I
110.
El Espíritu Santo es propiamente la Divina Verdad y por consiguiente
también el Verbo, y en este sentido el Señor es asimismo el Espíritu
Santo. Pero puesto que la Iglesia actual enseña, que el Espíritu
Santo es la Divina Operación que propiamente es la Justificación,
añadimos que también es esta Divina Virtud y Operación, y lo es
porque la Divina Operación es efectuada por la Divina Verdad que
procede del Señor, y que por consiguiente es El Mismo, porque lo
procedente, ó sea la emanación, es de la misma esencia que aquello
de lo cual emana, como estos tres: el alma, el cuerpo y la actividad
procedente, cuyos tres juntos forman una sola esencia, en el hombre
meramente humana, mas en el Señor Divina y también Humana.
En
el capítulo precedente queda demostrado, que el Señor es la Divina
Verdad Misma. Que el Espíritu Santo también lo es, consta por los
siguientes pasajes:
«Saldrá una vara del tronco de Isaí y un vástago retoñará de sus
raíces. Y reposará sobre Él el espíritu de Jehová, espíritu de
sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza,
espíritu de conocimiento y de temor de Jehová... Herirá la tierra
con la vara de su boca y con el espíritu de sus labios matará al
impío. Y será la justicia cinto de sus lomos y la verdad ceñidor de
sus riñones» (Isaías XI: 1; 4; 5).
«El
enemigo vendrá como torrente, mas el espíritu de Jehová levantará
bandera contra él, y vendrá el Redentor á Sión» (LIX: 19; 20).
«El
espíritu del Señor Jehová es sobre mi, me ha ungido Jehová; ha me
enviado á predicar buenas nuevas á los abatidos» (Isaías LXI: 1.
Lucas IV: 18).
«Este será mi pacto con ellos: el espíritu mío que está sobre ti, y
mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca desde ahora
para siempre» (Isaías LIX: 21).
El
espíritu de Jehová, espíritu de sabiduría y de inteligencia, es la
Divina Verdad que estaba en el Señor y que era El Mismo, y en estos
pasajes es idéntico con el Espíritu Santo, es decir, con lo Divino
procedente ó sea la Divina Virtud y Operación, cuyo Espíritu estaba
en El y por cuyo Espíritu obraba. Puesto que el Señor es la Verdad
Misma, sigue que lo que sale de El es la Divina Verdad y por
consiguiente también el Espíritu Santo. Lo mismo quiere decir el
nombre Consolador, también llamado Espíritu de Verdad y Espíritu
Santo, según se puede ver por los siguientes pasajes:
«Yo
os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya, porque si yo no
fuese el Consolador no vendría á vosotros, mas si yo fuere os le
enviaré» (Juan XVI: 7).
«Cuando viniere el Espíritu de Verdad, él os guiará á toda Verdad,
porque no hablará de si mismo, sino que hablará todo lo que oyere»
(XVI: 13).
«El
me glorificará porque tomará de lo mío y os lo hará saber. Todo lo
que tiene el padre, mío es, por eso dije que tomará de lo mío y os
lo hará saber» (XVI: 14; 15).
«Yo
rogaré al padre, que os dará otro Consolador para que esté con
vosotros para siempre. Al Espíritu de Verdad, al cual el mundo no
puede recibir, porque no le ve ni le conoce, mas vosotros le
conocéis, porque está con vosotros y será en vosotros. No os dejaré
huérfanos, vendré á vosotros, y me veréis» (Juan XIV: 16; 19).
«Cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del padre, el
Espíritu de Verdad, el cual procede del padre, él dará testimonio de
mi» (XV: 26).
«El
Consolador, el Espíritu Santo, el cual el padre enviará en mi
nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las
cosas que yo os he dicho» (XIV: 26).
Que
el Señor aludía á Sí Mismo con los nombres Consolador y Espíritu
Santo, es evidente por Sus palabras:
«El
mundo no le conoce, mas vosotros le conocéis; no os dejaré
huérfanos: vendré á vosotros y me veréis. »
Y en
otro lugar:
«He
aquí; yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación del
siglo» (Mateo XXVIII: 20).
Es
igualmente evidente por estas palabras:
«No
hablará de sí mismo; tomará de lo mío.»
111.
Puesto que el Espíritu Santo es la Divina Verdad, y puesto que ésta
estaba en el Señor y era el Señor Mismo (Juan XIV: 6), no pudiendo
por consiguiente proceder de otra fuente alguna, por esto dice Juan:
«Aún
no había Espíritu Santo, porque Jesús no estaba aún glorificado»
(VII 39).
Y
después de la glorificación:
«Sopló Jesús sobre los discípulos
y
díjoles: tomad el Espíritu Santo» (XX: 22).
La
razón por la cual el Señor sopló, ó respiró, sobre los discípulos
es, que esta respiración era una señal exterior, representativa de
la Divina inspiración; mas la Divina inspiración es propiamente una
inserción entre las sociedades angelicales.
Teniendo presente lo aquí expuesto, se comprenden bien las palabras
del ángel Gabriel, referentes á la concepción del Señor:
«El
Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te hará
sombra, por lo cual también lo Santo que nacerá será llamado Hijo de
Dios» (Lucas I: 35).
«El
Ángel del Señor en un sueño dijo á José: «no temas de recibir á
María por tu mujer, porque lo que en ella es engendrado del Espíritu
Santo es»; y José no la conoció hasta que parió á su hijo
primogénito» (Mateo I: 20; 25).
En
estos pasajes el Espíritu Santo es la Divina Verdad que emana de
Jehová el Padre, y esta emanación era la Virtud del Altísimo, la
cual hizo sombra á la madre. Esto coincide también con las palabras
en Juan:
«El
Verbo (la Divina Verdad) era con Dios, y el Verbo era Dios, y el
Verbo fue hecho carne» (I: 1; 14).
Que el Verbo significa la Divina Verdad, se
puede ver en la Fe de la Nueva. Iglesia (número.13).