La Esencia de Dios que es el Divino Amor y la Divina Sabiduría
31.
Hemos hecho distinción entre el Esse de Dios y la Esencia de
Dios, porque hay distinción entre la Infinidad de Dios y el Amor de
Dios; el término Infinidad se emplea en aplicación al Esse de Dios y
el de Amor á la Esencia de Dios, porque como ya se ha dicho, el Esse
de Dios es más universal que la Esencia de Dios, y de igual manera
la Infinidad es más universal que el Amor de Dios, por lo cual
infinito viene á ser un adjetivo de los esenciales y atributos de
Dios, los cuales todos se llaman «infinitos»; del Divino Amor se
dice que es infinito, de la Divina Sabiduría igualmente y del Poder
Divino igualmente; no que el Esse de Dios existía con prioridad á Su
Esencia, sino porque entra en la Esencia, como un adjunto, coherente
con ella, determinándola, formándola y elevándola; pero este lema
como los anteriores será tratado detalladamente, por su orden, bajo
los siguientes seis artículos.
I
Dios es el Amor mismo y la Sabiduría misma y estos dos hacen
Su Esencia.
32.
La primitiva antigüedad veía, que el amor y la sabiduría son
las dos cosas esenciales, á las cuales se refieren todas las
infinitas cosas, que están en Dios y que proceden de El. Mas las
generaciones que siguieron, conforme apartaban sus mentes del cielo,
sumergiéndolas en las cosas mundanas y corpóreas, no podían verlo;
porque empezaban á desconocer lo que es el amor en su esencia y por
ello también lo que es la sabiduría en su esencia; ignorando el que
no puede haber amor abstracto de forma, y que el amor opera en su
forma y por medio de su forma. Mas estas verdades son ahora
reveladas de nuevo por el Señor para los que han de ser de Su Nueva
Iglesia. La Esencia de Dios es Su Amor y Su Sabiduría, y esta
Esencia se halla en todas las cosas creadas, porque puesto que Dios
es la primera y única Sustancia y la primera y única Forma, que en
si mismas son Sustancia y Forma, cuya Esencia es Amor y Sabiduría, y
puesto que de Él fueron hechas todas las cosas que son hechas, sigue
que El ha creado el mundo con todas las cosas que hay en él, de su
Divino Amor mediante su Divina Sabiduría, y por consiguiente, que el
Divino Amor y la Divina Sabiduría están en cada cosa creada y en
todas ellas. El Amor, además de ser la esencia que forma todas las
cosas, es también el vínculo que las une, combina y mantiene en
conjunto después de formadas. El Divino Amor es como el marido que
produce, pero por medio de la esposa, que es la Divina Sabiduría,
todas las cosas, tanto en el mundo espiritual cuanto en el mundo
natural. El cielo, donde viven los ángeles, es ordenado, combinado y
unido hasta formar un solo cuerpo, por virtud del Divino Amor
mediante la Divina Sabiduría. Los que piensan y creen que el
Universo ha sido creado de otra manera que del Divino Amor por medio
de la Divina Sabiduría, atribuyendo por consiguiente todas las cosas
á la Naturaleza, descienden desde la vista racional á la vista del
ojo material y abrazan á la Naturaleza como madre creadora de todas
las cosas, concibiendo así quimeras y produciendo fantasmas.
II
Dios es el Bien mismo y la Verdad misma, porque el Bien es
del Amor y la Verdad es de la Sabiduría.
33.
Es universalmente conocido que todas las cosas se refieren al bien y
á la verdad; prueba de que todas las cosas derivan su existencia del
Amor y de la Sabiduría, puesto que todo cuanto procede del amor es
llamado «bueno» y todo cuanto procede de la sabiduría es llamado
«verdad»; porque cada uno siente como bueno lo que es de su amor y
se goza en ello como en un bien, mientras que la sabiduría afecta á
sus objetos con el placer de la luz, y este placer, cuando es
percibido, es la verdad, procedente del bien; por lo cual el amor es
el complejo de todas las variedades del bien, y la sabiduría el
complejo de todas las verdades; pero tanto el amor como la sabiduría
vienen de Dios, que es el Amor mismo y por ello el Bien mismo, así
como la Sabiduría misma y por ello la Verdad misma. De ahí viene,
que en la Iglesia hay dos cosas esenciales, que son el Amor y la Fe,
de las cuales proceden todas las demás cosas en ella. La razón es,
que todos los bienes de la Iglesia vienen del Amor y se llaman amor
al Señor y amor al prójimo, y todas las verdades vienen de la Fe, y
se llaman fe. El goce del amor, que también es el goce de la
caridad, hace que lo bueno se llame bueno, y el placer de la
sabiduría, que también es el placer de la fe, hace que lo que es
verdad se llame verdad; porque las diferentes clases de goces y
placeres constituyen su vida, y sin esta vida los bienes y las
verdades serían exánimes é improductivos. Más hay dos clases de
goces del amor, así como de placeres de la sabiduría; á saber, los
goces del amor al bien y los goces del amor al mal; así como el
placer de la fe en verdades y el placer de la fe en falsedades.
Ambas clases de gozo y de placer se llaman buenos y agradables por
los que son sujetos á ellas, por más que en sí mismas son opuestas,
mas el gozo del amor al bien es (realmente) bueno, mientras que el
gozo del amor al mal es (realmente) malo; así también el placer
producido por la fe en verdades es un placer genuino, mientras que
el placer de la fe en falsedades es un placer falso. El amor, cuyo
gozo es realmente bueno, es como el calor del sol, operando en un
terreno fértil, produciendo plantas útiles, trigos y árboles
frutales, como si dijéramos, un paraíso ó jardín del Señor y un país
de Canaán; el placer de sus verdades es como la luz del sol en la
primavera, que unida al calor vivifica y hace fructificar, y como la
luz, que penetra en una cajita de cristal, donde hay hermosas
flores, las cuales, al ser abierta la caja, esparcen delicioso
perfume. Pero el gozo que viene del amor al mal, es como un
abrasante calor del sol, que seca y mata, ó si obra en un terreno
árido, produce plantas nocivas, espinas y cardos, resultando un
desierto de Arabia, lleno de hidras y serpientes venenosas. El
placer de su falsa luz es como la luz del sol en invierno, y como la
luz que penetra en una botella, en la cual gusanos y reptiles nadan
en vinagre, despidiendo un olor nauseabundo.
Hay
que saber que todo bien se forma por medio de verdades y se reviste
de ellas, distinguiéndose así de otros bienes; igualmente que los
bienes de un mismo género ó clase se entreunen en manojos,
vistiéndose al mismo tiempo de sus verdades y distinguiéndose así de
otros. Así se efectúan las formaciones, lo cual por vía de
ilustración, puede verse por las formaciones de las diferentes
partes del cuerpo humano, y una formación parecida tiene lugar en la
mente humana, porque existe una correspondencia perfecta entre todas
las cosas de la mente y todas las del cuerpo; de ahí sigue que la
mente humana está organizada interiormente de sustancias
espirituales y exteriormente de sustancias naturales y finalmente de
sustancias materiales. La mente, cuyos goces de amor son buenos,
consiste interiormente de tales sustancias, cuales hay en el cielo,
mas la mente, cuyos goces de amor son malos, consiste interiormente
de tales sustancias, cuales hay en el infierno; los males de esta
última son entreunidos y ligados por medio de falsedades, y los
bienes de la primera son ligados en manojos por medio de verdades.
Por haber tales ligaduras en manojos de bienes así como de males,
dice el Señor «que la cizaña se ligará en manojos y será quemada»
(Mateo XIII: 30; 40; 41.)
Puesto que Dios es el Amor mismo y la Sabiduría misma, es
también la Vida misma, que es Vida en sí misma.
34.
En Juan leemos:
«El
Verbo era con Dios y el Verbo era Dios; en él estaba la Vida y la
Vida era la luz de los hombres» (1:1; 4).
En
este lugar «Dios» quiere decir el Divino Amor y el «Verbo» la Divina
Sabiduría; esta última es propiamente la vida, y la vida es
propiamente la luz que procede del Sol espiritual, en medio del cual
está Jehová Dios. El Divino Amor produce la vida de la misma manera
que el fuego produce la luz. El fuego tiene dos propiedades, la de
calentar y la de iluminar; de su ardor procede el calor y de su
resplandor procede la luz. De igual manera hay en el Amor dos
propiedades, una á la cual corresponde el ardor del fuego, y es algo
que íntimamente afecta á la voluntad del hombre; otra á la cual
corresponde el resplandor del fuego, y es algo que íntimamente
afecta al entendimiento del hombre. De ahí tiene el hombre amor é
inteligencia; porque como ya se ha dicho, del sol del mundo
espiritual procede un calor que en su esencia es amor, y una luz que
en su esencia es sabiduría, y estos dos influyen en todas las cosas
del Universo, afectándolas íntimamente. En los hombres influyen en
su voluntad y en su entendimiento, los cuales fueron creados
receptáculos de esta influencia, la voluntad receptáculo del amor y
el entendimiento receptáculo de la sabiduría. Es por lo tanto claro,
que la vida del hombre reside en su entendimiento y es tal como es
su sabiduría, y que el amor de la voluntad determina, sus
variaciones.
35.
En Juan leemos:
«Así
como el Padre tiene vida en Sí mismo, así ha dado al Hijo tener vida
en Sí mismo» (Vers: 26).
Esto
quiere decir, que lo Divino mismo que es desde la eternidad, vive en
sí mismo, y que también la Humanidad, asumida en el tiempo, vive en
sí misma, porque es el mismo Dios. Sólo Dios tiene vida en Sí mismo.
Todo lo creado, todas las cosas del Universo natural y espiritual,
incluso los hombres y los ángeles, son en sí mismas formas muertas,
creadas para ser receptáculos de la Vida que sale de Dios y que
continuamente influye en todas las cosas. La vida, dondequiera que
se manifieste, es increada; sólo las formas que la reciben en sí,
son creadas; así como la luz, procedente del sol, influye en el ojo
que es su receptáculo, y hace que vea, así son increadas también la
fe, la verdad, el amor, la caridad; pero creadas son las formas, que
las reciben, y mediante las cuales obran, y estas formas son la
voluntad y el entendimiento del hombre.
IV
El Amor y la Sabiduría en Dios forman uno.
36.
Todo hombre sabio en la Iglesia conoce, que todo bien del
amor y de la caridad viene de Dios; igualmente toda verdad de la
sabiduría y de la fe. La razón humana puede ver y reconocer esto, si
sabe, que el amor y la sabiduría tienen su origen en el Sol del
mundo espiritual, en medio del cual está Jehová Dios, ó lo que es lo
mismo, que lo tienen de Jehová Dios mismo por conducto del Sol, que
está en derredor Suyo; porque el calor que sale de este Sol, es en
su esencia amor, y la luz que sale del mismo, es en su esencia
sabiduría. Por esto es claro, que el Amor y la Sabiduría en su
origen forman uno, y que por lo tanto forman uno en Dios, que es el
Origen de este Sol; porque en Jehová Dios, ó en Su Sol espiritual,
el amor y la sabiduría son inseparables como en el sol natural el
calor y la luz natural; pero conforme salen del sol se separan, lo
cual puede verse en los objetos en los cuales influyen. En los
hombres se hallan separados el calor de la vida, que es el amor, y
la luz de la vida, que es la inteligencia, y esto es así dispuesto
con el fin de que el hombre pueda ser regenerado y salvo, lo cual no
podría ser, si no pudiese, aun con un amor malo, ver y comprender
las verdades de la fe; porque éstas han de enseñarle lo que debe
querer y amar, y por medio de ellas es regenerada su mala voluntad.
El Señor está continuamente trabajando para unir en el hombre el
amor y la fe, y tanto como se verifica la unión, tanto es hecho el
hombre imagen y semejanza del Señor; mas tanto como deja de
verificarse, es hecho imagen y semejanza de Lucifer y del Dragón,
echado del cielo á la tierra y debajo de la tierra al infierno. Por
la unión del amor y la fe el hombre llega á ser como un árbol en la
primavera, cuando el calor del sol se une á la luz: brota, echa
hojas y flores y lleva fruto; pero por la separación de los dos
llega á ser como un árbol en invierno, cuando, retirándose el calor
de la luz, todo se entumece y muere. Cuando en el hombre el calor
espiritual, que es el amor, se separa de la luz espiritual, que es
la fe, el hombre viene á ser como un suelo insalubre, podrido, y si
produce algún arbusto, sus hojas se cubren de polillas y son
devoradas; porque las seducciones del amor al mal, que son
concupiscencias carnales y mundanas, se declaran, y el
entendimiento, en vez de subyugarlas y rechazarlas, las acoge y
acaricia. En una palabra, separar el amor y la fe en el hombre es
como disolver el vínculo del matrimonio entre cónyuges, haciendo que
la mujer se vuelva ramera y el marido adúltero; porque el amor ó la
caridad es como el marido, y la sabiduría ó la fe es como la esposa,
y si son separados resulta adulterio y fornicación espiritual, ó sea
falsificación de las verdades y adulteración del bien. Por esto el
Señor se halla en un continuo esfuerzo para realizar la unión de los
dos en el alma humana, para que formen uno en ella como forman uno
en El, y á fin de que así el hombre sea hecho imagen y semejanza
Suya.
37.
Hay que saber que la perfección de la vida no consiste en las
ideas y los pensamientos, sino en la percepción de la verdad por la
luz de la verdad, cuya percepción determina la vida. Así es que
puede uno conocer los diferentes estados de vida de los hombres,
porque hay quienes, apenas oyen la verdad, perciben que es verdad;
éstos son en el mundo espiritual representados por águilas. Hay
otros que no perciben las verdades, pero las deducen mediante
confirmaciones por analogía; éstos son representados por pajaritos
cantadores. Hay otros que creen, que una cosa es verdad, porque así
lo afirman hombres de autoridad; éstos son representados por
maricas. Hay otros que no quieren y no pueden percibir la verdad,
sino sólo la falsedad; la razón es que se hallan en una luz
delusoria, en cuya luz las falsedades aparecen como verdades, y las
verdades aparecen, bien como una cosa en lo alto, encima de la
cabeza, envuelta en densa nube, ó bien como algún meteoro ó como
falsedad. Los pensamientos de éstos son representados por aves
nocturnas y su habla por el grito de los búhos. Aquellos entre
ellos, que se han confirmado en sus falsedades, no pueden sufrir el
oír las verdades; tan pronto como éstas suenan en sus oídos, las
rechazan con repugnancia, como un estómago, lleno de materias
biliosas, náusea y rechaza el alimento.
V
La esencia del amor es amar á otros fuera de si mismo,
desear formar uno con ellos y hacerlos felices de si mismo.
38.
La esencia de Dios consta de dos cosas: el Amor y la
Sabiduría. Pero Su Amor consta de tres cosas esenciales, ó sea: 1.°
amar á otros de sí mismo; 2.° desear ser uno con ellos, y 3.°
hacerlos felices de sí mismo. Estas tres cosas son también la
esencia de Su Sabiduría, porque en Dios el Amor y la Sabiduría
forman uno; pero el Amor desea y quiere estas cosas, mientras que la
Sabiduría las realiza. La primera cosa esencial, que es «amar á
otros de sí mismo», puede constar por el Amor de Dios para con toda
la raza humana; y por causa de los hombres ama Dios á todas las
cosas creadas, porque son medios de realizar el propósito de su Amor
para con los hombres. El que ama el fin ama también los medios. Así
ama Dios á todas las cosas creadas, y así ama á todo lo que está
fuera de El, porque la creación entera está fuera de Dios, siendo
finita, mientras que Dios es infinito. El amor de Dios sale y se
extiende, no sólo á personas buenas y cosas buenas, sino también á
personas malas y cosas malas; por consiguiente, no sólo á personas y
cosas que están en el cielo, sino también á las que están en el
infierno; no sólo á «Micael» y á «Gabriel», sino también al Diablo y
á Satanás; porque Dios está en todas partes y es el Mismo desde
eternidad hasta eternidad: «Él deja que su sol salga sobre malos y
sobre buenos y envía su lluvia sobre justos y sobre injustos»
(Mateo: V. 45). Pero la razón por la cual los malos, sin embargo son
malos, es que no reciben en sus cosas racionales y naturales el amor
de Dios tal como influye en lo más íntimo de sus almas, donde
inconscientemente lo reciben en primer lugar; porque conforme
desciende en su voluntad lo pervierten, y allí lo reciben tal como
ellos mismos son, ó sea tal como es la forma de su voluntad, que es
el receptáculo del amor. Sucede en el hombre como en las plantas. El
mismo calor y la misma luz influye en la vid y en el espino,
haciendo que crezcan y tengan vida; la vid es vid y el espino es
espino, no por haber diferencia entre las virtudes que influyen en
el uno y en la otra, sino porque cada uno las recibe conforme su
respectivo organismo, que es la forma recipiente.
La
segunda cosa esencial del Amor de Dios, que es: «desear ser uno con
ellos», puede constar por Su conjunción con el Cielo de los ángeles,
con la Iglesia, con los hombres en la tierra, y con todo bien y toda
verdad allí, que forma el hombre y la iglesia en el hombre. El amor,
en y por sí considerado, es un continuo esfuerzo para realizar
conjunción. Que el Divino Amor está continuamente procurando
realizar conjunción es evidente por las palabras del Señor: «que
sean uno, El en ellos y ellos en El, y que el Amor de Dios esté en
ellos» (Juan: XVII, 21, 22, 23 y 26).
La
tercera cosa esencial, que es: «hacerlos felices de si mismo»,
consta por la vida eterna, la cual es bienaventuranza, dicha y
felicidad sin fin, dadas por Dios á los que en sí reciben Su Amor;
porque Dios es el Amor mismo y también la Bienaventuranza misma.
Dios hace á los ángeles dichosos y felices de Sí mismo, y también á
los hombres, que después de la muerte son hechos ángeles, y esta
dicha y felicidad les comunica por medio de Su conjunción con ellos.
VI
Estas tres propiedades esenciales del Amor Divino fueron la
causa de la creación del Universo, y son también la causa de su
preservación.
39.
Que la primera propiedad, ó sea la de «amar á otros de sí mismo»,
fue una causa de la creación del Universo, puede ser claro por esto,
de que para conseguir este fin tenía Dios que producir cosas, que
pudiesen existir fuera de El; es decir, las cosas finitas que
constituyen el Universo. A éste puede extender Su Amor, ejerciéndolo
en él y así descansar; leemos que Dios, después de acabada la
creación del cielo y de la tierra con todo cuanto en ellos había,
descansó, instituyendo así el sábado (Genes. II: 2; 3). Que la
segunda propiedad, que es «desear formar uno con ellos», fue una
causa, consta por haber sido el hombre creado á imagen y según la
semejanza de Dios, lo cual quiere decir, que fue creado de tal
manera que puede recibir en sí la vida de Dios, y así tener
conjunción con El, por cuya conjunción Dios puede unirse con el
hombre y amarle, y por causa del hombre amar también á todas las
cosas creadas, que son medios á este fin. Que todas las cosas fueron
creadas por causa del hombre se puede ver en Génesis. I: 28, 29, 30.
Que la tercera propiedad, que es la de «hacerlos dichosos de Sí
mismo», fue una causa, es evidente por el cielo de los ángeles, el
cual espera á cada hombre, que en sí recibe el amor de Dios, y en el
cual todos son hechos dichosos y felices por Dios Solo. La razón por
la cual estas tres propiedades esenciales del Divino Amor son
asimismo las causas de la preservación del Universo, es que la
preservación, ó el sustento, es una perpetua creación, como la
subsistencia es un perpetuo nacimiento, y el Divino Amor es siempre
el mismo desde eternidad hasta eternidad; por lo tanto, tal como era
al crear el mundo, tal continúa ser en el mundo creado.
Por
estas cosas puede uno bien ver que el Universo forma un solo cuerpo,
que adhiere en todo detalle, desde las primeras hasta las últimas
cosas, porque es una obra que envuelve fines, causas y efectos en
conexión indisoluble. Y puesto que en todo amor está el objeto final
ó sea el propósito, y en toda sabiduría la promoción del propósito
por medio de las causas, y con ayuda de las causas, hasta ultimarlo
en efectos, que son usos, sigue asimismo, que el Universo es una
obra que envuelve Divino Amor, Divina Sabiduría y usos; por
consiguiente una obra que adhiere desde sus primeras hasta sus
últimas cosas.