Banner

Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

¿Tienes tú preguntas, comentarios o criticas? Escríbenos en esta dirección, info@swedenborg.es

IV

EL SEGUNDO MANDAMIENTO

«No tomarás el Nombre de Jehová, tu Dios, en vano; porque no dará por inocente Jehová, al que tomare Su Nombre en vano.»

229. En el sentido natural el tomar el Nombre de Jehová en vano, se refiere al Nombre mismo, es decir, á su abuso en conversaciones frívolas, y especialmente á su invocación para confirmar falsedades ó mentiras; á su empleo en juramentos sin necesidad, ó para esculpirlo en malas inclinaciones (lo cual es blasfemar), también á su empleo en hechicerías y artes mágicas. Pero el jurar por Dios y por Su Santidad, por el Verbo ó por el Evangelio con motivo de un coronamiento, de una inauguración al pastorado ó inducción en un oficio de confianza, no es tomar en vano el Nombre de Jehová, á no ser que el que presta juramento luego desecha sus promesas como vanas. Por otra parte el Nombre de Dios, por ser la Santidad misma, debe usarse continuamente en las santas cosas de la Iglesia, como por ejemplo en oraciones, en himnos y en toda adoración ó culto, así como en sermones y en escritos sobre asuntos eclesiásticos, porque Dios está en todo cuanto pertenece á la Religión, y siendo religiosamente invocado, está presente por Su Nombre y escucha. De esta manera el Nombre de Dios es santificado. Que el Nombre de Jehová Dios es santo en sí mismo, es evidente por el hecho de que los judíos, desde que existen como nación, no se han atrevido a pronunciar la palabra Jehová, ni se atreven ahora á pronunciarla, y por la misma causa los Evangelistas tampoco emplearon esta palabra, sino la palabra Señor en lugar de Jehová, según se puede ver en varios pasajes transferidos del Antiguo Testamento al Nuevo, como por ejemplo: Mateo XXII: 37; Lucas X: 27, comparados con Deut. VI: 5 y otros. Que también el Nombre de Jesús es santo, consta por las palabras del apóstol Pablo, que á este Nombre toda rodilla se doblará en el Cielo y en la tierra, y además consta por el hecho de que no puede ser pronunciado por demonio alguno en el infierno. Los Nombres de Dios que no deben tomarse en vano son varios, como por ejemplo: Jehová, Jehová Dios, Jehová Zabaot, el Santo de Israel, Jesús, Cristo, el Espíritu Santo y otros.

230.    En el sentido espiritual el Nombre de Dios quiere decir todo cuanto la Iglesia enseña por el Verbo, y mediante lo cual el Señor es invocado y adorado. Todas estas cosas en complejo son el Nombre de Dios, por lo cual tomar el Nombre de Dios en vano significa introducir estas cosas ó alguna de ellas en conversaciones frívolas, en hablar falsedades, en mentiras, en imprecaciones, hechicerías y artes mágicas; porque el hacer esto es también menospreciar y blasfemar á Dios, y por consiguiente á Su Nombre. Que el Verbo, y todo cuanto la Iglesia enseña por el Verbo, por consiguiente todo culto y adoración, es el Nombre de Dios, consta por varios pasajes del mismo, entre otros Isaías XLI: 25; Malaquías I: 11; 13; Deut. XII: 5; 11; 13; 14; 18; XVI: 2; 6; 11; 15; 16; Mateo XVIII: 20; Juan I: 12; III: 18; XX: 31; XVII: 6; 26; Apoc. III: 4. En muchos pasajes, donde se habla del Nombre de Dios, éste significa lo Divino que dimana y procede de Dios, bajo lo cual debe ser adorado. El Nombre de Jesucristo significa todo cuanto pertenece á la Redención y á la Doctrina que El enseñaba, así pues, todo cuanto pertenece á la salvación; Jesús lo perteneciente á la salvación por virtud de la Redención y Cristo lo perteneciente á la salvación por virtud de la Doctrina.

231.    En el sentido celestial el tomar en vano el Nombre de Dios, quiere decir lo que el Señor dijo á los Fariseos:

«Todo pecado y blasfemia será perdonado al hombre, mas la blasfemia contra el Espíritu no será perdonado»  (Mateo XII 31; 32).

Blasfemia contra el Espíritu significa blasfemia contra la Divinidad de la Naturaleza Humana del Señor y contra la Santidad del Verbo. La Divina Humanidad del Señor es lo que el Nombre de Jehová Dios significa en el sentido celestial, que es el supremo, lo cual consta por muchos pasajes del Verbo, por ejemplo: Juan XII: 48; XIV: 13; 14 y otros. En la Oración dominical: «Santificado sea tu Nombre», Nombre significa la Divina Naturaleza Humana del Señor y no otra cosa; así también en Éxodo XXIII: 21 y en Isaías LXIII: 16. Por ser la blasfemia contra el Espíritu, según las palabras en Mateo XII: 31; 32, imperdonable á los hombres, y puesto que esta blasfemia es lo que en sentido celestial se entiende por tomar el Nombre de Jehová Dios en vano, se añade á este mandamiento las palabras: porque no dará por inocente Jehová al que tomare Su Nombre en vano.

232. Que el nombre de una persona no quiere decir su nombre solamente, sino también toda su cualidad, se ve claramente en el mundo espiritual. Allí nadie conserva el nombre que recibió en el bautismo, ó el nombre que tenía de sus padres ó de sus antecesores en el mundo; cada uno allí se llama según su cualidad, y los ángeles se llaman según su vida moral y espiritual. A estos nombres se refirió el Señor, cuando dijo:

«Yo soy el buen pastor: las ovejas oyen su voz y a sus ovejas llama por nombre y las saca» (Juan X: 11; 3).

Y también:

«Mas tengo unos pocos nombres en Sardis que no han ensuciado sus vestidos. Al que venciere escribiré sobre él el nombre de mi Dios y el nombre do la ciudad la Nueva Jerusalén y mi Nombre nuevo» (Apoc. III: 4; 12).

Gabriel y Michael no son nombres de dos ángeles en el cielo, sino que significan todos los ángeles que se hallan en sabiduría respecto del Señor y que adoran á El. En el Verbo los nombres de personas y lugares tampoco significan personas y lugares, sino cosas pertenecientes á la Iglesia. De igual manera en el mundo natural. Por el nombre de una persona en este mundo no se entiende tan sólo su nombre, sino también su cualidad, porque esta adhiere al nombre. En la idea el carácter y la vida del hombre forman uno con su nombre, por lo cual el calumniar los actos de la vida de un hombre es calumniar su nombre.

 La siguiente sección [ V. El tercer mandamiento: «Acordarte has del día de Reposo para santificarlo; seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día será reposo para Jehová, tu Dios». (N. 233-235.)...]