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IV

La Divina Verdad se halla en su Plenitud, en su Santidad y en su Poder en el sentido literal del Verbo.

165.    El Verbo en su sentido literal se halla en su Plenitud, Santidad y Poder, porque los dos sentidos interiores, ó sea el sentido espiritual y el sentido celestial, se hallan juntos en el sentido natural, ó literal, y de la siguiente manera: Existe en el cielo y en el mundo un orden sucesivo y un orden simultáneo. En el orden sucesivo las cosas se siguen una tras otra, sucediéndose desde las superiores hasta las inferiores. Pero en el orden simultáneo, la una se halla al lado de la otra desde lo íntimo hasta lo extremo ó exterior. El orden sucesivo es como una columna, graduada desde su punto superior hasta su base, mientras que el orden simultáneo es como una obra que adhiere dentro de su círculo ó plano, desde el centro hasta su borde exterior. Ahora se dirá cómo el orden sucesivo se convierte en orden simultáneo en las últimas cosas: las cosas superiores en el orden sucesivo se vuelven interiores en el orden simultáneo, y las cosas inferiores en el orden sucesivo se vuelven exteriores en el orden simultáneo, comparativamente como si se derritiese una columna, hundiéndose  en sí misma, y así convirtiéndose en un cuerpo plano, de forma circular, cuyas partículas interiores son las que formaban las partículas superiores de la columna, y cuyas partículas exteriores son las que formaban la base ó parte inferior de la misma. Así se forma de lo sucesivo lo simultáneo, y esto en cada particular cosa del mundo natural y en cada particular cosa del mundo espiritual, así como en el conjunto de éste y de aquél; porque en todas partes hay un primero, un intermedio y un último, y el primero tiende hacia el último y pasa á éste por conducto del intermedio. Conviene, sin embargo, hacer observar que hay grados de pureza con arreglo á los cuales ambos órdenes son determinados. Ahora al Verbo: Lo celestial, lo espiritual y lo natural proceden del Señor por orden sucesivo, y en las últimas cosas se hallan en orden simultáneo; así es que el sentido celestial y el sentido espiritual del Verbo se hallan juntos en su sentido natural simultáneamente. Comprendiéndose esto se puede ver de qué manera el sentido natural del Verbo es el continente, la base y el sostén de sus dos sentidos interiores, el espiritual y el celestial, y también de qué manera el Divino Bien y la Divina Verdad se hallan en su plenitud, en su Santidad y en su Poder en el sentido literal del Verbo. De todo esto resulta claro que el Verbo, en su sentido literal, es el Verbo mismo, porque interiormente en este sentido hay espíritu y vida. Esto es lo que dice el Señor en Juan (VI: 63): Las palabras que yo os hablo son espíritu y son vida, porque el Señor habló Sus palabras en el sentido natural. Los dos sentidos interiores, el celestial y el espiritual, sin el sentido natural no serían el Verbo; serían como un espíritu y una vida sin un cuerpo, ó como una casa sin fundamento.

166. Las verdades en el sentido literal del Verbo son por una grande parte verdades aparentes y no efectivas, siendo comparaciones y similitudes tomadas de las cosas de la Naturaleza, por lo cual se adaptan á la facultad intelectual de los simples y también dé los niños. Pero son al mismo tiempo correspondencias, y por consiguiente, receptáculos y moradas de las verdades genuinas; son los vasos y platos que contienen las verdades genuinas, como una copa de cristal contiene vino generoso, y como una fuente de plata contiene un manjar delicioso. Las verdades genuinas y sus bienes se hallan en el interior, las verdades en el sentido espiritual y los bienes en el sentido celestial. Para ilustrar citaré unos ejemplos del Verbo. Jesús dijo: Ay de vosotros, escribas y fariseos; porque limpiáis lo que está de fuera del plato y del vaso, mas de dentro están llenos de robo y de injusticia. Fariseo ciego, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato para que también lo de fuera se haga limpio (Mateo XXIII: 25; 26). Aquí el Señor habló por similitudes y comparaciones, las cuales al mismo tiempo eran correspondencias. Dijo vaso y plato, y vaso no sólo se refiere á la verdad del Verbo, sino que también la significa, porque por vaso aquí se entiende vino, y vino significa Verdad, así como por plato se entiende comida, y comida significa el bien. Por lo cual el limpiar lo de dentro del vaso y del plato significa purificar por medio del Verbo lo interior de la mente, que proviene de la voluntad y del entendimiento, para que también lo de fuera se haga limpio; significa que las cosas exteriores de la mente, que son el habla y las obras, son de esta  manera purificadas, porque estas cosas exteriores derivan su esencia de la voluntad y del entendimiento. En  otra ocasión dijo Jesús: Había un hombre  rico que se vestía de púrpura y de lino fino y hacía cada día banquete con esplendidez, y había también un mendigo, llamado Lázaro, el cual estaba echado á la puerta de él,  lleno de llagas (Lucas XVI: 19, 20). Aquí habló el Señor igualmente por similitudes y comparaciones, que son correspondencias y contienen cosas espirituales. El hombre rico significa la nación judaica, llamada rica por poseer el Verbo, en el cual se hallan todos los tesoros  espirituales; la púrpura y el lino fino, de lo cual se vestía, significan los bienes y las verdades de ese Verbo: la púrpura, los bienes; el lino, las verdades. El hacer banquete cada día con esplendidez significa su alegría por poseer el Verbo y oír de él muchas cosas en sus templos y sinagogas. El mendigo Lázaro significa los Gentiles, porque éstos no tenían el Verbo; que estaba echado á la puerta del hombre rico significa, que los Gentiles eran despreciados y rechazados por los Judíos; el estar lleno de llagas significa, que los Gentiles, por ignorar la verdad, se hallaban en muchas falsedades. Por Lázaro se refiere el Señor á los Gentiles, porque amaba á los Gentiles como amaba á Lázaro, á quien resucitó de los muertos (Juan XI: 8; 5; 36) y le llamó su amigo (XI: II), y él comía con el Señor (XII: 2). Consta por estos dos pasajes, que las verdades y los bienes del sentido literal del Verbo son vasos, que contienen, y vestidos que cubren las verdades y bienes desnudos de los sentidos interiores. Puesto que el Verbo es así en el sentido literal, es claro que los que se hallan en verdades Divinas y creen, que el Verbo en su íntimo seno es lo Santo Divino, y sobre todo los que creen que lo es á causa de los sentidos interiores, el espiritual y el celestial, ven las verdades en la luz natural, cuando leen el Verbo en un estado de iluminación por el Señor, porque la luz del cielo, en que se halla el sentido espiritual del Verbo, influye en la luz natural, en la que está el sentido literal del Verbo, iluminando así la inteligencia del hombre, que es su sentido racional, y le hace ver y reconocer las Divinas verdades, no sólo donde aparecen en la superficie, sino también donde se hallan más ocultas. Las Divinas verdades influyen así con la luz del cielo, y en algunos á veces sin que se aperciban de ello.

167. Puesto que el Verbo en su intimo seno, á causa de su sentido celestial, es como una llama suave que arde y anima, y en su región intermedia, á causa de su sentido espiritual, como una luz que ilumina, es también en su región inferior, ó sea en sus últimas cosas, como un objeto diáfano que recibe en sí aquella llama y aquella luz, y que por la llama' tiene un color carmesí ó de púrpura, y por la luz un color blanco de nieve, respectivamente como un rubí y un diamante, como un rubí por la llama celestial y como un diamante por la luz espiritual; por cuya razón el Verbo en su sentido natural es significado y representado por piedras preciosas, ó por cosas parecidas, por ejemplo:

1° Por las piedras preciosas que formaban los fundamentos de la Nueva Jerusalén, vista por Juan (Apoc. XXI: 9 y siguientes).

2.a Por Úrim y Thummim en el ephod de Aarón (Éxodo XXVIII: 6; 15; 17; 21; 29 y 30).

3° Por las piedras preciosas en el jardín del Edén, donde se dice estaba el rey de Tiro (Ezequiel XXVIII: 12; 13).

4.° Por las cortinas, el velo y las columnas del tabernáculo (Éxodo XXVI: 1; 31; 36).

5.° Por los exteriores del templo de Jerusalén (I Reyes VI: 7; 29; 30).

6.° Pero el Verbo en su sentido interior, ó sea en su Gloria, fue representado por el Señor, cuando fue transfigurado (Mateo XVII: 1; 5).

7 ° Y el Poder del Verbo en sus últimas cosas fue representado por los Nazareos (Núm. VI: 1; 21).

    El Verbo tiene un Poder indecible. Estos  puntos  se explicarán á continuación brevemente.

(1) Las Verdades del sentido literal del Verbo fueron representadas por las piedras preciosas, que formaban los fundamentos de la Nueva Jerusalén.—En el mundo espiritual hay piedras preciosas como en el mundo natural, y llevan su origen espiritual de las verdades en el sentido literal del Verbo. Esto parece increíble; pero no obstante es verdad, y es por esta razón, que en el Verbo, cuando se mencionan piedras preciosas, se entienden verdades. De esto sigue, que las piedras preciosas que formaban los fundamentos del muro alrededor de la Nueva Jerusalén (Apoc. XXI: 17; 21), significan las verdades doctrinales de la Nueva Iglesia, porque la Nueva Jerusalén quiere decir la Nueva Iglesia respecto de la doctrina sacada del Verbo, por lo cual su muro y los fundamentos de su muro, necesariamente representan lo exterior del Verbo, ó sea su sentido literal; porque de este sentido viene la doctrina, y por la doctrina la Iglesia, y es como un muro que protege una ciudad. Los fundamentos de la Nueva Jerusalén eran doce y consistían de otras tantas piedras preciosas, porque el número doce significa todas las verdades procedentes del bien, y en el citado pasaje significa, por consiguiente, todo cuanto pertenece á la doctrina.

(2) Los bienes y las verdades del Verbo en su sentido literal fueron representadas por las piedras preciosas en el ephod de Aarón, llamadas Urim y Thummim.—Urim y Thummim se hallaban colocadas en el ephod dé Aarón, y el oficio sacerdotal de Aarón representaba al Señor en cuanto al Divino Bien y á la Obra de la Salvación. La vestidura sacerdotal ó de santidad representaba las Divinas verdades, procedentes del Señor; el ephod representaba la Divina Verdad en sus últimas cosas, y por consiguiente el Verbo en su letra, porque esto es la Divina Verdad en sus últimas cosas. Las doce piedras preciosas con los nombres de las doce tribus de Israel, cuyas piedras eran Urim y Thummim, representaban por lo tanto las Divinas verdades, procedentes del Divino Bien, en su total complejo. Estas verdades, traslucientes del Divino Bien, resplandecen también como piedras preciosas, y Unimy Thummim representaban el traslucimiento y resplandor de las Divinas verdades, procedentes del Divino Bien, en sus últimas cosas, porque Urim es fuego fulgurante, y Thummim es resplandor en el lenguaje angelical, y en el idioma hebreo significa integridad. Por medio de Urim y Thummim fueron dadas contestaciones del cielo, por las variaciones de la luz y al mismo tiempo por una tácita percepción, y esto porque estas piedras representaban las verdades procedentes del Bien, en las últimas cosas del Verbo. Las contestaciones del cielo se dan mediante estas cosas, porque en las últimas cosas, ó sea en el sentido literal, se halla en su Plenitud lo Divino que emana del Señor.

(3)     Lo mismo significan las piedras preciosas en el jardín del Edén, donde se dice estaba el rey de Tiro.—En Ezequiel leemos:

«Rey de Tiro, tú echas el sello á la proporción, lleno de sabiduría y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estabas; toda piedra preciosa fue la vestidura, el sardio, topacio, diamante, crisólito, ónice y berilo, el zafiro, carbunclo y esmeralda y oro» (XXVIII: 12; 13).

Tiro en el Verbo significa la Iglesia con respecto á los conocimientos del Bien y de la Verdad; rey significa la verdad de la Iglesia; el huerto del Edén significa sabiduría é inteligencia por el Verbo; las piedras preciosas significan verdades traslucientes del Bien, como las que hay en el sentido literal del Verbo, y por significar las piedras preciosas estas verdades, se llaman su vestidura, porque el sentido literal cubre el sentido interior como una vestidura cubre el cuerpo humano.

(4)    Los bienes y las verdades en sus últimas cosas, ta¬les como son en él sentido literal del Verbo, eran representadas por las cortinas, los velos y las columnas del Tabernáculo.—El Tabernáculo, construido por Moisés en el desierto, representaba el Cielo y la Iglesia, por cuya razón Jehová enseñó la forma y semejanza del mismo á Moisés en el monte Sinaí. Todas las cosas que estaban en el Tabernáculo, el candelero, el altar de oro para incienso y la mesa, sobre la cual estaban los panes de la proposición, representaban y significaban por lo tanto, las sagradas cosas del Cielo y de la Iglesia; la Ley misma, escrita en las dos tablas, significaba el Verbo, y los querubines encima de ella, significaban guardianes, á fin de que las santas cosas del Verbo no fueren violadas. Ahora bien; puesto que las cosas exteriores derivan su esencia de las interiores, y que ambas la derivan de lo más íntimo, lo cual en este caso era la Ley, sigue que las santas cosas del Verbo se hallaban representadas y significadas por todas las cosas que formaban parte del Tabernáculo. De ahí sigue á su vez que las últimas cosas del Tabernáculo, ó sea las cortinas, los velos y las columnas, que eran coberturas, continentes y sostenes del  mismo, significaban las últimas cosas del Verbo, que son las verdades y los bienes del sentido literal.

(5)    Lo mismo significaban y representaban los exteriores del Templo de Jerusalén.—La, razón es que el templo igualmente que el Tabernáculo representaba el Cielo y la Iglesia, si bien el templo representaba el Cielo intermedio donde están los ángeles espirituales, y el Tabernáculo el Cielo intimo donde están los ángeles celestiales. Ángeles espirituales son los que se hallan en sabiduría por el Verbo, pero ángeles celestiales los que se hallan en amor por el Verbo. El Templo de Jerusalén significaba en el sentido supremo, la Divina Humanidad del Señor, lo cual El Mismo manifestó con estas palabras:

«Destruid este templo y en tres días lo levantaré... Mas El hablaba del templo de su cuerpo» (Juan II: 19; 21).

y donde se trata del Señor, se trata del Verbo, porque El es el. Verbo. Ahora bien; puesto que los interiores del templo representaban los interiores del Cielo y de la Iglesia, y por consiguiente también los interiores del Verbo, por eso sus exteriores representaban los exteriores del Cielo y de la Iglesia, y por consiguiente los exteriores del Verbo que forman su sentido literal. Respecto de los exteriores del templo leemos, que se fabricaron de piedras enteras, sin tallar, y por dentro de tablas de cedro; las paredes esculpidas de querubines, palmas y flores abiertas, y el piso cubierto de oro (I Reyes VI: 7; 29; 30), cuyas cosas asimismo significan los exteriores del Verbo, que son las santas cosas del sentido literal.

(6)    Pero el Verbo en su sentido interior, 6 sea en su Gloria, fue representado por el Señor Mismo, cuando fue transfigurado.—Respecto del Señor cuando fue transfigurado delante de Pedro, Jacobo y Juan, leemos que su rostro resplandeció como el sol; que sus vestidos fueron blancos como la luz y que aparecieron Moisés y Elias hablando con El. Que una nube blanca los cubrió y que de la nube procedió una voz que dijo: Este es mi Hijo amado, á él oid (Mateo XVII: 1; 5). He sido instruido que el Señor entonces representaba el Verbo. Su rostro, que resplandeció como el sol, representaba el Divino Bien de su Divino Amor. Los vestidos que fueron blancos como la luz representaban la Divina Verdad de Su Divina Sabiduría. Moisés y Elias representaban él Verbo histórico y profético, Moisés el Verbo escrito por él y en general él Verbo histórico; Elias todo el Verbo profético, y la nube blanca que cubrió los discípulos representaba el Verbo en su sentido literal, por cuya razón procedió de ella la voz que dijo: Este es mi Hijo amado, á él oid; porque jamás se dan anuncios ó contestaciones del Cielo, sino por medio de las últimas cosas, tales como las que forman el sentido literal del Verbo, porque son dados por el Señor en plenitud.

168.    (7) El Poder del Verbo en sus últimas cosas fué representado por los Nazareos.—En el libro de los jueces leemos, que Sansón era Nazareo desde el vientre de su madre, y que su poder estaba en su cabello (Jueces XVI: 17). Nazareo y Nazareato significan cabello. No es posible conocer por sí mismo, por qué razón el Nazareato, que significa cabello, fué instituido, si no se sábelo que en el Verbo significa cabeza. Cabeza significa la inteligencia que los ángeles y los hombres tienen por el Señor mediante la Divina Verdad, y cabello significa por consiguiente esta inteligencia en las cosas últimas ó extremas, derivada de las verdades Divinas. Por esto era ley para los Nazareos, el no cortar su cabello, porque éste era el Nazareato de Dios sobre sus cabezas (Núm. VI: 1; 21), y también era una ordenanza que el sumo sacerdote y sus hijos no debían cortar sus cabellos, á fin de que no muriesen y la ira de Dios viniera sobre todo Israel (Lev. X: 6). Puesto que el cabello, á causa de esta significación por correspondencia, es cosa tan santa, el Señor como el Verbo, ó sea el Hijo del Hombre que apareció á Juan en el Apocalipsis, fue descrito también con respecto á Su cabello que era blanco como lana ó como la nieve (Apoc. I: 14). Igualmente el anciano de grande edad (Daniel VII: 9). Por significar cabello verdades en las últimas cosas y por consiguiente el sentido literal del Verbo, acontece que los que desprecian el Verbo se vuelven calvos en el mundo espiritual; y por otra parte los que han apreciado el Verbo, teniéndolo en alta estima y considerándolo Santo, llevan allí abundante cabello. Fue también á causa de esta correspondencia, que los cuarenta y dos muchachos fueron despedazados por dos osas por llamar calvo al profeta Elíseo (2 Reyes II: 23; 24); porque Elíseo representaba la Iglesia con respecto á la doctrina del Verbo, y osa significa el poder del Verbo en sus últimas cosas, ó sea en su sentido natural. El poder de la Divina Verdad, ó sea del Verbo, se halla en este sentido en su plenitud, y en él los ángeles de ambos Reinos del Señor (el espiritual y el celestial) se reúnen con el hombre.

169. (8) El Verbo tiene un Poder indecible.—Apenas sabe hombre alguno actualmente que en las verdades hay un poder positivo, porque se supone que la verdad no es más que palabras pronunciadas por alguien que tiene autoridad, cuyas palabras por esta razón deben ser obedecidas; por consiguiente, se cree que es como el aliento de la boca ó como el sonido en el oído; pero este concepto de la verdad es muy erróneo. La Verdad y el Bien son los principios esenciales en toda cosa, natural ó espiritual. Casi nadie concibe y realiza que por medio de ellos fue creado el Universo; que mediante ellos el Universo es preservado y sostenido; que mediante ellos también fue creado el hombre, y que por consiguiente estas dos cosas principales y esenciales se hallan en toda cosa creada. En Juan I: 1; 3; 10 se dice sin embargo claramente, que el Universo fue creado mediante el Verbo; igualmente en David (Salmo XXXIII: 6), y puesto que el Verbo significa, y es, la Divina Verdad, fueron por consiguiente creados por medio de la Divina Verdad los cielos y los mundos, ó sea el Universo entero, espiritual y natural, con todas las cosas que existen en él, y siendo así que el Universo fue creado por medio de la Divina Verdad, sigue de sí mismo, que también es preservado y sostenido mediante ella, porque así como la subsistencia es un perpetuo nacimiento, así la preservación y el sustento es una perpetua creación. El hombre mismo fue hecho por medio de la Divina Verdad, por lo cual todas las cosas que hay en él se refieren á la Verdad y al Bien, porque todo cuanto hay en el hombre se refiere á su entendimiento y á su voluntad, y el entendimiento es el receptáculo de la Divina Verdad, y la voluntad es el receptáculo del Divino Bien. La mente humana, que consiste de estos dos principios, es por consiguiente ni más ni menos que una forma de la Divina Verdad y del Divino Bien, organizada espiritual y naturalmente; y puesto que todas las cosas del hombre dependen de su mente, sigue que las cosas de su cuerpo son apendencias, actuadas por los dos mencionados principios, y qué viven por ellos. Por lo aquí expuesto resulta ahora más claro, que la razón por la cual Dios vino al mundo, haciéndose Hombre, era, que habia de efectuar la Redención, porque mediante el asumir Naturaleza Humana introdujo Su Divina Verdad en las últimas cosas de esta Naturaleza, haciéndola la Divina Verdad misma, y asumió así mediante Su Humanidad toda potestad., echando abajo los infiernos (los cuales entonces habían crecido y subido hasta los cielos, donde estaban los ángeles), subyugándolos y poniéndolos en obediencia bajo Sí Mismo, y esto no lo hizo por medio de palabras pronunciadas, sino por medio del Verbo Divino, que es la Divina Verdad. Luego abrió una grande sima entre los infiernos y los cielos, cuya sima ninguno en el infierno puede franquear. Al primer intento es tormentado como una serpiente, puesta sobre planchas de hierro calientes, ó sobre una hormiguera, porque los demonios y los satanás, al sentir el olor de la Divina Verdad, se precipitan instantáneamente en la profundidad, metiéndose dentro de sus cavernas, y tapan éstas cuidadosamente de manera á no dejar abierta la más mínima rendija. Esto hacen, porque su voluntad se halla en males y su entendimiento en falsedades, es decir, en lo que es opuesto al Divino Bien y á la Divina Verdad, y siendo así que el hombre consiste totalmente de estas dos cosas, ó principios de vida—voluntad y entendimiento,—como ya se ha dicho, por eso los malos y falsos son tan severamente impresionados, sobrecogidos y anonadados de cabeza á pies al sentir lo que es opuesto. Puede por esto constar, que el Poder de la Divina Verdad es inexprimible; y puesto que el Verbo en la Iglesia Cristiana es el Continente de la Divina Verdad en sus tres grados, es evidente, que esa Verdad es lo que sé entiende por el Verbo en  Juan I: 3; 10. La Iglesia que se halla en la Verdad Divina por el Señor prevalece sobre los infiernos, como dijo el Señor á Pedro: Sobre esta piedra (roca) edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mateo XVI: 18). El Señor dijo esto después de haber confesado Pedro que Cristo era el Hijo del Dios viviente  (versículo  16), y por consiguiente que era la Divina Verdad, y esta Verdad es lo que se significa por roca (piedra) en este pasaje, como en cualquier otro lugar del Verbo.

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