IV
El prójimo que debe ser amado no es solamente el individuo, sino también la sociedad y la patria; en un sentido más elevado el prójimo es la Iglesia y en el sentido supremo el Señor
309.
Los que no tienen idea justa de lo que se llama prójimo en el
verdadero sentido de la palabra, creen que el individuo en y por sí
solo es el prójimo, y que el conferir incondicionalmente beneficios
á éste es amar al prójimo. Pero en el verdadero sentido el prójimo
no es meramente el individuo, ni el amor al prójimo meramente amar
al individuo. La significación del término prójimo, aumenta su
alcance á medida que los individuos se multiplican y forman
sociedad, y el amor al prójimo aumenta en importancia en la misma
proporción. La sociedad es muchas veces más prójimo que el
individuo; la patria aún más; y es de más importancia amar á la
sociedad y á la patria como prójimo, que al individuo; porque es un
amor al prójimo más elevado y más excelente que el amor individual.
Por lo demás, el que ama á la sociedad y á la patria como prójimo,
esforzándose para contribuir á su bien y fomentar su progreso, paz y
dicha mediante el fiel cumplimiento de sus deberes como conciudadano
y compatriota, fomenta al mismo tiempo el bien de cada uno de los
individuos que componen la sociedad, de cada uno de sus
conciudadanos y de cada uno de sus compatriotas. Por eso es
evidente, que el amor al prójimo, ejercido para con una sociedad, es
más excelente que el que se ejerce para con el individuo, y ejercido
para con la patria es aún más excelente, por cuanto son más los
individuos que benefician. El que por amor al prójimo busca oficios
y puestos elevados en la sociedad y en el gobierno, hace esto con el
objeto de poder así vivir una vida más útil,
porque tal oficio, ó puesto elevado, es para él el medio de
ejercer la caridad en mayor extensión, ó sea para con la sociedad y
la patria y por consiguiente para con cada individuo que las
componen. Altos funcionarios, príncipes y reyes tienen á causa de
sus oficios y dignidades facilidad de ejercer una caridad más
excelente; y hay quienes lo hacen, si bien muchos de los
gobernadores, príncipes y reyes del tiempo actual que obran en bien
de la sociedad, carecen de amor al prójimo; porque obran como
aquellos, que procuran el bien de otros por causa de sí mismos y del
mundo, es decir, á fin de atraerse la atención y ser admirados y
apreciados por el mundo, y también á fin de ser elevados á mayor
dignidad. Mas éstos, si son desconocidos en el mundo, son conocidos
en el Cielo. Allí no se confían gobiernos y oficios mas que á los
que han fomentado el bien individual y social por verdadero amor al
prójimo, y éstos se hallan allí en el mayor esplendor y honor; mas
no ponen en ello su corazón, porque sólo aman á servir y á ser
útiles. Pero los que en el mundo prestaban usos por causa de sí
mismos, por vanidad, ó ambición, son allí rechazados.
310.
En un sentido más elevado el prójimo es la Iglesia y en el sentido
supremo el Señor; porque la Iglesia introduce al hombre en la vida
eterna, para la cual fue creado, dándole á conocer los medios que
conducen al Cielo, y en su sentido más elevado, la Iglesia es el
Reino del Señor, extendido por todo el mundo, cuyo Reino también se
llama la Comunión de los santos, y es una comunión espiritual, que
en sí misma es el Cielo. La Iglesia debe pues ser amada en más alto
grado que la sociedad y la patria, porque es prójimo en mayor grado
que éstas. Esto no quiere decir que se debe amar en mayor grado al
Clero ó al Oficio clerical, sino al bien y á la verdad que hay en la
Iglesia, y que constituyen la Iglesia en su esencia. Al Clero y al
Oficio clerical se debe amar con arreglo á éstos, porque el Clero
ministra y sólo en la medida en que ministra bien, debe ser honrado
y amado. La sociedad y la patria inicia al hombre en lo que
pertenece á la vida civil, mas la Iglesia le inicia en lo que
pertenece á la vida espiritual, cuya vida es muy superior á la vida
civil; además la vida civil es temporal; llega á su fin y entonces
es como si no hubiese existido; mientras que la vida espiritual es
eterna y por consiguiente infinita. Por esta razón la Iglesia es más
prójimo y debe amarse más que el individuo, más que la sociedad, y
hasta más que la patria. De esto sigue á su vez, que el Reino del
Señor, que es la Iglesia universal extendida por todo el mundo, es
el prójimo en el supremo grado y debe ser amada más que lo otro. Se
llama la Comunión de los santos y ésta es en efecto el Cielo; por lo
cual el que ama al Reino del Señor ama á todos cuantos en el mundo
reconocen al Señor y tienen fe en El y caridad para con el prójimo,
y ama asimismo á todos en el Cielo. Los que aman al Reino del Señor,
aman al Señor sobre todas las cosas, y se hallan por consiguiente en
amor al Señor más que otros, porque la. Iglesia en el Cielo y en la
tierra es el Cuerpo del Señor, y los que la forman están en el Señor
y el Señor en ellos. Amar al Reino del Señor es por consiguiente
amar al prójimo llenamente; porque los que aman al Señor sobre todas
las cosas aman también al prójimo como á sí mismos, siendo así que
el amor al Señor es un amor universal, no sólo espiritual, sino
también natural, que entra en todas las cosas de la vida. Este amor
reside en la región superior del alma, y cuando el hombre se halla
en él, desciende á la región intermedia, que es la espiritual, y por
medio de ésta á la región inferior, hasta lo más inferior ó exterior
de la mente, entrando en la intención y en todo acto que el hombre
ejecuta, así como en el entendimiento y en todas las cosas del
pensamiento y del habla que proceden del mismo, cualificándolo y
caracterizándolo todo. Por esto dice el Señor: «Buscad primeramente
el .Reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán
añadidas». (Mateo VI: 23). Que el Reino de Dios es el Reino del
Señor quedó explicado en un artículo anterior; y es además evidente
por las siguientes palabras en Daniel: «¿Te aquí; venia el hijo del
Hombre en las nubes del cielo; y fue le dado señorío y gloria y
reino; y todos los pueblos, naciones y lenguas le servirán. Su
señorío es un señorío eterno, que no será transitorio, y su Reino un
Reino que no se corromperá». (VII: 13; 14).
La siguiente sección [V. Amar al prójimo, en y por si considerado, no es amar á la persona, sino al bien que hay en la persona. (N. 311-314.)...]