295. La
caridad y la fe son en sí mismas inseparables; se hallan unidas como
el bien y la verdad, y éstos á su vez como el calor y la luz del sol
en la primavera. La caridad y la fe son en efecto el calor y la luz
espiritual, que proceden del Señor, que es el sol del Cielo; la
caridad sale de El como calor espiritual, que en su esencia es el
amor, ó sea el bien, y la fe como luz espiritual, que en su esencia
es la sabiduría, ó sea la verdad. Por eso sucede con la caridad y la
fe lo que sucede con el calor y la luz del sol natural, cuando se
hallan unidos, es decir, que la caridad y la fe, como calor y luz
espiritual, hacen brotar, florecer y fructificar los bienes y las
verdades en la mente humana de la misma manera que el calor y la luz
del sol natural hacen brotar, florecer y fructificar la vegetación
de la tierra en la primavera. La comparación es adecuada, porque el
calor y la luz del sol natural corresponden al calor y á la luz
espiritual, es decir á la caridad y á la fe. Por esta razón la mente
humana, cuando en ella la caridad se halla unida á la fe, y la fe á
la caridad, se compara en el Verbo con un jardín, y es significada
por el jardín de Edén. La mente humana en la cual la caridad y la fe
se hallan mutuamente unidas, producen la vida espiritual y
determinan la salvación del hombre; pero separadas de nada sirven;
porque según se ha demostrado antes, fe sin caridad no es fe, y
caridad sin fe no es caridad. No basta creer correctamente; es
necesario también vivir bien, tanto espiritualmente cuanto
naturalmente. El creer correctamente pertenece á la fe, y en el
precedente capítulo hemos visto lo que es; el vivir bien pertenece á
la caridad, y esto será ahora explicado; porque si bien se sabe lo
que es vivir bien en sentido natural y moral, se ignora sin embargo
casi por completo lo que es en sentido espiritual, y trataremos
detalladamente de ello en los artículos que siguen.
La siguiente sección
[I.
Hay tres amores universales: el amor al Cielo, el amor al
mundo y el amor á si mismo. (N. 296-302.)