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V

La segunda utilidad del Bautismo es la de dar al Cristiano facilidad de conocer y reconocer al Señor Jesucristo, el Redentor y Salvador, y seguir á El.

 

463.    Esta segunda utilidad del Bautismo sigue inevitablemente de la primera, porque sin esta segunda utilidad el Bautismo no sería mas que vana ceremonia, ó fórmula, muerta en sí misma, que nada aprovecharía. Separada de su segunda utilidad es como un súbdito, que jura fidelidad á su rey, prometiendo servirle, pero que sin embargo le abandona y hace alianza con otro rey, sirviendo á éste. Es como un criado que se compromete á servir á un amo, aceptando su librea en señal del convenio, pero que luego se escapa, poniéndose al servicio de otro amo y sirviendo á éste en la librea del primero. En una palabra, el nombre de Cristiano, es decir, la pretensión de pertenecer á Cristo, sin reconocerle y seguirle, ó sea, sin vivir conforme Sus mandamientos, es vanidad y vaciedad; es sombra y humo que de nada sirve. El Señor dice:

«¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?» (Lucas VI: 46).

«Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor; pero yo les protestaré: nunca os conocí; apartaos de mi, obradores de maldad» (Mateo VII: 22; 23).

464.    El Nombre del Señor Jesucristo en el Verbo significa sencillamente reconocimiento de El y una vida conforme á Sus mandamientos. La razón por la cual Su Nombre tiene esta significación, puede verse de la explicación del segundo mandamiento del Decálogo: «No tomarás el Nombre de Jehová tu Dios en vano.» Esto es lo que significa el Nombre del Señor también en los siguientes pasajes:

Jesús dijo:

«Seréis aborrecidos de todos por mi nombre (Mateo X: 22XXIV: 9). Donde están dos ó tres congregados en mi nombre allí estoy en medio de ellos» (XVIII: 20).

Juan de Jesús:

«A todos los que le recibieron dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, á los que creen en su nombre» (Juan I: 12), «Muchos creyeron en su nombre» (II: 23).

Jesús dijo:

«El que no cree ya es condenado, porque no creyó en el nombre del Unigénito Hijo de Dios» (III: 18).

Juan de Jesús:

«Estas cosas (referentes á Jesús) son escritas para que, creyendo, tengáis vida en su nombre» (XX: 31).

En el Apocalipsis:

 «Por mi nombre has trabajado y no has desfallecido» (II: 3).

Y en muchos otros lugares del Verbo. ¿Quién no ve que el Nombre del Señor en estos pasajes quiere decir no solamente Su Nombre, sino también el reconocimiento, de que El es el Redentor y Salvador, así como la obediencia á Sus mandamientos y finalmente la fe en El? A esto se refiere también la ceremonia del Bautismo en y por sí, porque el ministro hace la señal de la Cruz sobre la frente y el pecho del niño en señal de inauguración en el reconocimiento y adoración del Señor. Además el término nombre, en sentido general, no expresa tan sólo el nombre, sino también la cualidad de la persona y todo lo que se relaciona con ella. La razón por la cual esto es así es que en el mundo espiritual, cada uno tiene nombre según su cualidad, por lo cual el nombre de Cristiano, expresa la cualidad del Cristiano, es decir, indica que su fe está en Cristo y que tiene amor al prójimo por virtud de Cristo. Esto es lo que significa Nombre en el Apocalipsis, por ejemplo: Tienes unos pocos nombres en Sardis, que no han ensuciado sus vestidos y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignos» (III: 4).

Andar con él Hijo del Hombre en vestidura blanca significa seguir al Señor y vivir conforme á las verdades de Sus palabras.

Similar significación tiene nombre en Juan. Jesús dijo:

«Las ovejas oyen mi voz y llamo mis ovejas por nombre y las saco; voy delante de ellas y ellas me siguen, porque conocen mi voz; mas al extraño no seguirán, porque no conocen la voz de los extraños > (X: 3; 5).

Por nombre quiere decir, por su cualidad de Cristianos, y seguirle es escuchar Su voz, es decir, obedecer á Sus mandamientos.

465.    ¿Qué es el nombre de Cristiano, si el hombre vive como un pagano, contrariamente á los preceptos de Cristo? Es como uno que desde su Bautismo lleva inscrito sobre sí el Nombre de Cristo en letras de oro y sin embargo mira á la bandera de Satanás, siguiendo á éste, en vez de mirar al Nombre de Cristo. ¿Qué son aquellos, á quienes ha sido impreso el sello de Cristo; y que sin embargo dejan de adorarle, riéndose de Su Nombre y declarándole hijo de José y no Hijo de Dios? Son rebeldes, renegados y regicidas. ¿Qué son sus conversaciones, las palabras de su boca, mas que blasfemias contra el Espíritu Santo, imperdonables en este mundo y también en el venidero? Estos, con mandíbulas de perros, muerden el Verbo, destrozándolo con sus dientes. Con ellos, Cristo y Su adoración son mesas llenas de vómito y suciedad (Isaías XXVIII: 8; Jeremías XLVIII: 26), y cierran resueltamente sus ojos á las terminantes declaraciones del Verbo de que Jesucristo es el Hijo de Dios Altísimo (Lucas I: 32; 35)—el Unigénito (Juan I: 18III: 16)—el verdadero Dios y la vida eterna (I Juan V: 20) en quien mora toda la plenitud de la Divinidad corporalmente (Col. II: 9)—y que El no es el hijo de José (Mateo I: 25).

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