La Doctrina de la Iglesia debe sacarse del sentido literal
del Verbo y confirmarse mediante el mismo.
170.
En el artículo precedente se ha explicado, que el Verbo está
en su Plenitud, en su Santidad, en su Poder y en su sentido natural,
y puesto que el Señor es el Verbo y el Primero y el Ultimo (como El
Mismo dice en el Apocalipsis I: 17), sigue de sí mismo, que El se
halla plenamente presente en este sentido y que enseña é ilumina al
hombre mediante el mismo. De este sentido del Verbo debe sacarse la
doctrina de la Iglesia, sin cuya doctrina el Verbo no se entiende,
mas la Divina Verdad, que ha de formarla, no aparece más que á
aquellos que se hallan en iluminación por el Señor.
171.
(1) Sin doctrina el Verbo no se entiende.—La razón por la
cual el Verbo no se entiende sin doctrina es que en su sentido
literal consiste de meras correspondencias, á fin de que en él
puedan estar juntas las cosas espirituales y celestiales, y que cada
palabra pueda ser un continente y un sostén para estas cosas. Por
este motivo las Divinas verdades en el sentido literal son rara vez
verdades desnudas, sino revestidas; las verdades revestidas se
llaman apariencias de verdad y son una multitud de cosas, que se
adaptan al entendimiento de los simples, quienes no elevan sus
pensamientos por encima de lo que ven delante de sus ojos. En
algunos lugares del Verbo las verdades se revisten de cosas que
parecen contradicciones, mas no lo son sino aparentemente. Mirado
desde su sentido espiritual, que es el propio, el Verbo no contiene
cosa alguna contradictoria. Aun menos se entiende en los profetas,
donde las Divinas verdades se revisten de expresiones y de nombres
de lugares y personas, de los cuales no se puede sacar sentido
alguno en la letra. Siendo el Verbo así en su sentido literal, es
claro que no se puede entender sin doctrina; pero esto se ilustrará,
sin embargo, mediante ejemplos: Se dice en el Verbo, que Jehová se
arrepiente (Éxodos XXXII: 12; 14. Juan III: 9. IV: 2) y también se
dice, que Jehová no se arrepiente (Números XXIII: 19. 1 Samuel XV:
29). Sin doctrina estas dos manifestaciones no concuerdan. Se dice
que Jehová visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la
tercera y cuarta generación (Núm. XIV: 18), y dice por otra parte
que los padres no morirán por los hijos ni los hijos por los padres:
cada uno morirá por su pecado (Deut. XXIV: 16). La doctrina
reconcilia estas manifestaciones aparentemente contradictorias.
Jesús dijo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os
abrirá (Mateo VII: 7; XXI: 21, 22), Sin doctrina podría creerse, que
todos recibirían lo que pedirían; pero por la doctrina se sabe, que
cuando el hombre pide en el Señor, recibe todo lo que pide. Esto
enseña el Señor también en Juan XV: 7: Si estuviereis en Mi y mis
palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis y os
será dado. El Señor dice: Bienaventurados los pobres porque de ellos
es el reino de los cielos (Lucas VI: 20). Sin doctrina podría
creerse, que el cielo es para los pobres y no para los ricos, pero
la doctrina enseña que por pobres se entiende los pobres en el
espíritu; porque el Señor dice: Bienaventurados los pobres en el
espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Mateo V: 3). En
otro lugar dice: No juzguéis para que no seáis juzgados: con el
juicio con que juzgáis, seréis juzgados (Mateo VII: 1, 2). Sin
doctrina cualquiera podría concluir que no se debe juzgar acerca de
un hombre malévolo, que es malo; pero según la doctrina es lícito
juzgar, mas con justicia; porque el Señor dice: Juzgad justo juicio
(Juan VII: 24). Jesús dijo: No seáis llamados Rabbi (maestro),
porque uno es vuestro maestro: Cristo No llaméis vuestro padre á
nadie en la tierra, porque uno es vuestro padre, el cual está en los
cielos. Ni seáis llamados señores, porque uno es vuestro Señor:
Cristo (Mateo XXIII: 8, 9, 10). Sin doctrina se podría creer, que no
es permitido llamar á nadie maestro, padre ó señor; pero por la
doctrina se sabe que esto es lícito en sentido natural, mas no en
sentido espiritual. Jesús dijo á sus discípulos: Cuando se sentará
el Hijo del Hombre en el trono de su gloria vosotros también os
sentaréis sobre doce tronos para juzgar á las doce tribus de Israel
(Mateo XIX: 28). Por estas palabras podría pensarse, que los doce
discípulos del Señor también han de juzgar, siendo sin embargo así,
que ellos no pueden juzgar á nadie. La doctrina aclara esto,
enseñando que sólo el Señor, que os Omniscio y conoce todos los
corazones, ha de juzgar y tiene capacidad para juzgar, y que «los
doce discípulos» significan la Iglesia con respecto á las verdades y
los bienes que posee por virtud del Señor mediante el Verbo, por lo
cual estos bienes y verdades son los que han de juzgar á cada uno
según las palabras del Señor en Juan (III: 17, 18; XII: 47,48). Hay
en el Verbo muchas manifestaciones como las aquí citadas, y consta
por esto que el Verbo no puede entenderse sin doctrina.
172.
Mas con doctrina el Verbo no solamente se entiende, sino que brilla
en el entendimiento, porque la doctrina es como un candelero con
lámparas encendidas, y con ella ve uno más que lo que vio sin ella,
y entiende cosas que antes no entendía: lo que es oscuro ó
discordante pasa inapercibido, ó si lo ve, lo explica en conformidad
con la doctrina. La experiencia en el mundo cristiano demuestra que
el Verbo se mira y se comprende según y conforme la doctrina. Los
Reformados miran el Verbo según su doctrina y lo explican según
ella; los Papistas según la suya, y los Judíos según la suya; por
consiguiente, á la luz de una doctrina falsa se ven falsedades,
mientras que la doctrina verdadera da á conocer las verdades. Es
pues evidente, que la verdadera doctrina escomo una lámpara en la
oscuridad y como un letrero, que indica el camino. Los que leen el
Verbo sin doctrina, están en oscuridad con respecto á toda verdad;
su mente es vagabunda, vacilante y propensa á errores; se abandonan
fácilmente á herejías, á las cuales abrazan, si otros las favorecen,
ó si son sostenidas por hombres de autoridad, y si su reputación no
peligra. Porque para ellos el Verbo es como un candelero sin luces,
envuelto en sombra y oscuridad, y apenas ven en él cosa alguna como
verdad, porque sólo la doctrina verdadera puede servir de lámpara.
Varias tales personas fueron examinadas por los ángeles en mi
presencia con el resultado de que podían confirmar por el Verbo todo
cuanto deseaban, y confirmaban especialmente las cosas que
concordaban con su egoísmo y con los deseos egoístas de los que les
favorecían. Pero luego les vi despojados de sus vestidos, señal de
que se hallaban sin verdades, porque en el mundo espiritual vestidos
son verdades.
173.
(2) La doctrina debe sacarse del sentido literal del Verbo y
confirmarse mediante el mismo.—La razón es que sólo en el sentido
literal se halla el Señor plenamente presente, y sólo mediante este
sentido enseña é ilumina; porque el Señor siempre opera en plenitud,
y el Verbo se halla en su plenitud en el sentido literal, como ya se
ha dicho. De este sentido del Verbo puede sacarse con amplitud una
doctrina de genuinas verdades; porque el Verbo, en su sentido
natural, es como un hombre vestido, cuyo rostro y manos son
desnudos. Todas las cosas que pertenecen á la fe y á la vida del
hombre, es decir, á su salvación, son allí desnudas. Las demás se
hallan revestidas, mas traslucen en muchos lugares, como al través
de un velo transparente. Podría creerse que la doctrina de verdades
genuinas puede sacarse del sentido espiritual del Verbo, cuyo
sentido el Señor revela mediante el conocimiento de las
correspondencias; pero la doctrina misma no se saca de este sentido,
si bien es corroborada é ilustrada mediante el mismo; porque, como
ya se ha dicho (número 161),, el hombre puede por medio de algunas
correspondencias que le son conocidas, inventar otras y así
falsificar el Verbo, juntándolas y aplicándolas á confirmar lo que
lleva en su mente por algún principio adoptado. El sentido
espiritual es dado percibir al hombre solamente por el Señor, quien
lo guarda y protege como el cielo de los ángeles, porque en este
sentido está el cielo.
174.
(3) Las verdades, genuinas, que han deformar la doctrina,
aparecen en el sentido literal del Verbo, mas sólo á aquellos que se
hallan en iluminación por el Señor. —La iluminación viene del Señor
sólo y se halla en los que aman las verdades por ser verdades,
aplicándolas al uso de la vida; á nadie más que á éstos es dado
iluminación por medio del Verbo. La razón por la cual la iluminación
viene del Señor sólo es que el Verbo es de El y El mismo se halla en
el Verbo; y la razón por la cual la iluminación se halla en
aquellos, que aman las verdades por ser verdades, aplicándolas al
uso de la vida, es que éstos se hallan en el Señor y el Señor en
ellos; y el hombre ama al Señor, cuando vive conforme Sus verdades
Divinas, por consiguiente cuando por medio de ellas presta usos y
provechos; porque el Señor mismo dice: En aquel día conoceréis que
estáis en Mi y yo en vosotros; el que tiene mis mandamientos y los
guarda aquél es el que me ama y yo le amaré y me manifestaré á él;
vendré á él y haré con él morada (Juan XIV: 20; 21; 23), Estos son
los que se hallan en iluminación por el Señor cuando leen el Verbo.
175.
Lo contrario acontece con los que leen el Verbo á la luz fatua de la
doctrina de una religión falsa, y mayormente con los que confirman
esa doctrina por el Verbo, con el fin de conseguir gloria para sí
mismos y ventajas mundanas. Con estos hombres el Verbo se halla en
la sombra de la noche; leen verdades, mas no las ven, y si por
ventura ven sus sombras las falsifican. Estos son los, de quienes
dice el Señor: Tienen ojos y no ven; oídos y no entienden (Mateo
XIII: 15). Por esta razón su luz respecto de las cosas espirituales,
que pertenecen ala Iglesia, se vuelve exclusivamente natural, y la
vista de su mente llega á ser como la de uno que ve espectros
estando despierto en su cama, ó como la de un sonámbulo, que cree
estar despierto cuando duerme.
176. Me ha sido permitido hablar con muchos hombres después de su
muerte, quienes creían que habían de resplandecer como .estrellas en
el cielo, porque— como dijeron—miraban el Verbo como santo,
leyéndolo muchas veces desde el principio hasta el fin,
coleccionando de él muchas cosas, mediante las cuales confirmaban
los dogmas de su fe, por cuya razón tenían fama de hombres eruditos.
Creían que llegarían á ser Micaeles y Rafaeles; pero muchos de ellos
fueron examinados con respecto al amor, que motivaba su estudio del
Verbo, y resultó que algunos de ellos lo habían estudiado por amor á
sí mismos, con objeto de conseguir honores y estima como príncipes ó
jefes de la Iglesia, y otros por amor al mundo, siendo su objeto
ganar fortuna. Al ser examinados con respecto á su conocimiento y
entendimiento del Verbo, resultó que no conocían una sola verdad
genuina, sino sólo verdades falsificadas, las cuales en sí mismas
son falsedades pútridas, porque tienen en el cielo un olor de
putridez; y les fue dicho que eran así por haber leído el Verbo con
fines egoístas y mundanos y no con el objeto dé buscar la verdad de
la fe y el bien de la vida. Cuando los fines son egoístas y
mundanos, la mente, al leer el Verbo, se mantiene fija en el deseo
egoísta y mundano, por lo cual el hombre entonces piensa por virtud
de su propia naturaleza, y ésta se halla en densas tinieblas con
respecto al Cielo y á la Iglesia. En este estado el hombre no puede
ser elevado por el Señor á la luz del cielo y por consiguiente no
puede recibir influjo alguno del Señor por medio del cielo. Vi que
estas personas fueron introducidas en el cielo; mas apenas
estuviesen allí, sé notó que carecían de verdades, por lo cual
fueron precipitados, y no obstante permanecía con ellos el orgullo
de su propio mérito. Cosa diferente sucedió con los que habían
estudiado el Verbo con el deseo de conocer la verdad por ser verdad
y por ser útil á la vida, no sólo á su propia vida, sino también á
la de sus prójimos. Estos fueron también elevados al cielo, y por
consiguiente á la luz, en la cual se halla allí la Divina Verdad, y
al mismo tiempo fueron elevados á la sabiduría angelical y á la
felicidad, en la cual se hallan los ángeles.