III
Este último tiempo de la Iglesia es aquella misma noche en la cual desaparecieron las Iglesias anteriores
509.
Desde la Creación han existido en esta tierra sucesivamente cuatro
Iglesias en general. Esto consta también por el Verbo, tanto por el
histórico cuanto por el profético. En Daniel se describen estas
cuatro Iglesias mediante la imagen, que vio Nabucodonosor en su
sueño (Cap. II) y después mediante los cuatro animales que vio
Daniel salir del mar (Cap. VII). La primera Iglesia, que llamaré la
Antigua primitiva, existía antes del diluvio, y su consumación, ó
fin, se describe figurativamente mediante el diluvio. La segunda,
que llamaré la Antigua, existía en Asia y parte de ella en África, y
fue consumada por idolatría. Su consumación y destrucción se
describen en el Verbo bajo la figura de la torre de Babel y la
dispersión del pueblo por toda la tierra. La tercera fué la Iglesia
israelita, que empezó con la promulgación del Decálogo desde el
monte de Sinaí, cuya Ley luego fue amplificada mediante el Verbo,
dado por conducto de Moisés y los profetas, y esta Iglesia fue
consumada y fenecida por profanar el Verbo, cuya profanación era
llena y cumplida al tiempo de la Venida del Señor; por eso le
crucificaron á El, que era el Verbo. La cuarta es la Iglesia
Cristiana, que estableció el Señor por medio de los Evangelistas y
Apóstoles. Esta Iglesia ha tenido dos épocas: la una desde el tiempo
del Señor hasta el Concilio de Nicea, y la otra desde este Concilio
hasta el tiempo actual y continuó siendo la Iglesia, aun después de
dividida en tres: la Griega, la Católica Romana y la Reformada,
cuyas tres han conservado el nombre de Iglesia cristiana. Más dentro
de cada Iglesia general, desde la Antigua primitiva hasta la
presente, ha habido varias iglesias subordinadas, las cuales, á
pesar de su recedimiento, retenían el nombre de la Iglesia general,
á la cual pertenecían, como las herejías dentro de la Iglesia
cristiana.
510.
Que este último tiempo de la Iglesia cristiana es la misma noche en
la que han desaparecido las anteriores Iglesias, consta por lo que
el Señor predijo con respecto á ello en los Evangelios y en Daniel.
En los Evangelios dice:
«Que
vendría la abominación del asolamiento; y que entonces habría
aflicción tan grande, cual no fue desde el principio del mundo ni
será, y que si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne
sería salva; finalmente que el sol se obscurecería y la luna no
daría su lumbre y las estrellas caerían del cielo» (Mateo XXIV: 15;
21; 22; 29).
En
otros lugares de los Evangelios llama noche á este tiempo; como por
ejemplo en Lucas:
«En
aquella noche estarán dos en una cama: el uno será tomado y el otro
será dejado» (XVII: 34).
Y
en Juan:
«Conviéneme
obrar las obras del que me envió, entretanto que el día dure; la
noche viene cuando nadie puede obrar» (IX: 4).
Puesto que en medio de la noche toda luz desaparece, y que el Señor
es la Luz verdadera (Juan I: 49; VIII: 12; XII: 35; 36; 46), al
ascender al Cielo dijo el Señor á Sus discípulos:
«Yo
estoy con vosotros hasta la consumación del siglo»†
(Mateo XXVIII: 20).
Y
entonces (á la consumación del siglo) les deja y va á la
Nueva Iglesia.
En
Daniel los siguientes pasajes testifican igualmente de ello:
«Finalmente, sobre el ave de la abominación habrá asolamiento y
hasta la entera consumación y fenecimiento goteará sobre la
devastación» (IX: 27).
«Y
cuanto á aquello que viste, el hierro mezclado con barro,
mezclaránse con simiente humana; pero no se pegarán el uno con el
otro, como el hierro no se mixtura con el tiesto» (II: 43).
Y
también lo siguiente respecto de la cuarta Iglesia, representada por
la cuarta bestia, que subió del mar:
«Vi
en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia espantosa y
terrible; á toda la tierra devorará y la hollará y la despedazará»
(VII: 7; 23).
Esto
quiere decir que se consumirá toda la verdad de la Iglesia, y
entonces habrá noche; porque la verdad de la Iglesia es la luz. En
el Apocalipsis leemos muchas otras predicciones respecto de esta
Iglesia, especialmente en el capítulo XVI, que trata de las copas de
la ira de Dios, vertidas sobre la tierra, cuyas copas significan las
falsedades, que inundan y destruyen la Iglesia completamente.
Igualmente en varios lugares en los profetas, como por ejemplo:
«El
día de Jehová será tinieblas y no luz; oscuridad que no tiene
resplandor» (Amos V: 18; 20; Sophonias I: 15).
Y
otra vez en Isaías:
«En
aquel día mirará Jehová hacia la tierra, y he aquí tinieblas de
tribulación y la luz se volverá tinieblas en sus ruinas» (Isaías V:
30; véase también VIII: 22).
El
día de Jehová es la Venida del Señor.
511.
Los nacimientos y las consumaciones de las Iglesias habidas en la
tierra desde la creación del mundo han acontecido conforme el Divino
Orden, el cual exige que haya principio y fin antes de que haya
nuevo principio. Conforme el mismo Orden empieza cada día con la
mañana, progresa hasta medio día y termina con la noche, después de
la cual principia de nuevo; cada año empieza igualmente con la
primavera, progresa al verano, luego al otoño, terminando con el
invierno y vuelve luego á empezar. El sol produce estas mutaciones
levantándose en el Este, subiendo al meridiano, luego descendiendo
hasta el Oeste y terminando su curso en el Norte, por donde vuelve á
salir. El caso es igual con las Iglesias. La primera de éstas, que
era la Antigua primitiva, era como la mañana, la primavera y el
Este; la segunda, Va Antigua, era como el día, el verano y el Sur;
la tercera era como la tarde, el otoño y el Oeste, y la cuarta como
la noche, el invierno y el Norte. De estos progresos, según su
orden, dedujeron los antiguos sabios las cuatro edades del mundo,
las cuales llamaban respectivamente la edad de oro, la edad de
plata, la edad de cobre y la edad de hierro, cuyos metales también
representaban las Iglesias mismas en la imagen que vio
Nabucodonosor. Además, la Iglesia en conjunto es ante el Señor como
un solo Hombre, y este Hombre pasa por la escala de la vida como un
hombre individual; es decir, progresa de infancia á adolescencia,
luego á la edad madura y finalmente á la vejez; después cuando
muere, resucita para vivir eternamente. El Señor dice:
«Si
el grano de trigo no cae en la tierra y muere él sólo queda; mas si
muere, mucho fruto lleva» (Juan XII: 24).
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La
siguiente sección
[IV.
A esta
noche sigue la mañana, y la mañana es la Venida del Señor. (N.
512-513.)