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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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VI

Esta Venida del Señor, que es la segunda, se verifica, á fin de que los malos sean separados de los buenos, y también para que sean salvos los que han creído y creen en El y para que sean forma-dos de ellos un nuevo Cielo de ángeles y una nueva Iglesia en la tierra; sin esto ninguna carne seria salva. (Mateo XXI: 22.)

 

518.     Que el Señor en Su segunda Venida no viene para destruir el cielo visible y la tierra habitada ha sido explicado en el precedente artículo. No viene para destruir cosa alguna, sino para edificar; no viene para condenar, sino para salvar á los que han creído en El desde Su primera Venida, y los que en lo sucesivo creerán en El. El Mismo dice en el Verbo:

«No envió Dios á su Hijo al mundo para que condene al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El; el que en El cree no es condenado, mas el que no cree ya es condenado, porque no creyó en el nombre del Unigénito Hijo de Dios» (Juan III: 17; 18).

«El que oyere mis palabras y no las creyere, yo no le juzgo; porque no he venido á juzgar al mundo, sino á salvar al mundo; el que me desecha y no recibe mis palabras tiene quien le juzga; la Palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero» (Juan XII: 47; 48).

El último juicio tuvo lugar en el mundo espiritual en el año 1757; lo vi con mis propios ojos en estado de plena vigilia; por lo cual puedo testificar de ello. En un opúsculo titulado «El último juicio» publicado en Londres en 1758 y en otro opúsculo titulado ¿Continuación concerniente al último juicio», publicado en Ámsterdam, 1763, he dado una descripción de este acontecimiento.

519.    Que la Venida del Señor tiene lugar á fin de formar un nuevo Cielo de ángeles de los que han creído en El desde Su primera Venida y á fin de establecer una nueva Iglesia de los que en lo sucesivo creerán en El, es porque la creación del Cielo de ángeles por medio de la raza humana fue el objeto final de la creación del Universo, la cual también tuvo por objeto la creación de la Iglesia en el mundo, porque por medio de la Iglesia en el mundo entra el hombre en el Cielo; es decir, recibe en sí la vida del Cielo y es hecho un ángel y habitante del Cielo después de la muerte, y cuando á causa del mal y la falsedad la raza humana no puede ya recibir en sí la vida del Cielo por medio de la Iglesia, es necesario proveer para su salvación, cuya salvación por consiguiente es como una continuación de la creación; ó sea la formación de un nuevo Cielo de ángeles de los hombres que así son redimidos y salvos;—porque éstos, por su cualidad y naturaleza especial, no pueden asociarse con los ángeles del antiguo Cielo,—y asimismo la formación de una nueva Iglesia en la tierra, que puede tener conjunción con este nuevo Cielo, porque la antigua Iglesia no puede en manera alguna corresponder y tener conjunción con ese nuevo Cielo, siendo consumada, devastada y muerta. Por tener la creación del Universo por objeto final la creación de un Cielo de ángeles por medio de la raza humana, y al mismo tiempo la creación de una Iglesia en la tierra, y por ser la salvación de los hombres que viven en el mundo como una continuación de la Creación, he aquí por qué en el Verbo se emplea la palabra crear siempre en sentido de formar, preparar ó adaptar el hombre para el Cielo; por ejemplo, en los siguientes pasajes:

«Crea en mi, OH Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mi» (Salmo LI: 10).

«Tú abres tu mano; ellos se hartan de bien; envías tu Espíritu; ellos son creados» (Salmo CIV: 28; 30). «El pueblo que se criará alabará á JAH» (Salmo CII: 18).

«Así dice Jehová. Creador tuyo, OH Jacob, y Formador tuyo, OH Israel. Yo te he redimido; te he llamado por tu nombre. Todos los llamados de mi nombre para mi gloria los he creado» (Isaías XLIII 1: 7).

«Fueron preparados en ti en el día en que fuisteis creado; eras perfecto en tus caminos en el día en que fuisteis creado; hasta que se halló en ti maldad» (Ezequiel XXVIII: 13; 15).

Esto último se dice del rey de Tiro.

«Para que vean y conozcan y adviertan y entiendan todos que la mano de Jehová hace esto y que el Santo de Israel lo crió» (Isaías XLI: 20).

Por los pasajes aquí citados puede ser evidente lo que se entiende por crear en los siguientes:

«Jehová que crea los cielos y el que los extiende, el que extiende la  tierra y sus verduras; el que da respiración al pueblo que mora sobre ella y espíritu á los que por ella andan» (Isaías XLII: 5) (también LXV: 12; 18).

«He aquí; yo crío nuevo cielo y nueva tierra; gozaos en las cosas que Yo crío, porque he aquí que yo crío á Jerusalén, una exultación» (LXV: 17; 18).

520. La presencia del Señor es perpetua con todos, tanto con los buenos cuanto con los malos, porque sin Su presencia no vive hombre alguno; mas Su Venida sólo tiene lugar con los que le reciben, y éstos son los que creen en El y hacen Su voluntad. La perpetua presencia del Señor hace que el hombre sea racional y que pueda llegar á ser espiritual, y tiene lugar por medio de la luz, que procede del Señor como el Sol del mundo espiritual, cuya luz el hombre recibe en su entendimiento; esa luz es la verdad, y por medio de ésta tiene el hombre entendimiento, ó sea racionalidad. Mas la Venida del Señor tiene lugar con aquel que á esta luz une el calor, ó sea con el que une el amor á la verdad, porque el calor, que procede de ese Sol, es amor al Señor y al prójimo. La mera presencia del Señor y la iluminación del entendimiento por medio de ella puede compararse con la presencia de la luz del Sol del mundo; si esta luz no se uniera al calor, perecería todo cuanto hay en la tierra. Mas la Venida del Señor puede compararse con la venida del calor en la primavera, cuando por unirse el calor á la luz, es calentada la tierra y la simiente brota y fructifica. Este paralelo es aplicable á todas las cosas espirituales, relacionadas con el espíritu del hombre, comparadas con las cosas naturales, relacionadas con su cuerpo.

La siguiente sección [VII. Esta segunda Venida del Señor no es una venida en Persona; sino en el Verbo, el cual es de El y es El mismo. (N. 521-522.)...]