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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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V

La Venida del Señor no es una venida para destruir el cielo visible y la tierra habitada y para crear un nuevo cielo y una nueva tierra (material) como muchos piensan, por no entender el sentido espiritual del Verbo

 

514. La opinión que actualmente predomina en las iglesias es, que al venir el Señor en el día del último juicio, aparecerá en las nubes del cielo (visible) con ángeles y al son de trompetas; que entonces reunirá todos los que aún vivan en la tierra y todos los que han muerto; que separará los malos de los buenos, como un pastor separa las cabras de las ovejas; que echará los malos, ó sea las cabras, al Infierno y elevará los buenos, ó las ovejas al Cielo, y que al mismo tiempo creará un nuevo cielo y una nueva tierra (visibles) y mandará descender á esta nueva tierra la nueva Jerusalén, la cual será según la descripción en el capítulo veintiuno del Apocalipsis; es decir, que será de jaspe y de oro y su fundamento de toda piedra preciosa; su altura, largura y anchura iguales, doce mil estadios; que todos los escogidos serán reunidos en esta ciudad, tanto los que entonces viven, cuanto todos los que han muerto desde la creación del mundo, los cuales volverán á entrar en sus cuerpos, y en esa ciudad magnífica gozarán de eterna bienaventuranza como en su Cielo. Esta es la opinión que hoy día reina en las iglesias cristianas con respecto á la venida del Señor y al último juicio.

515. Con respecto al estado de las almas después de la muerte las iglesias creen universalmente, aunque cada una de su particular manera, como sigue: Que las almas después de la muerte del cuerpo son como espectros (de los cuales tienen la idea de que son como éter ó aire), y que hasta el día del último juicio permanecen en el centro de la tierra, que según la creencia de algunos es la morada de los espíritus de los muertos, ó quizás en el limbus de los padres. Pero con respecto á esto difieren; algunos son de opinión que las almas son formas etéreas ó aéreas y por consiguiente fantasmas ó espectros, y que algunas están en el aire, otras en bosques y otras en el agua; algunos piensan que las almas de los muertos son trasladadas á otros planetas, ó estrellas, donde se les da morada; otros que después de miles de años vuelven al mundo con nuevos cuerpos; pero la mayoría opina que permanecen encerradas hasta el día postrero, cuando el firmamento, así como el globo terráqueo perecerán, verificándose la aniquilación por un fuego que saldrá del centro de la tierra, ó que descenderá del cielo como una lluvia de relámpagos, y que entonces las tumbas se abrirán y las almas volverán á revestirse de sus cuerpos para ser trasladadas á la ciudad, la nueva Jerusalén, y morarán entonces juntas en una nueva tierra, en cuerpos transfigurados; algunas más abajo, otras más arriba en esa ciudad, porque su altura, así como su largura y su anchura serán de doce mil estadios. (Apoc. XXI: 6).

516. Si se pregunta á clérigos y legos si efectivamente creen estas cosas, como por ejemplo que los hombres antediluvianos con Adán y Eva, y los postdiluvianos con Noé y sus hijos, con Abraham, Isaac y Jacob, los profetas, los apóstoles y las almas de todos los demás hombres todavía se hallan en el centro de la tierra, ó continúan volando en el éter ó en el aire; si las almas volverán á revestirse de sus cuerpos, consumidos por gusanos; si las estrellas caerán sobre la tierra, la cual es mucho más pequeña que ellas; si se les pregunta si creen estas palpables paradojas—las cuales la razón por sí sola basta para disipar—algunos de ellos nada contestan; otros dicen: «Estas cosas son asuntos de la fe, á la cual el entendimiento debe sujetarse en obediencia». Otros contestan que no sólo estas cosas, sino también muchas otras, que exceden el humano entender, son posibles para la Divina Omnipotencia; y cuando se invoca fe ciega y Omnipotencia Divina se expulsa la sana razón, la cual desaparece; dicen: «¿No es conforme al Verbo? ¿No se debe pensar y hablar conforme al mismo?» 517. Según se ha explicado en el capítulo que trata de la Sagrada Escritura, el Verbo se halla escrito por medio de correspondencias, y por consiguiente hay en su conjunto y en cada mínimo detalle del mismo un sentido espiritual, en el cual la verdad se halla en su luz, mientras que en el sentido literal se halla en sombra, y á fin de que la Nueva Iglesia no ande, como la actual, en la obscuridad del sentido literal, especialmente con respecto al Cielo y al Infierno y á la vida después de la muerte, y particularmente con respecto á la Venida del Señor, ha placido al Señor abrir la vista de mi espíritu, introduciéndome así en el mundo espiritual, y permitiéndome no sólo hablar con espíritus y ángeles, con parientes y amigos, con reyes y príncipes, que vivieron su vida en el mundo natural, sino también ver las cosas maravillosas del Cielo y los tristes espectáculos del Infierno, y así convencerme de que el alma del hombre no permanece encerrada en algún sitio secreto de la tierra, ni circula ciega y sorda por el aire ó en el vacío, sino que el hombre continúa viviendo como hombre en un cuerpo sustancial, en un estado mucho más perfecto (si entra entre los bienaventurados) que aquel en que vivía anteriormente, mientras se hallaba en un cuerpo material; y por lo tanto, á fin de que el hombre por su ignorancia no se confirme aún más en la opinión falsa, de que el cielo visible y la tierra habitada han de ser destruidos, y á fin de evitar el que se fomenten el Naturalismo y el Ateísmo, actualmente tan comunes, é impedir el que bajen como gangrena en el cuerpo, á sus sentidos exteriores y hasta á su habla, me ha mandado el Señor divulgar varias cosas que he visto y oído, referentes al Cielo y al Infierno y al Ultimo juicio, así como de explicar el Apocalipsis, el cual trata de la Venida del Señor, del Cielo antiguo, del Cielo nuevo y de la santa Jerusalén. El que lee y entiende estas obras, puede saber lo que significan la Venida del Señor, el Cielo nuevo y la nueva Jerusalén.

La siguiente sección [VI. Esta Venida del Señor, que es la segunda, se verifica, á fin de que los malos sean separados de los buenos, y también para que sean salvos los que han creído y creen en El y para que sean forma-dos de ellos un nuevo Cielo de ángeles y una nueva Iglesia en la tierra; sin esto ninguna carne seria salva. (Mateo XXI: 22.) (N. 518-520.)...]