XIII
La amistad de amor entre los malos es mutuo odio intestinal.
333.
En capítulos anteriores se ha explicado, que el hombre tiene un
interior y un exterior; y que su interior se llama su hombre
interior y su exterior su hombre exterior.
Añadiré aquí que el hombre interior se halla el mundo
espiritual y el hombre exterior en el mundo natural. El hombre ha
sido creado de manera á poder, aún mientras vive en este mundo,
tener asociación con espíritus y con ángeles en el mundo de ellos,
cuya asociación hace que pueda pensar analíticamente, y después de
la muerte ser introducido en el mundo espiritual que comprende tanto
el Cielo cuanto el Infierno. El hombre, mientras vive en el mundo,
se halla pues en cuanto á su hombre exterior en compañía de hombres,
y en cuanto á su hombre interior en compañía de espíritus y de
ángeles; puede por lo tanto asociarse ó con espíritus del Infierno ó
con ángeles del Cielo; es á causa de esta facultad y virtud que el
hombre se distingue de los animales. El nombre mismo es tal como es
su hombre interior y no tal como es su hombre exterior; porque su
hombre interior es el espíritu, que obra por medio del exterior; el
cuerpo material que sirve al espíritu de vestidura en el mundo
natural, es una simple añadidura al efecto de la procreación y de la
formación del hombre interior; porque este último es formado en el
cuerpo natural, como un árbol en la tierra y la simiente en la
fruta. Mas acerca del hombre interior y del hombre exterior puede
verse arriba (N. 301).
334.
Cuál y cómo es el hombre malvado con respecto á su hombre interior y
el bueno con respecto al suyo, puede constar por los siguientes
datos respecto del Cielo y del Infierno, porque en los malvados el
hombre interior se halla asociado con demonios del infierno, mas en
los buenos se halla en conjunción con los ángeles del Cielo. El
Infierno siente por virtud de su amor malo gozo en toda clase de
males, en odio, en venganza, en asesinar, saquear y robar, en burlas
y blasfemias, en la negación de Dios y la profanación del Verbo.
Este gozo se esconde en aficiones, al parecer inofensivas,
gratificadas sin reparo por parte del hombre, y arde dentro de ellas
como fuego. En efecto, es lo que en el Verbo se llama fuego
infernal. Pero los goces del Cielo son los goces del amor al prójimo
y del amor á Dios, siendo por consiguiente opuestos á los del
Infierno. Entre éstos y aquéllos hay un intermedio, en el cual
influyen los goces del Cielo desde arriba y los del Infierno desde
abajo. El hombre, mientras está en el mundo se halla en este
intermedio, á fin de que esté en equilibrio y tenga completa
libertad de inclinarse al Cielo ó al Infierno. Este intermedio es lo
que en el Verbo se llama la grande sima que hay entre los que están
en el Cielo y los que están en el Infierno (Lucas XVI: 26). Puede
por esto constar cuál y cómo es la amistad de amor entre los
malvados: En su hombre exterior está llena de disimulo y se pone una
máscara de moralidad, á fin de poder echar sus redes y encontrar
oportunidad de gratificar las pasiones de su amor, que arden en su
hombre interior. El temor de la ley, y por consiguiente el temor de
perder reputación y vida, es lo único que les mantiene dentro de
límites, impidiéndoles realizar sus malos deseos. En la vida social
su amistad es como una araña en un azucarero, como una víbora en un
pan, como la cría de un cocodrilo en una torta de miel, como una
serpiente en la hierba; pero entre los que se han confirmado en el
mal por medio de crímenes y violación de las leyes civiles, tales
como ladrones, bandidos y piratas, la amistad es de un carácter
familiar mientras se hallen juntos, realizando en común robos,
saqueos y piraterías, porque gozan juntos, festejando, bailando,
cantando y maquinando la destrucción de otros. Mas cada uno dentro
de sí mira sin embargo á su compañero como enemigo, y esto percibe
el bandido en su compañero y lo teme. Es pues evidente, que entre
tales individuos no hay amistad, sino odio intestinal. Los que no
hacen abiertamente vida común con malhechores y bandidos, sino que
al contrario conducen una vida civil y moral por causa de sí mismos,
permaneciendo sin embargo indomadas las pasiones, que se hallan
escondidas en su hombre interior, pueden creer que su amistad no es
como la que se acaba de exponer; pero por viva experiencia en el
mundo espiritual he podido convencerme de que la amistad realmente
es así con todos, cuantos en el mundo rechazan la fe y desprecian
las santas cosas de la Iglesia; sin embargo en más ó menos grado. En
algunos de los que he visto, los goces del amor infernal se hallaban
ocultos como fuego interior en un árbol cubierto de corteza, en
otros como carbones encendidos cubiertos de ceniza, en otros como
teas que se inflaman al momento de venir en contacto con el fuego y
en otros de otra manera. Tal es todo hombre que durante su vida en
el mundo ha rechazado de su corazón la Religión. Su hombre interior
se halla en el Infierno, y mientras vive en el mundo no reconoce por
prójimo más que á sí mismo y á los suyos (ignora esto á causa de la
moralidad aparente en su hombre exterior). A los demás mira ó bien
con desprecio (y entonces es como un gato que se mete en acecho en
nidos de aves, aguardando el regreso de éstas), ó bien con odio (y
entonces es como un lobo que ve á perros, á los cuales espera poder
devorar). Estos ejemplos servirán para dar una idea de lo que es la
caridad, comparándola con su opuesto.
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La conjunción del amor al Señor con el amor al prójimo. (N. 335-337.)..]