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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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VII

Esta segunda Venida del Señor no es una venida en Persona; sino en el Verbo, el cual es de El y es El mismo

 

521. En el Verbo leemos en muchos lugares que el Señor vendrá en las nubes del cielo (por ejemplo en Mateo XXIV: 30; XXVI: 64; Marcos XIV: 62; Lucas XXI: 27; Apoc. I: 7; XIV: 14; Daniel VII: 13; Mateo XVII: 5; Lucas IX: 34; 35). Mas hasta aquí nadie supo lo que se entiende por «las nubes del cielo»; todos han creído que el Señor aparecería en las nubes visibles y en Persona. Las nubes del cielo significan el Verbo con respecto al sentido literal, y el grande poder y la gloria con que entonces ha de venir (Mateo XXIV: 30) significan el sentido espiritual del Verbo. Esto se ha ignorado hasta ahora, porque nadie ha llegado á la suposición, mucho menos á la conclusión, de que en el Verbo existe un sentido espiritual, tal como realmente es en sí mismo. Mas ahora, habiendo el Señor abierto mi vista espiritual y el sentido espiritual del Verbo, y habiéndome permitido estar en compañía de ángeles y espíritus en su propio mundo, como uno de ellos, se ha revelado que las nubes del cielo significan el sentido natural del Verbo; gloria, el Verbo en el sentido espiritual y poder la potencia del Señor por medio del Verbo. Que las nubes del cielo significa lo que se acaba de decir es confirmado por los siguientes pasajes del Verbo:

«No hay como el Dios de Jerusalén, que monta en el cielo y en magnificencia sobre las nubes» (Deut XXXIII: 26).

«Jehová montado sobre una ligera nube» (Isaías XIX: 1).

«Cantad á Dios; cantad salmos (alabanzas) á Su nombre; ensalzad al que monta sobre las nubes» (Salmo LXVIII: 4).

Montar significa instruir en Divinas verdades por medio del Verbo, porque caballo significa entendimiento del Verbo. Fácilmente se entiende que en estos pasajes montar sobre las nubes no quiere decir montar sobre las nubes visibles.

Otro ejemplo:

«Dios cabalgó sobre un querubín, y puso por pabellón alrededor de sí á las nubes de los cielos» (Salmo XVIII: 10; 11).

Querubín significa igualmente el Verbo‡.

«Jehová en sus nubes pone ataduras á las aguas y extiende su nube sobre la faz de su trono» (Job XXVI: 8; 9).

«Atribuid fortaleza á Dios; su poder está en las nubes» (Salmo LXVIII: 34).

«Jehová crió sobre toda morada del monte de Sión una nube, de día: porque sobre toda gloria habrá cobertura» (Isaías IV: 4).

La nube en la cual Jehová descendió sobre el monte de Sinaí representaba igualmente el sentido literal del Verbo. La Ley (el Decálogo), que entonces fue promulgada, era las primicias del Verbo. Puede también añadirse lo siguiente: En el mundo espiritual hay nubes como en el mundo natural, pero de diferente origen. En ese mundo hay á veces en el Cielo encima de los ángeles nubes resplandecientes, mas encima de los infiernos nubarrones negros; las nubes resplandecientes en el cielo de los ángeles representan la sombra allí, causada por el sentido literal del Verbo, mas cuando estas nubes se disipan se hallan los ángeles en la luz clara del sentido espiritual. Por otra parte, los negros nubarrones sobre el infierno representan la falsificación y profanación del Verbo. La causa de esta significación de las nubes en el mundo espiritual es que la luz, que procede del Señor como Sol allí es la Divina Verdad; por cuya razón el Señor se 11ama Luz (Juan I: 9; XII: 35). Es también á causa de esto que el Verbo, el cual allí es guardado en los santuarios de los templos, se halla rodeado de una luz intensa, clara y blanca; y su obscuridad es inducida por medio de nubes.                                                               

522.    Que el Señor es el Verbo consta por lo que dice Juan:

«En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y Dios era el Verbo, y el Verbo fue hecho carne» (I: 1; 14).

Y el Verbo aquí quiere decir la Divina Verdad; porque los Cristianos no tienen Verdad Divina de otra fuente que del Verbo, que es la fuente, de la cual toda iglesia que lleva el nombre de Cristo, saca las aguas de vida en 'su plenitud, si bien la iglesia, que no tiene mas que el sentido natural del Verbo, se halla envuelta en una nube, mientras que la que tiene el sentido espiritual y celestial del Verbo, se halla en la gloria y en el poder. En el capítulo que trata de la Sagrada Escritura se ha explicado que en el Verbo hay un triple sentido, á saber: el natural, el espiritual y el celestial, el uno dentro del otro. Consta pues por esto que en el arriba citado pasaje en Juan el Verbo significa la Divina Verdad. Juan testifica de esto también en su primera epístola:

«Sabemos que el Hijo de Dios es venido y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en Su Hijo Jesucristo» (V: 20).

Por esta razón el Señor aplicaba también á menudo la palabra «Amén» (de cierto) á lo que decía; porque amén en el idioma hebreo significa verdad. Que el Señor es el Amén se puede ver en el Apocalipsis (III: 14) y que es la Verdad leemos en Juan (XIV: 6). Por todo lo cual puede ser claro, que el Señor también ahora en Su segunda Venida viene como el Verbo, sin embargo no en Persona, porque después de ascender al Cielo se halla en Su Humanidad glorificada, y en ésta no puede aparecer á hombre alguno, si antes no abre los ojos de su espíritu, lo cual no puede hacer en los que se hallan en males y por consiguiente en falsedades. Por lo cual, cuando se manifestó á Sus discípulos después de la resurrección, abrió sus ojos, y le conocieron, y desapareció de su vista (Lucas XXIV: 31). Lo mismo aconteció con la mujer, que estaba junto al sepulcro, después de la resurrección, cuya mujer vio á ángeles sentados en el sepulcro y hablaba con ellos; los vio con su vista espiritual abierta, porque nadie puede ver á un ángel con sus ojos materiales. Los tres discípulos, que presenciaron la transfiguración del Señor en el monte, tampoco le vieron en Su Naturaleza Humana glorificada con sus ojos materiales, sino hallándose en el espíritu; y esta manera de ver parece al hombre como un sueño, cuando vuelve á su estado natural en el cuerpo; de los tres discípulos leemos también que estaban cargados de sueño (Lucas IX; 32). Creer que el Señor ha de aparecer en Persona y en una nube del cielo visible es por lo tanto pura vanidad. Viene en el Verbo, que es de El y que es El Mismo.

Nota:  

Véase Apocalipsis Revelado, N. 298.

Véase Apocalipsis Revelado, N. 239, 672.

La siguiente sección [VIII. La segunda Venida del Señor tiene lugar por medio de un hombre, á quien se ha manifestado en Persona y á quien ha llenado con Su Espíritu para enseñar las doctrinas de la Nueva Iglesia por todo el mundo, de parte de El. (523-524)...]