XIV
La conjunción del amor al Señor con el amor al prójimo.
335.
Es sabido que la Ley fue promulgada del monte Sinaí y escrita en dos
tablas, la una refiriéndose á Dios, la otra al hombre. Que en la
mano de Moisés formaban una sola tabla; al lado derecho de la cual
estaba escrito lo referente á Dios y al izquierdo lo referente al
hombre, y al ser así presentadas las dos tablas, se veía lo escrito
en ambas simultáneamente, hallándose la una frente á la otra, como
Jehová hablando con Moisés, y Moisés hablando con Jehová, cara á
cara, según está escrito. Esto fue así dispuesto, á fin de que las
dos tablas, así unidas, representaran la conjunción de Dios con el
hombre y la recíproca conjunción del hombre con Dios, por cuya razón
la Ley fue llamada el Pacto y el Testimonio, porque pacto es
conjunción, y testimonio es la vida con arreglo al pacto. Por estas
dos tablas, así unidas, puede verse la conjunción del amor al Señor
con el amor al prójimo. La primera tabla envuelve todo cuanto
pertenece al amor á Dios, principalmente que el hombre debe
reconocer á un solo Dios, la Divinidad de Su Naturaleza Humana y la
Santidad del Verbo, y que debe adorarle en las santas cosas que
proceden de El. (Véase la explicación del Decálogo, en el capítulo
V.) La segunda tabla envuelve todas las cosas que pertenecen al amor
al prójimo, refiriéndose los cinco primeros mandamientos de la misma
á todo cuanto pertenece á los actos y obras, y los dos últimos á
todo cuanto pertenece á la voluntad, es decir á la caridad en su
esencia, porque dicen: «No codiciarás», y el hombre que no codicia
lo que es del prójimo, desea su felicidad y prosperidad en todo. Que
los diez mandamientos contienen todo cuanto pertenece al amor á Dios
y al prójimo puede verse más arriba (N. 254; 255); donde también se
ha demostrado que existe conjunción entre las dos tablas en los
hombres que se hallan en la caridad.
336.
El caso es diferente con los que se hallan en adoración de Dios sin
hallarse al mismo tiempo en buenas obras por virtud de la caridad;
éstos son infractores del pacto. Es igualmente diferente con los que
dividen á Dios en tres Personas, adorando á cada una separadamente,
y diferente también con los que no se acercan á Dios en Su
Naturaleza Humana; éstos son los que no entran por la puerta, sino
que suben por otra parte (Juan X: 1; 9). Finalmente es diferente
también con los que por confirmación niegan la Divinidad del Señor.
En gente de esta clase no hay conjunción con Dios y por consiguiente
no sale de ella obra alguna que contribuya á su salvación; su
caridad es espuria y con ésta no se verifica la conjunción por la
frente, sino por el lado, ó por la espalda. He aquí brevemente cómo
la conjunción se verifica: Dios influye en todo hombre con
reconocimiento de Sí Mismo en conocimientos referentes á El; y al
mismo tiempo influye con Su amor para con todos los hombres. El que
recibe el primer influjo y no también este último, recibe el influjo
sólo en el entendimiento y no en la voluntad y permanece
estacionario en los conocimientos sin adquirir reconocimiento intimo
de Dios, y su estado es como un jardín en el invierno; pero el
hombre que recibe el primero y el último, recibe el influjo en su
voluntad y por la voluntad en su entendimiento, es decir en toda su
mente; este hombre tiene íntimo reconocimiento de Dios, cuyo
reconocimiento vivifica sus conocimientos referentes á Dios; y su
estado es como un jardín en la primavera. La conjunción se verifica
por medio de la caridad; porque Dios ama á todo hombre, y puesto que
no puede proporcionarle Sus bienes directamente, sino indirectamente
mediante otros hombres', inspira en éstos Su Propio Amor, como en
los padres el amor á los hijos, y el hombre que recibe el influjo de
este amor entra en conjunción con Dios y ama al prójimo por virtud
de su amor á Dios. Con este hombre el amor á Dios se halla dentro
del amor al prójimo y produce en él la voluntad y el poder. Continúa
sin embargo obrando como si obrase por sí mismo; porque sin esta
apariencia no le sería posible obrar bien alguno, por lo cual le es
dado por el Señor percibirlo así, y al obrar de esta manera con
completa libertad, en realidad por el Señor pero aparentemente por
sí mismo, sus obras y actos le son imputados como reciprocidades,
mediante las cuales se verifica la conjunción.
337.
Consta por esto de dónde procede la conjunción del amor á Dios con
el amor al prójimo, y cómo es esta conjunción; á saber: Existe en el
hombre un influjo del Amor de Dios para con todos los hombres, y la
recepción de este influjo por el hombre en unión de la cooperación
del hombre es el amor al prójimo. De esta conjunción habla el Señor
en Juan cuando dice:
«En
aquel día vosotros conoceréis que Yo estoy en mi Padre y vosotros en
Mi y Yo en vosotros.» (XIV: 20). «El que tiene mis mandamientos y
los guarda aquél es el que me ama y el que me ama será amado por mi
Padre y Yo le amaré y me manifestaré á él y haremos con él morada»
(XIV: 2123).
Los
mandamientos del Señor se refieren todos al amor al prójimo y
enseñan en resumen, que no se debe perjudicar al prójimo sino
favorecerle. Los que así hacen aman al Señor y el Señor á ellos,
como El Mismo dice en los referidos pasajes. Puesto que el amor á
Dios y el amor al prójimo se hallan así recíprocamente unidos, dice
el Apóstol Juan:
«El
que guarda los mandamientos de Jesucristo está en El y El en él» (I
Juan III: 24).
Y en
otro lugar:
«Si
alguno dice: Yo amo á Dios, y aborrece á su hermano, es mentiroso,
porque el que no ama á su hermano, al cual ha visto ¿cómo puede amar
á Dios á quien no ha visto? y nosotros tenemos este mandamiento de
El, que el que ama á Dios, ame también á su hermano» (IV: 20, 21).
La siguiente sección [XV. Recuerdo. (N. 338.)...]