VIII
La Iglesia nace del Verbo y es en el hombre tal como es su
entendimiento respecto del Verbo.
183.
Que la Iglesia nace del Verbo no puede ser objeto de duda;
porque más arriba se ha explicado que el Verbo es la Divina Verdad
(N. 143 al 145); que la doctrina de la Iglesia se saca del Verbo (N.
170 al 173), y que por conducto del Verbo se tiene conjunción con el
Señor (N. 177-179). Pero que el entendimiento que se tiene respecto
del Verbo determina la cualidad de la Iglesia, puede ofrecer duda,
por cuanto hay quienes creen ser de la Iglesia por tener el Verbo,
por leerlo ó por oírlo predicar y conocer algo de su sentido
literal, mientras sin embargo ignoran de qué manera esto y aquello
en el Verbo se debe entender, y muchos de ellos no atribuyen
importancia á esto; por lo cual será demostrado aquí que no es el
Verbo, sino el entendimiento que se tiene respecto del Verbo, que
hace la Iglesia en el hombre, y que la cualidad de la Iglesia es tal
corno es el entendimiento que respecto del Verbo tienen los que la
forman.
184.
La Iglesia es tal como es el entendimiento que se tiene del
Verbo, porque es tal como son las verdades de la fe y los bienes del
amor, y éstos son las dos cosas universales, que se hallan en todo
detalle del sentido literal del Verbo y también ocultas en lo
interior, como objetos preciosos en una tesorería. Las del sentido
literal del Verbo aparecen á todo hombre, porque se presentan
directamente á la vista; pero las que se hallan ocultas en el
sentido espiritual, no aparecen más que á los que aman las verdades
por ser verdades y obran el bien por ser bien. Ante éstos se abre la
tesorería que se halla cerrada y guardada por el sentido literal, y
estas cosas interiores son las que esencialmente hacen la Iglesia.
Sólo por virtud de ellas la hacen las cosas del sentido literal, y
permaneciendo oculto el sentido interior, el sentido literal está
sujeto á mala interpretación y falsificación, como en efecto es
falsificado por los que leen el Verbo á la luz de una doctrina
falsa.
185.
Que la Iglesia es conforme la doctrina y que la doctrina se
saca del Verbo es ya sabido; pero á pesar de esto no es la doctrina
en y por sí que determina la cualidad de la Iglesia, sino la sanidad
y la pureza de la doctrina, y por consiguiente el entendimiento que
se tiene respecto del Verbo. Tampoco es la doctrina en y por sí que
establece y determina la Iglesia en el hombre individual, sino la fe
y la vida conforme la doctrina. De igual manera no es el Verbo en y
por sí que establece y determina la Iglesia en particular en el
individuo, sino la fe conforme las verdades y una vida conforme los
bienes, que el individuo deriva del Verbo y aplica á si mismo. El
Verbo es como una mina que en sus profundidades contiene oro, plata
y piedras preciosas, tanto más preciosas cuanto más interiores; y
esta mina se abre conforme se abre el entendimiento que se tiene del
Verbo. El Verbo, sin el entendimiento de cómo es en sí mismo, en su
interior y en sus profundidades, no puede determinar la Iglesia en
el hombre más que la mina más rica del mundo puede hacer rico á un
hombre que no sea su propietario, ó que no tome parte en su
explotación. Los que tienen el Verbo y lo leen, y sin embargo no
buscan verdades genuinas para la fe ni bienes genuinos para la vida,
son como los que saben, por oírlo decir, que en él existen grandes
tesoros, pero que no reciben de ellos un ochavo. Los que poseen y
leen el Verbo sin derivar de él entendimiento alguno de verdades
genuinas ni voluntad alguna de bienes genuinos, son como los que
creen ser ricos por el dinero que han tomado prestado de otros, ó
por tener en su posesión fincas, casas y mercancías pertenecientes á
otros; que semejante creencia es necia admitirá toda persona de sano
juicio. Tal era sin embargo la nación judaica. Poseía el Verbo, por
lo cual el Señor la comparó con un hombre rico, que vestía púrpura y
lino fino y celebraba banquetes cada día. Pero no sacaba verdad
genuina alguna de él; no sacaba del Verbo bienes ni verdades
bastantes para tener piedad y misericordia del pobre Lázaro, que
estaba echado á su puerta, lleno de llagas, y no solamente no sacaba
para sí verdad alguna del Verbo, sino que se apropiaba de las
falsedades en tanta abundancia, que al fin no podía distinguir una
sola verdad, porque las verdades son eclipsadas por las falsedades
en el entendimiento humano, y no tan sólo eclipsadas, sino
extinguidas y expulsadas. La consecuencia de esto fue que los judíos
no reconocieron al Mesías, por más que todos los profetas habían
anunciado Su venida en la carne.
186.
En muchos lugares en el Verbo profético se describe la iglesia
judaica como totalmente destruida y aniquilada á causa de la
falsificación del Verbo, ó sea á causa del falso sentido, ó falso
entendimiento que tenían del mismo; porque esto y no otra cosa es lo
que destruye la Iglesia. El entendimiento, respecto del Verbo, tanto
el verdadero cuanto el falso, es descrito en los Profetas bajo el
nombre de Efraim, especialmente en Óseas; porque Efraim significa el
entendimiento que se tiene del Verbo en la Iglesia. Puesto que el
entendimiento respecto del Verbo determina la Iglesia, se llama en
el Verbo á Efraim un hijo precioso, niño delicioso, el primogénito
(Jeremías XXXI: 9; 20); fortaleza de la cabeza de Jehová (Salmo LX:
7; Salmo CVIII: 8); valiente (Zacarías X: 7); henchido como arco
(IX: 13), y á los hijos de Efraim armados y flecheros (Salmo
LXXVIII: 9); porque arco signifícala doctrina del Verbo luchando
contra las falsedades. Esto era también la razón por la cual Efraim,
por más que fue colocado por José á la izquierda de Israel, sin
embargo, fue bendecido por éste, con la mano derecha y recibido por
Israel en lugar de Rubén (Gen. XLVIII: 5; 11 y siguientes). Por la
misma razón Efraim con su hermano Manases, fue enaltecido sobre
todos los demás por Moisés, cuando bendijo los hijos de Israel bajo
el nombre de su padre José (Deut. XXXIII: 13; 17). El estado de la
Iglesia, cuando el entendimiento respecto del Verbo se halla
destruido, es igualmente descrito en los Profetas bajo el nombre de
Efraim, especialmente en Óseas, como por ejemplo en los siguientos
pasajes:
«Israel y Efraim
tropezarán y caerán. Efraim será asolado. Efraim es vejado y
quebrantado en juicio» (Oseas V: 5; 9; 11; también 12; 14).
«¿Qué haré á ti, Efraim? Tu piedad es como nube de la mañana,
y
como el roclo matutino desaparece» (VI: 4).
«No
quedarán en la tierra de Jehová, sino que volverá Efraim á la tierra
de Egipto y comerán viandas impuras en Asiría» (IX: 3).
El
país ó la tierra de Jehová es la Iglesia; Egipto los saberes del
hombre natural y Asiría raciocinio por estos saberes. Por dichos
saberes y por su raciocinio el Verbo es falsificado con respecto al
entendimiento interior; por eso se dice que Efraim volverá á Egipto
y comerá cosas impuras en Asiría.
«Efraim
se apacienta del viento y sigue al Solano; aumenta diariamente y
multiplica mentira y destrucción; hace alianza con los Asirios y
lleva aceite á Egipto» (Oseas XII: 2).
Apacentarse del viento y seguir al Solano, multiplicar mentira y
destrucción es falsificar las verdades
y así destruir la Iglesia. Lo mismo significa la fornicación
de Efraim, porque fornicación significa la falsificación del
entendimiento respecto del Verbo, es decir, de sus verdades
genuinas; de esto se habla en los siguientes pasajes:
«Yo
conozco á Efraim que ha fornicado y se ha contaminado Israel» (Óseas
V: 3).
«He
visto horrible cosa en la casa de Israel, allí fornicó Efraim y se
contaminó Israel» (IV: 10).
Israel es la Iglesia misma, y Efraim es el entendimiento respecto
del Verbo, de cuyo entendimiento viene la Iglesia y conforme el cual
se halla; por esto se dice: Efraim fornicó é Israel se contaminó. La
Iglesia en la nación de Israel y Judá, estaba totalmente destruida á
causa de las falsificaciones del Verbo, por lo cual se dice de
Efraim:
«¿Te
dejaré, Efraim? ¿Te entregaré, Israel? ¿Te haré como Adma y te
pondré como Zeboim?» (Oseas XI: 8).
La profecía de Oseas, desde su primero hasta su último capítulo,
trata de la falsificación del entendimiento genuino respecto del
Verbo, y de la destrucción de la Iglesia por esta causa. La
falsificación de la verdad es significada por fornicación. Por esta
razón el profeta fue mandado representar el estado de la Iglesia,
con tomarse por mujer una ramera con la cual tuvo hijos (Óseas I), y
luego fue mandado tomar por mujer una adúltera (III). Los citados
pasajes quedan sentados á fin de que se conozca y quede demostrado
por el Verbo, que la Iglesia es tal como es el entendimiento que en
ella se tiene del mismo, es decir, que es excelente y preciosa si el
entendimiento es formado por verdades genuinas, procedentes del
Verbo; pero arruinada y sucia si es formado por verdades
falsificadas.