IX
De la idea de una Trinidad de Personas, cada una de las
cuales es Dios en y por si, según el credo de Atanasio, han nacido
muchas ideas discordantes y heterogéneas con respecto á Dios, cuyas
ideas son, todas ellas, alucinaciones y abortos.
140. De la doctrina de tres Personas Divinas
desde eternidad, cuya doctrina es la cabeza de toda enseñanza
doctrinal en la iglesia cristiana actual, han nacido muchas ideas
respecto de Dios, que son indecorosas é indignas del mundo
cristiano, el cual sin embargo debería y podría ser una luminaria
para todo pueblo y toda nación de la tierra, con respecto á Dios y á
Su Unidad. Todos los pueblos que están fuera del mundo cristiano,
como por ejemplo los mahometanos y asimismo los gentiles, son
adversos á la Cristiandad sólo por causa de la fe en tres Dioses,
que en ella reina. Los propagadores de esta fe lo saben muy bien y
tienen cuidado de no predicar abiertamente la Trinidad de Personas,
tal como la expone el credo de Nicea ó de Atanasio, porque si
hicieran esto, serían rechazados y ridiculizados. Las ideas
discordantes, indignas y frívolas, que han nacido de la doctrina de
tres Divinas Personas desde eternidad y que influyen en todos los
que permanecen en la persuasión de esa doctrina, entrando por los
oídos y los ojos, y subiendo desde allí al pensamiento, son éstas:
Que Dios el Padre está sentado en la altura encima de la cabeza, el
Hijo á su derecha, y el Espíritu Santo delante de ellos, escuchando
y lanzándose al mundo, y de acuerdo con la decisión de los dos,
distribuye dones de justificación, imprimiéndolos, y haciendo hijos
de gracia á los que son hijos de la ira, y elegidos á los
damnificados. Los eruditos del clero y los bien instruidos de los
legos, si quisieran ser francos reconocerían, qué en sus mentes
tienen este ideal y no otro, porque fluye espontáneamente de la
doctrina misma (véase Recuerdo núm. 15). Nace también en ellos una
curiosidad de saber, ó un deseo de hacer conjeturas, de lo que
hablaban entre sí las Personas Divinas antes de ser creado el mundo;
si hablaban del mundo, que había de ser creado; si también de los
que habían de ser predestinados y justificados, conforme la creencia
de los Supralapsarios, y si también de la Redención; y asimismo de
lo que han hablado entre sí después de la creación del mundo. Nace
igualmente la idea, de qué la imputación, que es la elección, es
motivada por la misericordia del Hijo, que intercede por todos, y
por algunos individualmente, y que estos reciben la Gracia del
Padre, que se conmueve por amor á Su Hijo y por la agonía, que vio
en El en la Cruz. ¿Quién no puede ver, que estas cosas son delirios
de la mente? Y sin embargo, en las iglesias cristianas la gente besa
con sus labios objetos sagrados, aun siéndoles prohibido examinarlos
con la vista del entendimiento, bajo el pretexto de que estas cosas
están por encima de la razón humana, y si el hombre las eleva desde
su memoria á su entendimiento, se vuelve insano. Mas esto no quita
la idea de tres Dioses, sino que introduce al hombre en una fe
ciega, estúpida, la cual le hace pensar en Dios como uno que sueña y
anda como un sonámbulo en la sombra de la noche, ó como un ciego de
nacimiento en la luz del día.
RECUERDO. Siéndome concedido por el Señor el ver cosas maravillosas
en los cielos y debajo de los cielos, debo, cumpliendo Su encargo,
referir lo que he visto. Vi un magnífico palacio, y en su interior
un templo. En el centro del mismo había una mesa de oro, en la cual
estaba el Verbo, y cerca de ella dos ángeles. Alrededor de la mesa,
había sillas, colocadas en tres filas; los asientos de las sillas de
la primera fila eran tapizados con tela, color púrpura; los de las
sillas de la segunda fila con seda, color azul celeste, y los de la
tercera fila, con tela blanca. Debajo del techo había un toldo,
ampliamente extendido y resplandeciente por multitud de piedras
preciosas, cuyas piedras despedían una refulgencia como la de un
arco iris, al despejarse el cielo después de la lluvia. De repente
aparecieron prelados, quienes ocuparon los asientos, llevando los
vestidos de su oficio. A un lado había una guardarropía, junto á la
cual estaba un ángel, que la guardaba, y en la misma había
magníficas prendas, colocadas en hermoso orden. Era esto un Concilio
convocado por el Señor, y oí una voz del cielo que dijo: Deliberad.
Pero ellos dijeron: «¿Sobre qué?» y respondió la voz: «Sobre el
Señor, el Salvador y sobre el Espíritu Santo». Empezaron á
reflexionar sobre este tema, pero no se hallaban en iluminación, por
lo cual hicieron oración, y entonces descendió luz del cielo,
iluminando primero la parte posterior de sus cabezas, luego sus
sienes y finalmente sus rostros. Entonces principiaron, y conforme
lo mandado, deliberaron primero acerca del Señor, él Salvador. El
primer punto, propuesto y discutido, fue: ¿Quién adoptó Naturaleza
Humana mediante la virgen María? Y uno de los ángeles que estaban al
lado de la mesa, en la cual estaba el Verbo, leyó delante de ellos
estas palabras en Lucas: El ángel dijo á María: «He aquí; concebirás
en tu seno y parirás un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será
grande y será llamado el Hijo del Altísimo.» Entonces María dijo al
ángel: «¿Cómo será esto? porque no conozco varón.» Y respondiendo el
ángel le dijo: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del
Altísimo te hará sombra, por lo cual también lo Santo que nacerá
será llamado Hijo de Dios» (I: 30; 32; 34; 35). Luego leyó asimismo
estas palabras en Mateo: El ángel dijo á José en un sueño: «José,
hijo de David, no temas de recibir á María tu mujer; porque lo que
en ella es engendrado, del Espíritu Santo es;» y José no la conoció
hasta que parió á su hijo primogénito y llamó su nombre Jesús (I:
20; 25). Además de estos pasajes leyó muchos otros en los
Evangelistas (entre otros Mateo III: 17; XVIII: 5. Juan I: 18; III:
16; XX: 31) y otros, donde el Señor con respecto á su Naturaleza
Humana es llamado el Hijo de Dios, y donde El, desde Su Naturaleza
Humana, llama á Jehová su Padre. Leyó asimismo de los profetas
pasajes, en los cuales se predice, que Jehová Mismo vendría al
mundo, entre otros estos dos: Y se dirá en aquel día: he aquí, éste
es nuestro Dios, al que hemos esperado porque nos salve. Este es
Jehová á quien hemos esperado; nos gozaremos y nos alegraremos en su
salud (XXV: 9). Voz que clama en el desierto: barred camino á
Jehová, enderezad calzada en la soledad á nuestro Dios, porque la
Gloria de Jehová se manifestará y toda carne la verá juntamente; he
aquí, el Señor Jehová vendrá con fortaleza; como pastor apacentará á
su rebaño (XL: 3; 5; 10; 11). Y el ángel dijo: «Puesto que Jehová
Mismo vino al mundo y adoptó la Naturaleza Humana, salvando y
redimiendo así á los nombres, por eso se llama en los profetas
Salvador y Redentor». Y luego leyó los siguientes pasajes: Cierto en
ti está Dios y no hay otro Dios fuera de ti. Verdaderamente tú eres
Dios que te encubres, Dios de Israel, el Salvador (XLV: 14; 15). ¿No
soy yo Jehová? Y fuera de Mí no hay Dios; Dios justo y Salvador no
hay ninguno fuera de Mí (XLV: 21). Yo soy Jehová y fuera, de Mí no
hay Salvador (XLIII: 11). Yo soy Jehová tu Dios, y no conocerás Dios
fuera de Mí, ni otro Salvador sino yo (Óseas XIII: 4). Y conocerá
toda carne que yo, Jehová, soy Salvador tuyo y Redentor tuyo (Isaías
XL1X: 26; LX: 16). Nuestro Redentor, Jehová de los ejércitos (Zabaot)
es su nombre (XLV1I: 4). El Redentor de ellos es el Fuerte; Jehová
de los ejércitos es su nombre. (Jeremías L: 34). OH, Jehová, roca
mía y Redentor mío (Salmo XIX: 14). Así ha dicho Jehová, Redentor
tuyo, el Santo de Israel: Yo, Jehová, Soy tu Dios (Isaías XLVIII:
17; XLIII: 14; XLIX: 7; LIV: 8). Tú, oh Jehová, eres nuestro padre,
nuestro Redentor perpetuo es tu nombre (LXIII). Así dice Jehová, tu
Redentor: Yo soy Jehová, que lo hago todo por Mí mismo (XLIV: 24).
Así dice Jehová, Rey de Israel y Su Redentor Jehová Zabaot; Yo soy
el Primero y el Ultimo y fuera de mi no hay Dios (XLIV: 6). Jehová
Zabaot es su nombre, y tu Redentor el Santo de Israel, Dios de toda
la tierra será llamado (LIV: 5). He aquí, vienen los días, dice
Jehová, en que despertaré á David renuevo justo, quien reinará Rey,
y este será su nombre: Jehová Justicia nuestra (Jeremías XXIII: 5,
6; XXXIII: 15,16). En aquel día Jehová será Rey sobre toda la
tierra; en aquel día Jehová será Uno y su nombre uno (Zacarías XIV:
9). Convencidos por estos pasajes, los que estaban sentados en las
sillas dijeron unánimemente, que Jehová Mismo adoptó Naturaleza
Humana, á fin de redimir y salvar á los hombres. Pero entonces se
oyó de los Católicos Romanos, que se habían escondido detrás del
altar, una voz diciendo: «¿Cómo puede Jehová Dios hacerse hombre?
¿No es El el Creador del Universo?» Y uno de los que estaban
sentados en la segunda fila, se volvió hacia ellos y dijo: «¿Quién
otro que El?» Y la persona detrás del altar, ahora colocándose junto
al altar, dijo: «EL Hijo desde Eternidad». Mas recibió por
contestación: «¿No es según vuestra confesión, el Hijo desde
Eternidad también el Creador del Universo? ¿Y qué es un Hijo y Dios
nacido desde Eternidad? ¿Cómo puede la Divina Esencia, que es Única
é Indivisible, partirse y descender una parte y no toda Ella?»
La
segunda deliberación, acerca del Señor, versaba sobre este punto:
¿No son entonces el Padre y El Uno, como el alma y él cuerpo son
uno? Dijeron que esto sigue como consecuencia de lo anterior, puesto
que el Alma del Señor era del Padre. Entonces uno de los que estaban
sentados en la tercera fila, leyó lo siguiente del Credo universal,
llamado de Atanasio: Si bien nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de
Dios, es Dios y Hombre, no por eso son dos; sino un Cristo; El es
enteramente Uno. Es una Persona: puesto que como el alma y el cuerpo
constituyen un hombre, así Dios y el Hombre constituyen un Cristo.
El que leyó dijo, que el Credo, en el cual se hallan estas palabras,
es admitido y reconocido por el mundo cristiano entero, incluso por
los Católicos Romanos. Y dijeron: «¿Qué más es menester? Dios el
Padre y El son Uno, como el alma y el cuerpo son uno». Y dijeron:
«Siendo así, vemos que lo Humano del Señor es Divino, porque es lo
Humano de Jehová; y vemos también, que se debe dirigir al Señor
Solo, es decir, á su Divina Humanidad, y que únicamente así puede
uno acercarse á lo Divino, que se llama Padre». Esta conclusión
confirmó el ángel mediante muchos otros pasajes del Verbo, entre
otros éstos: Un niño nos es nacido; hijo nos es dado, y llamar ase
su nombre Maravilloso, Consejero; Dios, el Fuerte, el Padre eterno,
el Príncipe de paz (Isaías LX: 6). Si bien Abraham nos ignora, é
Israel no nos conoce, Tú, OH Jehová, eres nuestro Padre; nuestro
Redentor perpetuo es tu nombre (LXIII: 16). Y en Juan: Jesús dijo:
«El que cree en Mí creé en el que me envió» (XII: 44; 45). Felipe
dijo á Jesús: «Señor, muéstranos el Padre». Jesús le dijo: «El que
me ve á Mi, ve al Padre; ¿cómo pues dices tú, muéstranos el Padre?
No crees que yo soy en el Padre y el Padre en Mí? Creedme que yo soy
en el Padre y el Padre en Mí» (XIV: 8; 11). Jesús dijo: «Yo y el
Padre una cosa somos» (X: 30). Y asimismo: «Todo lo que tiene el
Padre, mío es, y todas mis cosas son del Padre" (XVI: 15; XVII: 10).
Y finalmente: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie viene al
Padre sino por Mí» (XIV: 6). A esto añadió el ángel, que cosas
parecidas á las aquí referidas, dichas por el Señor con respecto á
sí Mismo, las puede decir todo hombre respecto de sí mismo y de su
alma. Oídas estas cosas dijeron todos como con una sola boca y con
un solo corazón: «Lo Humano del Señor es Divino, y hay que dirigirse
y acercarse á esta Humanidad á fin de poder acercarse al Padre,
puesto que Jehová Dios, mediante esta Humanidad se envió á Sí Mismo
al mundo, haciéndose así visible á los ojos de los hombres y por
consiguiente accesible. Se manifestaba igualmente en Forma Humana á
los antiguos primitivos, haciéndose así accesible á ellos, si bien
entonces lo hacía por conducto de un ángel; y puesto que esta forma
era representativa del Señor, que había de venir, eran
representativas todas las cosas de la iglesia entre aquellos
hombres.»
Luego siguió una deliberación con respecto al Espíritu Santo. En
primer lugar se expuso la idea, profesada por muchos, referente á
Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, la cual es, que Dios el
Padre está sentado en las alturas con el Hijo á su diestra, y que
estos dos envían al Espíritu Santo para iluminar, enseñar,
justificar y santificar á los hombres. Mas entonces se oyó una voz
del cielo que dijo: «No podemos tolerar esa idea. ¿Quién ignora, que
Jehová Dios es Omnipresente? EL que sabe y reconoce esto, sabrá y
reconocerá también, que El Mismo ilumina, enseña, justifica y
santifica, y que no existe un Dios intermedio, distinto de El (mucho
menos un tercero distinto de otros dos), como una persona distinta
de otra. Apartad pues la idea anterior, que es vana, y admitid esta
otra, que es justa, y veréis esto claramente». Una voz se oyó
entonces de los Católicos Romanos, que estaban junto al altar del
templo, diciendo: «¿Qué es entonces el Espíritu Santo, mencionado en
el Verbo, en los Evangelistas y en Pablo, por el cual, tantos
hombres eruditos del clero, especialmente del nuestro, se dicen ser
guiados? ¿Quién en el mundo Cristiano actual niega la existencia del
Espíritu Santo y sus Operaciones?» Al oír estas palabras uno de los
que estaban sentados en la segunda fila, se volvió hacia ellos y
dijo: «Decís que el Espíritu Santo es una Persona en y por sí y un
Dios en y por sí, pero ¿qué es una persona, que sale y procede de
otra persona, sino la operación, que emana y procede? Una persona no
puede emanar y proceder de otra; pero la operación puede emanar y
proceder. O ¿qué es un Dios que sale y procede de Dios, sino lo
Divino que emana y procede? Un Dios no puede emanar y proceder de
otro Dios; pero lo Divino puede emanar y proceder del Dios Único».
Al oír estas cosas, los que estaban sentados en las sillas
concluyeron unánimemente, que el Espíritu Santo no es una Persona en
y por sí, y por consiguiente, que no es un Dios en y por sí, sino
que es lo Santo Divino, que emana y procede del Dios Único y
Omnipresente, que es el Señor. A esto dijeron los ángeles, que
estaban junto á la mesa de oro, en la cual estaba el Verbo: «Bien.
No se lee en lugar alguno del Antiguo Testamento, que los profetas
hablaban el Verbo por el Espíritu Santo, sino por Jehová, y donde el
Espíritu Santo es mencionado en el Nuevo Testamento se entiende lo
Divino procedente, que es lo Divino que ilumina, enseña, vivifica,
reforma y regenera».
Después de esto siguió otra deliberación referente al Espíritu Santo
sobre la cuestión: ¿De quién procede lo Divino que es llamado el
Espíritu Santo? ¿Del Padre ó del Señor? Y mientras discutían esto,
penetraba la luz desde el cielo, y en esta luz vieron, que lo Santo
Divino, que se llama el Espíritu Santo, no procede del Padre por
conducto del Señor, sino que procede del Señor, influyendo en El del
Padre, comparativamente como en el hombre la actividad no procede
del alma al través del cuerpo, sino que procede del cuerpo por
virtud del alma. Esto confirmó el ángel que estaba junto á la mesa,
mediante los siguientes pasajes del Verbo: Él que Dios envió, las
palabras de Dios habla; porque no le ha dado Dios el Espíritu por
medida. El Padre ama al Hijo y todas las cosas ha dado en su mano
(Juan III: 34; 35). Saldrá una vara del tronco de Isai y un vástago
retoñará de sus raíces; y reposará sobre Él el espíritu de Jehová,
espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de
fortaleza (Isaías XL: 1). El espíritu de Jehová era sobre El y en El
(XLII: 1; LIX: 20, 21; LXI; Lucas IV: 18). Cuando vendrá el
Consolador, el cual yo os enviaré del Padre (Juan XV: 26). El me
glorificará porque tomará de lo mío y os lo hará saber. Todo lo que
tiene el Padre, mío es; por eso os dije, que tomará de lo mío y os
lo hará saber (XVI: 14, 15). Si yo me voy, os enviaré el Consolador
(XVI: 7). Él Consolador es el Espíritu Santo (XIV: 26). Aún no había
(existía) el Espíritu Santo, porque Jesús no estaba aún glorificado
(VII: 39); pero después de la glorificación sopló Jesús sobre los
discípulos y díjoles: «Tomad el Espíritu Santo» (XX: 22). Y en el
Apocalipsis: ¿Quién no temerá, OH Señor, y engrandecerá tu nombre?
Porque tú solo eres santo. (XV: 4). Puesto que la Divina Operación
del Señor, efectuada por su Divina Omnipresencia, es lo que se llama
Espíritu Santo, por eso dijo El, al hablar á los discípulos acerca
del Espíritu Santo, que les enviaría del Padre: No os dejaré
huérfanos: vendré á vosotros, y en aquel día vosotros conoceréis que
yo estoy en mi Padre y vosotros en Mí y yo en vosotros (Juan XIV:
18; 20). Voy, y vengo á vosotros (XIV: 28). Y poco antes de su
salida del mundo dijo: Hé aquí, yo estoy con vosotros todos los días
hasta la consumación del siglo (Mateo XXVIII: 20). Leídas estas
palabras, dijo el ángel: «Por estos y muchos otros pasajes del Verbo
es evidente, que lo Divino, llamado Espíritu Santo, procede del
Señor por virtud del Padre». A esto respondieron los que estaban
sentados en las sillas: Esto es Verdad Divina.
Por
último hicieron esta conclusión: «Por las deliberaciones de este
concilio hemos visto claramente y reconocemos como santa verdad, que
en el Señor Dios, el Salvador Jesucristo hay una Divina Trinidad,
que es ésta: Lo Divino, de lo cual son todas las cosas, llamado
Padre; lo DivinoHumano, que es el Hijo, y lo Divinoprocedente,
llamado el Espíritu Santo». Y en coro exclamaron: En Jesucristo mora
la plenitud de la Divinidad corporalmente (Colos. II: 9). Hay, pues,
un solo Dios en la Iglesia.
Así terminó este magnífico concilio. Se levantaron, y el ángel, que
guardaba la guardarropía, vino y entregó á cada uno de los que
estaban en las sillas hermosas prendas, entretejidas de oro,
diciéndoles: «Recibid los vestidos de boda». Y fueron conducidos en
gloria al Nuevo Cielo Cristiano, con el cual tiene conjunción la
Iglesia del Señor en la tierra, cuya Iglesia es la Nueva Jerusalén.