IV
A esta noche sigue la mañana, y la mañana es la Venida del Señor
512.
Los cuatro estados sucesivos de la Iglesia, en general y en
particular, se comparan en el Verbo con las cuatro estaciones del
año: la primavera, el verano, el otoño y el invierno, y con las
cuatro divisiones del día, la mañana, el medio día, la tarde y la
noche. La presente Iglesia, como Iglesia general, siendo la cuarta
en la sucesión, corresponde al invierno. Ha recorrido ya su día y
entra actualmente en su noche, y siendo así que cuando anochece para
una Iglesia, amanece simultáneamente para la que ha de sucedería,
sigue, que la mañana, es decir, la primera época de la Nueva Iglesia
empieza ahora. Que en el Verbo las sucesivas épocas de la Iglesia se
significan por medio de las cuatro fases ó divisiones del día,
consta por los siguientes pasajes:
«Hasta la tarde y la mañana dos mil trescientos, y entonces el
santuario será purificado; la visión de la tarde y la mañana es
verdad» (Daniel VIII: 14; 26). «Dan voces de Seir: Guarda, ¿qué de
la noche? El guarda respondió: La mañana viene y también la noche»
(Isaías XXI: 11; 12)
«El
fin viene; la mañana viene para ti, OH morador de la tierra He aquí
el día viene; ha salido la mañana» (Ezequiel VII: 6; 7; 10).
«Jehová, á la mañana sacará á luz su juicio, nunca falta» (Sophonías
III: 5). «Dios está en medio de ella y la ayudará al clarear la
mañana» (Salmo XLVI: 5).
«Esperé yo á Jehová; mi alma espera á Jehová más que los centinelas
á la mañana; porque con El hay abundante redención y El redimirá á
Israel» (Salmo CXXX: 58).
En
estos pasajes tarde y noche significan el ultimo tiempo de la
Iglesia y mañana el principio de la Iglesia sucesora. El Señor se
llama también mañana á Sí Mismo en los siguientes pasajes:
«El
Dios de Israel dijo: hablóme el Fuerte de Israel; El será como la
luz de la mañana cuando sale el sol; una mañana sin nubes» (2 Samuel
XXIII: 3; 4).
«Yo
soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente y de
la mañana» (Apoc. XXII: 16).
«Del
seno de la mañana tienes el rocío de tu juventud» (Salmo CX: 3).
Estos pasajes tratan del Señor. Por ser el Señor la mañana, se
levantó de la tumba en la madrugada, porque una nueva Iglesia había
de principiar (Marcos XVI: 2; 9). Debemos esperar la Venida del
Señor y vivir apercibidos y preparados para ella; esto consta por
los siguientes pasajes:
«Y
sentándose en monte de las Olivas, los discípulos se llegaron á El
diciendo: dinos; cuándo serán estas cosas y qué señal habrá de tu
venida y del fin del siglo» (Mateo XXIV: 3).
«Después de la aflicción de aquellos días el sol se obscurecerá y la
luna no dará su lumbre y las estrellas caerán del Cielo y las
virtudes de los cielos se conmoverán. Y entonces se mostrará la
señal del Hijo del Hombre en el Cielo, y entonces lamentarán todas
las tribus de la tierra y verán al Hijo del Hombre, que vendrá sobre
las nubes del Cielo con grande poder y gloria» (Mateo XXIV: 29; 30;
Marcos XIII: 26; Lucas XXI: 27).
«Como los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre; por
tanto también vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del Hombre
ha de venir á la hora que no pensáis» (Versículo 37; 44).
«Cuando el Hijo del Hombre viniere ¿encontrará fe en la tierra?»
(Lucas XVIII: 8).
Jesús dijo de Juan:
«Si
quiero que él quede hasta que yo venga...» (Juan XXI: 22).
Cuando los discípulos veían que Jesús fué alzado al Cielo el día de
Su ascensión:
«He
aquí dos hombres se pusieron junto á ellos en vestidos blancos,
quienes les dijeron: Jesús que ha sido tomado de vosotros arriba en
el Cielo así vendrá como le habéis visto ir al Cielo» (Los Hechos I:
10; 11).
«El
Señor Dios de los santos profetas ha enviado su Ángel para mostrar á
sus siervos las cosas que es necesario que sean hechas presto. He
aquí, vengo presto; Bienaventurado el que guarda las palabras de la
profecía de este libro... He aquí, yo vengo presto y mi galardón
conmigo para recompensar á cada uno según fuera su obra»
(Apocalipsis XXII: 6; 7; 12).
Y
otra vez:
«Yo,
Jesús, he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en
las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella
resplandeciente y de mañana. Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven; y
el que tiene sed venga, y el que quiere tome del agua de la vida de
balde» (XXII: 16; 17).
Y
finalmente:
«El
que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve.
Amén; sea así. Ven, Señor Jesús. La gracia de nuestro Señor
Jesucristo sea con todos vosotros. Amén» (vers. 20; 21).
513.
El Señor está presente con todo hombre, deseando y esforzándose para
ser recibido, y cuando es recibido, lo cual acontece cuando el
hombre le reconoce por su Dios, Creador, Redentor y Salvador,
entonces tiene lugar su Venida, que es el amanecer. Desde este
momento el hombre recibe poco á poco iluminación en cuanto á su
entendimiento en cosas espirituales y adelanta y progresa en
sabiduría más y más interiormente conforme va recibiendo esta
sabiduría del Señor. Así progresa desde la mañana hasta el pleno
día, y este día dura para él hasta la vejez y hasta la muerte, y
después de la muerte pasa al Cielo, al Señor Mismo, y allí, por más
que murió siendo un anciano, rejuvenece y vuelve á la primavera de
su vida, perfeccionándose y progresando eternamente el principio de
sabiduría que fue implantado en él, mientras vivía en el mundo
natural.
La
siguiente sección [V.
La Venida del Señor no es una venida para destruir el cielo
visible y la tierra habitada y para crear un nuevo cielo y una nueva
tierra (material) como muchos piensan, por no entender el sentido
espiritual del Verbo. (N. 514-517.)