XII
Existe una caridad espuria, una caridad hipócrita y una caridad muerta.
329.
La candad es verdadera, ó sea viva, únicamente cuando forma
uno con la fe, en cuya unión ambas miran al Señor; porque estos
tres, el Señor, la caridad y la fe, son las tres cosas esenciales de
la salvación, y cuando forman uno, la caridad es caridad y la fe es
fe, y el Señor se halla en ellas y ellas en el Señor (véase N.
274277); pero si no forman uno, la caridad es ó bien espuria, ó bien
hipócrita, ó bien muerta. Desde el principio de la Iglesia cristiana
han existido en la Cristiandad multitud de herejías y en todas ellas
las tres cosas esenciales, Dios, la caridad y la fe, han sido y son
reconocidas, porque sin ellas no puede haber Religión. La caridad
puede ir adherida á cualquiera fe cristiana, como por ejemplo á la
de los Socínianos, á la de los Entusiastas, á la de los judíos y
hasta á la de los Idólatras, y todos ellos pueden creer que es la
verdadera caridad, porque es idéntica á ésta en su forma externa;
mas la caridad cambia su cualidad conforme la fe, á la cual va
adherida, según se ha explicado en el capítulo anterior, que trata
de la fe.
330.
Toda caridad que no va unida á la fe en un solo Dios, en el
cual hay Divina Trinidad, es espuria, como es la caridad de la
Iglesia actual, cuya, fe es una fe en tres Personas Divinas, ó sea
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, cada uno de los cuales es
Dios, subsistente en y por sí mismo; por consiguiente una fe en tres
Dioses. La caridad puede bien ir adherida á esta fe, y va adherida á
ella, según enseña esta Iglesia; pero no puede unirse con ella, y la
caridad que sólo acompaña la fe, sin unirse con ella, es meramente
natural y no espiritual, siendo por consiguiente una caridad
espuria. Lo mismo sucede con las demás herejías, sobre todo con las
que niegan la Divina Trinidad, dirigiéndose al Padre sólo, ó al
Espíritu Santo sólo, pasando por alto del Dios Salvador, con cuya fe
la caridad no puede unirse, siendo por lo tanto espuria. Se llama
espuria, porque es fruto
de lecho ilegítimo, como el hijo de Hagar y Abraham, cuyo hijo fue
echado de la casa paterna (Génesis XXI: 10).
331.
Pero la caridad hipócrita se halla con los que en los templos
y en sus moradas se inclinan con humildad exagerada hasta en el
polvo ante Dios; dicen devotamente largas oraciones; presentan un
rostro santo, besan crucifijos y huesos de muertos, ó se arrodillan
junto á un sepulcro, murmurando allí palabras de santa veneración á
Dios, y sin embargo desean en sus corazones ser venerados ellos
mismos, y ambicionan ser adorados como divinidades. A éstos alude el
Señor en Mateo VI: 2; 5; cap. XXIII: 13; 15; 25; Marcos VII: 6;
Lucas XI: 44; y en otros lugares del Verbo.
332.
La caridad muerta se halla con los que tienen una fe muerta,
porque la caridad es tal como es la fe, según queda explicado en el
capítulo anterior que trata de la fe. Con los que no hacen las
obras, la fe es muerta (Santiago II: 17; 18). Es muerta también con
los que no adoran á Dios, sino á hombres, vivos y muertos, y con los
que al estilo de los antiguos gentiles adoran á ídolos como cosas
santas en sí mismos. Con esta gente la caridad es como los jarros,
llenos de monedas de oro y plata, que antiguamente se colocaban en
los sepulcros con los muertos, ó como monumentos de muertos. Con los
que niegan á Dios y adoran la Naturaleza en vez de á Dios la caridad
no es ni espuria ni hipócrita ni muerta, sino que en ellos no hay
caridad alguna, porque no hay en ellos fe, alguna á la cual pueda ir
adherida. Lo que en esta gente parece caridad tiene, mirado desde el
cielo, el aspecto de pan, hecho de ceniza, ó de tortas, hechas de
escamas de pescado, y como fruta, hecha de cera.
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