II
Estos tres, el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo, son tres (cosas) esenciales del Dios Único y forman uno como
el alma, el cuerpo y la actividad del hombre.
125. En una persona ú objeto hay cosas esenciales,
generales y también particulares, y éstas forman en conjunto una
sola esencia. Las cosas esenciales generales en el hombre son su
alma, su cuerpo y su actividad, ó sea su operación. Que estas tres
cosas forman una sola esencia consta por esto, de que las dos
posteriores vienen de la anterior y existen por causa de ella en
series continuas; porque el hombre empieza con el alma, que es la
esencia misma en la simiente, y el alma no sólo inicia, sino también
produce en su orden correspondiente, todas las cosas que son del
cuerpo y luego las que proceden de ambos, es decir, del alma y del
cuerpo juntos, cuyas cosas son la actividad y las operaciones. Por
la producción de las posteriores por la anterior, y por la mutua
inserción y conjunción de las tres por medio de la segunda, es
evidente que son de una misma esencia, y por esto se llaman tres
(cosas) esenciales.
126. Todo el mundo reconoce que estas tres cosas esenciales existían y
existen todavía en el Señor Dios, el Salvador. Que Su Alma era de
Jehová, el Padre, nadie lo negará excepto el Anticristo, porque en
el Verbo en ambos Testamentos se llama el Hijo de Jehová, el Hijo
del Dios Altísimo, el Unigénito. Su primera cosa esencial es pues lo
Divino del Padre, como el alma del hombre. Que el hijo, que parió
María, es el Cuerpo de esta Alma Divina, es evidente por esto de que
en las entrañas de la madre sólo es formado el cuerpo, el cual es
concebido y derivado del alma. Su Cuerpo es pues Su segunda cosa
esencial. La Actividad, ó sea la Operación, hace Su tercera cosa
esencial, porque procede de Su Alma y Cuerpo juntos, y lo que
procede ó emana es de la misma esencia que aquello de lo cual
procede ó emana. Que las tres cosas esenciales, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, forman uno en el Señor, como el alma, el cuerpo y la
actividad en el hombre, es muy evidente por las palabras del Señor
que el Padre y El son Uno y que el Padre es en El y El en el Padre.
Es igualmente evidente que el Señor y el Espíritu Santo son Uno,
puesto que el Espíritu Santo es lo Divino que emana del Señor,
procedente del Padre, según ya se ha demostrado abundantemente por
el Verbo (véase núm. 116 y 117), por lo cual sería superfluo
demostrarlo otra vez; sería como cubrir una mesa con manjares
después de estar satisfechos los comensales.
127. Cuando decimos que el Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo, son tres cosas esenciales del Único Dios, como el
alma, el cuerpo y la actividad en el hombre, puede parecer como si
estas tres cosas fueren tres Personas, lo cual no es posible; pero
si entendemos que lo Divino, llamado Padre, que constituye el Alma,
lo Divino, llamado Hijo, que constituye el Cuerpo, y lo Divino,
llamado Espíritu Santo, que es lo Divino procedente, que constituye
la Actividad ó la Operación, son éstas tres cosas esenciales del
Único Dios, podemos concebirlo con nuestra razón, porque Dios Padre
es Su propio Divino; el Hijo, que ha salido del Padre, es también Su
propio Divino, y el Espíritu Santo, que sale de arabos, es
igualmente lo Suyo, y estos tres Divinos, siendo de una misma
Esencia y concordantes, constituyen Un solo Dios. Pero si llamamos
Personas á estas tres cosas esenciales, y máxime si á cada una de
estas Personas atribuimos una propiedad particular, como por
ejemplo: al Padre, la Imputación; al Hijo, la Mediación, y al
Espíritu Santo, la Operación, entonces dividimos la Divina Esencia,
la cual sin embargo es única é indivisible, y resulta que ninguno de
los tres puede ser Dios en plenitud, sino sólo parcialmente, por un
poder común, repartido entre los tres, y la sana razón no puede
menos que rechazar esto. 128. ¿Quién no puede formarse concepto de
la Trinidad que hay en el Señor por la trinidad que hay en el
hombre? En todo hombre hay un alma, un cuerpo y una actividad; en el
Señor igualmente, pero en el Señor mora la plenitud ole la Divinidad
corporalmente (Col. II: 9), por lo cual la Trinidad en el Señor es
Divina, mas en el hombre humana. ¿Quién no puede ver, que en la idea
mística de tres Divinas Personas, y sin embargo un Solo Dios, cuyo
Dios, aunque Único, sin embargo no es una sola Persona, la razón no
participa en manera alguna, sino que, introducida en un letargo,
deja que la boca hable á manera de un papagayo? Cuando la razón se
halla adormecida, ¿qué es entonces el habla más que palabras
inanimadas? Cuando la boca pronuncia lo que la razón desaprueba, y
de lo cual discrepa y se aparta, ¿qué es entonces el hablar, más que
necedad? La humana razón está actualmente maniatada con respecto á
la Divina Trinidad, como un hombre atado y encadenado en prisión.
Puede ser comparada con la virgen vestal, enterrada en la tierra por
haber dejado apagarse el fuego sagrado, y sin embargo el concepto
respecto de la Divina Trinidad debía arder en la mente y en la
Iglesia, resplandeciente como una lámpara, puesto que Dios en Su
Trinidad y Unidad es Todo en las santas cosas del Cielo y de la
Iglesia. Hacer un Dios del Alma, un segundo del Cuerpo y un tercero
de la Operación, equivale á hacer tres' partes independientes y
distintas de las mencionadas tres cosas esenciales del hombre, y por
consiguiente equivale á cortarle en pedazos y matarle.