I
La Sagrada Escritura, ó sea el Verbo de Dios, es la Divina
Verdad misma.
142.
La Iglesia reconoce universalmente, que el Verbo es de Dios;
que ha sido Divinamente inspirado y por consiguiente que es santo;
sin embargo, ha ignorado hasta ahora dónde en el Verbo se halla lo
Divino; porque en la letra el Verbo es parecido á cualquier otro
libro; se halla escrito en un lenguaje extraño y sencillo, y carece
del estilo sublime y elegante, que caracteriza los escritos
modernos. Por esta razón, el que adora á la Naturaleza en vez de á
Dios, ó más que á Dios, pensando por lo tanto, por virtud de su
propia inteligencia y no por virtud del cielo y del Señor, se
equivoca fácilmente con respecto al Verbo, y al leerlo siente
desprecio por El, diciendo en su interior: «¿Qué es esto? ¿Qué es
aquello? ¿Puede Dios, siendo infinita sabiduría, hablar así? ¿En qué
consiste la santidad de esta Escritura, y de dónde viene, sino de la
enseñanza religiosa y de la persuasión consiguiente?»
143.
Pero el que piensa de esta manera no repara en que Jehová el
Señor, que es el Dios del cielo y de la tierra, habló el Verbo por
conducto de Moisés y de los Profetas, y que por consiguiente debe
ser la Divina Verdad misma, porque lo que habla Jehová no puede ser
otra cosa. Ni repara en que el Señor, el Salvador, Quien es Uno con
Jehová, habló el Verbo, escrito en los Evangelios, mucho por su
propia boca y lo demás por el Aliento de su boca, ó sea por el
Espíritu Santo, por conducto de sus doce apóstoles. El mismo dice
que Su palabra es espíritu y vida, y que El es la luz que ilumina, y
la Verdad.
144.
Pero estas consideraciones no bastan para persuadir al hombre
natural, de que el Verbo es la Divina Verdad misma, en la cual están
la Divina Sabiduría y la Vida Divina; porque lo mira desde el punto
de vista del estilo y de la letra, en los cuales no puede ver
aquellas cosas; y sin embargo, el estilo del Verbo es el estilo
Divino, el cual es incomparable con otro estilo alguno, por más
sublime y elegante que sea. El estilo del Verbo es de tal
naturaleza, que por él hay Santidad en cada frase, en cada palabra y
en algunos lugares hasta en cada letra. De ahí es, que el Verbo une
al hombre con el Señor y abre el cielo. Dos cosas hay, que proceden
del Señor: el Divino Amor y la Divina Sabiduría, ó lo que es lo
mismo, el Divino Bien y la Divina Verdad. El Verbo en su esencia es
ambos; y puesto que une al hombre con el Señor y abre el cielo, como
se acaba de decir, llena el hombre con el bien del Amor y con la
verdad de la Sabiduría; su voluntad con el bien del Amor y su
entendimiento con la verdad de la Sabiduría, recibiendo el hombre
así vida por el Verbo. Pero hay que saber, que no reciben vida por
el Verbo mas que aquellos, que lo leen con el objeto de sacar de él
verdades Divinas, como de su fuente, para aplicarlas á su vida. Los
que leen el Verbo con el objeto de adquirir honores y ventajas en el
mundo, no reciben vida por el Verbo, sino muerte espiritual.
145. Nadie
que ignora que en el Verbo hay un sentido espiritual, como el alma
en su cuerpo, puede juzgar del mismo más que por el sentido literal,
el cual, sin embargo, no es más que la envoltura, que contiene las
cosas preciosas, encerradas en el sentido interior. Ignorándose el
sentido espiritual, sólo se puede juzgar de la Santidad del Verbo,
como se puede juzgar de una piedra preciosa por la matriz que la
envuelve, la cual muchas veces tiene el aspecto de una piedra común.
La envoltura del Verbo, ó sea la letra, se puede comparar con una
caja, hecha de jaspe, lápiz lázuli, amianto ó ágata, dentro de la
cual se hallan colocados por su orden diamantes, rubíes, sardónica,
topacio oriental, etc. Si uno ignora lo que contiene la caja, ó si
cree que nada contiene, es natural que sólo la aprecie según el
valor del material, que la compone. Así es también con el Verbo
respecto de su sentido literal, y con el fin de disipar la
duda respecto de su Santidad y Divinidad, me ha sido revelado
su sentido interior, cuyo sentido en su esencia es espiritual y se
halla dentro del sentido exterior, que es el sentido natural, como
el alma en su cuerpo. El sentido espiritual es el espíritu, que da
vida á la letra, y este sentido puede, por lo tanto, dar testimonio
de la Divinidad y Santidad del Verbo y convencer hasta al hombre
meramente natural, si es que quiere dejarse convencer.