II
La fe, en resumen, es que quien cree la verdad y vive bien es salvado por el Señor.
259. Todo Cristiano, y hasta todo Gentil que tiene religión y razón
sana, admite que el hombre fue creado para la vida eterna, y que
todo hombre puede heredarla con tal que viva en conformidad con los
preceptos del Verbo, que son los medios de salvación. Estos medios
son múltiples, mas todos ellos se refieren á conducir una buena vida
y á conocer y creer la verdad. Se refieren pues á la caridad y á la
fe; porque la caridad es conducir una buena vida y la fe es conocer
y creer la verdad. Estos dos medios generales de salvación son
prescritos en el Verbo para el uso del hombre; es más, es también
mandado al hombre servirse de ellos, y puesto que su uso le es
mandado, sigue que el hombre puede por medio de ellos procurarse
vida eterna por la facultad que tiene concedida de Dios. En efecto;
tanto como el hombre se sirve de esta facultad, mirando al mismo
tiempo á Dios, Dios da esta facultad, poder y fuerza para convertir
en caridad espiritual, lo que en el hombre es caridad natural, y en
fe espiritual, lo que en él es fe natural, haciendo así que la
caridad muerta y la fe muerta se vuelvan caridad viva y fe viva, y
por consiguiente hace que el hombre se vuelva viviente por vida
espiritual. Dos cosas son necesarias para poder conducir una buena
vida y creer la verdad. En la Iglesia estas cosas se llaman el
hombre interior y el hombre exterior. Si el hombre interior quiere
el bien, y el hombre exterior obra el bien, entonces forman uno, el
exterior por virtud del interior y el interior por conducto del
exterior; así, pues, el hombre por virtud de Dios y Dios por
conducto del hombre. Por otra parte, si el hombre interior quiere él
mal y él hombre exterior sin embargo obra el bien, entonces obran
ambos por el infierno, no obstante el bien del hombre exterior,
porque su voluntad es del infierno y su obra es hipocresía, en cuya
hipocresía la voluntad, que es del infierno, se halla oculta como la
serpiente en la hierba, ó como el gusano en la flor. El hombre que
no sólo sabe que hay un hombre interior y un hombre exterior, sino
también lo que son y que pueden obrar cómo uno, no sólo en realidad,
sino también en apariencia; que el hombre interior vive después de
la muerte, y que sólo el hombre exterior es enterrado, posee
potencialmente los secretos del cielo y también los del mundo en
abundancia. El que en si une á los dos hombres en vínculo del bien,
será eternamente feliz, mas el que los separa en sí, y máxime el que
los une en vinculo del mal, será eternamente infeliz.
260.
Los que conducen una buena vida y creen la verdad son salvados por
el Señor, porque el Señor no puede dejar de salvar á éstos (Juan
XIV: 21; 24). Los que creen que Dios puede salvar y condenar á quien
quiera, libre é incondicionalmente, pueden con razón acusarle de
falta de misericordia y clemencia y atribuirle crueldad. Pueden
hasta negar que Dios es Dios y además acusarle de haber hablado en
el Verbo cosas vanas é impuesto mandatos vanos y triviales. Es más;
el hombre que conduce una buena vida y cree la verdad, si no es
salvado, puede acusar á Dios de violación del Pacto que dio en el
monte de Sinaí, escribiéndolo con su Dedo en dos tablas. Todo el que
tiene Religión y sana razón puede convencerse de que Dios no puede
dejar de salvar á los que guardan sus mandamientos y creen en El;
porque si reflexiona comprende que Dios, siendo siempre presente con
el hombre, dándole la vida y también la facultad de entender y de
amar, no puede dejar de amar al que vive bien y cree la verdad, ni
puede dejar de unirse con él por amor. Toda la Naturaleza testifica
de esta verdad. ¿Puede un padre ó una madre desechar á sus hijos?
¿Puede un ave ó un animal abandonar á sus pequeñuelos? Aun los
tigres, las panteras y las serpientes son incapaces de tal crueldad,
y si Dios lo hiciera, obraría en contra del Orden, en el cual se
halla y según el cual opera, é igualmente en contra del Orden, según
el cual crió al hombre. Por otra parte, así como es imposible para
Dios condenar al que conduce una buena vida y cree la verdad, así es
también imposible para El salvar al que vive en la iniquidad y cree
en falsedades; porque esto es igualmente contrario á Su Orden y por
consiguiente contrario á Su Omnipotencia, la cual sólo puede operar
con justicia, y las leyes de la justicia son verdades, que no pueden
sufrir modificación alguna, porque el Señor dice:
«Más
fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de
la ley» (Lucas XVI: 17).
Todo
el que tiene algún conocimiento respecto de la Esencia de Dios y de
la libre voluntad del hombre, puede comprender que esto debe ser
así. Adán tenía libertad de comer del árbol de vida y asimismo del
árbol de ciencia del bien y del mal; si sólo hubiera comido del
árbol, ó de los árboles de vida, ¿hubiera sido posible para Dios
expulsarle del jardín del Edén? Creo que hubiera sido imposible.
Pero después de haber comido del árbol de ciencia del bien y del
mal, ¿hubiera sido posible para Dios conservarle en el jardín? Creo
que no. Creo igualmente, que Dios no puede echar al infierno ángel
alguno, una vez admitido en el cielo; y que tampoco puede admitir en
el cielo demonio alguno, después de ser juzgado. Por Su Divina
Omnipotencia no puede hacer ni esto ni aquello. (Véase el artículo
de la Divina Omnipotencia. N. 4749.)
261.
En el artículo anterior se ha demostrado, que la fe que salva es la
fe en el Señor Dios el Salvador Jesucristo (N. 257258). Mas entonces
surge la cuestión: ¿Cuál es el primer elemento de la fe en El? La
contestación es: El reconocimiento de que El es el Hijo de Dios.
Esto fue lo primero que el Señor reveló y anunció, cuando vino al
mundo; porque si los hombres no hubiesen primero reconocido, que El
era el Hijo de Dios y por consiguiente Dios de Dios, en vano hubiera
El mismo, y luego los Apóstoles, predicado la fe en El. El caso es
algo parecido hoy, principalmente con los que piensan por virtud de
su propia naturaleza, es decir, desde su hombre exterior, natural
exclusivamente, diciendo á sí mismos: ¿Cómo puede Jehová Dios
engendrar un Hijo y cómo puede un hombre ser Dios? Por esta razón
conviene que este primer elemento de la fe sea establecido por medio
del Verbo, y á este efecto se citarán los siguientes pasajes:
El
ángel dijo á María:
«Concebirás en tu seno y parirás un Hijo y llamarás su nombre Jesús.
Este será grande y el Hijo del Altísimo. Entonces María dijo al
ángel: ¿Cómo será esto porque no conozco varón? El ángel,
respondiendo, dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud
del Altísimo te hará sombra, por lo cual también lo Santo que nacerá
de ti será llamado el Hijo de Dios» (Lucas I: 31; 35).
Cuando Jesús fue bautizado vino una voz del cielo que dijo:
«Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento» (Mateo III:
16; 17).
Y
cuando fue transfigurado, salió igualmente una voz del cielo que
dijo:
«Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento; á El oíd»
(Mateo XVII: 5).
Jesús preguntó á sus discípulos:
«¿Quién dicen los hombres que soy?, y respondiendo Pedro dijo: Tú
eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente: Jesús le dijo:
Bienaventurado eres tú, Simón Barjona; te digo que sobre esta piedra
edificaré mi iglesia» (Mateo XVI: 13; 18).
El
Señor le dijo, que edificaría Su Iglesia sobre esta piedra, es
decir, sobre la verdad y la confesión de que El es el Hijo de Dios,
porque piedra (roca) significa verdad y también el Señor como la
Divina Verdad; por lo cual la Iglesia no está en los que no
confiesan que El es el Hijo de Dios, cuya verdad por consiguiente es
el primer elemento de la fe en El. Que el Señor Dios el Salvador
Jesucristo es el Hijo de Dios, y por consiguiente Dios mismo en
Naturaleza Humana, que tiene Vida en Sí mismo; que el que cree en El
tiene vida eterna, y el que es incrédulo al Hijo no verá la vida,
consta por muchos pasajes del Verbo, entre otros por los siguientes:
Juan I: 34; 49; Cap. V: 69; Cap. I: 14; 18; Cap. III: 16; Mateo
XXVI: 63; 64; Cap. XXVII: 43; Marcos XIV: 61; 62; Lucas XXII: .70;
Mateo XIV: 34; Hechos VIII: 37; IX: 20; Juan V: 25; Cap. III: 18;
Cap. XX: 31; I Juan V:,13; V: 20; VI: 15. En otros pasajes del Verbo
llama á Jehová Su Padre y Jehová le llama Su Hijo, como por ejemplo:
«Todo lo que el Padre hace, esto hace también el Hijo; como el Padre
levanta los muertos y les da vida así también el Hijo; como el Padre
tiene Vida en Sí mismo así dio también al Hijo que tuviese Vida en
Si mismo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre» (Juan
V: 19; 26).
«Yo
publicaré el decreto: Jehová me ha dicho: Mi Hijo eres tú. Yo te
engendré hoy. Besad al Hijo para que no se enoje y perezcáis en el
camino, cuando se encendiere un poco su furor. Bienaventurados los
que en El confían» (Salmo II: 7; 12).
Y
así en otros muchos pasajes del Verbo; por todo lo cual resulta, que
el que desea ser verdadero cristiano y tener salvación por Cristo,
debe creer que Jesús es el Hijo del Dios viviente. El que no cree
esto, sino tan sólo que El es el Hijo de María, introduce en su
mente multitud de ideas nocivas y destructivas del estado de la
salivación. De éstos se puede decir que como los Judíos ponen sobre
Su cabeza una corona de espinas en vez de una corona real; le dan de
beber vinagre y le dicen: si eres Hijo de Dios, di que estas piedras
se hagan pan, ó bien: Si eres Hijo de Dios, échate abajo (Mateo IV:
3; 6). Estos profanan Su Iglesia y Su templo, haciéndolos cueva de
ladrones.
La siguiente sección [III. El hombre adquiere fe con dirigirse al Señor, aprender verdades del Verbo y vivir en conformidad con ellas. (N. 262-265.)...]