III
EL PRIMER MANDAMIENTO
«No tendrás dioses ajenos delante de Mi».
224.
Estas son las palabras del primer mandamiento. (Éxodo XX: 3).
En el sentido natural, que es el sentido literal, el sentido más
próximo á la letra es, que se prohíbe la adoración de ídolos, porque
á continuación siguen estas palabras: «No te harás imagen ni ninguna
semejanza de cosas que están arriba en los cielos ni abajo en la
tierra ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás á ellas
ni las honrarás; porque yo, Jehová, tu Dios, soy un Dios celoso».
(Éxodo XX: 35). La razón por la cual se prohibió la adoración de
ídolos es, que antes de ese tiempo y también después, hasta la
venida del Señor en la carne, existía adoración de ídolos en una
grande parte de Asia. La causa de esta idolatría era, que las
iglesias antes de la venida del Señor eran representativas y
típicas, y los tipos y representaciones consistían en la exhibición
de las cosas Divinas bajo varias formas y figuras esculpidas, á las
cuales la gente sencilla é ignorante empezaba á adorar como Dioses,
á medida que la ciencia de la correspondencia se extinguía,
olvidándose la significación de esas figuras y formas. La nación
israelita, mientras habitaba en Egipto, se hallaba también en
semejante adoración, lo cual consta por el hecho de que en el
desierto se hicieron un becerro de oro, adorando á éste en vez de á
Jehová, y muchos pasajes del Verbo, tanto del histórico cuanto del
profético, demuestran que tampoco después fueron alienados de esta
adoración.
225.
En su sentido natural este primer mandamiento No tendrás
Dioses ajenos delante de Mi, quiere también decir, que ningún
hombre, muerto ó vivo, debe ser adorado como Dios. Semejante
adoración practicábase también en Asia y en las regiones vecinas.
Muchos de los Dioses de los gentiles no eran más que hombres, como
por ejemplo Baal, Ashtaroth, Chemos, Milcom, Belcebub; y en Atenas y
Roma: Saturno, Júpiter, Neptuno, Pluto, Apolo, Palas y otros, de los
cuales algunos al
principio fueron adorados como Santos, luego como Divinidades y
finalmente como Dioses. Adoraban como Dioses también á hombres
vivos, lo cual demuestra el edicto de Darío de Media, el cual
prohibió á todo sujeto del reino, por espacio de treinta días, el
demandar petición alguna de Dios, sino sólo del rey, bajo pena de
ser echado al foso de los leones (Daniel VI: 8 y siguientes). En su
sentido natural el primer mandamiento quiere también decir, que
nadie más que Dios y nada más que lo que procede de Dios, debe ser
amado sobre todas las cosas; lo cual consta por las palabras del
Señor en Mateo XXII: 3540 y en Lucas X: 2528. Para el que ama á una
persona ó cosa sobre todas las cosas, esta persona es Dios y esta
cosa es Divina. Para el que ama á sí mismo ó al mundo sobre todas
las cosas, el mismo, ó el mundo, es su Dios, y esta es la razón por
la cual tales personas en su corazón niegan á Dios. Tienen
conjunción con sus semejantes en los infiernos, donde se reúnen los
que aman á sí mismos y al mundo sobre todas las cosas.
226.
El sentido espiritual de este mandamiento es, que no se debe
adorar á otro Dios que al Señor Jesucristo, porque El es Jehová que
vino al mundo y realizó la Redención, sin la cual ni hombre ni ángel
alguno hubiera podido ser salvo. Que no hay Dios fuera de El se
puede ver en el capitulo segundo, que trata del Señor el Redentor, y
por los pasajes del Verbo allí citados, por lo cual dejamos de
citarlos aquí de nuevo; añadiremos únicamente este otro pasaje:
«Estamos en
la Verdad en Jesucristo: Este es el verdadero Dios y la vida eterna.
Hijitos, guardaos de los ídolos» (Juan V: 20; 21).
227.
El sentido celestial de este mandamiento es, que Jehová el
Señor es Infinito, Inconmensurable y Eterno. Que El es Omnipotente,
Omniscio y Omnipresente. Que El es El Primero y El Ultimo, el
Principio y el Fin, que es y que era y que será. Que El es el Amor
mismo y la Sabiduría misma, ó sea el Bien mismo y la Verdad misma,
por consiguiente la Vida misma y el solo y único Esse, del Cual
vienen todas las cosas.
228.
Los que adoran á otro Dios que al Señor Jesucristo, quien es
Jehová Dios Mismo en Naturaleza Humana, pecan contra este primer
mandamiento. Así también los que se persuaden de la existencia de
tres Divinas Personas desde la eternidad. Los que se hallan en esta
falsa doctrina pueden compararse con el profeta Ezequiel, cuando el
Señor le mandó representar á la Iglesia, tal como entonces era entre
los judíos, con mezclar trigo, cebada, habas, lentejas, mijo y avena
con el estiércol de hombre, ó de buey, y comerlo (Ezequiel IV: 9 y
siguientes).