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II

En el Verbo hay un sentido espiritual, hasta ahora desconocido.

146.    En su seno el Verbo es espiritual, porque descendió de Jehová, el Señor, y pasó por medio del cielo de los ángeles. Lo Divino, que en sí mismo era inefable é imperceptible, se adaptaba, conforme descendía, á la percepción de los ángeles y finalmente á la percepción de los hombres. De ahí viene el sentido espiritual, que se halla dentro del sentido natural como el alma en el cuerpo, como el pensamiento en el habla y como la inclinación de la voluntad en la acción. El secreto, hasta aquí ignorado, de que en el Verbo hay un sentido interior, espiritual, es el más importante de los secretos, ahora revelados, y conviene que sea claramente expuesto al entendimiento, lo cual se procurará hacer bajo los siguientes cinco párrafos:

1.° Lo que es el sentido espiritual

2.° Este sentido se halla en todo y cada mínimo detalle del Verbo.

3.° Por esto es que el Verbo es Divinamente inspirado y Santo en cada palabra.

4.° Este sentido ha permanecido oculto hasta ahora.

5.° No será revelado en adelante más que á aquellos que se hallan en verdades por el Señor.

147.   (1) Lo que es el sentido espiritual. El sentido espiritual no es el sentido, que brilla en la letra del Verbo, cuando éste se estudia ó se explica con el objeto de confirmar algún dogma de la Iglesia. Este sentido puede llamarse el sentido literal ó eclesiástico; pero por más que el sentido espiritual no aparece en la letra, se halla sin embargo dentro de ésta, como el alma en su cuerpo, como el entendimiento en el ojo, y como la inclinación del amor en la expresión del rostro. Este sentido es lo que principalmente hace, que el Verbo es espiritual, no sólo para los hombres, sino también para los ángeles, y por medio del mismo comunica con el cielo. El Verbo, por ser interiormente espiritual, se halla escrito exclusivamente mediante correspondencias, y lo que está escrito mediante correspondencias, tiene en su sentido exterior un estilo como el que hallamos en los Profetas, en los Evangelistas y en el Apocalipsis; cuyo estilo, por más que parece sencillo, sin embargo oculta la Sabiduría Divina, y toda sabiduría angélica debajo de su envoltura. Lo que es correspondencia se puede ver en la obra El Cielo y el Infierno, publicada en Londres en el año 1758 (N. 87102 y 103115). Más algo se verá por los ejemplos del Verbo, que más abajo se citarán.

148. Del Señor procede lo Celestial/Divino, lo Espiritual/Divino y lo Natural/Divino, uno tras otro, por su orden. La emanación que procede de Su Divino Amor es lo que se llama lo Celestial/Divino y es el Bien. La que procede de Su Divina Sabiduría, es lo que se llama lo Espiritual/Divino y es la Verdad. Lo Natural/Divino consta de ambas emanaciones, y es su complejo en las últimas cosas. Los ángeles del Reino celestial, de los cuales consiste el cielo tercero ó superior, se hallan en lo Divino, que se llama celestial, porque se hallan en el Bien del Amor por el Señor. Los del Reino espiritual, de los cuales consiste el cielo segundo ó intermedio, se hallan en lo Divino, que se llama espiritual, porque se hallan en Divina Sabiduría por el Señor. Los del Reino natural del Señor, de los cuales consiste el cielo primero ó inferior, se hallan en lo Divino, que se llama natural/Divino y se hallan en la fe y la caridad por el Señor. Pero los hombres, ó sean los miembros de la Iglesia en el mundo, se hallan, en cuanto á su mente, en uno de los mencionados Reinos, con arreglo á su amor, sabiduría y fe, y después de la muerte entran conscientemente en el mismo Reino, en que se hallaban con respecto á su menté, mientras vivían en el mundo. Así es el Cielo y así es también el Verbo del Señor. En su último sentido es natural, en su sentido interior es espiritual, y en su sentido íntimo es celestial, siendo además Divino en cada uno de estos sentidos, y así se halla acomodado á la sabiduría de los ángeles de los tres cielos y también al entendimiento de los hombres.

149. (2) El sentido espiritual se halla en todo el Verbo y en cada detalle del mismo. Esto puede verse con claridad mediante ejemplos, tales como los siguientes: Juan dice en el Apocalipsis:

«Vi el cielo abierto y he aquí un caballo blanco, y él que estaba sentado sobre él era llamado Fiel y Verdadero, el cual con justicia juzga y pelea. Y sus ojos eran como llama de fuego y en su cabeza muchas diademas y tenia un nombre escrito, que ninguno entendía, sino él mismo. Y estaba vestido de una ropa teñida de sangre, y su nombre era llamado El Verbo de Dios. Y los ejércitos, que están en el cielo, le seguían en caballos blancos, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio; y de su boca salía una espada aguda para herir con ella las gentes, y él los regirá con vara de hierro. En su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de Reyes y Señor de Señores. Y vi un ángel que estaba en el sol y clamó con gran voz: Ve¬nid y congregaos á la Cena del Gran Dios, para que comáis carne de reyes y de capitanes y carne de fuertes, y carne de caballos y de los que están sentados sobre ellos; y carne de todos, libres y siervos, de pequeños y de grandes> (XIX: 1118).

Nadie puede saber lo que significan estas cosas, excepto por el sentido espiritual del Verbo, y nadie puede ver el sentido espiritual, sino por medio del conocimiento de las correspondencias; porque el Verbo es un conjunto de correspondencias y no hay en él una sola palabra, que no tenga su sentido espiritual. La ciencia de las correspondencias enseña lo que significa «el caballo blanco» «el que estaba sentado sobre él», «los ojos como llama de fuego», «las diademas sobre su cabeza», «la ropa teñida de sangre» y «el lino finísimo blanco» del que estaban vestidos los que formaban su ejército en el cielo; «el ángel que estaba en el sol», «la grande cena», á la cual habían de congregarse; asimismo «la carne de reyes y de capitanes» y otras cosas que habían de comer, mas no pertenece aquí explicarlo detenidamente †. Aquí sólo se dirá, que en el citado pasaje es descrito el Señor con respecto al Verbo, que Sus ojos, que eran como llama de fuego, significan la Divina Sabiduría de Su Divino Amor. Las diademas que estaban en Su cabeza y el nombre escrito, el cual ninguno conocía sino El Mismo, significan las Divinas Verdades del Verbo procedente de El, y que nadie ve lo que el Verbo es en su sentido espiritual, más que el Señor y aquellos á quienes El lo revela. Que su ropa teñida de sangre, significa el sentido natural del Verbo, ó sea el sentido literal, cuyo sentido ha sido violado. La prueba de que es el Verbo, que en este pasaje es descrito mediante las referidas cosas, es que se dice que: «Su nombre es llamado El Verbo de Dios». Que es el Señor á quien se refiere toda la descripción, es también evidente; porque se dice que el nombre del que estaba sentado sobre el caballo blanco era «Rey de Reyes y Señor de Señores». Lo que se dice respecto del caballo blanco y del que estaba sentado sobre él, así como respecto de la grande cena á la que todos fueron invitados por el ángel que estaba en el sol, significa en resumen, que al fin, ó sea á la consumación de la Iglesia, se abrirá el sentido espiritual del Verbo, mediante el cual los hombres gozarán de los bienes que proceden del Señor, cuyos bienes en el referido pasaje son representados por carne de reyes, de capitanes, etc.    .

150.    En el Apocalipsis la Nueva Jerusalén es descrita como sigue:

«En ella había una luz semejante á una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, resplandeciente como cristal; tenia un muro grande y alto, con doce puertas y en las doce puertas doce ángeles, y nombres escritos, que son de las doce tribus de los hijos de Israel. Su muro tenía la medida de ciento cuarenta y cuatro codos, la medida de un hombre, esto es, de un ángel. El material de su muro era de jaspe y los fundamentos de toda piedra preciosa, de jaspe, de zafiro, de calcedonia, de esmeralda, de sardónica, de sardio, de crisólito., de berilo, de topacio, de crisopraso, de jacinto y de amatista. Las puertas eran doce perlas y la ciudad misma era de oro puro como vidrio transparente. Era cuadrangular, y su largura, anchura y altura eran iguales, siendo doce mil estadios».

Que todas estas cosas deben entenderse espiritualmente puede ser evidente por esto, de que la Nueva Jerusalén significa la Nueva Iglesia, ahora establecida por el Señor † ; y puesto que Jerusalén en este pasaje significa la Iglesia, sigue que todo lo que acerca de ella se dice como ciudad, de sus puertas, de sus muros, de los fundamentos de sus muros y también de sus medidas, tiene un sentido espiritual, siendo así que las cosas de la Iglesia son cosas espirituales; pero lo que significan no pertenece aquí explicar ‡, sino que sirvan como prueba, de que en el Verbo hay un sentido espiritual en cada frase y palabra. El citado pasaje no se entiende en su sentido literal, pero el que posee la ciencia de las correspondencias comprende estas cosas, como por ejemplo, que el muro y sus fundamentos significan los dogmas doctrinales de esta Iglesia, sacados de la letra del Verbo, y que los números 12, 144, 12.000 significan todas las cosas pertenecientes á esta Iglesia, ó sea todas sus verdades y todos sus bienes en un conjunto.

151. Cuando el Señor habló á sus discípulos de la consumación del siglo, que es el fin de la Iglesia, prediciendo sus sucesivos estados, dijo:

«Luego, después de la aflicción de aquellos días, el sol se obscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes de los cielos serán conmovidas; y entonces se mostrará la señal del Hijo del hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre que vendrá sobre las nubes del cielo con grande poder y gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro» (Mateo XXIV: 19; 23).

En Joel dice:

«El día de Jehová viene, día de tinieblas y de obscuridad; el sol y la luna se obscurecerán y las estrellas retraerán su resplandor» (II: 1; 2; 10).

En Ezequiel:

«Cubriré los cielos y haré entenebrecer sus estrellas; el sol cubriré con nublado y la luna no hará resplandecer su luz. Todas las lumbreras de luz haré entenebrecer, y pondré tinieblas sobre tu tierra (XXXII: 7; 8).

«El día de Jehová» significa aquí la primera Venida del Señor, y ésta se verificó, cuando no quedaba bien alguno del amor, ni verdad alguna de la fe en la Iglesia, es decir, cuando había en ella verdadero conocimiento alguno respecto del Señor. Por eso es llamado «un día de tinieblas y de obscuridad». Lo que se dice en el pasaje más arriba citado, en Mateo, se refiere á la segunda Venida del Señor, la cual no es una venida en la carne, sino en el sentido espiritual del Verbo, en la mente de aquellos, que forman parte de Su Nueva Iglesia, que es la Nueva Jerusalén.

152. El Señor, mientras estaba en el mundo, hablaba mediante correspondencias, es decir, cuando hablaba naturalmente, hablaba al mismo tiempo espiritualmente. Esto puede constar por sus parábolas, en cuyas palabras hay un sentido espiritual. Que sirva como ejemplo la parábola de las diez vírgenes. Dijo:

«El reino de los cielos es semejante á diez vírgenes, que, tomando sus lámparas, salieron á recibir al esposo. Y cinco de ellas eran prudentes y cinco fatuas. Las que eran fatuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y á la media noche fue oído un clamor. «He aquí, el esposo viene, salid á recibirle». Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y aderezaron sus lámparas; y las fatuas dijeron á las prudentes: Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron, diciendo: Porque no nos falte á nosotras y á vosotras, id antes á los que venden y comprad para vosotras. Y mientras que ellas iban á comprar, el esposo y las que estaban apercibidas entraron con El A las bodas y se cerró la puerta. Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos. Mas respondiendo El, les dijo: De cierto os digo, que no os conozco.»

Nadie puede ver, que en cada una de estas palabras hay un sentido espiritual, ni conocer cuál y cómo es. En el sentido espiritual el reino de los cielos significa el Cielo y la Iglesia; el esposo significa el Señor; las bodas, la unión matrimonial del Señor con el cielo y con la Iglesia, por medio del bien del amor y la verdad de la fe; las vírgenes son los que forman la Iglesia; diez, todos ellos; cinco, algunos de ellos; lámparas, lo que pertenece á la fe; aceite, lo que pertenece al bien del amor; dormir y despertar, la vida del hombre, la cual, mientras vive en el mundo es natural, y después de la muerte es espiritual; la vida natural es como dormir en comparación con la vida espiritual, que es como despertar y hallarse en plena vigilia; comprar significa procurarse; ir á los que venden y comprar aceite, significa aquí intentar procurarse cada uno para sí mismo el bien del amor por el trato con otros después de la muerte, y puesto que entonces no se puede ya obtener este bien, por ello les dijo el esposo: «No os conozco», por más que vinieron con sus lámparas y con el aceite que acababan de comprar, y llamaron á la puerta, donde se celebraban las bodas. La razón por la cual no se puede procurar aquel bien después de la muerte, es que el hombre permanece por toda eternidad tal, cuales en el mundo con respecto á su amor y fe. Estos ejemplos demuestran, que el Señor hablaba mediante correspondencias, exclusivamente, y hablaba así porque hablaba desde lo Divino, que estaba en El y que era Suyo. Por significar vírgenes los que son de la Iglesia, se dice tan á menudo en el Verbo profético, La virgen y la hija de Sión, de Jerusalén, de Judá, de Israel; y por significar aceite el bien del amor, fueron ungidas con aceite todas las sagradas cosas de la Iglesia israelita, que era representativa. Como la referida parábola, así todo lo demás que habló Jesús, el Señor, es decir, que todo lo que habló tiene en sí un sentido espiritual, y por esto, dijo: Mis palabras son espíritu y vida (Juan VI: 63).

158. (3) Es por el sentido espiritual que el Verbo es Divinamente inspirado y santo en toda palabra. En la Iglesia se dice, que el Verbo es santo, porque lo habló Jehová, el Señor. Pero su Santidad no aparece en la letra, y el que por esta razón empieza á sentir duda con respecto á ella, se confirma en esta duda luego al leerlo, porque hay en el Verbo muchas cosas, que parecen puramente naturales, y hacen á uno preguntar á sí mismo: «¿Es esto santo? ¿Es esto Divino?» Y á fin de que esto no suceda á muchos, y la duda luego aumente, con el resultado de que el Verbo sea rechazado como un escrito sin valor, interrumpiéndose así la conjunción entre el Señor y los hombres, cuya conjunción tiene lugar mediante él Verbo, se ha servido el Señor ahora revelar el sentido espiritual y hacer saber, dónde en el Verbo se halla oculta su Divina Santidad. Mas se ilustrará mediante ejemplos:

El Verbo trata á veces de Egipto, á veces de Asiría, á veces de Edora, de Moab, de los hijos de Amon, de los Filisteos, de Tiro, de Sidón y de Gog. El qué no sabe que estos nombres significan cosas, que pertenecen al Cielo y á la Iglesia, se abandona fácilmente á la errónea creencia, de que el Verbo trata mucho de pueblos y de naciones y poco del Cielo y de la Iglesia, por consiguiente, mucho de cosas terrenales y poco de cosas celestiales; mas si sabe lo que significan, puede abandonar el error y ser reconducido á la verdad. Igualmente cuando ve, que en el Verbo se trata tan á menudo de jardines, de boscajes, de bosques y de sus árboles, como por ejemplo, del olivo, de la vid, del cedro, del álamo y del roble, y tan á menudo de corderos, de ovejas, de cabras, de becerros, de bueyes, así como de montes, de collados, de valles y de fuentes, de ríos y de sus aguas, y otras cosas parecidas. El que nada sabe con respecto al sentido espiritual del Verbo, no puede dejar de creer, que por las referidas cosas se entiende sencillamente las cosas naturales que expresan; porque no sabe que «jardín», «boscaje» y «bosque» significan sabiduría,  inteligencia y conocimientos;   que el «olivo», la  «vid»,  el «cedro», el «álamo» y el «roble» significan el bien y la verdad de la Iglesia celestial, espiritual, racional, natural y sensual; que «cordero»,  «oveja», «cabra»,   «becerro», «buey», significan inocencia, caridad y afecto natural; que «montes», «collados» y «valles», significan la esencia de la Iglesia (amor y fe) superior, intermedio é inferior, y que «Egipto», significa lo científico; «Asiría», lo racional; «Edoin», lo natural; «Moab», la adulteración del bien; los «hijos de Amón», la falsificación de la verdad; «Filisteos», fe sin caridad; «Tiro» y «Sidón», conocimientos del bien y de la verdad; «Gog», adoración exterior sin la interior. En general, «Jacob» en el Verbo significa la iglesia natural; «Israel», la iglesia espiritual; «Judá», la iglesia celestial: Si el hombre conoce estas cosas le es posible pensar y creer, que el Verbo trata exclusivamente de cosas celestiales y que las cosas terrenales, que se mencionan, no son más que formas continentes de las celestiales. Un ejemplo del Verbo ilustrará esto también: Leemos en Isaías:

«En aquel día habrá calzada de Egipto á Asirla y Asirios entrarán en Egipto y Egipcios en Asiría y los Egipcios servirán con Asirla. En aquel día Israel será tercero con Egipto y con Asiría, bendición en medio de la tierra, porque Jehová Zabaot los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto y Asiría, la obra de mis manos, é Israel mi heredad» (XIX: 23; 25).

Estas palabras, en el sentido espiritual, anuncian que al tiempo de la venida del Señor lo científico, lo racional y lo espiritual formarán uno; que lo científico servirá á lo racional y que ambos servirán á lo espiritual; aquel día, dos veces mencionado, significa la primera y la segunda Venida del Señor.

154.    (4) El sentido espiritual del Verbo ha permanecido oculto hasta ahora.

En la obra El Cielo y el Infierno (n. 87105) se ha demostrado, que todas las cosas de la Naturaleza y cada una en particular, corresponden á cosas espirituales, é igualmente las cosas del cuerpo humano, tanto en su conjunto como en todo detalle. Pero lo que es la correspondencia se ha ignorado hasta ahora, por más que en los tiempos más antiguos era bien conocido. Para los hombres, que entonces vivían, la ciencia de las correspondencias era la ciencia por excelencia, y era tan universal, que todos sus manuscritos y libros se escribían por medio de correspondencias. Los jeroglíficos de los Egipcios y asimismo las fábulas del antiguo tiempo son correspondencias. Las iglesias antiguas eran todas representativas de cosas espirituales. Sus ritos y también sus estatutos ú ordenanzas, con arreglo á las cuales celebraban su adoración y culto, consistían de puras correspondencias. Así también todas las cosas de la Iglesia Israelita. Los sacrificios, holocaustos, ofrendas de comer y de beber con todo lo perteneciente eran correspondencias; igualmente el tabernáculo y todas las cosas que en él había, así también sus fiestas: la fiesta del pan sin levadura, la fiesta de las cabañas y la de las primicias. También el oficio sacerdotal de Aarón y sus hijos y sus vestiduras de santidad. Lo que estas cosas significan se puede ver en Arcana Caelestia. Además eran correspondencias sus ordenanzas y leyes, referentes á su culto y á su vida. Ahora bien; puesto que las cosas Divinas se presentan en el mundo natural en formas de correspondencias, he aquí por qué el Verbo fue escrito exclusivamente mediante correspondencias y por qué el Señor, Quien hablaba desde lo Divino, hablaba mediante correspondencias; porque lo que viene de lo Divino cae en la Naturaleza en formas, que corresponden á las cosas Divinas, y las formas naturales llevan entonces en su seno las cosas Divinas, que se llaman celestiales y espirituales.

155.    He sido informado de que los hombres de la Iglesia antigua primitiva, que existía antes del diluvio, eran de un genio tan celestial, que hablaban con los ángeles del cielo, y que hablaban con ellos mediante correspondencias. Por eso llegaron á tal estado de sabiduría, que cuando miraban cualquier objeto, ú observaban cualquiera circunstancia en la tierra, pensaban de ello, no sólo naturalmente, sino también espiritualmente, por consiguiente en armonía y unión con los ángeles del cielo. También he sido informado de que Henoch, mencionado en Génesis (V: 21; 24), con sus compañeros, coleccionaba correspondencias de boca de los antiguos y transmitió el conocimiento de ellas á la posteridad. En su consecuencia la ciencia de las correspondencias no era tan sólo conocida, sino también cultivada en muchos países de Asia, especialmente en los países de Canaán, Egipto, Asiría, Caldea, Siria, Arabia, Tiro, Sidón y Nínive, siendo luego llevada á Grecia, pero allí la convirtieron en mitos ó fábulas, lo cual consta por los escritos de los antiguos autores griegos.

156. Como prueba de que el conocimiento de las correspondencias se conservaba mucho tiempo entre las naciones de Asia, en las que los hombres, que poseían este conocimiento, se llamaban adivinos y magos, citaré un ejemplo de I Samuel V y VI. Leemos en este lugar, que el arca, en la cual estaban las dos tablas, que contenían el decálogo, fue capturada por los Filisteos y colocada en el templo de Dagon, en Asdod; que Dagon cayó en tierra delante de ella, y que luego su cabeza y sus manos, separadas del cuerpo, fueron encontrados en el umbral del templo; que por causa del arca los hombres de Asdod fueron heridos de hemorroides, y su país devastado por ratones. Con este motivo los Filisteos juntaron á los sacerdotes y adivinos y, como medio de evitar la destrucción, resolvieron hacer cinco hemorroides y cinco ratones de oro y poner el arca sobre un carro nuevo, arrastrado por dos vacas, que iban bramando por el camino, y de devolver el arca á los hijos de Israel, por quienes el carro y las vacas fueron sacrificados á Jehová en holocausto, mediante cuyo sacrificio el Dios de Israel fué propiciado. Que todas estas cosas, ideadas por los adivinos de los Filisteos, eran correspondencias, consta por su significación, que es como sigue: Los Filisteos significaban los que se hallan en la fe, separada del amor; Dagon representaba este sistema religioso; los hemorroides, con que fueron castigados, significaban amores naturales, los cuales, aislados del amor espiritual, son impuros, y los ratones significaban la devastación de la Iglesia por la falsificación de la verdad. El carro nuevo significaba doctrina natural de la Iglesia (doctrina por verdades espirituales es significado en el Verbo por «carroza» );las vacas significaban inclinaciones naturales buenas; los hemorroides de oro significaban el impedimento de la devastación de la Iglesia, por el bien (porque oro en el Verbo significa el bien); el ir bramando las vacas por el camino significaba lo dificultoso de la conversión de los malos deseos naturales del hombre en buenas inclinaciones; el sacrificio en holocausto, que se hizo de las vacas juntamente con el carro, significaba que así el Dios de Israel fue propiciado. Siendo así que estas cosas, hechas por los Filisteos, aconsejados por sus adivinos, eran correspondencias, consta que el conocimiento de éstas se conservaba mucho tiempo entre los gentiles.

157. Puesto que los ritos y las ceremonias de la antigua Iglesia primitiva, cuyos ritos y ceremonias eran correspondencias, en el transcurso del tiempo llegaron á emplearse en sentido de idolatría, degenerando en artes mágicas, el conocimiento de estas correspondencias, por la Divina Providencia del Señor, iba perdiéndose gradualmente, y entre los hombres de la nación de Israel y Judá fue totalmente extinguido. El culto de esta nación consistía por cierto de puras correspondencias y era por ello representativo de cosas celestiales, mas ellos ignoraban lo que las cosas significaban, porque eran hombres enteramente naturales, y por consiguiente no querían, y no podían, saber cosa alguna con respecto á lo espiritual y celestial; tampoco pues con respecto á las correspondencias; porque las correspondencias son representaciones de las cosas espirituales y celestiales en las cosas naturales.

158. Las idolatrías de las naciones antiguas llevaban su origen del conocimiento de las correspondencias, porque todas las cosas, que existen en la tierra, corresponden; no solamente los árboles, sino también los animales y las aves de todas clases, igualmente los peces y todas las demás cosas. Los antiguos hombres, que poseían el conocimiento de las correspondencias, se hicieron imágenes, que correspondían á cosas celestiales, y se deleitaban con ellas, porque les recordaban las cosas del Cielo y de la Iglesia; por eso las ponían, no solamente en sus templos, sino también en sus casas, no para adorarlas, sino para recordar las cosas celestiales, que representaban. De ahí que en Egipto había imágenes de becerros, bueyes, serpientes y también de niños, hombres ancianos y vírgenes; porque becerros y bueyes significan las inclinaciones y la potencia del hombre natural; serpiente, la prudencia y también la habilidad inventiva del hombre sensual; niños, inocencia y caridad; ancianos, sabiduría; vírgenes, inclinación á la verdad, y así en adelante. Mas la posteridad empezó á adorar como cosas santas y finalmente como seres Divinos las imágenes y figuras, que colocaron sus antecesores en sus templos y en sus casas. A causa de las correspondencias los hombres de la antigua Iglesia celebraban asimismo sus cultos en jardines y en boscajes, según la clase de árboles que en ellos había, así como sobre montes y collados; porque jardines y boscajes significan sabiduría é inteligencia, y cada árbol en particular significa cierta cosa espiritual, perteneciente á la sabiduría y á la inteligencia; el olivo significa el bien del amor; la vid, la verdad procedente de ese bien; el cedro significa el bien y la verdad racional; un monte, el cielo superior; un collado el cielo intermedio. Que el conocimiento de las correspondencias permanecía con mucha gente del Oriente hasta la Venida del Señor, consta también por el suceso de los tres Magos del Oriente, que vinieron buscando al Señor, cuando nació, precediéndoles una estrella, y que traían consigo regalos, oro, incienso y mirra (Mateo II: 1, 2, 9, 10, 11), porque la estrella, que iba delante de ellos, significa conocimiento del cielo; el oro significa bien celestial; el incienso, bien espiritual, y el mirra bien natural, de cuyas tres clases ó grados de bien viene toda verdadera adoración. Más entre los de la nación de Judá é Israel no había conocimiento alguno de las correspondencias, por más que todas las cosas, que pertenecían á su culto, todos sus estatutos y ordenanzas, dados mediante Moisés, y todas las cosas del Verbo, eran puras correspondencias; lo ignoraban, porque en su corazón eran idólatras, y por consiguiente de una disposición tal, que no querían creer, que las cosas de su culto y su adoración eran significativas de cosas espirituales y celestiales. Creían que aquellas cosas naturales eran santas en sí mismas, por lo cual, caso de serles reveladas cosas celestiales y espirituales, no tan solo las hubieran rechazado, sino también profanado. El cielo estaba por eso mismo tan cerrado para ellos, que apenas sabían, que había una vida eterna, lo cual consta por el hecho de que no reconocieron al Señor, por más que las Escrituras Sagradas profetizaban de El y predecían Su Venida. Le rechazaron por la sola razón de que les enseñaba un Reino Celestial y no un reino terrenal; deseaban un Mesías, que les exaltara por encima de toda otra nación en el mundo, y no un Mesías para proveer á su felicidad eterna. 159. Si la ciencia de las correspondencias no fué revelada inmediatamente después de esa época, fué porque los hombres de la primitiva iglesia Cristiana eran tan sencillos, que no podía serles revelada. Si les hubiera sido revelada, no les hubiera servido de provecho alguno, ni la hubieran entendido. Después de la época de la primitiva iglesia se extendían las tinieblas por todo el mundo cristiano, primeramente á causa de las opiniones heréticas de muchos, que se hallaban esparcidos por todo el mundo cristiano, y luego por las deliberaciones y decretos de los Concilios de Nícea con respecto á tres Divinas Personas desde eternidad, y con respecto á la Persona de Cristo, como hijo de María, y no como Hijo de Jehová Dios. De allí originó la fe actual de la justificación, por cuya fe se busca y se invoca á tres Dioses, á cada uno de ellos por su orden, y en esta fe descansan todos los dogmas de la iglesia actual, dependiendo de ella como el cuerpo depende de su cabeza, y puesto que las verdades del Verbo, han sido aplicadas erróneamente para confirmar esta falsa fe, no podía ser revelado el sentido espiritual del Verbo, porque si hubiera sido revelado, hubieran aplicado también las verdades espirituales á confirmar su fe, llegando así á profanar la Santidad misma del Verbo, y de esta manera hubieran cerrado el cielo para sí completamente, apartando el Señor de la Iglesia.

160.    Mas ahora la ciencia de las correspondencias, mediante la cual es dado el sentido espiritual del Verbo, ha sido revelada, porque ahora vienen á la luz las verdades Divinas de la Iglesia y de estas verdades consiste el sentido espiritual del Verbo. Si estas verdades están en el hombre, el sentido espiritual del Verbo no puede ser pervertido, pero sin ellas el sentido literal del Verbo puede ser inclinado en cualquier sentido. Si es inclinado á la falsedad, su Santidad interior perece y con ella también su Santidad exterior, pero inclinado á la verdad su Santidad permanece. Más sobre esto se dirá en lo que sigue. La revelación del sentido espiritual del Verbo, que actualmente se está verificando, fue predicha á Juan en el Apocalipsis, en la visión que tuvo del cielo abierto y del caballo blanco y también del ángel, que estaba en el sol, invitando á todos á la gran cena (acerca de lo cual véase Apocalipsis XIX: 11; 18); mas este sentido no sería reconocido por mucho tiempo, lo cual es significado por la bestia y los reyes de la tierra, quienes debían hacer la guerra contra El que estaba sentado sobre el caballo blanco (Apoc. XIX: 19); igualmente es significado por el dragón que perseguía á la mujer, que parió á un niño varón, haciéndola huir al desierto y echando allí agua de su boca como un río á fin de ahogarla (Apoc. XII: 13; 17).

161.    (5) El sentido espiritual del Verbo no será revelado en adelante mas que á aquellos, que se hallan en genuinas verdades por el Señor. La razón es que nadie puede ver el sentido espiritual, sino por el Señor solo, hallándose en verdades Divinas por El; porque el sentido espiritual del Verbo trata del Señor solo y de Su Reino, y en este sentido se hallan los ángeles del cielo; porque es la Divina Verdad allí. El hombre puede violar este sentido, si tiene conocimiento de las correspondencias y desea mediante este conocimiento investigar el sentido espiritual del Verbo desde su propia inteligencia, porque mediante algunas correspondencias que conoce, puede pervertir este sentido y hasta obligarlo á confirmar lo que es falso. Esto sería violar la Divina Verdad y así también el Cielo, donde esta Verdad tiene su morada; por cuya razón, si alguien desea abrir este sentido de y por sí mismo y no por el Señor, se le cierra el Cielo, y cerrado el Cielo, el nombre no ve verdad alguna, ó bien se vuelve espiritualmente insano. La razón es además ésta: que el Señor enseña á cada uno mediante el Verbo, sirviéndose de los conocimientos, que se hallan en el hombre, y no infunde nuevos conocimientos directamente; por lo cual, si el hombre no se halla en verdades Divinas, ó sí tan sólo en pocas verdades y al mismo tiempo en falsedades, puede mediante estas últimas falsificar las verdades, como acontece con toda persona herética con respecto al sentido literal del Verbo. Por esta razón, y á fin de que nadie entre en el sentido espiritual indebidamente y pervierta la verdad, genuina que está en ese sentido, ha puesto el Señor guardianes, que en el Verbo son significados por querubines.

 

La siguiente sección [III. El sentido literal del Verbo es la base, el continente y el sostén de su sentido espiritual y celestial. (N. 162-164)...]