VII
De ahí viene la abominación del asolamiento y la grande
aflicción «cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora, ni
será», que el Señor predijo en Daniel, en los Evangelistas y en el
Apocalipsis.
136. En Daniel leemos:
«Finalmente sobre el ave de las abominaciones habrá asolamiento y
hasta la entera consumación goteará lo decretado sobre la
devastación» (IX: 27).
En
el Evangelio dice el Señor:
«Y
muchos falsos profetas se levantarán y engañarán á muchos; por
tanto, cuando veréis la abominación del asolamiento, que fue dicha
por Daniel, el profeta, estar en el lugar santo (el que lee,
entienda)» (Mateo XXIV: 11; 15).
y
luego en el mismo capítulo (verso. 21):
«entonces habrá tan grande aflicción, cual no fué desde el principio
del mundo, ni será».
Esta
aflicción y esta abominación se describen en siete capítulos del
Apocalipsis, y son lo que significan el caballo negro y el caballo
amarillo, que salían del libro, cuyo sello fué abierto por el
Cordero (Apoc. VI: 5; 8); y también el animal que salió del pozo del
abismo, cuyo animal hizo guerra contra los dos testigos, matándolos
(Cap. XI: 7 y siguientes); así como, el dragón, que estaba delante
de la mujer, que iba á dar á luz, á fin de devorar á su hijo, y que
la persiguió hasta el desierto, echando allí de su boca agua como un
río para ahogarla (Capítulo XII); igualmente son lo que significan
los animales del dragón, uno que subió del mar, otro que subió de la
tierra (Cap. XIII); y los tres espíritus, como ranas, que salieron
de la boca del dragón, de la del animal y de la del falso profeta
(XVI: 13); son además lo que significa el que, después de haber
derramado los siete ángeles las copas de la ira de Dios, con las
siete últimas plagas, sobre la tierra, el mar, las fuentes y los
ríos, sobre el sol, el trono del animal, el Eufrates y finalmente en
el aire, hubo un grande terremoto, cual no fué jamás desde que los
hombres están sobre la tierra (Cap. XVI). Un terremoto significa una
inversión de la Iglesia, ocasionada por falsedades y falsificaciones
de la verdad, y lo mismo significa la grande aflicción, cual no fue
desde el principio del mundo (Mateo XXIV: 21). Estas otras palabras
encierran también cosas parecidas: «El ángel echó su hoz aguda en la
tierra y vendimió la viña de la tierra y echó la uva en el grande
lagar de la ira de Dios, y el lagar fue hollado.... y salió sangre
hasta los frenos de los caballos por mil seiscientos estadios» (XIV:
19; 20). La sangre aquí significa verdad falsificada.
137.
En los Evangelistas (Mateo XXIV; Marcos XIII; Lucas XXI) se
describen los estados sucesivos de la decadencia y corrupción de la
Iglesia Cristiana, y allí (como asimismo en todo otro lugar del
Verbo, donde se menciona) la grande aflicción, cual no fué desde el
principio del mundo, ni será, significa la infestación de la verdad
por falsedades, hasta no quedar una sola verdad que no esté
falsificada y consumada; lo mismo significa la abominación del
asolamiento, y también el asolamiento sobre el ave de la
abominación, así como la consumación y el decreto, mencionados en
Daniel, y esto mismo es lo que se describe en los pasajes, que
acabamos de referir del Apocalipsis. Esto sucedió á la iglesia por
no reconocer la Unidad de Dios en la Trinidad y Su Trinidad en la
Unidad en una Persona, sino en tres, á consecuencia de lo cual la
iglesia quedó basada en la idea interior de tres Dioses y en la
confesión exterior de un solo Dios, y de esta manera los hombres se
separaron del Señor, finalmente hasta el punto de perder toda idea
de la Divinidad en Su Naturaleza Humana, siendo sin embargo así, que
El es Dios Padre Mismo en Naturaleza Humana, por lo cual también se
llama Padre Eterno (Isaías IX: 6) y El mismo dijo á Felipe: «el que
me ve á Mí, ve al Padre» (Juan XIV: 7; 9).
138. Pero ¿cuál es la verdadera fuente de la abominación del
asolamiento, de que se habla en Daniel y de la grande aflicción,
cual jamás fue ni será? (Mateo XXIV: 21). Esta fuente es la fe, que
universalmente reina en el mundo, Cristiano, y su influjo, operación
é imputación por las tradiciones. Es pasmoso observar como la
doctrina de la justificación por la fe sola (por más que ésta fe, no
es fe, sino una quimera) se halla ínsita en todo detalle de la
iglesia. Domina entre el clero, como el casi único dogma de la
teología. Esa doctrina estudian con interés los aspirantes teólogos
en los seminarios, la embeben y absorben, y luego, como si
estuvieran inspirados de sabiduría Divina, la enseñan en las
iglesias y la publican en libros. Por medio de la misma buscan y
consiguen rango, diplomas y recompensas, y esto sucede, por más que
esa fe sola es la causa de que el sol ahora es obscurecido; que la
luna no da su resplandor y que las estrellas han caído del cielo
(palabras de la predicción del Señor en Mateo XXIV: 29). Ha quedado
demostrado ante mí, y me consta, que la doctrina de esa fe sola ha
cegado las mentes de los hombres, hasta el punto de que no quieren,
y por eso casi no pueden, ver Divina verdad alguna interiormente, á
la luz del amor ó á la luz de la fe, mas tan sólo exteriormente, en
una ruda superficie y al reflejo de la antorcha de su inclinación
egoísta. Puedo decir, que aunque se mandaran del cielo verdades
Divinas, escritas en letras de plata, referentes á la verdadera
conjunción del amor con la fe, al cielo y al infierno, al Señor, á
la vida después de la muerte y á la eterna bienaventuranza, los que
creen que son justificados y santificados mediante la fe sola, no
las estimarían dignas de ser leídas; pero si por otra parte les
fuera mandado, desde las regiones inferiores, un tratado referente á
la justificación por la fe sola, lo recogerían, lo besarían y lo
llevarían consigo á casa en su seno.