VII
EL QUINTO MANDAMIENTO
«No
matarás.»
239.
En el sentido natural este mandamiento quiere decir, que no
se debe quitar la vida á un ser humano, ni herirle mortalmente, ni
mutilar su cuerpo, y que tampoco se debe atraer un mal mortal sobre
su nombre y reputación, puesto que con muchos la vida y la
reputación van mano en mano. En un sentido más amplio se entiende
por homicidio también enemistad, odio y sentimientos de venganza
respirando destrucción; porque debajo de ellos se oculta el
homicidio como fuego debajo de cenizas. El fuego infernal no es otra
cosa, y la costumbre de decir encenderse por el odio y arder en
venganza viene de allí. El odio y los sentimientos de venganza son
homicidio de intención aunque no de hecho, y si no fuera por el
temor del castigo de la ley, de pérdida de nombre y de reputación ó
de la venganza, se ultimaría en acto, especialmente cuando la
intención envuelve traición y crueldad. Que odio, ira y enemistad
son homicidio consta por las palabras del Señor en Mateo V: 21; 22;
y la razón es que todo cuanto está en la intención está también en
la voluntad, y lo que está en la voluntad es en y por sí considerado
un hecho, tanto como si fuera un acto consumado.
240.
En el sentido espiritual «homicidio» significa toda manera de
matar y destruir las almas de los hombres, cuyas maneras son
múltiples, como por ejemplo apartarlas de Dios, de la Religión y del
Culto Divino mediante insinuaciones escandalosas contra éstos, y
persuadirles á adoptar ideas y prácticas que conducen á la aversión
y al aborrecimiento de la Religión. Tal es el proceder de los
demonios y satanás en el infierno, y con éstos se hallan en
conjunción los que en el mundo desprecian, ridiculizan y profanan
las santas cosas de la Iglesia. Los que destruyen las almas por
medio de falsedades se llaman en el Verbo Abbadon ó Apollyon, es
decir el Ángel del abismo (Apoc. IX: 11), ó sea el Destructor, y las
almas destruidas se llaman las ovejas de la matanza, los matados,
los heridos, como por ejemplo en Zacarías XI: 4, 5, 7; en el Salmo
XLIV: 22; en Isaías XXVII: 6, 7; en Juan X: 10, y también en Isaías
XIV: 21; XXVI: 2Í; Jeremías IV: 31; XII: 3; Apoc. IX: 4; XI: 7. Por
esta razón se llama el Diablo homicida desde el principio (Juan
VIII: 44).
241.
En el sentido celestial «matar» significa tener ira contra el
Señor, odiarle y querer extirpar Su Nombre. Se dice de éstos, que
crucifican al Señor, lo cual también harían, como hicieron los
Judíos, si volviese al mundo en la carne como en Su primera Venida.
Esto es lo que significan las palabras: El cordero estaba como
inmolado (Apoc. V: 6, y XIII: 8), y también los crucificados (Apoc.
XI: 8; Hebreos VI: 6; Gal. III: 1).