VII
Las buenas obras de la caridad son dar á los pobres y aliviar á los menesterosos.
317.
Hay que distinguir entre las funciones de la caridad y sus
benefáctrias. Las funciones de caridad son los actos que proceden
directamente de la caridad misma, y pertenecen primariamente á las
ocupaciones de cada uno según se acaba de explicar; las benefáctrias
son por otra parte los actos realizados fuera de la ocupación para
ayudar y aliviar; se llaman benefáctrias, porque el hombre los
realiza libremente y con gusto, y al ser realizados el beneficiado
los mira como beneficencias, las cuales el benefactor administra
según las razones y conforme la intención que lleva en su mente. Es
creencia común que la caridad es sencillamente dar á los pobres,
aliviar á los menesterosos, cuidar de viudas y huérfanos, contribuir
á edificar hospitales, enfermerías, asilos, casas de huérfanos y
hacer donativos para sus decoraciones y rentas, pero estas cosas no
son las que propiamente hacen la caridad, sino que son meramente sus
formas externas. Los que creen que estas obras son la caridad misma,
no pueden menos de poner mérito en ellas, y por más que profesan con
la boca su deseo de que sus obras no sean consideradas como
meritorias, abrigan sin embargo en su interior confianza en su
mérito, y después de la muerte se manifiesta esto claramente;
entonces enumeran sus obras y reclaman la salvación como recompensa;
pero se examina el origen y el motivo de las obras y por
consiguiente su cualidad; y si resulta que han obrado por orgullo,
por conseguir fama, por la mera munificencia, por amistad, por
inclinación exclusivamente natural, ó por hipocresía, son juzgados
con arreglo á este origen ó motivo; porque la cualidad del origen se
halla en toda la obra. Por otra parte la caridad genuina, procede de
los que se penetran de justicia y juicio en la realización de sus
obras, sin esperar recompensa, según las palabras del Señor en Lucas
(XIV: 1214). Como los otros llaman benefactrías á las cosas arriba
enumeradas y las llaman asimismo deberes y obligaciones por más que
son efectos de la caridad.
318.
Los que por naturaleza son compasivos, no consiguiendo sin embargo
convertir su propensión natural en inclinación espiritual, por no
ejercerla en prácticas de la candad genuina, creen que la candad es
dar á cualquier persona y aliviar á cualquier necesitado, sin buscar
primero informes de si la persona es buena ó mala. Piensan que esto
no importa, y que Dios mira sólo al acto y á la limosna. Pero
después de la muerte son bien discernidos y separados de los que han
aplicado las benefáctrías de su caridad con distinción, porque los
que han ejercido la Caridad conforme ese concepto falso ayudan y
favorecen á los buenos y á los malos indistintamente, y los malos
obran maldad mediante el bien así recibido; por lo cual tales
benefactores causan perjuicio á los buenos. Un acto para ayudar, ó
una limosna, dada á uno que obra el mal, es dar pan al diablo, quien
lo transforma en veneno, porque todo pan es veneno en la mano del
diablo, ó si no lo es, lo convierte en veneno, sirviéndose de los
buenos actos para introducir el mal é inducir á cometer malos actos;
es como dar al enemigo una espada con la cual luego mata al dador;
es como dar el cayado de pastor de las ovejas á un lobo,
encargándole de conducir las ovejas al pasto. En vez de pastorearlas
las conduce á un desierto y allí las mata.
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