IV
El espíritu del hombre es su mente y todo cuanto procede de
él.
118.
El espíritu del hombre, concretamente hablando, no es otra cosa que
su mente, porque ésta es la que vive después de la muerte y se llama
entonces espíritu; si es buena, se llama un ángelespíritu, y luego
un ángel; si es mala, se llama un espíritu satánico, y luego un
satanás. La mente de todo hombre es su hombre interior, que es el
verdadero hombre y está dentro del hombre exterior, que forma su
cuerpo natural, por lo cual, cuando á la muerte este cuerpo natural
es abandonado, el hombre interior se halla en perfecta forma humana.
Están pues en un error, los que opinan que el espíritu del hombre
reside exclusivamente en su cabeza. En la cabeza reside tan sólo en
sus principios, de los cuales salen primariamente todas las cosas
que el hombre piensa por el entendimiento y obra por la voluntad,
pero en el cuerpo se halla en las derivaciones, formadas al efecto
del sensorio y de la acción, y puesto que interiormente adhiere á
las cosas del cuerpo, comunica á ellas sensaciones y movimientos é
inspira al cuerpo la percepción de que este piensa y obra de y por
sí mismo, mas todo hombre sabio conoce que esto es una falacia.
Ahora bien; puesto que el espíritu del hombre piensa por el
entendimiento y obra por la voluntad, y puesto que el cuerpo no
piensa y obra de sí mismo, sino de y por el espíritu, sigue que el
espíritu del hombre es su inteligencia y la inclinación de su amor,
y todo cuanto de estos dos procede y opera. Que el espíritu del
hombre es su mente y lo que á ella pertenece, es evidente por muchos
pasajes del Verbo, y basta citarlos para ver que espíritu en ellos
no significa otra cosa:
«Bezaleel
fue henchido de espíritu de sabiduría, de inteligencia y de ciencia»
(Éxodos XXXI: 3).
Nabucodonosor dijo de Daniel:
«Que
un excelente espíritu de ciencia y de entendimiento estaba en él»
(Daniel V: 12).
«Josué fué lleno de espíritu de sabiduría» (Deut. XXXIV: 9). «Hacedos
corazón nuevo y espíritu nuevo» (Ezequiel XVIII: 31).
«Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino
de los cielos» (Mateo V: 3).
«Yo
habito en el espíritu quebrantado y humilde, para vivificar el
espíritu de los humildes» (Isaías LVII: 15).
«Los
sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado» (Salmo LI: 17).
«Daré manto de alegría en lugar de espíritu angustiado» (Isaías LXI:
3).
Y en
varios otros lugares. Que espíritu también significa una mente
perversa y malvada es evidente por estos otros pasajes:
«¡Ay
de los profetas insensatos que andan en pos de su propio espíritu»
(Ezequiel XIII: 3).
«Concebid hojarasca, parid aristas; en cuanto á vuestro espíritu, el
fuego os devorará» (Isaías XXXIII: 11).
«Si
hubiere alguno que delirase en su espíritu, que hablase mentiras» (Micheas
II: 11).
«Generación, cuyo espíritu no fue fiel para con Dios» (Salmo
LXXVIII: 8).
«El
espíritu de fornicación» (Óseas V. 4; IV: 12).
«Todo corazón se desleirá y angustiaráse todo espíritu» (Ezequiel
XXI: 7).
«No
ha de ser lo que viniera en vuestro espíritu» (Ezequiel XX: 32).
«En
cuyo espíritu no hay superchería» (Salmo XXXII: 2).
«El
espíritu de Faraón estaba agitado» (Génesis XLI: 8).
Estos pasajes, y múltiples otros, demuestran claramente que espíritu
en ellos significa la mente del hombre y las cosas que la
pertenecen.
119.
Puesto que el espíritu del hombre es la mente del hombre, sigue que
por estar en el espíritu, cuya expresión hallamos á veces en el
Verbo, se entiende un estado en el cual la mente se halla apartada
del cuerpo, y puesto que en este estado vieron los profetas cosas,
que sólo existen en el mundo espiritual, llamáronlo la visión de
Dios. Se hallaban entonces en el mismo estado, en que los ángeles y
los espíritus se hallan en aquel mundo. En este estado el espíritu
del hombre puede trasladarse de un lugar á otro, permaneciendo el
cuerpo fijo en el suyo. Este es el estado, en el cual me he hallado
ahora durante veintiséis años, con la diferencia de que, hallándome
en el espíritu, me he hallado al mismo tiempo en el cuerpo y sólo de
vez en cuando fuera del cuerpo. Ezequiel, Zacarías, Daniel y Juan se
hallaban en este estado, cuando tuvieron sus visiones, lo cual es
evidente por los siguientes pasajes: Ezequiel dice:
«El
Espíritu me levantó y volvióme á llevar á la tierra de los Caldeos,
á los transportados; en visión en el Espíritu de Dios, y partióse de
mi la visión que habla visto» (Cap. XI: 24).
«Él
Espíritu me levantó y oí detrás de mi una voz de grande estruendo»
(Cap. III: 12).
«El
espíritu me alzó entre el cielo y la tierra y llevóme en visiones de
Dios á Jerusalén» (Cap. VIII: 3).
También consta por los Cap. I y X, donde leemos que vio cuatro
animales, que eran querubines, y varias otras cosas con ellos, y en
los Cap. XL á XLVIII, que vio una nueva tierra y un nuevo templo y
un ángel midiéndolo. Que entonces se hallaba en visión y en el
espíritu consta por lo que dice en los Cap, XL: 2, y XLIII: 5.
Asimismo Zacarías, cuando vio á un varón, que cabalgaba sobre un
caballo bermejo entre los mirtos, (Capítulo I: 8 y siguientes);
cuando vio cuatro cuernos y un varón que tenía en su mano un cordel
de medir (Cap. I: 13; II: 1 y siguientes). Cuando vio á Josué, el
gran sacerdote (Cap. III: 1 y siguientes); cuando vio cuatro carros
que salían de entre los montes, y caballos. (Cap. VI: 1 y
siguientes).
En
igual estado se hallaba Daniel cuando vio cuatro animales salir del
mar y varias otras cosas referentes á ellos (Cap. VII: 1 y
siguientes); cuando vio la batalla entre el carnero y el macho
cabrío (VIII: 1 y siguientes); cuyas cosas vio en visiones (VII: 1,
2; 7; 13. VIII: 2. X: 1; 7; 8). Igualmente cuando el ángel Gabriel
le apareció en visión y habló con él (IX: 21). El caso era igual con
Juan respecto del Apocalipsis:
«Que
fué en el Espíritu en el día del Domingo» (Apoc. I: 10). «Que fue
llevado por el Espíritu al desierto» (Cap. XVII: 3), Y & un grande y
alto monte» (Cap. XXI: 10).
Dice
en varios lugares que vio en visiones y que vio las cosas que
refiere, como por ejemplo, que vio al Hijo del Hombre en medio de
los siete candeleros de oro, un tabernáculo, un templo, un arca, y
un altar en el cielo, el libro sellado con siete sellos, y caballos
que salían del mismo, los cuatro animales en torno del trono, los
doce mil elegidos de cada tribu, el cordero en el monte Sión;
langostas subiendo del pozo del abismo, el dragón y su batalla con
Micael; una mujer pariendo un hijo varón y huyendo al desierto á
causa del dragón; dos bestias, la una subiendo del ruar, la otra de
la tierra; una mujer sentada sobre una bestia bermeja; el dragón
lanzado al lago de fuego y azufre; un caballo blanco, una grande
cena, la santa ciudad de Jerusalén descender, el río de agua viva y
los árboles de vida dando frutos cada mes, y muchas otras cosas. En
parecido estado se hallaban también Pedro, Jacobo y Juan, cuando
vieron á Jesús transfigurado, y asimismo Pablo cuando oyó del cielo
cosas inefables.