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II

En el sentido literal el Decálogo contiene los preceptos generales de la Fe y de la Vida; pero en su sentido espiritual y celestial contiene todo, universalmente.

221.    Es sabido que en el Verbo el Decálogo se llama la Ley por eminencia, puesto que contiene todas las cosas, que pertenecen á la doctrina y á la vida; no sólo las que conciernen á Dios, sino también las que conciernen á los hombres. Es sabido también, que todas las cosas, que pertenecen á la doctrina y á la vida, tienen relación con el amor á Dios y con el amor al prójimo. El Decálogo contiene todo cuanto  pertenece á estos amores, y el Verbo entero no enseña otra cosa. Esto es evidente por las siguientes palabras del Señor:

«Amarás al Señor, tu Dios, de todo tu corazón y de toda tu alma y de toda tu mente, y a tu prójimo como á ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas» (Mateo XXII: 37; 39; 40).

La ley y los profetas quieren decir todo el Verbo. En otro lugar (Lucas X: 2528) leemos, que cierto doctor de la Ley, tentando á Jesús, dijo:

«Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?»

Y Jesús dijo:

«¿Qué esta escrito en la ley, cómo lees?, y él, respondiendo, dijo: Amarás al Señor, tu Dios, de todo tu corazón y de toda tu alma y de todas tus fuerzas y de todo tu entendimiento y á tu prójimo como á ti mismo.»

Y  contestóle Jesús:

«Bien has respondido; haz esto y vivirás.

Ahora bien; siendo así que el todo de la Ley es amor á Dios y amor al prójimo, y viendo que el Decálogo en su primera tabla contiene todo cuanto pertenece al amor á Dios, y en su segunda tabla todo cuanto pertenece al amor al prójimo, consta que el Decálogo contiene todo cuanto pertenece á la doctrina y á la vida. Sus dos tablas están mutua y recíprocamente unidas de tal manera, que Dios desde su tabla mira al hombre constantemente y nunca omite de poner en operación los medios, que obran la salvación; mientras que por otra parte el hombre, si admite y obra lo que en su tabla se halla estipulado, recibe al Señor, y entonces se efectúa una mutua y recíproca conjunción y se realizan las palabras del Señor al doctor de la ley: Haz esto y vivirás.

222. En el Verbo se emplea á menudo la palabra ley, y este término tiene un sentido limitado, un sentido  amplio y un sentido general. En su sentido limitado la palabra ley en el Verbo quiere decir el Decálogo; en su sentido amplio quiere decir la ley, dada por Moisés, ó sea los estatutos dados á los hijos de Israel por conducto de Moisés, y en su sentido general quiere decir el Verbo.

Que la palabra ley en su sentido limitado quiere decir el Decálogo es conocido. Que en su sentido amplio quiere decir los estatutos, dados por Moisés, se puede ver en Lev. VII: 1; VII: 2; VI: 14; VII: 37; XI: 46; XII: 7; XIII: 59; XIV: 2; 32; 54; 57; XV: 32; V: 29; 30; VI: 13; 21; XIX: 14; XIX: 2; XVII: 1519, y en general todo el libro de Moisés se llama la ley (Deut. XX.XI: 9; 11; 12; 26). También se puede ver en el Nuevo Testamento (Lucas II: 22; XXIV: 44; Juan I: 45; VII: 23; VIII: 5, y en otros lugares), y Pablo emplea el término ley en este sentido, cuando dice que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley (Rom. III: 28); porque por la ley en este pasaje entendía Pablo los estatutos dados por Moisés y no el Decálogo, lo cual consta por lo que dice á continuación del citado versículo. Consta también por sus palabras á Pedro, á quien censuraba por judaizar, diciéndole tres veces en un mismo versículo, que «nadie es justificado por las obras de la ley» (Gálatas II: 1416). Que en su sentido general la palabra ley quiere decir todo el Verbo, se puede ver en Juan X: 34; Salmo LXXXII: 6; Juan XII: 34; Salmo LXXXIX: 36; CX: 4; Daniel VII: 14; Juan XV: 25; Salmo XXXV: 19; Juan VII: 48; 49; Lucas XVII: 17, y en varios otros lugares.

223. Que el Decálogo en su sentido espiritual y celestial contiene universalmente todos los preceptos de la doctrina y de la vida y por consiguiente todo cuanto pertenece á la fe y á la caridad es porque el Verbo, en el conjunto de su sentido literal y en cada detalle del mismo, contiene dos sentidos interiores, llamados el sentido espiritual y el sentido celestial, en cuyos sentidos la Divina Verdad se halla en su luz y el Divino Bien en su calor. Que el Verbo es así consta por lo que se ha dicho respecto del mismo en el precedente capítulo (N. 138208). Ahora será explicado el Decálogo en sus tres sentidos: el natural, el espiritual y el celestial.