Banner

Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

¿Tienes tú preguntas, comentarios o criticas? Escríbenos en esta dirección, info@swedenborg.es

VII

Las buenas obras de la caridad son dar á los pobres y aliviar á los menesterosos.

317.    Hay que distinguir entre las funciones de la caridad y sus benefáctrias. Las funciones de caridad son los actos que proceden directamente de la caridad misma, y pertenecen primariamente á las ocupaciones de cada uno según se acaba de explicar; las benefáctrias son por otra parte los actos realizados fuera de la ocupación para ayudar y aliviar; se llaman benefáctrias, porque el hombre los realiza libremente y con gusto, y al ser realizados el beneficiado los mira como beneficencias, las cuales el benefactor administra según las razones y conforme la intención que lleva en su mente. Es creencia común que la caridad es sencillamente dar á los pobres, aliviar á los menesterosos, cuidar de viudas y huérfanos, contribuir á edificar hospitales, enfermerías, asilos, casas de huérfanos y hacer donativos para sus decoraciones y rentas, pero estas cosas no son las que propiamente hacen la caridad, sino que son meramente sus formas externas. Los que creen que estas obras son la caridad misma, no pueden menos de poner mérito en ellas, y por más que profesan con la boca su deseo de que sus obras no sean consideradas como meritorias, abrigan sin embargo en su interior confianza en su mérito, y después de la muerte se manifiesta esto claramente; entonces enumeran sus obras y reclaman la salvación como recompensa; pero se examina el origen y el motivo de las obras y por consiguiente su cualidad; y si resulta que han obrado por orgullo, por conseguir fama, por la mera munificencia, por amistad, por inclinación exclusivamente natural, ó por hipocresía, son juzgados con arreglo á este origen ó motivo; porque la cualidad del origen se halla en toda la obra. Por otra parte la caridad genuina, procede de los que se penetran de justicia y juicio en la realización de sus obras, sin esperar recompensa, según las palabras del Señor en Lucas (XIV: 1214). Como los otros llaman benefactrías á las cosas arriba enumeradas y las llaman asimismo deberes y obligaciones por más que son efectos de la caridad.

318. Los que por naturaleza son compasivos, no consiguiendo sin embargo convertir su propensión natural en inclinación espiritual, por no ejercerla en prácticas de la candad genuina, creen que la candad es dar á cualquier persona y aliviar á cualquier necesitado, sin buscar primero informes de si la persona es buena ó mala. Piensan que esto no importa, y que Dios mira sólo al acto y á la limosna. Pero después de la muerte son bien discernidos y separados de los que han aplicado las benefáctrías de su caridad con distinción, porque los que han ejercido la Caridad conforme ese concepto falso ayudan y favorecen á los buenos y á los malos indistintamente, y los malos obran maldad mediante el bien así recibido; por lo cual tales benefactores causan perjuicio á los buenos. Un acto para ayudar, ó una limosna, dada á uno que obra el mal, es dar pan al diablo, quien lo transforma en veneno, porque todo pan es veneno en la mano del diablo, ó si no lo es, lo convierte en veneno, sirviéndose de los buenos actos para introducir el mal é inducir á cometer malos actos; es como dar al enemigo una espada con la cual luego mata al dador; es como dar el cayado de pastor de las ovejas á un lobo, encargándole de conducir las ovejas al pasto. En vez de pastorearlas las conduce á un desierto y allí las mata.

 

La siguiente sección [VIII. El principio de la caridad es abandonar los males y después obrar el bien en provecho del prójimo. (N. 319-320.)...]