VI
Esta Venida del Señor, que es la segunda, se verifica, á fin de que los malos sean separados de los buenos, y también para que sean salvos los que han creído y creen en El y para que sean forma-dos de ellos un nuevo Cielo de ángeles y una nueva Iglesia en la tierra; sin esto ninguna carne seria salva. (Mateo XXI: 22.)
518.
Que el Señor en Su segunda Venida no viene para destruir el
cielo visible y la tierra habitada ha sido explicado en el
precedente artículo. No viene para destruir cosa alguna, sino para
edificar; no viene para condenar, sino para salvar á los que han
creído en El desde Su primera Venida, y los que en lo sucesivo
creerán en El. El Mismo dice en el Verbo:
«No
envió Dios á su Hijo al mundo para que condene al mundo, sino para
que el mundo sea salvo por El; el que en El cree no es condenado,
mas el que no cree ya es condenado, porque no creyó en el nombre del
Unigénito Hijo de Dios» (Juan III: 17; 18).
«El
que oyere mis palabras y no las creyere, yo no le juzgo; porque no
he venido á juzgar al mundo, sino á salvar al mundo; el que me
desecha y no recibe mis palabras tiene quien le juzga; la Palabra
que he hablado, ella le juzgará en el día postrero» (Juan XII: 47;
48).
El
último juicio tuvo lugar en el mundo espiritual en el año 1757; lo
vi con mis propios ojos en estado de plena vigilia; por lo cual
puedo testificar de ello. En un opúsculo titulado «El último juicio»
publicado en Londres en 1758 y en otro opúsculo titulado
¿Continuación concerniente al último juicio», publicado en
Ámsterdam, 1763, he dado una descripción de este acontecimiento.
519.
Que la Venida del Señor tiene lugar á fin de formar un nuevo
Cielo de ángeles de los que han creído en El desde Su primera Venida
y á fin de establecer una nueva Iglesia de los que en lo sucesivo
creerán en El, es porque la creación del Cielo de ángeles por medio
de la raza humana fue el objeto final de la creación del Universo,
la cual también tuvo por objeto la creación de la Iglesia en el
mundo, porque por medio de la Iglesia en el mundo entra el hombre en
el Cielo; es decir, recibe en sí la vida del Cielo y es hecho un
ángel y habitante del Cielo después de la muerte, y cuando á causa
del mal y la falsedad la raza humana no puede ya recibir en sí la
vida del Cielo por medio de la Iglesia, es necesario proveer para su
salvación, cuya salvación por consiguiente es como una continuación
de la creación; ó sea la formación de un nuevo Cielo de ángeles de
los hombres que así son redimidos y salvos;—porque éstos, por su
cualidad y naturaleza especial, no pueden asociarse con los ángeles
del antiguo Cielo,—y asimismo la formación de una nueva Iglesia en
la tierra, que puede tener conjunción con este nuevo Cielo, porque
la antigua Iglesia no puede en manera alguna corresponder y tener
conjunción con ese nuevo Cielo, siendo consumada, devastada y
muerta. Por tener la creación del Universo por objeto final la
creación de un Cielo de ángeles por medio de la raza humana, y al
mismo tiempo la creación de una Iglesia en la tierra, y por ser la
salvación de los hombres que viven en el mundo como una continuación
de la Creación, he aquí por qué en el Verbo se emplea la palabra
crear siempre en sentido de formar, preparar ó adaptar el hombre
para el Cielo; por ejemplo, en los siguientes pasajes:
«Crea en mi, OH Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto
dentro de mi» (Salmo LI: 10).
«Tú
abres tu mano; ellos se hartan de bien; envías tu Espíritu; ellos
son creados» (Salmo CIV: 28; 30). «El pueblo que se criará alabará á
JAH» (Salmo CII: 18).
«Así
dice Jehová. Creador tuyo, OH Jacob, y Formador tuyo, OH Israel. Yo
te he redimido; te he llamado por tu nombre. Todos los llamados de
mi nombre para mi gloria los he creado» (Isaías XLIII 1: 7).
«Fueron preparados en ti en el día en que fuisteis creado; eras
perfecto en tus caminos en el día en que fuisteis creado; hasta que
se halló en ti maldad» (Ezequiel XXVIII: 13; 15).
Esto
último se dice del rey de Tiro.
«Para que vean y conozcan y adviertan y entiendan todos que la mano
de Jehová hace esto y que el Santo de Israel lo crió» (Isaías XLI:
20).
Por
los pasajes aquí citados puede ser evidente lo que se entiende por
crear en los siguientes:
«Jehová que crea los cielos y el que los extiende, el que extiende
la tierra y sus
verduras; el que da respiración al pueblo que mora sobre ella y
espíritu á los que por ella andan» (Isaías XLII: 5) (también LXV:
12; 18).
«He
aquí; yo crío nuevo cielo y nueva tierra; gozaos en las cosas que Yo
crío, porque he aquí que yo crío á Jerusalén, una exultación» (LXV:
17; 18).
520.
La presencia del Señor es perpetua con todos, tanto con los buenos
cuanto con los malos, porque sin Su presencia no vive hombre alguno;
mas Su Venida sólo tiene lugar con los que le reciben, y éstos son
los que creen en El y hacen Su voluntad. La perpetua presencia del
Señor hace que el hombre sea racional y que pueda llegar á ser
espiritual, y tiene lugar por medio de la luz, que procede del Señor
como el Sol del mundo espiritual, cuya luz el hombre recibe en su
entendimiento; esa luz es la verdad, y por medio de ésta tiene el
hombre entendimiento, ó sea racionalidad. Mas la Venida del Señor
tiene lugar con aquel que á esta luz une el calor, ó sea con el que
une el amor á la verdad, porque el calor, que procede de ese Sol, es
amor al Señor y al prójimo. La mera presencia del Señor y la
iluminación del entendimiento por medio de ella puede compararse con
la presencia de la luz del Sol del mundo; si esta luz no se uniera
al calor, perecería todo cuanto hay en la tierra. Mas la Venida del
Señor puede compararse con la venida del calor en la primavera,
cuando por unirse el calor á la luz, es calentada la tierra y la
simiente brota y fructifica. Este paralelo es aplicable á todas las
cosas espirituales, relacionadas con el espíritu del hombre,
comparadas con las cosas naturales, relacionadas con su cuerpo.
La
siguiente sección [VII.
Esta segunda Venida del Señor no es una venida en Persona; sino en
el Verbo, el cual es de El y es El mismo. (N. 521-522.)...]