IX
En todo detalle del Verbo existe unión matrimonial entre el
Señor y la Iglesia y por ello entre el bien y la verdad.
187. Que en todo detalle del Verbo existe
unión matrimonial entre el Señor y la Iglesia y por ello entre el
bien y la verdad, se ha ignorado hasta ahora. No se ha sabido,
porque el sentido espiritual del Verbo no ha sido revelado hasta
ahora, y sin este sentido no es posible ver y conocer esta unión
matrimonial. Este matrimonio viene de la relación mutua entre los
dos sentidos interiores del Verbo, el celestial y el espiritual. En
el sentido espiritual lo que hay en el Verbo se refiere
principalmente á la Iglesia, y en el sentido celestial
principalmente al Señor; en el sentido espiritual se refiere á la
Divina Verdad y en el sentido celestial al Divino Bien. De ahí viene
el matrimonio entre ellos, es decir, entre el Señor y la Iglesia, y
por consiguiente, entre el bien y la verdad. Mas esta unión
matrimonial aparece únicamente á los que por virtud del sentido
celestial y espiritual del Verbo, conocen la significación de las
palabras y de los nombres; porque algunos son predicados del bien,
algunos de la verdad, y algunos envuelven ambos; por lo cual, es
necesario conocer la significación espiritual y celestial de las
palabras y de los nombres, para poder ver y conocer la unión
matrimonial que allí existe. Por haber en el Verbo tal unión
matrimonial, se encuentra allí á menudo dos expresiones que parecen
indicar una misma cosa. No son sin embargo repeticiones, sino que la
una se refiere al bien y la otra á la verdad, mientras que ambas
juntas representan la conjunción del bien con la verdad y así forman
el completo. De ahí viene también la santidad del Verbo, porque en
toda obra Divina existe el bien unido á la verdad y la verdad unida
al bien.
188.
Dijimos que en cada detalle del Verbo hay unión matrimonial entre el
Señor y la Iglesia y por ello matrimonio entre el bien y la verdad;
porque donde existe matrimonio entre el Señor y la Iglesia, allí
existe también matrimonio entre el bien y la verdad, puesto que este
último matrimonio es determinado por el primero. Cuando la Iglesia ó
el individuo de la Iglesia se halla en verdades, influye el Señor en
ellas con el bien y las vivifica, ó lo que es lo mismo, cuando el
individuo de la Iglesia se halla con entendimiento de la verdad,
influye el Señor en su entendimiento con el bien de la caridad,
infundiéndole vida. En todo hombre hay dos facultades vitales, á
saber, el entendimiento y la voluntad; el entendimiento es el
receptáculo de la verdad y por ello de la sabiduría; la voluntad es
el receptáculo del bien y por ello de la candad. Estas dos
facultades deben formar uno, á fin de que el hombre pueda ser una
iglesia, y forman uno cuando el entendimiento del hombre es formado
por verdades genuinas (aparentemente por él mismo, ó por su propia
virtud), y cuando es henchido del bien del amor que influye del
Señor; de ahí tiene el hombre la vida de la verdad y la vida del
bien; la primera en su entendimiento, la última en su voluntad; y
estas vidas, unidas en lazo matrimonial, no son dos sino una. Este
es el matrimonio del Señor con la Iglesia y asimismo el matrimonio
del bien con la verdad en el hombre.
189.
Que en el Verbo á menudo se encuentran juntas dos expresiones, que
parecen repetición de una misma cosa, puede ver todo el que quiere
cerciorarse de ello. Por ejemplo: hermano y compañero, pobre y
menesteroso, desierto y soledad, vanidad y vaciedad, hostili¬dad y
enemistad, pecado é iniquidad, ira y furor, nación y pueblo, gozo y
alegría, llanto y lloro, justicia y juicio, cuyos términos parecen
sinónimos y sin embargo no lo son; porque, hermano, pobre, desierto,
vanidad, hostilidad, pecado, ira, nación, gozo, llanto y justicia
son predicados del bien, y en el sentido opuesto del mal, mien¬tras
que compañero, menesteroso, soledad, vaciedad, enemistad, iniquidad,
furor, pueblo, alegría, lloro y juicio son predicados de la verdad,
y en el sentido contrario de la falsedad. Al que desconoce el
secreto, las dos expresiones parecen idénticas, mas en realidad son
dos cosas distintas, las cuales sin embargo llegan á formar una cosa
completa por conjunción. En el Verbo se encuentran también otras
expresiones combinadas, como por ejemplo: fuego y llama, oro y
plata, metal y hierro, madera y piedra, pan y vino, púrpura y lino
fino, y esto porque fuego, oro, metal, madera, pan y púrpura son
predicados del bien, mientras que llama, plata, hierro, piedra, vino
y lino fino son predicados de la verdad. Igualmente cuando se dice,
que el hombre debe amar á Dios de todo su corazón y de toda su alma,
y que Dios crea en el hombre un corazón nuevo y un espíritu nuevo;
porque corazón es predicado del bien del amor y alma y espíritu de
las verdades de la fe. Hay también términos, que envuelven ambos y
se emplean solos sin combinación con otro predicado; pero estas
cosas y otras
parecidas no son perceptibles más que á los ángeles y á ciertos
hombres, á saber á los que se hallan en el sentido espiritual al
mismo tiempo que en el sentido natural.
190.
Demostrar por el Verbo la existencia de tal duplicidad de
expresiones en él, es innecesario y además cansaría, porque llenaría
varias páginas; pero á fin de que no haya duda, citaré algunos
pasajes en los cuales se mencionan en combinación los términos
nación y pueblo y gozo y alegría.
«Ay
de ti, nación pecadora, pueblo cargado de iniquidad» (Isaías I: 4).
«El
pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz; aumentaste la
nación» (IX: 2, 3).
Oh,
Asur, vara y bastón de mi furor; le mandaré contra una nación
fementida y sobre el pueblo de mi ira le enviaré (X: 5, 6), y
acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará por
pendón del pueblo, será buscada de las naciones (XI: 10).
«Jehová que hiere los pueblos de llaga permanente y domina las
naciones con furor» (XIV: 6).
«En
aquel día será traído presente á Jehová el pueblo tirado y repelado
y una nación desesperada y hollada» (XVIII: 7).
«El
pueblo fuerte te dará gloria, la ciudad de naciones robustas te
temerá» (XXV: 3).
«Jehová quitará la cobertura con que están cubiertos todos los
pueblos y el velo que cubre todas las naciones (XXV: 7).
«Naciones, allegaos á oír, y escuchad, pueblos» (XXXIV: 7).
«Te
he llamado, por alianza del pueblo, por luz de las naciones» (XLIX:
22).
«Congréguense á una todas las naciones y júntense todos los pueblos»
(XLIII: 9).
«He
aquí, yo alzaré mi mano á las naciones y á los pueblos levantaré mi
bandera» (XLIX: 22).
«He
aquí, yo lo di por testigo á los pueblos, por jefe y por maestro de
las naciones; llamarás á una nación que no conociste, y naciones que
no te conocieron correrán á ti» (LV: 4; 5).
«He
aquí que viene un pueblo de la tierra del Aquilón y una nación
grande se levantará de los cantones de la tierra» (Jerem. VI:
22,23).
«Nunca más te haré oir injurias de las naciones ni más llevarás
denuestos de los pueblos» (Ezequiel XXXVI: 15).
«Todos los pueblos y naciones le servirán» (Daniel VII: 14).
«No
pongas, oh Jehová, en oprobio tu heredad entre las naciones, para
que los pueblos digan de ella: ¿Dónde está su Dios?» (Joel II: 17).
«El
remanente de mi pueblo los saqueará, y el resto de mi nación las
heredará» (Sophonias II: 9).
«Vendrán muchos pueblos y fuertes naciones á buscar á Jehová en
Jerusalén» (Zacarías VIII: 22).
«Mis
ojos han visto tu salvación, la cual has aparejado ante todos los
pueblos, luz para iluminar á las naciones» (Luc. II: 3032).
«Tú
nos has redimido con tu sangre (del poder) de todo pueblo y nación»
(Apoc. V: 9).
«Es
necesario que otra vez profetices á pueblos y naciones» (Apoc. X:
11).
«Me
pondrás por cabecera de las naciones; un pueblo que yo no he
conocido me servirá» (Salmo XVIII: 43).
«Jehová hace nulo el consejo de las naciones y frustra las
maquinaciones de los pueblos» (XXXIII: 10).
«Nos
pones por proverbio entre las naciones, por movimiento do, cabeza en
los pueblos» (XLIV: 14).
«Jehová sujetará á los pueblos debajo de nosotros y á las naciones
debajo de nuestros pies. Reinó Dios sobre las naciones, y los
voluntarios de los pueblos se juntaron» (XLVII: 3; 8, 9).
«Los
pueblos te confesarán, y las naciones se gozarán porque juzgarás los
pueblos con equidad y pastorearás las naciones en la tierra» (LXVII:
3, 4).
«Acuérdate, oh Jehová, según la benevolencia que tú tienes para con
tu pueblo, para que yo me alegre en el gozo de tu nación» (CVI: 4,
5).
Y
así en muchos otros lugares. Nación y pueblo se mencionan juntos,
porque Naciones significa los que se hallan en el bien, y en el
sentido contrario, los que se hallan en el mal; mientras que pueblos
significa los que se hallan en la verdad, y en el sentido opuesto,
en la falsedad. Por lo cual los que son del reino espiritual del
Señor se llaman pueblos, y los que son del reino celestial del Señor
se llaman naciones; porque en el reino espiritual todos se hallan en
la verdad, y por ello en inteligencia, mientras que en el reino
celestial todos se hallan en bienes y por ello en sabiduría.
191.
Como ejemplo de la combinación de los términos gozo y
alegría, citaré los siguientes pasajes:
«He
aquí gozo y alegría, matando vacas y degollando ovejas»
(Isaías XXII: 13).
«Obtendrán gozo y alegría y huirá la tristeza y el gemido» (XXX: 10;
II: 11).
«Alegría y gozo es quitado de la casa de nuestro Dios» (Joel I: 16).
«Voz
de gozo y voz de alegría cesará de las ciudades de Judá y de las
calles de Jerusalén» (Jeremías VII: 34).
«El
ayuno del décimo volverá á la casa de Judá y tornarán el gozo y la
alegría» (Zacarías VIII: 19).
«Alegraos con Jerusalén y gozaos con ella» (Isaías LXVI: 10).
«Gózate y alégrate, hija de Edom» (Lam. IV: 8).
«Alégrense los cielos y gócese la tierra» (Salmo XCVI: 11).
«Hazme oír gozo y, alegría» (LI: 8).
«Hallarse ha en Sión alegría y gozo, alabanza y voz de cantar»
(Isaías LI: 3).
«Tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento»
(Lucas I: 14)
«Aún
tiene de oírse en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén
voz de gozo y voz de alegría" (Jerem. XXXIII: 10,11).
Y en
otros lugares. Gozo y alegría se mencionan juntos, porque gozo es
predicado del bien y alegría de la verdad, ó sea que gozo se dice
del amor y alegría de la sabiduría, porque el gozo es del corazón y
la alegría es del espíritu; ó de otra manera, el gozo es de la
voluntad y la alegría es del entendimiento. Que en estas palabras
hay unión matrimonial entre el Señor y la Iglesia es evidente,
porque se dice: La voz de gozo y la voz de alegría; la voz de
desposado y la voz de desposada (Jerem. VII: 34; Cap. XVI: 9; XXV:
10XXXIII: 1011) y el Señor es el desposado y la Iglesia la
desposada. Que el Señor es el desposado ó esposo, puede verse en
Mateo IX: 15. Marcos II: 19; 20. Lucas V: 34; 35, y que la Iglesia
es la desposada ó esposa, en el Apocalipsis XXI: 2; 9; XXII: 17. Por
esto Juan el Bautista dijo de Jesús:
«El
que tiene la esposa es el esposo» (Juan III: 29).
192. A causa
de la unión matrimonial entre el Divino Bien y la Divina Verdad en
todo detalle del Verbo se dice en muchos lugares Jehová y Dios y
también Jehová y el Santo de Israel, como si fueran dos, cuando sin
embargo son uno. Jehová es el Señor con respecto al Divino Bien del
Divino Amor, y Dios y el Santo de Israel el Señor con respecto á la
Divina Verdad de la Divina Sabiduría.