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VI

Amar al prójimo en y por si es obrar con justicia y fielmente en el oficio, negocio ú ocupación en que lino se halla, y en todo trato con otros.

314.    La caridad se manifiesta en las buenas obras y puede ser caridad espuria ó bien caridad genuina: es caridad espuria si las obras se hacen en interés propio, ó con motivo mundano; es caridad genuina si se hacen por causa del prójimo. La caridad y las buenas obras son por lo tanto distintas, como ya se ha manifestado (N. 284), ó sea que la caridad es desear el bien y buenas obras son obrar el bien por el deseo. También (N. 285) que la caridad y la fe son mentales e imperceptibles si no tienen por objeto obras y si no coexisten en ellas cuando es posible. La caridad genuina, mirada en sí misma, es obrar con justicia y fielmente en el oficio, negocio ú ocupación en que se halla uno, porque todas las cosas que el hombre así hace, son usos y provechos para la sociedad; son por lo tanto bienes, y el bien en sentido abstracto es el prójimo. Por ejemplo: un rey que da á su pueblo ejemplo de recto proceder con obrar el bien y exhortarles á andar conforme las leyes de la justicia, que recompensa á los que así hacen que tratan á cada uno conformé á su mérito; que los defiende contra invasiones y agresiones; en una palabra, que obra como el padre del reino y mira por la prosperidad general de su pueblo: la caridad está en su corazón y sus actos son buenas obras. Un prelado que enseña verdades del Verbo, y por medio de ellas guía á los hombres, al bien de la vida y por lo tanto al Cielo, haciéndolo con el deseo de proveer para el bien de las almas de los que forman su iglesia, obra y ejerce la caridad eminentemente. El juez que juzga según la justicia y la ley, y no por recompensa, amistad ó parentesco, mira por el bien de la sociedad y por el bien de los individuos particularmente. El negociante que procede con sinceridad y no con fraude, mira por el bien del prójimo con quien trata. Así también un trabajador, ó un artesano, si ejecuta su trabajo fielmente y no con engaño. Lo mismo con respecto á cualquier hombre en cualquier oficio, profesión ó empleo.   

315. Esto es la caridad misma y puede definirse así: Obrar el bien con el prójimo diaria y continuamente, y no solamente con el prójimo individual, sino también colectivamente; esto no puede uno realizar sino mediante constante benevolencia, justicia y rectitud en el oficio, negocio ó trabajo en que se ocupa y en su relación con los que tratan con él; porque esto hace diariamente, y cuando no lo hace, lo tiene sin embargo en su mente, en su pensamiento y en su intención. El hombre que así practica la caridad se vuelve caridad en forma más y más, porque justicia y fidelidad forman su mente mientras que su práctica forma su cuerpo, y por su práctica llega gradualmente á no querer más que el bien y no pensar más que la verdad, ó sea lo que se relaciona con la caridad. Tales hombres se vuelven finalmente como aquellos de quienes se dice en el Verbo: que tienen la ley inscrita en sus corazones; no ponen mérito alguno en sus obras; porque no piensan en el mérito, sino en el deber y reconocen que como conciudadanos tienen el deber de obrar así. Mas el hombre no puede en manera alguna obrar justicia y fidelidad espiritual por virtud de sí mismo; porque todo hombre tiene por herencia: de sus padres la inclinación de obrar el bien y la justicia por causa de sí mismo y por causa del mundo, y ninguno recibe por patrimonio la inclinación de hacerlo por causa del bien y de la justicia; por lo cual nadie más que el hombre que adora al Señor y que obrando, obra por virtud del Señor, llega á tener caridad espiritual, y á penetrarse de ella, ejerciéndola.

316.    Hay muchos que obran con justicia y fidelidad en sus ocupaciones, pero que por más que así realizan obras de caridad, no poseen caridad alguna en sí. Estos son aquellos en quienes predomina el amor á sí mismo y al mundo, y no el amor al Cielo, ó si este último amor por ventura se halla presente, está subordinado al primero, como un criado á su amo, ó como un soldado á su superior y sirve como un portero en una portería.

 

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