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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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V

EL TERCER MANDAMIENTO

«Acordarte has del día de Reposo para santificarlo; seis días trabajarás y harás toda tu obra; mas el séptimo día será Reposo para Jehová, tu Dios.»

233. En el sentido natural ó literal este mandamiento quiere decir, que los seis días son para el hombre y sus ocupaciones, y el séptimo para el Señor y para el reposo del hombre por virtud de El Sábado, en el idioma original, quiere decir reposo. El sábado con los hijos de Israel era sumamente santo, porque representaba al Señor. Los seis días representaban Sus esfuerzos y Sus combates contra los infiernos, y el séptimo día Su victoria sobre ellos y por consiguiente Reposo. El sábado representaba, pues, la conclusión y completa consumación de la Obra de Redención, que iba á realizar el Señor, y por esta razón era ese día con ellos la Santidad misma. Pero cuando el Señor vino al mundo, cesaron las representaciones de El, y el sábado fue hecho un día de instrucción en cosas Divinas, y también un día de reposo del trabajo para ser dedicado á meditaciones sobre lo perteneciente á la salvación y á la vida eterna, así como á obras de caridad. Que el sábado fue hecho un día de instrucción en cosas Divinas, es evidente por el hecho de que el Señor enseñaba y predicaba el día del sábado en los templos y en las sinagogas (Marcos VI: 2; Lucas IV: 16; 31; 32; XIII: 10); y porque dijo al hombre á quien sanó en el día del sábado: Toma tu lecho y anda (Juan V: 9; 19) y á los Fariseos; que era lícito para los discípulos recoger espigas en el día del sábado y comer el trigo, restregándolas en sus manos (Mateo XII: 1; 9; Marcos ÍI: 23; 28; Lucas VI: 1; 6); porque en el sentido espiritual estos actos significan recibir instrucción en verdades doctrinales. Que también fué hecho un día de obras de caridad, consta por lo que el Señor obraba y enseñaba en los días de sábado (Mateo XII:10; 14; Marcos III: 1; 9; Lucas VI: 6; 14; XIII: 10; 18; XIV: 1; 7; Juan V: 9; 19; VII: 22; 23; IX: 14; 16). Estos pasajes y los arriba citados explican la razón, por la cual el Señor dijo, que El es Señor aún del Sábado (Mateo XII: 8; Marcos II: 28; Lucas VI: 5), por cuya declaración es nuevamente evidente que el día era representativo de El.

234. En el sentido espiritual este mandamiento significa la reformación y regeneración del hombre por el Señor. Los seis días de trabajo significan la lucha del hombre contra la carne y sus apetitos, y al mismo tiempo contra los males y las falsedades que del infierno influyen en él; y el séptimo día significa su conjunción con el Señor y su regeneración por ella. Mientras esta lucha continúa tiene el hombre trabajo y pena espiritual, pero una vez verificada su regeneración, tiene reposo. Esto será explicado detalladamente más adelante, cuando trataremos de la reformación y regeneración, y sobre todo será claro por las siguientes síntesis, que allí se explicarán:

I.          La reforma es efectuada de una manera análoga á la en que el hombre es concebido, llevado en el útero, nace y es educado.

II.         El primer acto del nacimiento nuevo se llama la reformación, la cual es del entendimiento; y el segundo se llama la regeneración, la cual es de la voluntad y por virtud, de ésta del entendimiento.

III.    El hombre interior debe ser reformado primeramente y luego es reformado el hombre exterior por medió de éste.

IV.    Empieza entonces una lucha entre el hombre interior y el hombre exterior, y el que vence, reina sobre el otro.

V.    El hombre regenerado tiene una nueva voluntad y un nuevo entendimiento.

La razón por la cual el tercer mandamiento en su sentido espiritual significa 1a reformación y regeneración del hombre, es que estas dos operaciones coinciden con los esfuerzos y combates del Señor contra los infiernos, con Su victoria sobre ellos y con el Reposo que luego resulta; porque el Señor reforma y regenera al hombre de la misma manera en que realizó la glorificación de Su Naturaleza humana, haciéndola Divina, y la cooperación del hombre con el Señor en la obra de su reformación y regeneración, es lo que se llama: Seguir al Señor. Que el Señor sostenía combates, se puede ver en Isaías, capítulos LIII y LXIII, cuyos combates se llaman trabajos (LIII: 11). En Isaías LXV: 23 y Apoc. II: 4; 3, parecidos combates con relación al hombre se llaman asimismo trabajos.

235. En su sentido celestial este mandamiento significa la conjunción con el Señor y la paz que de ella resulta por hallarse entonces el hombre protegido por el Señor contra el infierno; Sábado, significa reposo y en el sentido supremo, paz. Por esta razón el Señor es llamado Príncipe de Paz y El Mismo se llama Paz (Isaías IX: 6; 7; Juan XIV: 27; XVI: 33; Isaías LII: 7; Salmo LV: 18; Isaías XXXII: 17; 18; Lucas X: 5; 6; Mateo X: 12; 14; Salmo LXXXV: 8; 10; Juan XX: 19; 21; 26). El estado de paz en el cual los hombres son introducidos por el Señor, es descrito también en Isaías, cap. LXV y LXVI, y en otros lugares. En este estado entran los que son admitidos en la Nueva Iglesia, ahora establecida por el Señor. Cuál y cómo es el estado de paz en que se hallan los ángeles y los que están en el Señor, puede verse en la obra: El Cielo y el Infierno (N. 284290). Por lo aquí expuesto se ve claramente, por qué razón el Señor se llama Señor del Sábado, es decir, del Reposo, de la Paz. La Paz celestial, cuando los males y las falsedades del infierno no pueden ya subir é invadir el alma, puede compararse con la paz natural después de una guerra, cuando cada uno vive en seguridad, protegido contra el enemigo, tranquilo en su ciudad, en su hogar, en sus campos y en sus jardines. Es como dice el profeta, hablando en términos naturales de la Paz celestial:

«Y cada uno se sentará debajo de su vid y debajo de su higuera y no habrá quien amedrente» (Micheas IV: 4; Isaías LXV: 21; 23).