V
EL TERCER MANDAMIENTO
«Acordarte has del día de Reposo para
santificarlo; seis días trabajarás y harás toda tu obra; mas el
séptimo día será Reposo para Jehová, tu Dios.»
233. En el sentido natural ó literal este
mandamiento quiere decir, que los seis días son para el hombre y sus
ocupaciones, y el séptimo para el Señor y para el reposo del hombre
por virtud de El Sábado, en el idioma original, quiere decir reposo.
El sábado con los hijos de Israel era sumamente santo, porque
representaba al Señor. Los seis días representaban Sus esfuerzos y
Sus combates contra los infiernos, y el séptimo día Su victoria
sobre ellos y por consiguiente Reposo. El sábado representaba, pues,
la conclusión y completa consumación de la Obra de Redención, que
iba á realizar el Señor, y por esta razón era ese día con ellos la
Santidad misma. Pero cuando el Señor vino al mundo, cesaron las
representaciones de El, y el sábado fue hecho un día de instrucción
en cosas Divinas, y también un día de reposo del trabajo para ser
dedicado á meditaciones sobre lo perteneciente á la salvación y á la
vida eterna, así como á obras de caridad. Que el sábado fue hecho un
día de instrucción en cosas Divinas, es evidente por el hecho de que
el Señor enseñaba y predicaba el día del sábado en los templos y en
las sinagogas (Marcos VI: 2; Lucas IV: 16; 31; 32; XIII: 10); y
porque dijo al hombre á quien sanó en el día del sábado: Toma tu
lecho y anda (Juan V: 9; 19) y á los Fariseos; que era lícito para
los discípulos recoger espigas en el día del sábado y comer el
trigo, restregándolas en sus manos (Mateo XII: 1; 9; Marcos ÍI: 23;
28; Lucas VI: 1; 6); porque en el sentido espiritual estos actos
significan recibir instrucción en verdades doctrinales. Que también
fué hecho un día de obras de caridad, consta por lo que el Señor
obraba y enseñaba en los días de sábado (Mateo XII:10; 14; Marcos
III: 1; 9; Lucas VI: 6; 14; XIII: 10; 18; XIV: 1; 7; Juan V: 9; 19;
VII: 22; 23; IX: 14; 16). Estos pasajes y los arriba citados
explican la razón, por la cual el Señor dijo, que El es Señor aún
del Sábado (Mateo XII: 8; Marcos II: 28; Lucas VI: 5), por cuya
declaración es nuevamente evidente que el día era representativo de
El.
234. En el
sentido espiritual este mandamiento significa la reformación y
regeneración del hombre por el Señor. Los seis días de trabajo
significan la lucha del hombre contra la carne y sus apetitos, y al
mismo tiempo contra los males y las falsedades que del infierno
influyen en él; y el séptimo día significa su conjunción con el
Señor y su regeneración por ella. Mientras esta lucha continúa tiene
el hombre trabajo y pena espiritual, pero una vez verificada su
regeneración, tiene reposo. Esto será explicado detalladamente más
adelante, cuando trataremos de la reformación y regeneración, y
sobre todo será claro por las siguientes síntesis, que allí se
explicarán:
I.
La reforma es efectuada de una manera análoga á la en que el
hombre es concebido, llevado en el útero, nace y es educado.
II.
El primer acto del nacimiento nuevo se llama la reformación,
la cual es del entendimiento; y el segundo se llama la regeneración,
la cual es de la voluntad y por virtud, de ésta del entendimiento.
III.
El hombre interior debe ser reformado primeramente y luego es
reformado el hombre exterior por medió de éste.
IV.
Empieza entonces una lucha entre el hombre interior y el
hombre exterior, y el que vence, reina sobre el otro.
V.
El hombre regenerado tiene una nueva voluntad y un nuevo
entendimiento.
La razón por
la cual el tercer mandamiento en su sentido espiritual significa 1a
reformación y regeneración del hombre, es que estas dos operaciones
coinciden con los esfuerzos y combates del Señor contra los
infiernos, con Su victoria sobre ellos y con el Reposo que luego
resulta; porque el Señor reforma y regenera al hombre de la misma
manera en que realizó la glorificación de Su Naturaleza humana,
haciéndola Divina, y la cooperación del hombre con el Señor en la
obra de su reformación y regeneración, es lo que se llama: Seguir al
Señor. Que el Señor sostenía combates, se puede ver en Isaías,
capítulos LIII y LXIII, cuyos combates se llaman trabajos (LIII:
11). En Isaías LXV: 23 y Apoc. II: 4; 3, parecidos combates con
relación al hombre se llaman asimismo trabajos.
235. En su
sentido celestial este mandamiento significa la conjunción con el
Señor y la paz que de ella resulta por hallarse entonces el hombre
protegido por el Señor contra el infierno; Sábado, significa reposo
y en el sentido supremo, paz. Por esta razón el Señor es llamado
Príncipe de Paz y El Mismo se llama Paz (Isaías IX: 6; 7; Juan XIV:
27; XVI: 33; Isaías LII: 7; Salmo LV: 18; Isaías XXXII: 17; 18;
Lucas X: 5; 6; Mateo X: 12; 14; Salmo LXXXV: 8; 10; Juan XX: 19; 21;
26). El estado de paz en el cual los hombres son introducidos por el
Señor, es descrito también en Isaías, cap. LXV y LXVI, y en otros
lugares. En este estado entran los que son admitidos en la Nueva
Iglesia, ahora establecida por el Señor. Cuál y cómo es el estado de
paz en que se hallan los ángeles y los que están en el Señor, puede
verse en la obra: El Cielo y el Infierno (N. 284290). Por lo aquí
expuesto se ve claramente, por qué razón el Señor se llama Señor del
Sábado, es decir, del Reposo, de la Paz. La Paz celestial, cuando
los males y las falsedades del infierno no pueden ya subir é invadir
el alma, puede compararse con la paz natural después de una guerra,
cuando cada uno vive en seguridad, protegido contra el enemigo,
tranquilo en su ciudad, en su hogar, en sus campos y en sus
jardines. Es como dice el profeta, hablando en términos naturales de
la Paz celestial:
«Y cada uno se sentará debajo de su vid y
debajo de su higuera y no habrá quien amedrente» (Micheas IV: 4;
Isaías LXV: 21; 23).