CAPITULO
III
El Espíritu Santo y la Divina Operación
109. Los del Orden sagrado, cuya idea respecto del Señor
nuestro Salvador haya sido bastante justa, cuando entran en el mundo
espiritual, lo cual generalmente hacen al tercer día de su
fallecimiento, son ante todo instruidos con respecto á la Divina
Trinidad y particularmente con respecto al Espíritu Santo, de que
éste no es un Dios en y por Sí, y que por él en el Verbo se entiende
la Divina Operación, que procede del Único Dios omnipresente. La
razón por la cual los clérigos son instruidos particularmente con
respecto al Espíritu Santo, es que la mayor parte de los entusiastas
después de la muerte caen en la insana imaginación, de que ellos
mismos son el Espíritu Santo, y muchos de ellos, que en el mundo
creían, que el Espíritu Santo hablaba por su boca, asustan á otros
con las palabras del Señor en Mateo, que el contradecir las cosas
que hablan, inspirados por el Espíritu Santo, es el pecado
imperdonable (XII: 31; 32). Los que después de ser instruidos
abandonan la idea, de que el Espíritu Santo es un Dios en y por Sí,
son luego instruidos con respecto á la Unidad de Dios, de que la
Divinidad no consiste de tres Personas, cada una de las cuales es
Dios, según enseña el Credo llamado de Atanasio, sino que la Divina
Trinidad está en el Señor Dios el Salvador como el alma y cuerpo de
todo hombre y la actividad que procede de él. Estos son entonces
preparados para recibir la fe del nuevo cielo, y luego les es
abierto un camino á una sociedad celestial, en la cual reina esa
misma fe, y una morada les es dada allí entre sus hermanos, con
quienes luego viven en eterna bienaventuranza.
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