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La Nueva Iglesia es la Corona de todas las Iglesias que han existido en la tierra
529. Como ya hemos dicho, han existido en la
tierra desde el principio cuatro Iglesias generales; una antes del
diluvio, otra después del mismo, luego la tercera, que era la
Iglesia israelita, y finalmente la cristiana. Toda Iglesia depende
del conocimiento y reconocimiento de un Solo y Único Dios, con Quien
el hombre/iglesia puede tener conjunción, y viendo que ninguna de
las cuatro Iglesias se ha hallado en esta verdad, es evidente que
otra Iglesia las ha de suceder, cuya Iglesia se hallará en el
conocimiento y reconocimiento de un Solo y Único Dios. El Divino
Amor de Dios, cuando crió el mundo, no tenía otro fin qué el de unir
el hombre á Sí mismo y unirse El mismo al hombre en conjunción
mutua. Las anteriores Iglesias desconocían esta verdad; porque la
Antigua primitiva, que existía antes del diluvio, adoraba á un Dios
Invisible, con el cual no puede haber conjunción; así era también la
adoración de la Antigua, que existía después del diluvio. La
Israelita adoraba á Jehová, Quien, en Sí Mismo considerado, es el
Dios invisible (Éxodo XXXIII: 1823), pero bajo una forma humana, la
cual Jehová Dios asumió por medio de un ángel y en cuya forma
apareció á Moisés, Abráham, Sarah, Hagar, Gideon, Joshué y á
veces á los profetas. Esta forma humana era representativa del Señor
que había de venir; y por ser esta forma representativa, eran
representativas todas las cosas de esa Iglesia. Los sacriñcios, y
todo cuanto pertenecía á esa Iglesia, representaban al Señor, que
había de venir, y cuando vino, fueron abrogados como antes se ha
explicado; La cuarta Iglesia, llamada cristiana, si bien ha
reconocido á un solo Dios, ha sido con la boca solamente, mas en la
idea del pensamiento ha reconocido á tres Personas, siendo cada una
de ellas considerada como Dios, separadamente por sí; por
consiguiente ha reconocido á una Trinidad dividida, y no una
Trinidad unida en una sola Persona; reconociendo, pues, en sus
mentes á tres Dioses, por más que con la boca han confesado un solo
Dios. La Doctrina de esta Iglesia, establecida por el Concilio de
Nicea, enseña además que los hombres deben creer en Dios el Padre,
en Dios el Hijo y en Dios el Espíritu Santo, todos invisibles;
porque existen en igual Divina Esencia desde antes de la creación
del mundo, mas, como ya hemos dicho, no puede haber conjunción con
un Dios invisible. Ignoran que el Único Dios, que era invisible,
vino al mundo El Mismo y asumió Naturaleza Humana, no sólo á fin de
poder redimir á los hombres, sino también á fin de hacerse visible y
así posibilitar la conjunción; y sin embargo el Verbo lo enseña
claramente, porque leemos:
«EI
Verbo era con Dios y Dios era el Verbo y el Verbo fue hecho Carne»
(Juan I: 1; 14).
Y
en Isaías:
«Niño nos es nacido, hijo nos es dado y su nombre será llamado Dios,
Héroe, Padre Eterno» (IX: 6).
Y
frecuentemente en los profetas se dice, que Jehová Mismo había de
venir al mundo para ser su Redentor. Y se hizo su Redentor en la
Naturaleza Humana, que asumió.
530.
La razón por la cual esta Iglesia es la corona de todas las
Iglesias, que han existido en la tierra hasta ahora, es que esta
Iglesia adora á un solo Dios, visible, en el Cual está el Dios
invisible como Alma en Su Cuerpo. Sólo así puede haber conjunción
entre el hombre y Dios, porque el hombre es natural, por lo cual
piensa naturalmente, y la conjunción se verifica en su pensamiento y
por medio de éste en la inclinación de su amor. La conjunción tiene,
pues, lugar si piensa de Dios bajo forma Humana como siendo Hombre.
La conjunción con Dios invisible es como la conjunción del ojo con
la expansión del universo en la cual la vista no alcanza fin alguno;
ó como una perspectiva en alta mar, donde la vista se pierde en el
aire y sobre el agua. Pero la conjunción con Dios visible es como
ver al Hombre Divino en aquella expansión, donde la vista se pierde,
y verle con Sus brazos extendidos, invitándonos á venir á Su seno.
Toda conjunción de Dios con el hombre, debe necesariamente también
ser conjunción del hombre con Dios, es decir, una conjunción mutua y
recíproca, y reciprocidad no puede haber sino con Dios visible. Que
Dios era invisible antes de asumir la Naturaleza Humana, enseña el
Señor Mismo en Juan.
«Nunca habéis oído la voz del Padre ni visto su forma.»
Y á
Moisés fue dicho:
«Nadie puede ver á Dios y vivir> (Éxodo XXXIII: 20).
Pero
que es visible por conducto de Su Humanidad, se enseña en Juan:
«Nadie vio jamás á Dios; el Unigénito Hijo, Quien está en el seno
del Padre, le reveló» (I: 18).
Jesús dijo:
«Yo
soy el camino, la Verdad y la Vida. Nadie viene al Padre sino por
mí. El que á mi conoce, conoce al Padre, y el que á mi ve, ve al
Padre» (XIV: 6; 7; 9).
Que
la conjunción con Dios invisible se verifica por medio de El Mismo,
visible, es decir, por medio del Señor, enseña El Mismo en estos
pasajes:
Jesús dijo:
«Permaneced en mi y Yo en vosotros. El que permanece en mi y yo en
él éste lleva mucho fruto» (XV: 4; 5).
«En
aquel día conoceréis que Yo soy en mi Padre y vosotros en mi y Yo en
vosotros» (XIV: 20).
«Y
la gloria, que me has dado la he dado á ellos para que sean uno como
nosotros somos uno; Yo en ellos y tú en mí; á fin de que el amor,
que tú me has dado, esté en ellos, y yo en ellos» (XVII: 22; 23; 26;
VI: 56).
Además enseña que El y el Padre son uno y que se debe creer en El
para tener vida eterna. La salvación depende enteramente de la
conjunción con Dios, según se ha explicado antes en varios
artículos.
531.
Que esta Iglesia ha de suceder á las que han existido desde la
creación del mundo y que ha de permanecer por siglos de siglos,
siendo por consiguiente la corona de todas las Iglesias precedentes,
fué profetizado por Daniel. Primero cuando contó y explicó á
Naoucodonosor su sueño de los cuatro reinos (los cuales significaban
las cuatro iglesias antes indicadas) diciendo:
«En
los días de estos reyes levantará el Dios del cielo un reino que
nunca jamás se corromperá; consumirá á todos estos reinos y él
permanecerá para siempre» (III: 44).
Y
que esto se cumpliría, viniendo una piedra, grande como una
montaña, ó roca, que llenaría toda la tierra (vers. 35). Boca, en el
Verbo, significa el Señor como la Divina Verdad.
El
mismo profeta dice en otro lugar:
«Miraba yo en las visiones de la noche y he aquí en las nubes del
cielo como un Hijo del Hombre, que venia y llegó hasta el Anciano de
grande edad y fuéle dado señorío y gloria y reino, y todos los
pueblos, naciones y lenguas le servirán; su señorío, señorío eterno,
que no será transitorio, y su reino, reino que no se corromperá»
(VII: 13; 14).
Y
esto dice después de haber visto salir del mar á las cuatro grandes
bestias (vers. 3) las cuales igualmente representan las cuatro
Iglesias anteriores. Que estas cosas fueron dichas por Daniel como
profecía sobre el tiempo actual, consta por lo que dice en el
capítulo XII: 4, como asimismo por las palabras del Señor en Mateo
XXIV: 15; 30. Cosas similares se dicen en el Apocalipsis:
«El
séptimo ángel tocó la trompeta y fueron hechas grandes voces en el
cielo, que decían: los reinos del mundo han venido á ser los reinos
de nuestro Señor y de Su Cristo, y reinará para siempre jamás» (XI:
15).
532.
Los demás profetas profetizaron también sobre esta Iglesia y
sobre cuál sería su carácter, de cuyas profecías citaré aquí algunos
pasajes:
En
Zacarías:
«Y
será un día, cual es conocido de Jehová, que ni será día ni noche,
mas acontecerá, que al tiempo de la tarde habrá luz. Y acontecerá
también en aquel día, que saldrán de Jerusalén aguas vivas... y
Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será Uno y
Su nombre uno» (XIV: 79).
En
Joel:
«Y
será en aquel tiempo que los montes destilarán mosto y los collados
fluirán leche... y Jerusalén será habitada en generación y
generación» (III: 18; 20).
En
Jeremías:
«En
aquel tiempo llamarán á Jerusalén trono de Jehová y todas las gentes
se congregarán en ella en nombre de Jehová, en Jerusalén, ni andarán
más tras la dureza de su corazón malvado» (III: 17; también en el
Apocalipsis XXI: 24; 26).
En
Isaías:
«Tus
ojos verán á Jerusalén, morada de quietud, tienda que no será
desarmada; nunca serán arrancadas sus estacas, ni ninguna de sus
cuerdas rotas» (XXXIII: 20).
En
estos pasajes Jerusalén significa la santa Jerusalén, descrita en el
Apocalipsis (XXI), por la cual se entiende la Nueva Iglesia.
Otra
vez en Isaías:
«Y
saldrá un retoño del tronco de Isai y justicia será cinto de sus
lomos y verdad ceñidor de sus riñones; por lo cual morará el lobo
con el cordero, y el tigre con el cabrito se acostará, el becerro y
el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los
pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas. Y
el niño de teta se entretendrá sobre la cueva del áspid y el recién
destetado extenderá su mano sobre la caverna del basilisco. No harán
mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena
del conocimiento de Jehová, como cubren la mar las aguas. Y
acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isai, la cual estará
puesta por pendón á los pueblos, será buscada de las gentes, y su
descanso será gloria» (XI: 1; 510).
Es
bien sabido que tales cosas no han tenido lugar en las anteriores
Iglesias; en la actual menos que en otra
alguna.
En
Jeremías:
«He
aquí vienen días en los cuales haré nuevo pacto; y éste será el
pacto: Daré mi ley en sus entrañas y escribiréla en sus corazones, y
seré yo a ellos por Dios y ellos me serán por pueblo; todos me
conocerán desde el más pequeño de ellos hasta el más grande» (XXXI:
3134; también Apoc. XXI: 3).
Es
asimismo sabido que estas últimas cosas no han tenido lugar en las
Iglesias anteriores; y la razón ha sido que los hombres no se han
acercado á Dios visible, á Quien conocerán todos en la Nueva
Iglesia; porque El Mismo es el Verbo, ó la Ley, la cual El pondrá en
medio de ellos y escribir a la sobre sus corazones.
En
Isaías:
«Por
amor de Sión no callaré y por amor de Jerusalén no he de parar,
hasta que salga como resplandor su justicia y su salvación arde como
lámpara; y te será puesto un nombre nuevo que la boca de Jehová
nombrará. Serás también corona de gloria en la mano de Jehová y
diadema del reino en la mano del Dios tuyo. El amor de Jehová será
en ti; y tu tierra será desposada. He aquí, viene tu Salvador; he
aquí su recompensa con El; y llamarles han un pueblo santo,
redimidos de Jehová, y á ti te llamarán Ciudad Buscada y no
desamparada» (LXII: 14; 11; 12).
533.
Lo que será la cualidad de esta Iglesia se halla descrito
circunstancialmente en el Apocalipsis, que trata del fin de la
actual Iglesia y del nacimiento de la Nueva. Esta última es descrita
bajo la figura de la Nueva Jerusalén, con sus magnificencias, la
cual será la Novia y Esposa del Cordero (XIX: 7; XXI: 2; 9). Para
concluir añadiré lo siguiente del Apocalipsis:
Cuando Juan vio descender del Cielo á la Nueva Jerusalén le fue
dicho:
«He
aquí el tabernáculo de Dios con los hombres; y morará con ellos, y
ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos... Y
las naciones, que hubieren sido salvas, andarán en la lumbre de
ella, y allí no habrá noche» (XXI: 3; 24; 25).
«Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas
en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella
resplandeciente y de la mañana. Y el Espíritu y la Esposa dicen:
Ven; y el que tiene sed venga; y el que quiere, tome del agua de la
vida de balde. Sea así: Ven, Señor Jesús. Amén» (XXII: 16; 17; 20).
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