V
Amar al prójimo, en y por si considerado, no es amar á la persona,
sino al bien que hay en la persona.
311.
El hombre no es hombre por su forma humana, sino por la sabiduría de
su entendimiento y por el bien de su voluntad.
Según y conforme éstos
es hombre: mucho si de ellos tiene mucho; poco si tiene poco.
Al nacer es más ignorante que el animal, y llega á ser hombre por
medio de instrucción y enseñanzas de varias clases, las cuales, una
vez recibidas, forman su mente, y el hombre es hombre según y
conforme la mente. Hay animales que tienen rostro parecido al rostro
humano, pero no poseen la facultad de entender ó de obrar por medio
del entendimiento, sino que obran por medio del instinto, despertado
por el amor natural. Mientras que el animal vierte en simple sonido
las inclinaciones del amor, el hombre las habla cuando hayan tomado
forma en las ideas del pensamiento, y mientras que el animal, con la
cabeza inclinada, mira á la tierra, el hombre, con su rostro
levantado, mira al cielo encima de sí; el animal es animal por ser
irracional y por no ver más que á las cosas que pertenecen á sus
inclinaciones naturales, y el hombre es hombre por poder hablar
conforme su razón é inclinarse á las cosas espirituales, ó mejor
dicho, es hombre en cuanto habla por una razón sana y mira á su
morada en el Cielo, y deja de ser hombre en cuanto habla por una
razón pervertida, mirando tan sólo á su morada en el mundo. Estos
son sin embargo también hombres, no actualmente sino potencialmente;
porque todo hombre goza de la facultad de poder entender la verdad y
querer el bien; pero si no quiere obrar el bien ni entender la
verdad, ó en cuanto no lo quiere, pierde su calidad de hombre, por
más que puede disimular é imitarle exteriormente.
312.
El bien de la voluntad es por lo tanto el hombre en su esencia;
porque es el esse de la vida del hombre, y por esta razón el bien
que hay en el hombre es el prójimo. La verdad que hay en el
entendimiento del hombre es asimismo el prójimo; pero tan sólo en la
medida en que procede del bien que hay en su voluntad; porque el
bien de la voluntad influye en el entendimiento y allí toma forma y
se manifiesta en la luz de la razón; la verdad puede existir en el
entendimiento sin que proceda del bien de la voluntad y por
consiguiente sin que tenga conjunción con éste, en cuyo caso la
verdad, por más que se halla con el hombre, no se halla en el hombre
sino fuera de él, siendo una cosa puramente intelectual en la cual
no hay vida. El bien que hay en el hombre es amado no sólo de los
buenos, sinceros y rectos, sino también de los falsos y malos;
porque con él no tienen temor de perder su reputación, su honor ó
sus riquezas; pero en los que no son sinceros y rectos el amor al
bien no es amor al prójimo, porque no aman al prójimo sinceramente,
sino á fin de sacar provecho de él. La genuina caridad es amar al
bien que hay en otro por virtud del bien que hay en uno mismo;
porque entonces el bien del uno y el bien del otro se unen en mutuo
abrazo.
313. El hombre que ama al bien
por ser bien y á la verdad por ser verdad, ama al prójimo
eminentemente, porque ama al Señor que es el Bien mismo y la Verdad
misma. De esta sola fuente viene el amor al bien y el consiguiente
amor á la verdad, que hacen el amor al prójimo, y así se forma el
amor al prójimo de origen celestial, cuyo amor es el bien del
nombre, ó sea los usos que realiza, porque este bien y los usos son
una misma cosa. Prestar usos es obrar el bien, y los bienes son
bienes con arreglo á la cantidad y cualidad de los usos que hay en
ellos.
La siguiente sección
[VI. Amar
al prójimo en y por si es obrar con justicia y fielmente en el
oficio, negocio ú ocupación en que lino se halla, y en todo trato
con otros. (N. 314-316.)