XI
El Señor cumplió en el mundo todas las cosas del Verbo,
haciéndose así el Verbo mismo, es decir la Divina Verdad, hasta en
las últimas cosas.
199.
En Juan leemos:
«Y
el Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria,
gloria como del Unigénito del padre, lleno de gracia y de verdad»
(I: 14).
La
significación de estas palabras es que el Señor en el mundo cumplió
todo el Verbo, haciéndose así la Divina Verdad hasta en las cosas
extremas, ó sea el Verbo en su letra, porque ser hecho carne, cuando
se dice del Señor, es ser hecho el Verbo en sus últimas cosas. Cuál
y cómo era el Señor en Su cualidad de el Verbo en sus últimas cosas,
enseñó El Mismo á sus discípulos, cuando fue transfigurado delante
de ellos (Mateo XVII: 2 y siguientes; Marcos IX: 2 y siguientes;
Lucas IX: 28 y siguientes). Leemos que entonces los discípulos
vieron á Moisés y á Elias en gloria. Moisés significa el Verbo
escrito por él y en general la parte histórica del Verbo; Elias
significa el Verbo profético El Señor en Su cualidad de el Verbo en
sus cosas extremas, se manifestó asimismo en forma representativa á
Juan (Apocalipsis I: 13; 16). La descripción dada de El en este
lugar, significa en todos sus detalles las cosas extremas de la
Divina Verdad que es el Verbo. El Señor era el Verbo también antes
de venir al mundo, aunque sólo en las íntimas cosas, porque se dice
en Juan: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios (I:
1, 2); pero cuando el Verbo fue hecho carne, entonces el Señor fué
hecho el Verbo también con respecto á las últimas cosas del mismo.
De ahí viene el que se llama el Primero y el Último (Apoc. I: 8; 11;
17. II: 6. XXII: 13. Isaías XLIV: 6).
200.
Que el Señor cumplió todo el Verbo, es evidente por los pasajes en
que se dice, que la Ley y las Escrituras fueron cumplidas por El y
que todo fue consumado, por ejemplo en los siguientes:
«No
penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas, no he
venido para abrogar, sino á cumplir» (Mateo V: 17; 18).
«Jesús entró el día del sábado en la sinagoga y se levantó á leer. Y
fuéle dado el libro del profeta Isaías, y como abrió el libro, halló
el lugar donde estaba escrito: el Espíritu del Señor es sobre mi por
cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres, para sanar
á los quebrantados de corazón, para pregonar á los cautivos libertad
y á los ciegos vista, para predicar el año agradable del Señor».
Luego rollando el libro, dijo: hoy se ha cumplido esta escritura en
vuestros oídos (Lucas IV: 16; 21).
«Para que se cumpla la escritura: El que come pan conmigo levantó
contra mí su calcañar» (Juan XIII: 18).
«Y
ninguno de ellos se perdió sino el hijo de perdición para que la
Escritura se cumpliese» (XVII: 12).
«Para que se cumpliese el Verbo, que El habló: de los que me diste
ninguno de ellos perdí» (XVIII: 9).
«Jesús dijo: Vuelve tu espada á su lugar. ¿Cómo se cumplirían pues
las Escrituras? Que así es necesario que sea hecho; mas todo esto se
hace para que se cumplan las Escrituras de los profetas» (Mateo
XXVI: 52; 54; 56).
«El
Hijo del Hombre va, como está de El escrito, para que se cumplan las
Escrituras» (Marcos XIV: 21; 27; 49).
«Y
se cumplió la Escritura que dice: y con los inicuos fué contado»
(Marcos XV: 28).
«Para que se cumpliese la Escritura que dice: partieron mis vestidos
y sobre mi vestidura echaron suertes» (Salmo XXII: 18; Juan XIX:
24).
«Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas eran ya
cumplidas, para que se cumpliese la Escritura (XIV: 28); habiendo
recibido el vinagre, dijo: Consumado es» (XIX: 30).
«Estas cosas fueron hechas para que se cumpliesen las Escrituras:
Hueso no quebrantaréis de él, y también otra Escritura dice: Mirarán
al que traspasaron» (XIX: 36; 37).
Que
todo el Verbo fue escrito respecto del Señor y que El vino al mundo
para cumplirlo, manifestó El Mismo á sus discípulos antes de dejar
el mundo, con estas palabras:
«Oh,
insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas
han dicho. ¿No era necesario que Cristo padeciere estas cosas y que
entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés y de todos los
profetas declarábales en todas las Escrituras lo que de El decían»
(Lucas XXIV: 25; 27).
«Jesús dijo: estas son las palabras que os dije estando aún con
vosotros: Que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que
están escritas de mi, en la ley de Moisés, y en los Profetas y en
los Salmos» (Lucas XXIV: 25; 27).
Que
el Señor mientras estaba en el mundo cumplió todas las cosas, hasta
el más mínimo detalle, es evidente por estas palabras:
«De
cierto os digo: hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota,
ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean
cumplidas» (Mateo V: 18).
Por
lo aquí expuesto consta que por cumplir el Señor todas las cosas de
la Ley no se entiende que sólo cumplió todos los preceptos del
Decálogo, sino todo el Verbo. Que la Ley quiere decir todas las
cosas del Verbo, es evidente por estos pasajes:
«Jesús dijo: ¿no está escrito en vuestra ley: Yo dije: Dioses sois?»
(Salmo LXXXII: 6. Juan X: 34).
«La
gente respondiole: Nosotros hemos oído de la ley que Cristo
permanece para siempre» (Juan XII: 34. Salmo LXXXIX: 29, CX: 4.
Daniel VII: 14).
«Para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley, que sin
causa me aborrecieron» (Salmo LXIX: 4. Juan XV: 25).
«Más
fácil cosa es pasar el cielo y la tierra que frustrarse un tilde de
la ley» (Lucas XVI: 17).
La ley aquí, como en muchos otros lugares del Verbo, quiere decir
toda la Sagrada Escritura.
201. Pocos comprenden de qué manera el Señor es el Verbo; piensan que El puede iluminar y enseñar por medio del Verbo, y no por eso llamarse ó ser el Verbo; pero sepan que todo hombre es su propia voluntad y su propio entendimiento, por consiguiente todos distintos, y puesto que la voluntad es el receptáculo del amor y de los bienes, que son del amor, y el entendimiento es el receptáculo de la sabiduría y de las verdades, que son de la sabiduría, sigue que cada hombre es su propio amor y su propia sabiduría, ó lo que es lo mismo, su propio bien y su propia verdad. El hombre, es hombre por virtud de esto, y no por otra cosa alguna, porque nada en él aparte de esto es hombre. En cuanto al Señor El es el Amor mismo y la Sabiduría misma, ó sea el Bien mismo y la Verdad misma, y se hizo éstos mediante el cumplimiento de todo el Bien y de toda la Verdad del Verbo; porque el que piensa y habla la verdad sola y exclusivamente se vuelve esta verdad y el que quiere y obra el bien sola y exclusivamente se vuelve este bien, por lo cual el Señor con cumplir toda la Divina Verdad y todo el Divino Bien del Verbo, tanto en el sentido natural cuanto en el sentido espiritual, se hizo el Bien mismo y la Verdad misma y por consiguiente el Verbo mismo