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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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XII

Apéndices

 

Los Católicos, ó sea los Papistas, en el mundo espiritual

Los Católicos, ó Papistas, en el mundo espiritual se hallan alrededor y debajo de los protestantes y separados de éstos por intervalos, los cuales les es prohibido atravesar. No obstante esto, los frailes procuran comunicación para sí mediante artes clandestinas, y mandan asimismo emisarios por sendas desconocidas, á fin de hacer prosélitos; pero son descubiertos, y después de ser castigados son ó bien reconducidos á sus compañeros, ó bien despedidos en el abismo.

Después del último juicio, el cual tuvo lugar en el mundo espiritual en el ano 1757, el estado de todos, incluso el de los Papistas, ha cambiado tanto que ahora no les es permitido juntarse en compañías como antes, sino que á cada amor, sea bueno, sea malo, ha sido designado caminos, en los cuales los que vienen del mundo entran inmediatamente y pasan á sociedades que corresponden á su amor. De esta manera los malvados son consignados á las sociedades que están en el infierno,  y  los   buenos  á las que  están   en  el cielo, evitándose así el que se formen cielos artificiales como anteriormente. Tales sociedades en el mundo de los espíritus, que se halla en medio, entre el Cielo y el Infierno, son muy numerosas, porque son tantas como los géneros y especies del amor al bien y del amor al mal y entretanto que son, ó bien elevados al Cielo, ó bien echados al infierno, están en conjunción espiritual con los hombres en el mundo, porque éstos se hallan asimismo en medio, entre el Cielo y el Infierno.

Los Papistas tienen en la región del Mediodía, hacia el Oriente, un lugar de deliberaciones, en el cual sus prelados se reúnen y deliberan de varios asuntos pertenecientes á su religión, especialmente de cómo mantener á la gente común en ciega obediencia y de cómo extender su dominio. Mas ninguno de los que en el mundo fueron Papa, es admitido allí, porque en la mente de éstos se halla insita una semejanza de la Divina autoridad, por haberse atribuido el Poder del Señor en el mundo. Tampoco son admitidos los Cardenales al lugar de las deliberaciones, y esto á causa de su preeminencia. Estos últimos se reúnen sin embargo en un espacioso cónclave debajo de los otros, pero después de haber estado allí algunos días son conducidos aparte; á donde no me ha sido dado conocer. Tienen también otro lugar de reunión en la región del Mediodía, pero hacia el Occidente. Su tarea allí es introducir en el Cielo á gente crédula é ignorante. Allí establecen en derredor suyo varias sociedades, que se hallan en deleites externos de varias clases; en algunas de ellas hay bailes, en otras conciertos, en otras procesiones, en otras teatros y espectáculos públicos, en otras hay personas, que mediante alucinamientos inducen varias formas de magnificencia, en otras quienes actúan como payasos haciendo reír; en algunas conversan amigablemente, ora sobre temas religiosos, ora sobre asuntos civiles, ora también lascivamente. En estas sociedades introducen á los crédulos, á cada uno según su particular gusto, y lo llaman Cielo. Más después de permanecer allí un día ó dos, éstos se cansan y se marchan, porque estos goces son externos y no internos. De esta manera muchos son disuadidos de su loca creencia, de que el Clero tiene poder para introducir en el Cielo. En cuanto á su culto en particular, es casi como su culto en el mundo. Como éste consiste igualmente de misas, las cuales no son celebradas en el lenguaje común de los espíritus, mas en un lenguaje compuesto de palabras de imponente y sublime sonido, las cuales inspiran santidad exterior y temblor, más no las comprenden en manera alguna. Todos los que desde la tierra entran en el mundo espiritual, son al principio mantenidos en la fe de la religión de su patria. Esto es así  también con los Papistas, por lo cual siempre tienen un pontífice representativo puesto sobre sí, á quien adoran con ceremonias parecidas á las que observan en el mundo. Rara vez ocurre que uno que ha sido Papa en el mundo sea puesto sobre ellos cuando deja el mundo; sin embargo, el que ocupaba la silla pontifical hace treinta ó cuarenta años, fué puesto sobre ellos, porque alentaba en su corazón la idea de que el Verbo es más santo de lo que se cree, y de que el Señor debe ser adorado. Me fue  permitido hablar con él, y dijo que adoraba al Señor Solo; porque El es Dios, que tiene toda potestad en el Cielo y en la tierra según Sus propias palabras (Mateo XXVIII: 18). Dijo asimismo que la invocación de Santos era un absurdo, y también que había tenido la idea de restaurar esa Iglesia cuando estaba en el mundo, pero que le era imposible por razones que expuso. Al ser  destruida  en el día  del último  juicio  la grande Ciudad boreal, en la cual vivían juntos Papistas y Reformados, vi que fue sacado fuera en una litera y transportado á un lugar seguro. A los lindes de la grande sociedad en la cual actúa como pontífice se han instituido escuelas, á las cuales van los que abrigan duda respecto de la religión, y en ellas hay frailes convertidos, los cuales instruyen  acerca de Dios el Salvador Cristo, así como acerca de la santidad del Verbo, dejando á su elección el apartar sus ánimos de los modos de santificación, introducidos en la Iglesia Católica Romana. Los que admiten la enseñanza son introducidos en una numerosa sociedad,  compuesta de los que han abandonado la adoración del Papa y de los Santos, y cuando entran en esta sociedad son como quienes se despiertan del sueño, entrando en plena vigilia, y como quienes de los sinsabores de un crudo invierno, entran en la grata sensación producida por la primavera naciente, y como  un marinero que llega al puerto. Entonces los que viven allí les invitan á una fiesta y les dan de beber vino generoso en copas de cristal. He oído decir también que los ángeles les envían del cielo un plato de maná de forma y gusto similar al que descendió sobre el campamento de los hijos de Israel en el desierto. Este plato, es entonces presentado á cada comensal y todos tienen libertad de gustar del maná.

Todos aquellos de la religión católica que en el mundo anterior pensaban más de Dios que del papismo y que de un corazón sencillo hacían obras de caridad, cuando encuentran que viven después de la muerte, y cuando han sido instruidos de que el Señor Mismo, el Salvador del mundo, reina allí, se apartan con facilidad de las supersticiones de esa religión. Para ellos la transición del paganismo al Cristianismo es tan fácil como el entrar en un templo por una puerta abierta, ó como pasar por delante de la guardia y entrar en el palacio real, cuando el rey lo ordena, ó como el levantar el rostro y mirar al cielo al oír voces de allí. Mas por otra parte, el disuadir de las supersticiones de esa religión á aquellos que durante el curso de su vida en el mundo rara vez ó nunca han pensado en Dios, estimando esa adoración sólo á causa de las festividades, es tan difícil como entrar en un templo al través de las puertas cerradas, ó como pasar delante de la guardia y entrar en el palacio real cuando el rey lo prohíbe, ó como para una serpiente en la hierba mirar al cielo. Es remarcable, que nadie que entra en el mundo espiritual, procedente del sistema religioso católico, ve allí el cielo, donde se hallan los ángeles. Hay en apariencia por encima de ellos un negro nubarrón, que les intercepta la vista. Más tan pronto llegue un convertido entre los convertidos se le abre el Cielo, y á veces ven allí á los ángeles en vestiduras blancas, y son asimismo elevados entre ellos, cuando hayan cumplido el período de su preparación.

Los Santos papistas en el mundo espiritual

Es bien conocido que el hombre lleva en sí un mal inherente ó hereditario, de sus padres; pero pocos conocen dónde en el hombre este mal reside en su plenitud. Tiene su morada en el amor de poseer los bienes de los demás hombres, y en el amor de ejercer dominio; este último amor es de tal naturaleza, que en cuanto se le dé rienda suelta se precipita adelante con ardiente deseo de ejercer dominio sobre todos y acaba por ambicionar ser invocado y adorado como Dios. Este amor es la serpiente que engañó á Eva y á Adán; porque dijo á la mujer:

«Dios sabe que el día que comiereis de ese árbol serán abiertos vuestros ojos y seréis como dioses». (Génesis III: 5)

Por lo cual, á medida que el hombre se abandona á este amor sin restringimiento, se aparta de Dios y se vuelve hacia sí mismo adorándose. Entonces puede invocar á Dios con labios fervientes por el amor á sí mismo, mas su corazón es frío y lleno de desprecio para con Dios. Entonces también pueden servirle de medios las cosas Divinas de la Iglesia, pero, puesto que su fin es el dominio, no quiere de corazón á los medios mas que en cuanto subsirvan á este fin. Tal hombre, si es elevado al supremo honor, es en su propia imaginación como Atlas sosteniendo al globo terráqueo sobre sus hombros, y como Febo con sus caballos, llevando el sol alrededor del globo.

Por ser el hombre por herencia tal, todos los que han sido hechos Santos por medio de bulas papales, son en el mundo espiritual alejados de la vista de los demás, ocultados y privados de todo intercurso con sus adoradores, á fin de que la peor raíz del mal no sea avivada en ellos y se dejen llevar por sus fantasías y abandonarse á alucinaciones tales como tienen los demonios. En tales alucinaciones entran los que durante su vida en el mundo ansiosamente aspiran á ser hechos Santos después de la muerte, á fin de ser invocados.

Muchos individuos de la jurisdicción papal, especialmente los frailes cuando entran en el mundo espiritual, buscan los Santos, sobre todo los Santos de su orden, pero no los hallan. Se extrañan de esto, pero luego son instruidos de que estos Santos se hallan intermezclados, ó bien con los que están en el Cielo, ó bien con los que están en la tierra inferior (infera térra) y que en ningún caso saben algo de la adoración y de las invocaciones que les son dirigidas; y que los que lo saben y desean ser invocados entran en alucinaciones y hablan neciamente. La adoración de Santos es en el Cielo una abominación tal que el mero oír hablar de ella causa horror, porque en cuanto se adore á un hombre, se niega la adoración al Señor, siendo así que en este caso no puede El Solo ser adorado, y de no ser el Señor Solo adorado resulta una división, la cual destruye la comunión y la felicidad de vida que fluye de ella. A fin de que conociera la cualidad de los Santos de los papistas, para poder hacerla notoria, fueron sacados de la tierra inferior hasta un centenar de ellos, los cuales sabían que habían sido hechos Santos. Subieron por detrás de mí y sólo unos pocos por delante, y hablé con uno de ellos, quien dijeron era Xavier. Mientras hablaba conmigo era como un bobo; sin embargo pudo decir que en su propio lugar, donde estaba encerrado con otros, no era bobo, sino que se vuelve bobo en cuanto piense que es un Santo y desea ser invocado. Oí que los que estaban detrás de mi murmullaban lo mismo. Con los llamados Santos que están en el Cielo, el caso es diferente. Nada saben de lo que se hace en la tierra, ni les es dado conversar con alguien de la jurisdicción papal que se halla en esa superstición, á fin de que no entre en ellos idea alguna de tal cosa.

Conociéndose el estado de los Santos se comprende fácilmente que su invocación es una mera burla; y puedo además asegurar que no oyen las invocaciones, que les son dirigidas, más que sus imágenes, colocadas al borde de los caminos, ni más que las paredes del templo, ó los pajaritos que anidan en su campanario. Los que les adoran en la tierra dicen que los Santos reinan en el Cielo con el Señor Jesucristo; mas esto es una ficción y una falsedad, porque no reinan con el Señor más que un soldado con su rey, ni más que un portero con un señor noble, ó un correo con un primate. Juan el Bautista dijo, refiriéndose al Señor:

«No soy digno de desatar la correa de su zapato» (Juan I: 5).

¿Qué son entonces tales como éstos?

A los parisienses, los cuales en el mundo espiritual forman una sociedad por sí, aparece á veces cierta mujer, á una altitud media, en vestidura resplandeciente y con rostro aparentemente de Santo, y ha dicho que es Genoveva, pero cuando algunos de ellos empiezan á adorarla, su rostro cambia de repente y también su vestidura, y toma el aspecto de una mujer ordinaria. Entonces les reprende por querer adorar á una mujer, que entre sus compañeras no es más estimada que una criada, y se asombra de que los hombres en la tierra pueden dejarse engañar por tales necedades.

A esto añadiré lo siguiente que es muy digno de conocerse: cierta vez María, la madre del Señor, pasaba. Apareció encima de mi cabeza en vestidura blanca, y, deteniéndose un momento, dijo que había sido la madre del Señor, y que El realmente nació de ella; mas al ser hecho Dios extirpó de Sí todo lo humano que tenía de ella de modo que ahora le adora como Dios, y no quiere que persona alguna le mire y reconozca como hijo suyo, por cuanto en El todo es Divino.

FIN

Nota:

(*) En el apéndice, ó Coronis, de La Verdadera Religión Cris­tiana ha dado Swedenborg- una breve información acerca del estado en que se hallan en el mundo espiritual Lutero, Melancton y Calvino, así como varios pueblos en general, á saber, los Holandeses, los Ingleses, los Alemanes, los Católicos y sus Santos, los Mahometanos, los Africanos y los Judíos, cada pueblo con arreglo á su cualidad general, adquirida durante la vida en el mundo, bajo la influencia y guía de su respectiva religión. Aquí sólo consignaremos la información dada acerca del estado de los Católicos, ó sea los Papistas, y sus Santos en el mundo espiritual.

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