión en aquélla, siendo ambas ceremonias interiormente iguales; porque la antigua Circuncisión significaba la expulsión de los apetitos de la carne, ó sea la purificación del mal, y esto mismo significa el Bautismo. Es pues evidente, que el Bautismo fue instituido en lugar de la Circuncisión para distinguir la Iglesia cristiana de la israelita, y también para que fuera manifestado el carácter y la naturaleza de esta última, cuyo carácter y naturaleza se pueden conocer por la utilidad del Bautismo, de la cual trataremos en el próximo artículo.

459. Con respecto á la ceremonia de la Circuncisión en la Iglesia israelita vemos por el Verbo que originalmente fue ordenada á Abraham como distintivo de sus descendientes, ó sea á fin de que sirviera como señal de que los hombres de la Iglesia israelita eran descendientes de Abraham, Isaac y Jacob (Génesis XVII: 11). El pacto fue luego confirmado por conducto de Moisés (Levít. XII: 1; 3) y por ser la Circuncisión el distintivo de la Iglesia israelita se ordenó su repetición con todo hijo de Israel antes del paso del Jordán (Josué V). La razón de esta repetición era que el país de Canaán significaba la Iglesia, y el río de Jordán la entrada á ella, y con el fin de que se acordasen de la ordenanza de la Circuncisión cuando estuviesen en el país de Canaán, les fue mandado quitar el prepucio, es decir, el producto de todo árbol frutal durante los tres primeros años, estimándolo incircunciso (Levít. XIX: 23). Encontramos además, que la Circuncisión simbolizaba y significaba la expulsión de los apetitos de la carne y por consiguiente la purificación del mal, lo mismo que el Bautismo, que luego la sustituyó; porque Moisés dijo:

«Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón y no endurezcáis más vuestra cerviz» (Deut. X: 16).

«Jehová, Dios tuyo, circuncidará tu corazón y el corazón de tu simiente para que ames á Jehová, Dios tuyo, con toda tu alma á fin de que vivas» (Deut. XXX: 6).

«Circuncidaos á Jehová y quitad los prepucios de vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalén, no sea que mi ira salga como fuego á causa de la maldad de vuestras obras» (Jerem. IV: 4).

«En Jesucristo ni la circuncisión vale algo ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor v una nueva creación» (Gálatas V: 6; VI: 15).

La circuncisión de la carne significa, pues, la Circuncisión del corazón, la cual es purificación del mal, y puesto que el lavatorio del Bautismo significa lo mismo, dice Jeremías:

«Circuncidaos á Jehová y quitad los prepucios de vuestro corazón» (IV: 4).

«Lava de la malicia tu corazón, OH Jerusalén, para que seas salva» (IV: 14).

Lo que es la Circuncisión ó sea la purificación del corazón enseña el Señor en Mateo XV: 18; 19.

460. Muchos de los israelitas antiguamente y muchos de los judíos actualmente creen tener preferencia con Dios por haber sido circuncidados, y muchos cristianos creen también tener preferencia por haber sido bautizados; pero están en un error. Tanto la Circuncisión, cuanto el Bautismo, han sido ordenados como señal y para recordar la necesidad de ser purificados del mal, y por medio de esta purificación llegar á ser elegidos. Lo exterior sin lo interior nada aprovecha. El hombre exterior no es el hombre mismo, sino tan sólo la forma del hombre, y esta forma sin lo interior, que es su alma y vida, y que consiste en ser sabio por recibir en sí vida de Dios, se vuelve animal, fiera y hasta infernal. Es como un templo sin culto, el cual mal sirve para vivienda de hombres, sino mejor para cuadra; es como un terreno inculto y estéril, fangoso, donde crecen cañas, mas no trigos, hortalizas, ni frutos; es como una parra con sarmientos y hojas, mas sin uva; como la higuera estéril, la cual el Señor maldijo (Mateo XXI: 19). Es como las lámparas sin aceite en manos de las vírgenes fatuas (Mateo XXV: 3); como un sepulcro, cuyo fondo está cubierto de huesos de muertos, mientras que murciélagos y vampiros vuelan bajo el techo como espectros. Es, en fin, como un coche, arrastrado por leopardos, un lobo por cochero y en el interior un demente. Así es el hombre, por más que haya sido circuncidado ó bautizado, si no circuncida y limpia su corazón.

La siguiente sección [IV. La primera utilidad del Bautismo es la de introducir al bautizado en la Iglesia Cristiana y al mismo tiempo introducirle entre los Cristianos en el mundo espiritual. (N. 461-462.)...]