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XIV

Si no existiese el Verbo, nadie tendría conocimiento de Dios, ni del Cielo, ni del Infierno, ni de la vida después de la muerte y menos aún del Señor.

210. Muchos creen, que el hombre podría sin el Verbo tener conocimiento de la existencia de Dios y también del Cielo y del Infierno, y de otras cosas que el Verbo enseña; y puesto que se han confirmado en esta opinión no es permitido discutir con ellos sobre este particular á base del Verbo, sino á base de la luz natural de la razón humana; porque no creen en el Verbo sino en sí mismos. Mas por medio de su razón pueden investigar y encontrarán, que en el hombre hay dos facultades de vida, llamadas entendimiento y voluntad; encontrarán también que el entendimiento es sujeto á la voluntad y no la voluntad al entendimiento, porque el entendimiento sólo enseña y señala la forma y manera de efectuar los actos y las obras de orden de la voluntad. Muchos hombres tienen uña mente superior y comprenden mejor que otros la moral de la vida, y sin embargo no viven conforme ella. Otra cosa sería si quisieran vivir según la moral, que con su entendimiento reconocen. Continuando la investigación encontrarán además que la voluntad del hombre es su propia naturaleza, y que ésta es mala desde el nacimiento, introduciendo por consiguiente falsedad en él entendimiento. Encontradas estas cosas, verán que el hombre de y por sí mismo no quiere entender más que aquellas cosas que concuerdan con su voluntad; y si no hubiera otra fuente de la cual podría sacar conocimientos de la verdad y del bien, no conocería más que lo que viene de él mismo, es decir, lo que es propio de él mismo y del mundo. Lo demás es para él densas tinieblas. Si al mirar el sol, la luna, las estrellas acaso reflexione sobre su origen, piensa que existen y subsisten por sí mismos. Hasta los hombres eruditos reconocen por una grande parte únicamente á la Naturaleza, por más que saben por el Verbo, que Dios ha creado todas las cosas, y no es de esperar, que los que nada saben del Verbo y de Dios pueden elevar sus pensamientos más que éstos. Los antiguos sabios, como Aristóteles, Cicerón, Séneca y otros, quienes escribían al sujeto de Dios y de la inmortalidad del alma, no tomaron sus ideas de su propio entendimiento originalmente, sino de otras mentes por medio de tradiciones, que venían de los antepasados, que primeramente adquirieron sus conocimientos por el antiguo Verbo, del cual he hablado antes. Los escritores en teología natural tampoco derivan sus ideas de sí mismos; no hacen más que confirmar por medio de conclusiones racionales, las cosas que conocen por la Iglesia en la que se halla el Verbo; puede haber entre ellos quienes las confirman y sin embargo no las creen.

211. En el mundo espiritual he visto á gente que había nacido y vivido en islas; eran racionales en cuanto á los asuntos civiles, pero ignoraban completamente todo cuanto se refiere á Dios. Presentaban el aspecto de monos; pero puesto que nacieron hombres y por consiguiente con facultad de poder recibir vida espiritual, fueron instruidos por ángeles, y adquirían vida mediante los conocimientos que les fueron proporcionados respecto del Señor como Hombre. Lo que son los hombres en y por sí considerados he podido ver claramente por los que se hallan en el infierno, entre los cuales hay muchos prelados y hombres eruditos; éstos no quieren siquiera oír hablar de Dios y por eso no pueden pronunciar Su Nombre. Les he visto y he hablado con ellos. También he hablado con otros, quienes se consumían de furor y de ira al oír hablar del Señor. Y sin embargo todos estos habían conocido el Verbo y hablado de Dios píamente mientras estaban en el mundo; mucho peores son aquellos allí que nada han sabido de Dios, porque son así á causa de su voluntad que es mala; y ésta, como ya se ha dicho, guía el entendimiento, y expulsa del mismo las verdades, que del Verbo hay en él.

Si el hombre por sí mismo y sin el Verbo pudiera saber que hay un Dios y una vida después de la muerte ¿porqué no sabe y por qué no cree, que el hombre vive como hombre después de la muerte? ¿Por qué cree que su alma, ó espíritu, es viento ó éter, que no ve con ojos, ni oye con oídos, ni habla con boca, hasta que vuelva á reunirse con su cuerpo muerto, y su esqueleto? Una doctrina concebida y establecida por la luz natural de la razón, no puede menos de enseñar é insistir en la adoración del propio yo, cuya adoración se practicaba durante largas edades, siendo también hoy practicada por muchos, que sin embargo saben por el Verbo, que sólo Dios debe ser adorado. Otra adoración que la del propio yo no puede resultar de lo propio del hombre; ni siquiera la adoración del sol y de la luna puede resultar de ello.

212.    Desde los primeros tiempos ha habido religión de una clase ó de otra, y los habitantes en todas partes del mundo han sabido algo de Dios y algo de una vida después de la muerte; pero esta religión y estos conocimientos no han venido de los hombres en primer lugar, sino del Verbo antiguo, del cual se ha hablado antes (N. 202, 203) y más tarde del Verbo israelita. Por estos dos Verbos se extendían sistemas religiosos hasta á las Indias y sus islas,, al través de Egipto y Etiopía á los reinos de África, y desde las costas de Asia á Grecia y de allí á Italia. Pero puesto que el Verbo sólo pudo ser escrito por medio de correspondencias ó representaciones, que son cosas del mundo natural que corresponden á las del cielo, simbolizándolas y significándolas, por eso la religión de las naciones gentiles degeneró en idolatría y en Grecia en fábulas ó mitos. Los Divinos atributos tomaron finalmente forma en otros tantos dioses, sobre los cuales pusieron un Dios supremo, al cual llamaron Jove, probablemente de Jehová. Se sabe que tenían conocimiento de un paraíso, del diluvio, del fuego sagrado y de las cuatro edades, la edad de oro, la de plata, la de cobre y la de hierro, de las cuales se trata en Daniel (II: 31; 35).

213.    Los que se creen capaces de adquirir por su propia inteligencia conocimientos respecto de Dios, del cielo, del infierno y de las cosas espirituales que son de la Iglesia, no saben que el hombre natural es completamente opuesto al hombre espiritual, y que por lo tanto desea extirpar las cosas espirituales que entran, ó bien convertirlas en falacias, que son como los gusanos que roen las raíces de las hierbas y del trigo en los campos. Pueden compararse con hombres que se imaginan estar sentados sobre águilas y ser elevados por ellas á grande altura, ó montados en caballos como el Pegaso, volando por encima del monte Parnaso al Helicón. En realidad son como los Luciferes del infierno, los cuales persisten en llamarse hijos de la mañana (Isaías XIV: 12). Son como los habitantes del país de Shinar, quienes empezaron á edificar una torre, cuya cúspide había de estar en el cielo (Génesis XI: 4), y tienen una confianza en sí mismos como Goliat, olvidando que puede sucederles como le sucedió á éste, que fue postrado por tierra con la piedra de la honda de David hincada en su frente. Diré qué suerte les espera después de la muerte: Al principio son como ebrios, luego como bobos, y finalmente estúpidos y sentados en tinieblas. Guárdense, pues, de tal locura.

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