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Para difundir las enseñanzas de Emanuel Swedenborg en el mundo hispanohablante.

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II

La fe, en resumen, es que quien cree la verdad y vive bien es salvado por el Señor.

  

259. Todo Cristiano, y hasta todo Gentil que tiene religión y razón sana, admite que el hombre fue creado para la vida eterna, y que todo hombre puede heredarla con tal que viva en conformidad con los preceptos del Verbo, que son los medios de salvación. Estos medios son múltiples, mas todos ellos se refieren á conducir una buena vida y á conocer y creer la verdad. Se refieren pues á la caridad y á la fe; porque la caridad es conducir una buena vida y la fe es conocer y creer la verdad. Estos dos medios generales de salvación son prescritos en el Verbo para el uso del hombre; es más, es también mandado al hombre servirse de ellos, y puesto que su uso le es mandado, sigue que el hombre puede por medio de ellos procurarse vida eterna por la facultad que tiene concedida de Dios. En efecto; tanto como el hombre se sirve de esta facultad, mirando al mismo tiempo á Dios, Dios da esta facultad, poder y fuerza para convertir en caridad espiritual, lo que en el hombre es caridad natural, y en fe espiritual, lo que en él es fe natural, haciendo así que la caridad muerta y la fe muerta se vuelvan caridad viva y fe viva, y por consiguiente hace que el hombre se vuelva viviente por vida espiritual. Dos cosas son necesarias para poder conducir una buena vida y creer la verdad. En la Iglesia estas cosas se llaman el hombre interior y el hombre exterior. Si el hombre interior quiere el bien, y el hombre exterior obra el bien, entonces forman uno, el exterior por virtud del interior y el interior por conducto del exterior; así, pues, el hombre por virtud de Dios y Dios por conducto del hombre. Por otra parte, si el hombre interior quiere él mal y él hombre exterior sin embargo obra el bien, entonces obran ambos por el infierno, no obstante el bien del hombre exterior, porque su voluntad es del infierno y su obra es hipocresía, en cuya hipocresía la voluntad, que es del infierno, se halla oculta como la serpiente en la hierba, ó como el gusano en la flor. El hombre que no sólo sabe que hay un hombre interior y un hombre exterior, sino también lo que son y que pueden obrar cómo uno, no sólo en realidad, sino también en apariencia; que el hombre interior vive después de la muerte, y que sólo el hombre exterior es enterrado, posee potencialmente los secretos del cielo y también los del mundo en abundancia. El que en si une á los dos hombres en vínculo del bien, será eternamente feliz, mas el que los separa en sí, y máxime el que los une en vinculo del mal, será eternamente infeliz.

260. Los que conducen una buena vida y creen la verdad son salvados por el Señor, porque el Señor no puede dejar de salvar á éstos (Juan XIV: 21; 24). Los que creen que Dios puede salvar y condenar á quien quiera, libre é incondicionalmente, pueden con razón acusarle de falta de misericordia y clemencia y atribuirle crueldad. Pueden hasta negar que Dios es Dios y además acusarle de haber hablado en el Verbo cosas vanas é impuesto mandatos vanos y triviales. Es más; el hombre que conduce una buena vida y cree la verdad, si no es salvado, puede acusar á Dios de violación del Pacto que dio en el monte de Sinaí, escribiéndolo con su Dedo en dos tablas. Todo el que tiene Religión y sana razón puede convencerse de que Dios no puede dejar de salvar á los que guardan sus mandamientos y creen en El; porque si reflexiona comprende que Dios, siendo siempre presente con el hombre, dándole la vida y también la facultad de entender y de amar, no puede dejar de amar al que vive bien y cree la verdad, ni puede dejar de unirse con él por amor. Toda la Naturaleza testifica de esta verdad. ¿Puede un padre ó una madre desechar á sus hijos? ¿Puede un ave ó un animal abandonar á sus pequeñuelos? Aun los tigres, las panteras y las serpientes son incapaces de tal crueldad, y si Dios lo hiciera, obraría en contra del Orden, en el cual se halla y según el cual opera, é igualmente en contra del Orden, según el cual crió al hombre. Por otra parte, así como es imposible para Dios condenar al que conduce una buena vida y cree la verdad, así es también imposible para El salvar al que vive en la iniquidad y cree en falsedades; porque esto es igualmente contrario á Su Orden y por consiguiente contrario á Su Omnipotencia, la cual sólo puede operar con justicia, y las leyes de la justicia son verdades, que no pueden sufrir modificación alguna, porque el Señor dice:

«Más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de la ley» (Lucas XVI: 17).

Todo el que tiene algún conocimiento respecto de la Esencia de Dios y de la libre voluntad del hombre, puede comprender que esto debe ser así. Adán tenía libertad de comer del árbol de vida y asimismo del árbol de ciencia del bien y del mal; si sólo hubiera comido del árbol, ó de los árboles de vida, ¿hubiera sido posible para Dios expulsarle del jardín del Edén? Creo que hubiera sido imposible. Pero después de haber comido del árbol de ciencia del bien y del mal, ¿hubiera sido posible para Dios conservarle en el jardín? Creo que no. Creo igualmente, que Dios no puede echar al infierno ángel alguno, una vez admitido en el cielo; y que tampoco puede admitir en el cielo demonio alguno, después de ser juzgado. Por Su Divina Omnipotencia no puede hacer ni esto ni aquello. (Véase el artículo de la Divina Omnipotencia. N. 4749.)

261. En el artículo anterior se ha demostrado, que la fe que salva es la fe en el Señor Dios el Salvador Jesucristo (N. 257258). Mas entonces surge la cuestión: ¿Cuál es el primer elemento de la fe en El? La contestación es: El reconocimiento de que El es el Hijo de Dios. Esto fue lo primero que el Señor reveló y anunció, cuando vino al mundo; porque si los hombres no hubiesen primero reconocido, que El era el Hijo de Dios y por consiguiente Dios de Dios, en vano hubiera El mismo, y luego los Apóstoles, predicado la fe en El. El caso es algo parecido hoy, principalmente con los que piensan por virtud de su propia naturaleza, es decir, desde su hombre exterior, natural exclusivamente, diciendo á sí mismos: ¿Cómo puede Jehová Dios engendrar un Hijo y cómo puede un hombre ser Dios? Por esta razón conviene que este primer elemento de la fe sea establecido por medio del Verbo, y á este efecto se citarán los siguientes pasajes:

El ángel dijo á María:

«Concebirás en tu seno y parirás un Hijo y llamarás su nombre Jesús. Este será grande y el Hijo del Altísimo. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto porque no conozco varón? El ángel, respondiendo, dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te hará sombra, por lo cual también lo Santo que nacerá de ti será llamado el Hijo de Dios» (Lucas I: 31; 35).

Cuando Jesús fue bautizado vino una voz del cielo que dijo:

«Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento» (Mateo III: 16; 17).

Y cuando fue transfigurado, salió igualmente una voz del cielo que dijo:

«Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento; á El oíd» (Mateo XVII: 5).

Jesús preguntó á sus discípulos:

«¿Quién dicen los hombres que soy?, y respondiendo Pedro dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente: Jesús le dijo: Bienaventurado eres tú, Simón Barjona; te digo que sobre esta piedra edificaré mi iglesia» (Mateo XVI: 13; 18).

El Señor le dijo, que edificaría Su Iglesia sobre esta piedra, es decir, sobre la verdad y la confesión de que El es el Hijo de Dios, porque piedra (roca) significa verdad y también el Señor como la Divina Verdad; por lo cual la Iglesia no está en los que no confiesan que El es el Hijo de Dios, cuya verdad por consiguiente es el primer elemento de la fe en El. Que el Señor Dios el Salvador Jesucristo es el Hijo de Dios, y por consiguiente Dios mismo en Naturaleza Humana, que tiene Vida en Sí mismo; que el que cree en El tiene vida eterna, y el que es incrédulo al Hijo no verá la vida, consta por muchos pasajes del Verbo, entre otros por los siguientes: Juan I: 34; 49; Cap. V: 69; Cap. I: 14; 18; Cap. III: 16; Mateo XXVI: 63; 64; Cap. XXVII: 43; Marcos XIV: 61; 62; Lucas XXII: .70; Mateo XIV: 34; Hechos VIII: 37; IX: 20; Juan V: 25; Cap. III: 18; Cap. XX: 31; I Juan V:,13; V: 20; VI: 15. En otros pasajes del Verbo llama á Jehová Su Padre y Jehová le llama Su Hijo, como por ejemplo:

«Todo lo que el Padre hace, esto hace también el Hijo; como el Padre levanta los muertos y les da vida así también el Hijo; como el Padre tiene Vida en Sí mismo así dio también al Hijo que tuviese Vida en Si mismo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre» (Juan V: 19; 26).

«Yo publicaré el decreto: Jehová me ha dicho: Mi Hijo eres tú. Yo te engendré hoy. Besad al Hijo para que no se enoje y perezcáis en el camino, cuando se encendiere un poco su furor. Bienaventurados los que en El confían» (Salmo II: 7; 12).

Y así en otros muchos pasajes del Verbo; por todo lo cual resulta, que el que desea ser verdadero cristiano y tener salvación por Cristo, debe creer que Jesús es el Hijo del Dios viviente. El que no cree esto, sino tan sólo que El es el Hijo de María, introduce en su mente multitud de ideas nocivas y destructivas del estado de la salivación. De éstos se puede decir que como los Judíos ponen sobre Su cabeza una corona de espinas en vez de una corona real; le dan de beber vinagre y le dicen: si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se hagan pan, ó bien: Si eres Hijo de Dios, échate abajo (Mateo IV: 3; 6). Estos profanan Su Iglesia y Su templo, haciéndolos cueva de ladrones.

La siguiente sección [III. El hombre adquiere fe con dirigirse al Señor, aprender verdades del Verbo y vivir en conformidad con ellas. (N. 262-265.)...]